martes, 22 de julio de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: cómo fue que conocí personalmente a Milton Friedman

Tal vez sorprenda a algunos que se hable de Milton Friedman a los 102 años de su nacimiento, y no a los 100, como es lo usual. Friedman nació el 31 de julio de 1912. Lo más posible es que ese detalle centenario haya pasado desapercibido, pero lo que sin duda no será dejado del lado es el hecho innegable de que sus ideas, expresadas a lo largo de una generosa vida intelectual, siguen teniendo una enorme vigencia en el mundo político, además del ambiente académico. Por ello, espero en los próximos días referirme al contenido de su libro Capitalismo y Libertad (en su nombre original, Capitalism and Freedom, escrito en 1962), pues casualmente tuve el placer de leerlo en 1967; esto es, hace 47 años, cerca de un cincuentenario, otra fecha dogmática de celebración. Por eso, irreverente que soy, aprovecho para celebrar el 47 aniversario de haber leído el libro de Friedman, Capitalismo y Libertad, hablando del profesor Friedman y de su obra Capitalismo y Libertad.

En todo caso, no será en esta ocasión cuando me refiera a dicho libro, aunque deseo hacerlo ahora acerca de algo que no creo haber narrado anteriormente, cual es cómo fue que personalmente conocí al profesor Friedman. Ello lo hice gracias a una invitación que me consiguió de la Sociedad Mont Pelerin, ese luchador liberal del siglo pasado y gran amigo, don Alberto Di Mare, para que asistiera a una reunión de aquella organización en la Universidad Hillsdale, en Michigan, Estados Unidos, allá en 1975.

Básicamente dicha reunión fue para homenajear a Friedrich Hayek, en la cual participaron Milton Friedman, Fritz Machlup, Arthur Kemp, Ralph Harris, Arthur Shenfield. William Hutt, William Buckley, Manuel Ayau, Israel Kirzner, entre muchos otros destacados liberales provenientes de diversos países.

Por su parte, de lo que me puedo acordar, la delegación tica estuvo integrada, además de don Alberto Di Mare y de su apreciada esposa, doña Ana, por este servidor, en aquel entonces un novato liberal. No hay forma de que, al momento de escribir estas palabras, haya podido averiguar si algún otro connacional también asistió al evento.

Una de las cosas que más me impactó en dicha actividad, fue cuando, en un almuerzo, en un intermedio entre mesas redondas, a lo lejos, un señor, a quien en ese instante no reconocí, tropicalmente vestido para el caluroso estío del norte, con pantalones verdes con rayas, una chaqueta a cuadros amarillas que le llegaba a las rodillas (casi como la bandera brasileña) y sobre todo con una enorme sonrisa, se acercó a la mesa en que estábamos los ticos. Verlo de lejos me hizo recordar mi niñez costarricense de principios de los años cincuenta, cuando algún vendedor “polaco” pasaba por las calles de mi barrio, de casa en casa, ofreciéndonos algo en venta. Pero aquel señor se acercaba para darle un caluroso abrazo a mi apreciado amigo Alberto Di Mare. Ya de cerca, porque había visto con anterioridad fotos de él, reconocí al profesor Friedman, a quien don Alberto de inmediato me lo presentó, para mi profunda satisfacción.

La relación de don Alberto con el profesor Friedman tiene que haber sido muy intensa y larga, porque Friedman se sentó durante todo el almuerzo a la par de él, conversando acerca de diversos temas de interés para los liberales, en especial, preguntándole a don Alberto acerca de los avances del liberalismo en latinoamérica. El profesor Friedman era tal vez el más notorio de los participantes en la actividad, pues el homenajeado, Friedrich A. Hayek –también buen amigo de don Alberto, como lo pude comprobar con anterioridad en una reunión de la Sociedad Mont Pelerin en Guatemala en 1973- no pudo asistir y, de hecho posteriormente, el profesor Friedman fue el encargado de escribir la Introducción del libro editado por Fritz Machlup, Essays on Hayek (Hillsdale, Michigan: Hillsdale College Press, 1978), el cual comprende las exposiciones y discusiones que se dieron en aquel seminario.

Así fue como llegué a conocer personalmente al profesor Milton Friedman. Algo que no podré olvidar jamás.

Jorge Corrales Quesada

No hay comentarios.: