martes, 19 de agosto de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: el control del dinero

Con este título, Friedman, en su libro Capitalismo y Libertad, inicia una serie de aplicaciones concretas de las ideas básicas que expuso en sus dos primeros capítulos. En este caso se refiere al control de la cantidad de dinero en una economía, lo cual, como se recordará, en su opinión es una función monopolística que debe cumplir el estado en una sociedad libre. 

Antes de exponer lo que señala Friedman acerca de este tema, debo indicar que su posición fue fuertemente atacada, por ejemplo, por Hayek, pero prefiero exponer lo que George Selgin indica respecto a dicha disputa en su artículo “Milton Friedman and the Case Against Currency Monopoly” (Cato Journal, Vol. 28, No. 2, primavera-verano del 2008). Al principio (Milton Friedman, A Program for Monetary Stability, 1960, p. p. 4-9), 

“compartía el punto de vista común relacionado con la necesidad de un monopolio de la moneda oficial. Pero Friedman llegó a revisitar y revisar sus opiniones generales, a la luz del renovado interés que Hayek ayudó a estimular acerca de esa cuestión. Al fin de cuentas, Friedman concluyó (Milton Friedman y Anna J. Schwartz, A Monetary History of the United States, 1867-1960, 1963, p. 52) en que, “después de todo, ‘no hay razón actualmente para prohibir emitir moneda en efectivo a los bancos u otros grupos’, su oposición a los monopolios gubernamentales para la emisión de dinero continuó siendo tibia.” (George Selgin, Op. Cit., p. 288). 

El problema para Friedman radica en que hay necesidad de escoger entre dos caminos: Entre 

“Escila, (que) es la creencia en que un patrón oro automático es perfectamente capaz y deseable de resolver los problemas de promover una cooperación económica entre individuos y naciones en un ambiente estable.” Y “Caribdis, (que) es la creencia en la necesidad de adaptarse a circunstancias imprevistas, lo cual requiere que se asigne una amplia gama de poderes a un grupo de técnicos, reunidos en un banco central ‘independiente’ o en algún cuerpo burocrático. En el pasado ninguno de los dos ha comprobado ser una solución; tampoco es posible que llegue a serla en el futuro.” (Milton Friedman, Capitalism and Freedom, Op. Cit., p. p. 39-40. Los textos entre paréntesis son míos).

Debido a que es necesario usar recursos para producir el oro requerido para aumentar la cantidad de dinero en circulación, un patrón oro automático no es capaz de competir con un sistema que puede producir dinero fiduciariamente, el cual, en comparación, requiere del empleo de recursos mucho menores. Por ello, en la historia se ha observado que aquel sistema nunca ha probado ser viable y que termina en sistemas mixtos basados, además del oro como moneda, en dinero fiduciario, como son las monedas y billetes bancarios o notas del gobierno. Eso ha provocado que el control de la emisión de dinero termine en manos del gobierno, a fin de evitar que sea falsificado. Por tal razón, Friedman señala que su conclusión es que “un patrón monetario automático basado en algún bien, no es una solución factible ni deseable al problema de establecer una estructura monetaria en una sociedad libre.” (Ibídem, p. 42).

Friedman propone que la conducta de la entidad encargada de la emisión monetaria quede sujeta a reglas, de manera que el público sea capaz de ejercer el control que se requiere por intermedio de las autoridades políticas, al tiempo que se evita que la política monetaria quede sujeta a las veleidades de la política; esto es, propone que se adopten reglas de conducción de la política monetaria, que impidan su sujeción a acciones políticas irresponsables.

Con frecuencia pensadores de criterio liberal han sugerido que tal regla básica sea el mantenimiento de un nivel de precios estable, pero, de acuerdo con el conocimiento monetario vigente, para Friedman, si bien hay una relación entre la cantidad de dinero en circulación y el nivel de precios, no hay certeza de qué tan directa sea, de su proximidad, como para que sirva de guía para las operaciones cotidianas de las autoridades monetarias.

Para Friedman, por tanto, la regla que él sugiere se basa en el control de la cantidad de dinero en circulación, de forma que el banco central 

“aumente mes a mes o, de hecho, día tras día en tanto sea posible, a una tasa anual de X por ciento, en donde X es algún número entre 3 y 5. …En tanto que esta regla reduciría drásticamente el poder discrecional de las autoridades monetarias, aun así deja un margen indeseable de discreción en manos de las autoridades del Banco Central y del Ministerio de Hacienda, acerca de cómo lograr la tasa específica de crecimiento de la cantidad de dinero en circulación, el manejo de la deuda, la supervisión bancaria, entre otros.” (Ibídem., p. 54).

Es de notar que Friedman no considera que dicha regla sea la única y final en una estructura monetaria, sino que, “conforme operamos bajo ella, en cuanto hayamos aprendido más acerca de asuntos monetarios, podremos estar en capacidad de concebir mejores reglas que logren aún mejores resultados.” (Ibídem, p. p. 54-55).

Finalmente, deseo exponer lo siguiente: la muy conocida regla de Friedman fue el producto de sus trabajos académicos, tales como "The Quantity Theory of Money: A restatement", en Milton Friedman, editor, Studies in the Quantity Theory of Money (Chicago: The University of Chicago Press,1956), así como A Program for Monetary Stability (New York: Fordham University Press, 1960), al igual que “The Lag in Effect of Monetary Policy”, Journal of Political Economy, Vol. 69, No, 5, Oct. 1961, al igual que el anteriormente citado que escribió en 1963 con junto con Anna J. Schwartz, entre otros. Todos conformaron parte de los textos que debí estudiar durante mis cursos universitarios en México de teoría económica y teoría monetaria, enseñados por mi siempre admirado y apreciado profesor, Leoncio Durandeau, quien a su vez estudió en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago. Por esta razón, para mí la lectura de este capítulo acerca del control de la oferta de dinero, en el libro de Friedman, Capitalismo y Libertad, no fue algo extraña ni novedosa, pero siempre enriquecedora.

Jorge Corrales Quesada

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