lunes, 13 de octubre de 2014

Tema Polémico: ¿Qué pasa con nuestra política exterior?

Han pasado cinco meses desde que inició la Administración del presidente Solís. Tiempo en el que hemos sido espectadores de un gobierno matizado por constantes contradicciones, sin claridad de objetivos en todas las vertientes que comprenden su quehacer. Desde el tema energético hasta la administración de los recursos públicos a través del presupuesto de la República, pareciera que con el gobierno del cambio (?) debemos prepararnos para vivir en el mundo de las contrariedades por los próximos cuatro años.

Una de esas zonas sombrías de la Administración Solís donde no existen respuestas, ha sido la de la política exterior. En el pasado “Informe de los 100 Días” la política exterior no ocupó un solo párrafo, una sola línea, ni una palabra, ni una sola idea. Simplemente fue ignorada. Así, más allá de los grandes postulados que describen nuestra imagen ante el mundo, nuestros grandes derroteros históricos en el escenario internacional como la proyección de un país verde, democrático, humanista y pacifista retomados en el reciente discurso del presidente Solís ante la Organización de Naciones Unidas, no pareciera descollar aún una línea que vaya a distinguir los trazos de la política exterior del presidente Solís. Más allá de su claro deseo de acercase a las naciones centroamericanas, aun nos preguntamos cuál será el signo de nuestras relaciones con Asia, Europa, Norteamérica y Suramérica, por solo citar algunos bloques; cuál será nuestro papel en instancia como la OEA, la Celac, la ONU, por solo mencionar algunos foros. 

Lo que si nos quedó claro desde el inicio fue la posición ambivalente de un presidente que 1. Nombró como su canciller a Manuel Antonio González Sanz, quien fue ministro de Comercio Exterior de la Administración Pacheco, y quien en su momento se confesó: (ser)partidario ferviente del TLC advirtiendo que (sin el TLC) "la inversión extranjera directa (IED) se irá a otros países; la inversión local de Costa Rica podría buscar donde "le caliente más el sol" y las reinversiones de empresas establecidas aquí se frenarían. Además, en este caso el país echaría a la basura todo el proceso de apertura comercial en el que viene desde hace más de 20 años y las reformas con ese fin "simplemente por una cabezonada". Mientras que 2. Nombra como embajador en Washington a Román Macaya, líder de aquél movimiento contra el TLC que en su momento dijo: La firma del TLC con Estados Unidos es una de las mayores estupideces de la historia de nuestro país

¿Vale decir, como lo indicó el ahora embajador Macaya, que estos son temas superados? ¿Será posible señalar que al canciller González, al embajador Macaya y al presidente Solís no los mueven las mismas visiones, los mismos valores sobre comercio exterior que defendían años atrás? ¿Cómo podemos creer que Román Macaya vaya a potencializar el TLC con Estados Unidos, cuando él no creyó en este instrumento ni en su agenda complementaria? ¿No podría interpretarse la designación de Manuel González, un canciller con un fuerte componente económico y comercial, como una movida deliberara para debilitar el papel de COMEX, PROCOMER y CINDE?

No se trata únicamente de las contradicciones en los nombramientos más importantes -nos preguntamos qué hace Juan Carlos Mendoza como embajador designado ante la Organización de las Naciones Unidas- sino además la ambivalencia de esta Administración en temas tan sensibles como la incorporación o no a la Alianza Pacífico o nuestro deseo de pertenecer a más organismos internacionales como OCDE.

Lo cierto del caso es que aún estamos esperando el anuncio de una estrategia de política exterior. Parece que el experto de política internacional, el analista conocedor de la realidad mundial aún se está guardando las cartas que nos digan cuál será la vocación de Costa Rica en el escenario internacional, durante los próximos años. 

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