lunes, 3 de noviembre de 2014

Tema polémico: transformando el concepto de responsabilidad social empresarial

El concepto de responsabilidad social empresarial (RSE) está muy extendido en nuestros días. Aunque debería entenderse por esto una serie de programas o estrategias que las empresas desarrollan para mejorar el entorno donde operan, en la realidad, termina visualizándose como una forma de marketing social o como un remordimiento por generar riqueza. Ahí está el meollo del asunto.
En ASOJOD nunca hemos compartido el concepto de RSE. Generar riqueza no es nada malo, por el contrario, es la única responsabilidad que tiene el empresario y es uno de los actos más nobles que puede existir. Con ello, no sólo se beneficia el mismo empresario al tener más dinero para continuar invirtiendo sino que ayudará a millones de consumidores a encontrar satisfacción a sus necesidades y, de paso, generará empleos cuyos salarios le permitirán a sus trabajadores progresar y, también, satisfacer sus necesidades consumiendo bienes y servicios, lo que se traducirá en más empresarios obteniendo dinero, invirtiendo, innovando, empleando a un numero cada vez mayor de personas y satisfaciendo más necesidades, todo lo cual se convierte en un círculo virtuoso que dinamizará la actividad económica y aumentará las posibilidades de progreso humano.

Consideramos que la solidaridad es un acto voluntario y libre que cada quien puede llevar a cabo de la forma y en el momento que crea oportuno. Así pues, el empresario tiene derecho a utilizar parte de su riqueza para colaborar con otros en la consecución de determinadas metas: puede ser ayudar a algunas personas a estudiar a través de becas, limpiar el área donde se encuentra la empresa, desarrollar campañas en las escuelas y colegios para prevenir enfermedades, impulsar estrategias de capacitación para ciertos grupos poblacionales, entre una gran cantidad de opciones. Eso no está mal. El problema radica en creer que esto es una obligación "social" y no un acto noble que surge de la libertad.

Cuando las personas impulsan estos programas bajo las premisas equivocadas, creyendo que su actividad es nefasta y, por tanto, deben compensar a otros para expiar culpas, terminan haciendo más daño que el que pretendían reparar. Extenderán la errada creencia que nos ha impuesto nuestro sistema educativo y formativo respecto a que generar riqueza es malo, que el rico es un cáncer para la sociedad, que son individuos egoístas, avaros y que solo buscan explotar a los demás, razón por la cual debemos idealizar al pobre, rechazar el progreso y desear aquel bucólico y romántico paisaje de un campesino humilde, que apenas produce para comer y que no desea más que, parafraseando la canción típica "Caña dulce pa moler", su casita y una milpa y una milpa y buenos bueyes y ser como esos reyes que no envidian ya nadita. Lamentablemente, el propio empresario se ha tragado ese cuento y la gran mayoría produce con vergüenza, con temor y timidez, como si hiciera algo malo. Incluso, hay quienes piden más regulaciones y más intervención estatal. El resultado final es que, muy pronto, las sociedades se empobrecerán sistemáticamente, los burócratas y políticos concentrarán todo el poder, pasando de un sistema democrático a uno totalitario, con muerte, miseria, hambre y sangre por doquier.

Si algo nos ha enseñado Ayn Rand, una de nuestras escritoras favoritas, es que el empresario es el héroe de la historia, el titán que sostiene al mundo. Es el emprendedor que genera riqueza, innova, crea, mejora, aprende y enseña. Hasta que nuestros empresarios no entiendan ese rol que verdaderamente juegan, seguirán pensando de la forma que el sistema ha enseñado. Y hasta que nosotros mismos, la población en general, no comprendamos su importancia, seguiremos vilipendiándolos, sometiéndolos al escarnio y la ordalía, condenándolos como a Prometeo.

Empecemos dando el primer paso para lograr el cambio en la mentalidad: abandonemos la visión errada que impulsa la mayoría de gente sobre la RSE, cambiémosle el nombre y comprendamos que esos actos pueden ser formas de solidaridad libre y voluntaria, actos de cooperación entre individuos. Sigamos defendiendo al empresario, valorándolo, dándole el lugar que se merece como héroe de la sociedad, en lugar de atacarlo y mancillarlo.

Ese será un gran primer paso para el desarrollo y progreso de la humanidad.

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