lunes, 8 de diciembre de 2014

Tema polémico: el “diálogo” en Costa Rica está sobrevalorado.

La base de cualquier acción social se asienta en el diálogo como mecanismo para buscar consensos y tomar decisiones.  La democracia, como forma de organización social,  se origina precisamente en el diálogo que permite una salida a las diferencias entre los individuos, lejos de la violencia o la imposición unilateral de las soluciones.

En la política, el diálogo y la argumentación solo adquieren valor, cuando este proceso se orientada hacia objetivos claros y definidos, es decir, el diálogo por sí mismo carece de todo sentido, y por ende la democracia, cuando el  razonamiento y la argumentación se convierten en fines en sí mismos y no en medios orientados a la consecución de objetivos concretos, peor aún, cuando la discusión se utiliza como una herramienta de procrastinación.

Esta sencilla reflexión adquiere vigencia en Costa Rica, cuando observamos como el proceder de la actual Administración Solís Rivera, se ha basado en la creación de "comisiones de dialogo" para cada tema relevante en el que la ciudadanía exige acciones concretas.

El primer ejemplo que recibimos fue la creación de una comisión encargada de generar un diagnóstico de los problemas que enfrenta el país, en materia de generación de energía, con un margen de un año y medio para rendir el documento.

Pero no se trata solo del diálogo energético. En materia de competitividad, pasamos de tener un ministro sin cartera en la Administración Arias, a crear un Consejo Presidencial de Competitividad en la Administración Chinchilla, para luego tener tres consejos en la Administración Solís: el Consejo Presidencial de Competitividad e Innovación que se subdivide en el Consejo de Innovación y Talento Humano presidido por la vicepresidenta Ana Helena Chacón, y el Consejo de Competitividad, a cargo del vicepresidente Helio Fallas, a los cuales se suma la denominada “Mesa de Alianza por el Empleo y la Producción”, liderada por el ministro de Trabajo, Víctor Morales Mora. En  fin, pláticas de pláticas que se sobreponen entre sí. 

A todo esto se suman más consejos, como el Consejo Presidencial Social, la Comisión Marina Nacional y las “mesas de diálogo con los sectores productivos”, liderados por el ministro de la Presidencia, Melvin Jimenez.  Si revisamos un poco más, podría apostar que encontraremos más “comisiones”, “foros” y “mesas de diálogo” que solo reflejan una causa: ante la ausencia de planes estratégicos y objetivos claros, estos espacios de "diálogo" han sido creados para que sean otros quienes aporten las ideas y las soluciones.

Como consecuencia, pasaremos gran parte de este gobierno dialogando, probablemente sin resultados contundentes y decisivos, tal como ocurrió con la Comisión de Notables para formular recomendaciones para mejorar la gobernabilidad del país y el funcionamiento del sistema democrático, creado por la presidenta Chinchilla.

Pareciera que hemos malentendido a la democracia. Como se dijo anteriormente, los sistemas de organización social no tienen valor en sí mismos; solo adquieren relevancia en la medida que estos generan resultados claros y objetivos para los ciudadanos y permite superar los problemas capitales de nuestra sociedad. En ese sentido,  los “diálogos” en Costa Rica están claramente sobrevalorados. 

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