martes, 27 de enero de 2015

La Columna de Carlos Federico Smith: Algunas razones de por qué hay precios diferentes entre países


Hay algunas experiencias recientes de países vecinos con el control de precios, que valen la pena comentarlas.  A causa de un diferencial de precios de una serie de bienes que se han expuesto en estos días, personas con amplio conocimiento han sugerido que es deseable para nuestro país -y con toda justificación para pensarlo así, aunque después expondré el impacto negativo de tal medida- que se establezca el control de precios, a fin de subsanar un evidente contraste, en el cual Costa Rica tiene un precio más elevado para un mismo producto, en comparación con algún otro país relativamente cercano. (Obviamente esos precios comparativos han sido expuestos en una moneda común, cual es el dólar estadounidense). Quiero tratar el tema en dos comentarios separados (para no extenderme mucho en uno sólo). El primero se titula “Algunas Razones de Por Qué Hay Precios Diferentes entre Países” y el segundo lleva por título “Ciertos Resultados de Políticas de Control de Precios”, el cual será publicado una semana después del primero.

Puede haber múltiples razones que nos podrían explicar por qué hay diferencias de precios de un mismo producto en distintas naciones. Una causa usual suele ser que los tipos de cambio oficiales que se usan en la comparación, no reflejan adecuadamente el verdadero valor de lo que podría ser una canasta (un conjunto) de bienes representativos en ambos países. Una moneda doméstica se dice que está subvalorada, cuando oficialmente se entregan más colones por, digamos, un dólar, que los que en realidad deberían de darse. Esto se puede presentar porque, por ejemplo, el país, en lugar de dejar que su moneda se revalúe para reflejar valores verdaderos del mercado, impide, por medio de su banco central, que se dé el ajuste del valor oficial al valor en el mercado. En esta circunstancia, en colones, los bienes importados nos cuesten menos de lo que deberían de costar. O, lo que es lo mismo, los bienes que podríamos exportar salen relativamente muy caros. Daré un ejemplo del caso. Supóngase que alguien mide el costo de un litro de leche en, digamos, un supermercado del estado de Nueva York en los Estados Unidos y el dato le dice que el costo de ese litro es de $10 dólares. Por su parte, en Costa Rica, ese “mismo” litro de leche en colones cuesta ₡750. Ahora bien, suponga que el tipo de cambio del colón con respecto al dólar el Banco Central lo tiene fijado “arbitrariamente” en ₡600 por dólar (o sea, subvaluado el colón) en vez de un tipo de cambio real que toma en cuenta los diferenciales de precios que existen por un producto (usualmente se hace en relación con lo que se llama una canasta de bienes) que supongamos sería de ₡400 por dólar.  Por un cálculo simple de regla de tres (en la jerga de los economistas el Tipo de Cambio Real (TCR) es igual al Tipo de Cambio Nominal (TCN) entre el cociente del precio en el exterior (Px) -o el índice del precio de una canasta comparable- con respecto al precio doméstico (Pd) del bien), se puede determinar el valor que andamos buscando. Esto es, a partir de TCR= TCN * Px/Pd, si tenemos el valor del tipo de cambio nominal el cual está subvaluado respecto al tipo de cambio real (o sea, se está pagando más colones por dólar del que se debería de pagar si el tipo de cambio fuera el de mercado) y el precio internacional del litro de leche ($10), podemos determinar el valor equivalente del litro de leche en el país, que en esta caso sería de $15.

Observe que, en este caso, si alguien compara el precio del anaquel en Nueva York de $10 con el equivalente que hemos obtenido de $15, fácilmente se podría concluir que la leche es más cara en el país que en Nueva York, pero sabemos del ejemplo, que eso es un resultado ocasionado por un tipo de cambio nominal desalineado del tipo de cambio real.

Es importante tener presente que entre países suelen presentarse tasas de inflación diferentes y eso se debería de reflejar en el tipo de cambio correspondiente. Por ejemplo, si vemos el comportamiento de la inflación de los Estados Unidos en, digamos, los últimos cinco años, comparado con el de Costa Rica en ese mismo lapso, tan sólo por ese hecho uno esperaría que el tipo de cambio se habría ajustado debido el diferencial de inflaciones. En este caso, el colón se debería de haber devaluado con respecto al dólar. Eso incidiría en que el costo doméstico del bien se ajuste a la mayor inflación relativa del país con respecto a la nación extranjera. En esta situación tendría relevancia lo expuesto en el párrafo inmediato anterior como explicación de diferencia en el precio de un mismo producto entre ambas naciones.

Otro factor que podría explicar las diferencias de precios de un mismo producto entre naciones, se puede deber a una diferencia entre el poder adquisitivo de cada país, reflejado en diferencias en los ingresos per cápita de los ciudadanos de diversos países. Un precio más alto de un producto en un país en comparación con el de otra nación, puede simplemente ser resultado de que, en aquel país, la gente tiene mayor poder adquisitivo y, por tanto, ejercer una mayor demanda allá, lo cual se reflejaría en un precio más alto del bien comparado. Un ejemplo podría ser, tal vez, el precio de la leche para un consumidor nicaragüense de relativamente ingresos per cápita más bajo que Costa Rica. La relativamente menor demanda de leche por tener un menor ingreso, mostraría que en Nicaragua el precio de la leche fuera menor que el de Costa Rica. A esto se le podría llamar un efecto ingreso. Y, para los efectos de nuestro tema, que se considere que la leche es más barata en Nicaragua que aquí.
Esto nos lleva a otro factor importante explicativo de diferenciales de precios; por ejemplo, el costo de los servicios domésticos en un país, digamos que los Estados Unidos, en comparación con Costa Rica. Aquí posiblemente el costo de las empleadas domésticas es menor que en los Estados Unidos debido a la mayor oferta de ese tipo de servicios en nuestro país y, también, por una menor demanda de dichos servicios en Costa Rica en comparación con los Estados Unidos que hacen que la demanda de servicios domésticos sea relativamente mayor en aquel país, tal vez debido al nivel de ingresos mayor en aquel país en comparación con el nuestro o por el hecho de que en los Estados Unidos son porcentualmente más los hogares en donde ambos padres trabajan que en nuestro país. En nuestro mercado, el precio del servicio tendería a ser menor y, en los Estados Unidos, mayor.

Algo similar podría considerarse con respecto a múltiples costos diferenciales, por ejemplo, diferentes costos de transporte interno, de costos de bodega, de los costos de las cadenas distributivas, de salarios de los trabajadores, etcétera, etcétera.

Esa diferencia también se podría deber a la existencia de diferentes impuestos que se aplican a un producto, como es el caso de los aranceles a la importación de bienes. Por ejemplo, un producto que internacionalmente cuesta ₡1.000 y -sin tomar en cuenta fletes y otros gastos similares- por el cual el costarricense debe pagar un 60% de arancel, por ese sólo hecho elevaría su costo en el país a ₡1.600. Ante esto, la producción doméstica del bien que se podría importar es posible fijarlo (por la naturaleza casi monopólica de la industria) a un precio ligeramente inferior que aquel precio del mismo producto puesto en el país (en menos de los ₡1.600), digamos que en ₡1.500. Obviamente, en el país el costo del producto para el consumidor sería de ₡1.500, mientras que en el extranjero sólo costaría ₡1.000. (Esto es al revés de lo mostrado en la comparación de precios de un mismo producto más altos en el extranjero que en el país, que estimuló este comentario. Pero podría ser el caso si se hace una comparación del precio de un producto en un país con una economía relativamente más abierta -supongamos que es el caso de Costa Rica- con otra economía más cerrada, por ejemplo, la República Dominicana). 

También el diferencial de precios podría ser explicado por la existencia de impuestos diferentes entre países. Sin brindar números exactos, Costa Rica es el país de Centro América en donde al consumidor doméstico se le ponen porcentualmente mayores impuestos sobre el costo de los combustibles.  En el resto del área, sus gobiernos gravan a los combustibles en menores proporciones. Por tan sólo esta razón -es un ejemplo- la gasolina en Costa Rica es más cara que en, digamos, Nicaragua u Honduras. También podría deberse a la estructura de las industrias, pero eso es menos evidente, en especial ante la elevada proporción del precio que en nuestro país pagan los consumidores tan sólo como impuestos. Por ello un análisis de las cifras comparativas debería de efectuarse libre de impuestos distorsionadores. 

También la existencia de otros impuestos podría explicar el diferencial de precios entre países. Daré un ejemplo, el de los cigarrillos. Los cigarrillos en Costa Rica han sido fuertemente gravados con impuestos -por las razones que sean. Esto ha provocado que al país ingrese una gran cantidad de cigarrillos como contrabando, digamos que de Belice o de Paraguay, entre otras procedencias. El precio de referencia para el contrabandista es el precio interno con impuestos (además de los riesgos que asume); por eso lo único que tiene que hacer es elevar el precio del cigarrillo contrabandeado, mas no por encima del precio doméstico legal. Así, el precio del cigarrillo de contrabando en Costa Rica sería más elevado que su precio en los países de donde vienen de contrabando y en donde supuestamente se les cobran impuestos menores, pero sería menor que el precio oficial. Algo similar podría ocurrir con los licores, vinos y cervezas. Una comparación internacional de los precios de esos productos tendería a mostrar que el precio interno legal en Costa Rica es mayor que su precio correspondiente en los otros países, a pesar del efecto mitigador de la diferencia que significa el producto contrabandeado.

Asimismo, la falta de competencia en un país, en comparación con otro, podría explicar esas diferencias de precios. Por ejemplo, suponga que en Costa Rica hay un monopolio en la producción de leche. Eso permite al monopolista cobrar un precio más elevado que el que podría obtener en una situación competitiva. Imagínese que, por otra parte, en el país al cual se exporta la leche producida nacionalmente, el exportador-productor doméstico enfrenta un mercado mucho más competitivo que el existente en Costa Rica. O sea, en la otra nación no puede usar el poder monopólico que logra en Costa Rica y que es lo que le permite tener un precio mayor que si hubiera competencia. Eso posiblemente hace que tenga que sacrificar sus utilidades monopólicas si pretende tener acceso al mercado del otro país. Sólo vendiendo al precio de mercado vigente en el extranjero puede competir y presumiblemente ese precio será inferior al que puede cobrar en Costa Rica por su poder monopólico.

En resumen, pueden existir diversas explicaciones de por qué un mismo bien se vende en Costa Rica a un  precio mayor que en el extranjero, incluso siendo conscientes de que hay un costo de transporte desde aquí hasta la otra nación y lo cual tendería a reducir el precio relativo en el mercado interno (el cual no contiene un componente por costo de transporte internacional) comparado con el del extranjero, que sí lo debe de incorporar. Pero no abundaré en más explicaciones de posibles diferenciales de precios, pues casi que sería de no terminar. Mi interés mayor es referirme a si la propuesta de fijar precios domésticos presuntamente altos en el país, sería una solución adecuada para resolver el problema de diferenciales de precios entre países. Tal tema lo analizaré en la segunda parte que presentaré la semana próxima.

Por el momento y ante lo que he expuesto, mis recomendaciones serían, para el caso de una desalineación de la moneda doméstica con respecto a los precios comparativas comentado anteriormente, que la distorsión tendería a desaparecer o disminuir si son los mercados cambiarios libres los que determinen el valor correspondiente de las monedas entre sí. De esta forma, lo que podría determinar valores diferencias serían los normales en un mercado, como son las ofertas y las demandas de los insumos, así como de los productos, además del evidente costo de transporte (y otros similares como de embarque y de desembarque).

Asimismo, es recomendable evitar presiones inflacionarias superiores a las externas sin que se permita al tipo de cambio desalineado ajustarse debidamente a dicho diferencial, porque podría crearse la ilusión de que los precios internos son diferentes de los externos, por una simple maniobra de control cambiario. Lo conveniente no es reprimir el verdadero valor de los bienes así como el tipo de cambio que realmente debería de existir, lo que permitiría indicar cuando es que hay un diferencial real de los precios y que posiblemente produciría flujos comerciales entre países que lo amortigüen.

Dado que muchos monopolios internos deben su existencia a la vigencia de aranceles, que impiden el ingreso al país de aquella producción proveniente del exterior, una eliminación de los aranceles y de medidas restrictivas similares usadas para frenar una importación competitiva, contribuiría a la equiparación de los precios. Obviamente eso no exime el diferencial proveniente del costo del transporte entre naciones y causas similares. Pero eliminaría el poder del monopolio doméstico que ha permitido que en el país se cobre un precio más elevado que si hubiera competencia.

También pueden existir políticas restrictivas en el mercado laboral que impliquen costos mayores para la producción doméstica, como es el caso de colegios profesionales, que con sus prácticas restrictivas de la oferta elevan artificialmente el costo de contratación de servicios. Por supuesto que una mayor competencia en los mercados de servicios hoy restringidos por regulaciones laborales de colegios profesionales, por ejemplo, se traducirían en una reducción de los costos domésticos y, por tanto, en los precios de los productos. 

Asimismo, es necesario que se revise la existencia de ciertas entidades gubernamentales o para-gubernamentales, que facultan la fijación organizada de precios que elevan los costos internos y por ende los precios que se pueden cobrar en el país. Pienso, por ejemplo, carteles en el servicio de telefonía, del azúcar, del arroz, del café, entre otros, que bien pueden lograr cierto grado de protección a sus asociados domésticos ante posible competencia interna o externa y, por tanto, que se cobren precios internos relativamente mayores. Si esa restricción a la competencia no la enfrentan en los países a los cuales se exportan esos bienes protegidos, se vería como el precio del mismo producto es más elevado en Costa Rica que en el exterior.

Internamente podemos esperar que una apertura a la libre entrada y salida de empresas a los mercados contribuiría -además de la eliminación de aranceles- al logro de una mayor competencia y con ello lograr reducir los precios domésticos cobrados a los consumidores.

Similarmente, eliminar tributos excesivos impuestos sobre el valor de los bienes podría conducir a una reducción interna de los precios y disminuir los casos de evidente diferencial de precios, como son los de los combustibles y de los bienes objeto que contrabando antes comentado.

Asimismo, hay una serie de insumos que no son objeto de comercio internacional y que en ciertos casos son regulados por el estado, como puede ser la electricidad, agua, tarifas de transporte interno, entre otros, que son factores de costo usuales que se incorporan en el valor final de un bien. Pero también hay otros bienes que no suelen ser objeto del intercambio internacional ni tampoco de la política regulatoria usualmente aplicada a los servicios públicos, como, por ejemplo, la vivienda, los servicios de restaurantes, las peluquerías y salones de belleza y muchos otros bienes fácilmente perecederos. En estos últimos casos la expectativa normal es que las fuerzas competitivas, que suelen dirigir recursos hacia donde la rentabilidad es mayor, conduzca a moderar los precios relativamente altos.

 Pero este último caso es diferente a cuando, por ejemplo, hay una política deliberada del estado de usar la regulación de precios como fuente de ingresos para el fisco -esto es, lograr precios más altos que el que podría obtenerse en mercados competitivos, tan solo por el objetivo estatal de lograr mayores ingresos. La eliminación de eses sobreprecio por razones fiscales podría permitir una mejor comparación de los costos verdaderos de un mismo bien en mercados de países distintos. Si se eliminara, por ejemplo, el sobreprecio en el costo de la electricidad o del agua puesto con fines de disminuir el déficit fiscal general del estado (al aumentarse por ese arbitrio las utilidades de esos organismos descentralizados del estado), obviamente podríamos pensar que ese menor costo de insumos se refleje en menores precios de ciertos bienes en comparación con los mismos internacionalmente. 

Estas son algunas sugerencias, pero en el próximo comentario de la semana entrante, en lo que podría ser una segunda parte de éste, se analizará el tema de la política de control de precios como medida para reducir los precios internos.

Jorge Corrales Quesada

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