lunes, 16 de febrero de 2015

Tema polémico: aprendamos de Corea del Sur

Hacia la segunda mitad del siglo XX Corea del Sur era uno de los países más miserables del planeta. Con una economía netamente agrícola, su PIB per cápita era de alrededor $82, siendo tras la Guerra de Corea (1950-1953) más pobre que la mayoría de las naciones latinoamericanas.

65 años después las cosas han cambiado mucho para el país asiático: hoy su PIB per cápita es de casi 20 mil dólares, constituyéndose en una de las potencias económicas más sofisticadas del mundo, siendo además el único país que ha logrado dar el salto  de ser receptor a donante de ayuda al desarrollo.

Varios son los factores y las claves que explican este vertiginoso progreso, pero sin duda, el elemento clave del cual podemos obtener más lecciones  tiene que ver con la apuesta coreana por el desarrollo de su capital humano, como piedra angular de su estrategia de desarrollo de largo plazo.

Y es que a diferencia de nuestro país, en donde la oferta académica universitaria ha crecido históricamente desvinculada del desarrollo nacional, sorda a las demandas de la industria y ajena a las necesidades de la pequeña y mediana empresa, en Corea del Sur el desarrollo del capital humano se ha centrado en una educación técnica, una articulación entre industria y la academia, y la capacitación de sus trabajadores.

En Costa Rica contamos con un sistema público y privado de formación profesional-técnica que si bien es limitado e imperfecto, ha permitido suplir el recurso que muchas empresas está demandando, pero ciertamente el país adolece de un sistema de capacitación y programas efectivos de formación profesional para jóvenes dentro y fuera del sistema educativo. La experiencia coreana nos muestra como entre los años 60 y 70 el país cambió su orientación  hacia la educación técnica, establecimiento de cuotas máximas de ingreso a la educación superior.

Asimismo, en Corea del Sur, la estrategia educativa ha sido orientada por las habilidades requeridas por las industrias nacientes. Muy lejos estamos nosotros de una orientación de este tipo. Hace 30 años nuestra economía inició un proceso de inserción en los mercados y de atracción de inversiones que requerían un nuevo perfil de capital humano, sin embargo, la oferta educativa el país ha respondido lentamente a ese cambio. Seguimos graduando más cientistas  sociales y abogados que profesionales en matemática, física, química, biología o computación, acrecentando la brecha entre oferta y demanda laboral. Para empeorar las cosas, las universidades están atadas a los lentos procesos del Consejo de Educación Superior (Conesup) para crear nuevas carreras cercanas a las demandas del mercado.


Corea del Sur nos recuerda que cualquier economía que desee seriamente alcanzar índices de competitividad y prosperidad de primer mundo, debe centrar su atención en la calidad de su recurso humano y la vinculación formativa de éste con las áreas estratégicas del desarrollo y las necesidades reales del sector productivo.

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