martes, 14 de abril de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: una riqueza que despreciamos

No recuerdo en que libro de texto de Economía leí hace mucho tiempo, acerca de las ideas de riqueza y de valor aplicadas a las llanuras de los indios en el estado de Oklahoma. A mediados del siglo XIX, éstas tenían un valor relativamente muy bajo, pues si acaso servían como pastos para el ganado. Los indios, quienes eran de hecho los dueños de esas tierras, vivían en la pobreza, en mucho sobreviviendo gracias a la cacería, algunos cultivos y crianza de animales. La tierra era sumamente barata e incluso, en cierto momento, el gobierno federal de los Estados Unidos se las compró a muy poco precio, para después regalarlas, con tal de que fueran pobladas principalmente por blancos, negros y otras tribus indígenas distintas de las que tradicionalmente moraban en ellas. A principios del siglo XX se descubrieron enormes depósitos de petróleo debajo de esas tierras de Oklahoma (así como en muchas otras partes de los Estados Unidos), las cuales que evidentemente ganaron un enorme valor en poco tiempo debido al desarrollo de los pozos petroleros.

Así me viene a la mente recordar que no había riqueza en las tierras de Oklahoma, sino hasta que se desarrolló la actividad petrolera. Esto es, aunque un recurso natural exista en el subsuelo, en tanto no se le desarrolle económicamente -es decir, que tenga algún valor en los mercados- no constituye riqueza: simplemente es “tierra” de poca valía. 

Esto lo expongo en relación con un artículo que leí recientemente en La Nación del 15 de diciembre, que lo encabeza el siguiente texto: “Presidente sepulta geotermia en los parques nacionales: Solís no aceptará proyectos de generación en su mandato”. ¿De qué nos sirve tener tanta “riqueza” energética potencial en los parques nacionales? Entiendo muy bien la posición de conservacionistas, aquellos honestamente preocupados porque un desarrollo de esa fuente de energía no ocasione un daño grave al medio ambiente, pero es un daño hipotético que económicamente podría ser compensado, si la ciudadanía logra un beneficio muy elevado al contar con una fuente de energía más barata que las actuales de que dispone. Es un asunto de ver los números del análisis de costo-beneficio social. En mi opinión, posiblemente el daño medioambiental de esos proyectos de explotación geotérmica es relativamente pequeño y podrá ser más que compensado con los beneficios de un proyecto de esa naturaleza que sea bien y cuidadosamente ejecutado.

El tema es muy interesante desde diversos ángulos, pero quisiera enfatizar uno de ellos.  Si bien es apropiado preocuparse por el posible impacto negativo sobre el medio ambiente de un proyecto de esa índole, en realidad en el país ya tenemos amplia experiencia en la generación de energía a partir de la geotermia, la cual han tenido un impacto mínimo –nimio- sobre la naturaleza en sus alrededores. Esta fuente se ha desarrollado en el país desde 1977 y ya tenemos cinco plantas generadoras de energía proveniente de geotermia (4 en Miravalles y una en Pailas, todas en la Cordillera de Guanacaste). Están operando limpiamente y con una afectación muy marginal en su alrededor. En una entrevista formulada a finales del 2012 al ingeniero Alfredo Mainieri, director en ese entonces del Centro de Recursos Geotérmicos del ICE, señaló que “la geotermia es una energía autóctona, limpia, poco contaminante y que, si además se maneja convenientemente, puede llegar a ser renovable, por lo que se espera que el tema de la explotación se analice más profundamente.” (Entrevista en Crhoy.com, el 9 de octubre del 2012).

En dicha entrevista se señala que “La geotermia también se ubica como la segunda más barata en cuanto a costos de producción por kilovatio, ya que, producir un 1 kilovatio de geotermia cuesta 6.22 centavos de dólar a pesar de solo tener el 8% de la capacidad instalada; producir 1 kilovatio de energía hidráulica cuesta 3.81 centavos de dólar,” al menos en aquél año. 

No hay razones para que, tomando en cuenta la necesidad de compensar cualquier efecto sobre el medio ambiente, el país no pueda acudir a esta fuente de energía, cuyo costo parece ser relativamente bajo, es limpia y casi que inagotable. Cerrar las posibilidades de su desarrollo, tanto por parte del ICE como de empresas privadas, es, en mi opinión, una nueva decisión absurda del gobierno en tiempos recientes en el campo de la energía (además de ésta, también lo fue el impedimento de que hubiera una mayor participación privada en la producción de electricidad de fuentes hídricas).

A veces hay posiciones extremas que cierran las posibilidades de progreso en las sociedades.  En este caso, la justa preocupación por el medio ambiente resultante de desarrollos energéticos, creo que ha sido llevada muy lejos. Existe enorme experiencia en muchos países -además de la nuestra antes citada- que incluso poseen literalmente desarrollos en los patios de sus casas. Volviendo a la Oklahoma que antes cité, una visita a la ciudad de Tulsa podría confirmar lo que aquí estoy diciendo: allá, en aquella tierra antiguamente de los indios, hoy existe una enorme producción petrolera en su inmediata vecindad. Pero también, por ejemplo, se podría acudir a Los Ángeles, California y ver allí, en un lugar que se conoce como La Brea, que sucede algo similar a lo de Tulsa, Oklahoma.  Simplemente para esos desarrollos energéticos se han tenido reglas claras, definidas, estrictas, en cuanto al manejo ambiental. Pero no de manera tal que se prohíba la producción, que se impida el desarrollo, que se afecten las posibilidades de progresar de sus ciudadanos, sino todo lo contrario: para que el ser humano se beneficie de energía más barata. Y eso es progresar.

En Costa Rica se ha demostrado que se pueden hacer plantas para extraer energía proveniente de la geotermia, sin afectar los parques nacionales. Incluso si un desarrollo afectara a un parque nacional, eso podría ser compensado con tierras nuevas que se adicionen al parque. Pero ni eso ha sido necesario hacerlo en el caso de Costa Rica. 

El gobierno no admite que privados puedan producir más electricidad proveniente de desarrollos hídricos; no permite ahora que nadie, ni el mismo estado, pueda generar electricidad con base en la energía proveniente de la profundidades de la tierra; no dejan que se explore el país para ver si hay depósitos de petróleo o de gas; no acceden a que se utilicen paneles solares para que las familias desarrollen fuentes energéticas provenientes del sol; no dejan hacer nada de nada. El estado nuestro no sólo es ineficiente, sino retrógrado: conculca cualquier posibilidad de generación de energía, sino es a través de su casi monopolio, el ICE, e incluso hasta a esa institución se le vedó la posibilidad de un mayor desarrollo energético con base en la geotermia. Hace muchos años no veía una mentalidad tan retrógrada, antiprogresista y que frene el impulso innovador de la empresa privada a tal grado. Más tarde o más temprano eso nos pasará la factura a todos los ciudadanos -como usualmente sucede en estos casos- a causa de nuestro estancamiento energético. Entonces los de siempre buscarán echarle las responsabilidades por el retroceso a cualquier otro, menos a la obcecación de sí mismos.

Jorge Corrales Quesada

No hay comentarios.: