lunes, 13 de abril de 2015

Tema polémico: golpes a la democracia.

Las contradicciones entre lo prometido y lo realizado por parte de la administración Solís parecen no tener fin.  Una semana tras otra pareciera que el gobierno del PAC, o quien sea que gobierne desde la perspectiva del PAC, nos sorprende con una nueva versión de un mal cuento de espanto.

La última contradicción tiene que ver con el triste capítulo que nace desde el MICITT con el borrador del proyecto de Ley de Radiodifusión, dado a conocer a la ciudadanía por las infames sanciones a los medios, que derivaban en la posibilidad de quitarle los permisos de funcionamiento a los medios de comunicación en caso de que éstos incurrieran en faltas gravísimas o en dos faltas graves en un año, entendiendo dentro de las faltas, publicar notas falsas o con mensajes y, o palabras vulgares.

No hace falta ahondar en las profundas incompatibilidades con los más elementales principios democráticos y constitucionales que las sanciones incluidas en el citado borrador implican, ni las discordancias con el discurso de “la casa de cristal”.  Sobre este aspecto ya se han escribo valiosos y profundos argumentos.

Vale la pena reflexionar sobre las implicaciones políticas de esta serie de errores, las contradicciones, y las notables y amplias brechas entre las expectativas y la realidad que se han sembrado no solo en este gobierno del PAC, sino además en anteriores administraciones socialdemócratas.

No se trata únicamente de una perdida de fe en el gobernante de turno. Este es en última instancia el menor de los males. Se trata del grave daño que los malos gobiernos provocan y la erosión en la credibilidad del sistema institucional, el  desencanto con su funcionamiento que en última instancia de traduce en la idea de que la democracia no sirve para resolver los problemas del país.

La perdida fe en la política, los políticos y las instituciones del Estado ha sido señalada de diversas formas por el Estado de la Nación. Precisamente en su decimoctavo informe se señalaba: “El saldo para el sistema político en general, y el Gobierno en particular, es negativo: se ha reducido la capacidad de conducir el aparato estatal y no se vislumbra un actor o alianza de actores capaces de tomar la iniciativa, lo que no pasa desapercibido para la opinión pública. En efecto, el apoyo al sistema político costarricense nunca antes había estado tan bajo, en tanto indicadores y al mismo tiempo”. (2012: 59)

Ciertamente nadie se atreve a cuestionar la democracia, ni afirmar que la democracia se encuentra al borde del abismo, pero como lo señaló el director del Estado de la Nación: “(la nuestra es una) democracia que alcanzó la madurez, pero que no tiene rumbo.”


La platina, la trocha, la ley mordaza, el manejo de las embajadas, el despilfarro del gasto público del gobierno, las posturas opuestas a lo prometido: (Estado Laico, impuestos, la apertura eléctrica, CONAVI, DIS, la Ruta 32, etc.) son gotas de agua que socavan la fe en las instituciones democráticas. Estamos desencantados y poco a poco pasados de ser creyentes en la democracia a ser demócratas por default. 

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