lunes, 3 de agosto de 2015

Tema polémico: gasto público y salarios

Recientemente el ministro de la Presidencia, Sergio Alfaro, señaló que las propuestas de ley sobre empleo público y salario único no representan una prioridad para el gobierno de la República, al tiempo que el presidente Luis Guillermo Solís manifestó que las reformas al régimen de empleo público tendrían un impacto en el largo plazo, de manera tal que sus esfuerzos se centrarían en promover otras opciones cortoplacistas, para tratar de enfrentar el déficit fiscal del país.

La discusión del gasto público y las remuneraciones de los empleados públicos ha tomado nuevas dimensiones, luego de que se diera a conocer a la opinión pública los excesos en varias instituciones autónomas y los despilfarros e ineficiencias en el Gobierno Central, que tienen en serios aprietos a las fianzas públicas, creando además un ambiente de descontento generalizado entre la población.

El tema se las trae pues diferentes fracciones legislativas han marcado el terreno de juego, expresando que no considerarían la aprobación de nuevos tributos, sin señales de austeridad y de recorte de gastos en el Gobierno.

Haría bien Casa Presidencial en apoyar las propuestas de salario único presentadas en la Asamblea Legislativa y buscar un consenso entre la propuesta de los diputados Sandra Piszk y Otto Guevara. Esto no solo permitiría abrir el debate para eliminar las distorsiones en el manejo del recurso humano y las disparidades de ingreso entre funcionarios, sino que dotaría de mayor legitimidad a las intenciones tributarias del presidente Solís.

El balance político no favorece al Ejecutivo si no cambia de postura. Pensar en propuestas como el impuesto de valor agregado y de renta sin dar pasos previos en la reducción del gasto es poner la carreta delante de los bueyes.

Los antecedentes del primer año de la administración Solís dan muestras claras de que el gobierno no rectificará su rumbo. Atrás quedó la mejor oportunidad de plasmar en la realidad las ofertas electorales de austeridad y responsabilidad en el manejo de los recursos públicos, presentando un presupuesto nacional acorde a nuestra realidad fiscal, con recortes en materia de horas extras, anualidades, viajes al exterior, viáticos y eliminando las subejecuciones presupuestarias, tal como lo había planteado el diputado Ottón Solís.

Pensar que las cosas pueden mejorar sin dar un contundente golpe de timón representa un acto de desapego de la realidad, y mientras el país se debate entre contradicciones, nuestra economía se desacelera y perdemos ritmo de competitividad. 

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