martes, 15 de septiembre de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: varias cosas acerca del Presupuesto y el tiro del polaco

Antes de referirme a eso del “tiro del polaco”, quiero tratar varios temas en la discusión que se ha presentado en el país, en torno al presupuesto para el 2016 que el gobierno envió a la aprobación legislativa.

En mucho tomo como base el excelente comentario que sobre el tema formuló el economista don Rodrigo Bolaños en La Nación del 1 de setiembre, titulado “Ajustes en el presupuesto del 2016.” Me atrevo a decirles que aquél está escrito en un lenguaje un poco técnico para algunos de los amigos que me suelen leer, por lo cual trataré de explicar algunos de los conceptos que bien señaló don Rodrigo, de manera que el caso pueda ser mejor asimilado (espero lograrlo, aunque no es nada fácil).

Empezaré aclarando la discusión en torno al crecimiento del presupuesto, dado que en el pasado -incluso este servidor- cuando se comparó el presupuesto del año 2014 con el del 2015 –el primero que envió este gobierno- se mencionó que su monto se había incrementado en un 19.6% en dicho lapso, cuando, en realidad, ese incremento es en los egresos y no en el gasto gubernamental.

Para entender esta diferencia, es apropiado señalar que, en lo que se denomina “presupuesto de la República,” aparece la asignación de dinero para los diversos gastos del gobierno central, pero ahí se incluye una partida para amortizar el pago de deudas adquiridas previamente por el gobierno para financiar gastos de períodos anteriores. Por ello esta última es una partida de egresos, pero no de un gasto del período.

Amortización de la deuda pública es el pago del principal que se hace de la deuda gubernamental; dicho pago es un egreso en términos contables, pero no un gasto del gobierno, pues el desembolso de esos recursos ya se hizo en el pasado; ahora se trata de repagar el principal adeudado. La contabilidad del presupuesto de la república la practica de manera tal que se mide como si el pago de toda la deuda se hiciera al final del año de un solo golpe, pero para ello se suele emitir nueva deuda (esta es la amortización de la deuda) en que incurriría el gobierno. Se hace tal cosa porque usualmente dicha deuda pública es de un monto muy elevado, como para poder redimirla de una sola vez por todas, por lo cual ello se hace por tractos; por partes. Así, tener, por ejemplo, que pagar menos deuda en este año, no significa que el país tenga un gasto menor, un ahorro, sino que en los siguientes años la nación tendrá que pagar más.
Por tal razón, si se excluye el ítem denominado “amortización de la deuda” del monto del presupuesto nacional, es posible comparar la variación apropiada de gastos, de erogaciones, del gobierno de un período respecto a otro. Así, el aumento del gasto que se dio en los presupuestos del 2014 y el 2015, en vez de aquel 19.6% de incremento, fue de un 12.9%, pues aumentó mucho la partida de amortización de la deuda en el año 2015, en comparación con el 2014.

Ahora bien, no es que ese aumento del 12.9% en esos años sea algo menospreciable; por el contrario, sigue siendo sumamente elevado y muy superior a la inflación del 2014, que se estimó en un 5.1%. Tuvo el grave efecto de aumentar aún más el tamaño del déficit del gobierno. 

Como bien lo indicó en su comentario el economista Rodrigo Bolaños, la incorporación de las amortizaciones de la deuda en los presupuestos de gastos puede inducir al error, pues “nos pone en el riesgo de caer en una trampa fea [¡como que todas las trampas son feas!]: que tanto el Poder Ejecutivo como algunos diputados quieran presentar como logro en el 2016 un ajuste fiscal por medio, principalmente, de una menor amortización. Sería un ajuste ficticio.” Con ello lo que se lograría es una reducción de los egresos, pero no de los gastos, tal como se explicó previamente. Y esto último es lo importante de valorar en cuanto al crecimiento del presupuesto. 

Como veremos luego, lo expuesto nos permite hablar del “tiro del polaco”. Cuando niño, a mediados de la década de los cincuentas, uno escuchaba a los mayores referirse a ese cuento. Decían que ciertos comerciantes, que habían tenido un producto con un cierto precio relativamente bajo, lo mantenían así por cierto tiempo; luego le daban un buen aumento y lo dejaban así por un rato.  Poco después, venía la promoción: reducían en algo este último precio, pero quedando siempre por encima del primero.  Anunciaban la gran rebaja, después de que habían aumentado el precio y el consumidor -caveat emptor- (frase del latín que significa “consumidor, ponle cuidado”), no le ponía la atención requerida al caso. El consumidor inocente no tenía toda la información que poseía el vendedor.  Entraba de lo lindo con el cuento de la “rebaja”.

Algo parecido nos está sucediendo con estos presupuestos del gobierno actual. Veamos qué es lo que ha sucedido con estos dos últimos presupuestos (el del 2015 y el del 2016). Al primer  presupuesto que envió, lo aumentó mucho con respecto al del 2015 (12.9% fue el incremento en los presupuestos entre el 2014 y el 2015, excluyendo las amortizaciones de la deuda), en tanto que el segundo –el del 2016- sólo aumentó “poco” con respecto al del 2015 (fue de 4%, si se le excluyen las amortizaciones referidas). Todo esto nos da la impresión de que el gobierno está proponiendo una rebaja significativa en el crecimiento del presupuesto de este año, pero, en verdad, es tan sólo después de aquel aumentazo tan alto que se dio en el año fiscal previo.

Alguien me dirá de inmediato que esta administración está haciendo ahora lo que corresponde hacer. Sin embargo, lo cierto es que esa misma administración ya era consciente, cuando envió el presupuesto del 2015, de la grave situación deficitaria del gobierno. No practicó la reducción necesaria en aquel entonces. La explicación de esta conducta es que, a pesar de que había prometido en el período electoral del 2014 que, antes de poner nuevos impuestos para llenar ese hueco, reduciría el gasto público, dice hacerlo hasta ahora con el presupuesto del 2016… pero el daño ya fue hecho, con el fuerte aumento del gasto en el presupuesto del 2015. Yo lo llamo irresponsabilidad y lamento que esta administración nos crea tan tontos como para que no hubiéramos notado su jugada: el tiro del polaco (y que desde ya no me censuren los paisanos por este recuerdo folklórico: simplemente así lo refería la gente). Subamos para bajarlo luego en algo menos y decimos que es una rebaja.

De esta manera uno entiende bien la preocupación de don Rodrigo Bolaños, al advertirnos que cree que es “muy difícil que el plan de gastos que debe presentar este mes [setiembre del 2015 para el presupuesto del gobierno central del 2016], crezca poco, sin tocar educación, universidades, seguridad e intereses, que juntos representan porcentajes muy altos del total” de gastos. Su bien fundado escepticismo lo lleva a clamar que “Probablemente, lo que aumente al 0.5% nominal recién anunciado por el Gobierno serán los egresos. Pero puede ser que, detrás, las partidas de gasto crezcan mucho más y, como ya se dijo, tanto como para que hasta aumente el déficit fiscal.”

Eso mismo lo señala don Jorge Guardia, en su columna usual de La Nación del 1 de setiembre, cuando enfatiza que “Nada garantiza que este gobierno, u otro, mantendrán la austeridad prometida… La postura oficial no es confiable… Yo no he visto [yo tampoco] todavía ningún esfuerzo serio por corregir los disparadores del gasto: sueldos y salarios, pluses salariales, ascensos, dedicación exclusiva, horas extra, convenciones colectivas en todo el sector público, contrataciones superfluas, publicidad y propaganda, y todos los demás rubros señalados por la oposición, incluida la liderada por Ottón Solís.” Más bien, sin rubor alguno, en esta ocasión -en el presupuesto del 2016- la propuesta presupuestaria del gobierno aumenta notoriamente el aporte estatal al llamado Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), que en realidad es para las universidades públicas y no para la educación superior del país como un todo. 

En cuanto a esto último, vean lo sucedido. En el 2014, los costarricenses le dimos al FEES la suma de ₡359 mil millones.  En el 2015 se aumentó en cerca de un 14%, llegando a ₡410.5 miles de millones (un “aumentico” de ₡51 miles de millones). Luego en el presupuesto del 2016 se destina una suma superior a esta última en un 7.4% (otro “aumentico” de ₡30.1 miles de millones), con lo cual el monto para el año próximo ascenderá a ₡440.8 miles de millones.  Este es el mismo cuento de lo sucedido con el presupuesto del 2016 con respecto al del 2015: que crece menos, pero después de un fuerte aumento en el año previo, sólo que con una “ligera” diferencia. Para el 2016 el gasto que se trasfiere a las universidades estatales es algo menos de la mitad del enorme aumento obtenido en el 2015. ¿Gran rebaja? ¡Falsa rebaja!

Asimismo tiene razón el economista don Luis Mesalles, cuando en su columna de La Nación del 5 de setiembre indica que “Remuneraciones y transferencias, por su lado, crecen casi al doble de la inflación proyectada. Es decir, en los disparadores del gasto, lo que realmente pesa dentro del presupuesto, no hay ningún cambio estructural. Se sigue gastando más cada año, sin que se perciba un cambio en cómo se hacen las cosas.” La gastadera sigue y sigue tan campante como Johnny Walker y la mayor osadía es que nos hablan de que el presupuesto presentado es “muy austero.” Y pretenden gastar más de ₡36 millones en tratar de convencernos de tal falsedad.

Veamos algunos datos de esos “disparadores del gasto”, del cual tanto nos hablan los del gobierno tratando de darnos a entender que “es poco lo que se puede hacer” para reducirlos.

Las remuneraciones, por ejemplo, son una de ellas.  Entre el 2013 y el 2014, el presupuesto aumentó esa partida en un 9.9%, e igual fue el incremento en el presupuesto del 2014 y el 2015, pero entre el 2015 y el 2016, el aumento fue de 6.7%.  En todos los casos fue superior al aumento de la inflación, pero también la reducción parece ser insuficiente en este disparador. De hecho, de un 29% que representan las remuneraciones en el gasto total del presupuesto en el 2015, dich9 porcentaje aumenta a un 30.8% en el presupuesto del 2016. Es decir, como porcentaje del gasto total del gobierno, esta partida sigue creciendo en su importancia relativa. 

Asimismo, en el caso de las transferencias corrientes del gobierno, que comprende básicamente las transferencia del gobierno a las universidades pública, a FODESAF y similares, el presupuesto de esa partida en el 2014 creció en un 8.2% con respecto al del 2013, luego, en el año siguiente aumentó a un porcentaje mayor de un 10.6% en el 2015 en relación con el del 2014 y ahora en el del 2016 crece en un 6.7% con respecto al del año previo. De nuevo, en todos esos años el incremento fue superior al de la inflación, por lo cual la reducción, que uno supondría moderaría el crecimiento del gasto de este disparador, es poca. Es así como, de un 28.1% de esas transferencias con respecto al gasto total presupuestado en el 2015, en el 2016 es de un 29.9%. Eso es, también sigue creciendo el peso específico de este disparador del gasto dentro de los gastos totales presupuestados.

El tercer disparador de gasto usualmente citado es el de los pagos de intereses y comisiones del gobierno.  Pasó de un aumento del 21.8% entre los presupuestos del 2013 y del 2014 a uno de un 19.1% de incremento entre el presupuesto del 2014 y el 2015, para luego caer a sólo un aumento del 2% en el presupuesto del 2016 con respecto al del año anterior.  Creo que parece evidente un aumento en los intereses internacionales a relativamente corto plazo, que muy posiblemente incidirá en esta, que así lo creo, subestimada partida de gastos. Además, el fuerte crecimiento de la deuda externa al cual el gobierno ha acudido recientemente (y que se ha mencionado podría crecer en otros $5.000 millones si tiene éxito una idea de financiar el déficit mediante la colocación de deuda costarricense con el gobierno chino), no tengo casi duda de que pronto se verá reflejado en un aumento al presupuesto de gastos actualmente presentado por el gobierno para el 2016.  Es decir, se podría estar subestimando esta partida de gastos en el que ahora envía el gobierno a la aprobación legislativa.  Por eso, aun cuando crece el peso de los intereses y comisiones de un 11.6% de los gastos corrientes del presupuesto del 2015 a un 11.8%, se me hace que éste porcentaje se quedará corto, en el curso del año presupuestario del 2016.

Me quiero referir a algo que señala don Luis Mesalles en su comentario antes citado y que tiene que ver con la estructura del gasto del gobierno; esto es, a la proporción de gastos de capital (de inversión) como porcentaje del gasto total del presupuesto.  Así, el gasto para inversión pública pasa de un 5.8% del gasto total en el 2015 a un 5.1% en el 2016. Esto es, se va para atrás, pues la inversión pública es clave en muchos sectores para que la economía pueda crecer, algo particularmente significativo en una economía como la nuestra claramente ralentizada en estos momentos.

Para terminar, dado mi escepticismo en cuanto a las cifras presentadas en este presupuesto del gobierno -intereses posiblemente subestimados, por ejemplo- les sugiero a los diputados que, a la hora de discutir dicho presupuesto, le hagan ver al poder ejecutivo que, con excepción de una situación de catástrofe, no se aprobarán mayores gastos previamente no incluidos, a través del mecanismo de enviar presupuestos extraordinarios con gastos adicionales a los incluidos en el presupuesto ordinario que esta para aprobarse.

Los costarricenses somos así encaminados, engañosamente, a que se nos impongan más y mayores impuestos, cuando en realidad nuestro gobierno no da muestras de la frugalidad y la prudencia que debería de proseguir: escoge seguir gastando a cambio del empobrecimiento de todos los ciudadanos, que sufriremos en nuestros presupuestos hogareños por la aviesa intención de meternos mano a los bolsillos para sacarnos la plata. Después nos dirán, esos mismos así llamados administradores o gobernantes, que no entienden por qué nuestra economía no crece y por qué no se genera el empleo necesario y por qué no crecen los ingresos netos de las familias.

Jorge Corrales Quesada

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