martes, 15 de diciembre de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: mi posición ante mis críticas

Me imagino que muchos de mis amigos lectores en Facebook han notado mis diversos comentarios críticos en lo referente a temas de orden público, los cuales son usualmente encabezados y calificados con la frase “El Estado Ineficiente”, la que, seguida de dos puntos, trata algún asunto que deliberadamente he seleccionado para que sea objeto de mi crítica.

Quienes se han referido a mis comentarios, en general, supongo que, a modo de queja por mi preferencia selectiva, lo han hecho principalmente porque consideran que lo que hago son sólo análisis negativos, en donde no se reconoce lo positivo de otras acciones de parte de la persona o de la entidad gubernamental. 

Si fuera así de fácil interpretar la razón de esos comentarios, me parece que podrían descartarse con prontitud, señalando simplemente que lo hago de tal manera porque esa es mi preferencia y, como persona libre, nadie me ha de obligar a hacer lo que no quiero o algo distinto a lo que prefiero hacer.  Pero deshacerse de tales reproches no es así de fácil, por lo cual intentaré adentrarme en las razones de mi preferencia.

La primordial es porque considero que la crítica tiene un propósito crucial en cuanto al avance del conocimiento. El eminente pensador Karl Popper escribe que “la actitud crítica, la tradición de la libre discusión de las teorías con el propósito de descubrir sus puntos débiles para poder mejorarlas, es la provisión razonable, racional… Puede describirse la actitud crítica como el intento consciente por hacer que nuestras teorías, nuestras conjeturas (que no son sino un conjunto de ideas que se usan para explicar un fenómeno), se sometan en lugar nuestro a la lucha por la supervivencia del más apto… así, obtenemos la teoría más apta que está a nuestro alcance mediante la eliminación de las que son menos aptas.”(Karl R. Popper, Conjeturas y Refutaciones: El Desarrollo del conocimiento científico, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S. A., p. 79. El texto entre paréntesis es mío.). 

Esa eliminación de teorías menos útiles se hace por el método crítico, que nos permite acceder a una verdad provisional acerca de una hipótesis específica de un hecho, acción u observación concreta. Esa exclusión de teorías mediante la eliminación de teorías que permite la crítica. Eso hace que nuestro conocimiento se enriquezca.  Tal como si el ser humano aprendiera de la prueba y el error, por lo que mostrar el error es algo profundamente útil.

Por ello, cuando uno formula una crítica a la ineficiencia del estado, la contribución que uno esperaría lograr con ella es que en esa administración del estado (en sus diversas dependencias o ramificaciones) se hagan mejor las cosas, descartando prácticas que conducen al desperdicio, la ineficiencia, las pérdidas y al agravio ciudadano.

Por su parte, cuando uno se pone a alabar las cosas que en el estado se hacen eficientemente, sin desperdicio, con todas las virtudes, ello sólo conduce a que la situación continúe inmutable, a no ser que, aceptando la bondad de la acción del momento, alguien pueda sugerir una forma aún mejor para hacerlo (lo cual no es extraño que también provoque  el malestar del político actor, pues un extraño y, tal vez, “limitado” o “inculto” o “ignorante” se “atreve” a proponer una forma mejor de hacer las cosas). Creo que ese tipo de alabanzas no suelen incentivar que las cosas mejoren. ¿Para qué sacrificarse en mejorar algo si quienes las valoran lo hacen positivamente, pues sus críticas estás plenas de halagos, elogios y aplausos?  La fuerza del estatus quo se impone, en especial en políticos a quienes lo que les interesa es la conservación del poder.  

“Para qué cambiar lo que funciona,” suele decir el pueblo; lo que hay que cambiar es lo que no sirve, lo que no funciona.  De aquí que la crítica también es útil como expresión del pueblo a sus gobernantes, acerca de que lo que ellos hacen no está bien o puede ser mejorado.

Pero, también, al funcionario del estado la ciudadanía le paga para que haga las cosas de la mejor manera, honestamente, sin desperdiciar lo que son sus propios recursos entregados al estado, de forma que cuando así lo hace, simplemente está retribuyendo esa paga. La gente puede valorar eso cuando decide votar en una próxima elección, no como una obligación equilibradora de lo que puede ser una crítica ciudadana.  No hay tal equilibrio, si la crítica es usada para descartar conductas impropias, inadecuadas o inconvenientes. Se ha pagado por un buen resultado; de manera que si recibe la paga (hasta adelantada) es bajo el supuesto de que cumpliría a plenitud para lo que se acordó contractualmente.
 
Pero, ¿por qué centrar la crítica en el Estado y no hacerlo con la empresa privada?  Es una pregunta interesante y la respuesta me parece viable y directa: porque en una empresa en competencia (lejos del aberrante caso del monopolio) hay una constante aprobación o desaprobación; o sea, una forma de crítica, cuando los consumidores votan (como si así lo fuera) al realizar la compra del producto de esa empresa.  Si la gente los aprueba, los compra; si los desaprueba, no los adquiere.  De inmediato se me dirá, que la toma de decisión expuesta conduce a una parálisis, al estatus quo. Pero eso no es así, porque en un orden de mercado existen competidores quienes luchan por tomar cualquier parte del mercado -no sólo proveniente de competidores ya existentes en el mercado, sino, ante todo, de potenciales entrantes al mercado- de manera que hay un incentivo para la innovación, la mejoría, para que vendan más barato algo de una misma calidad, a fin de atraerse a aquellos consumidores clientes provenientes de sus competidores.
Darwinianamente, quien no se adapta a las nuevas circunstancias, terminará por desaparecer. De paso, esto es lo que le permite a Hayek, refiriéndose a la evolución de Darwin, atreverse “a afirmar que, de hecho, Darwin se inspiró en la ciencia económica. Por sus notas manuscritas sabemos que estaba leyendo a Adam Smith, cuando en 1838, estableció las bases de su propia teoría biológica.” Friedrich A. Hayek, “La Fatal Arrogancia: Los errores del socialismo,” en F. A. Hayek, Obras Completas, Vol. I, Madrid: Unión Editorial, S. A., p. 215).

Pero ahí no llega el asunto con el empresario en el mercado: él siempre estará atento a cualquier cambio que mejore sus ganancias, ya sea mediante el uso de nuevas tecnologías, la introducción de nuevos y más eficientes bienes de capital, todo en busca de un uso mejor de los factores productivos que contrata para obtener el bien final. 

Lo destacable es que en un sistema competitivo de mercado hay incentivos que conducen al uso eficiente de los recursos, de manera que, quien no lo logra, queda fuera del mercado: es así como en una economía se hace “la limpia.” El que no se adapta, fracasa, queda afuera: quiebra y así los recursos que queden libres se pueden dedicar a producir las cosas que ahora los consumidores-votantes-críticos desean.

A diferencia de esto, tal situación de “limpia” no sucede en el caso del estado.  Tan sólo extraordinariamente se cierran producciones ineficientes (como sucedió durante el gobierno de la señora Thatcher, pero véase que aquí no ha sido posible cerrar a los ineficientes CNP o la Fábrica Nacional de Licores, como ejemplos) o cuando se hace lo es en el marco de un “cambio” político casi revolucionario, producto del hastío del ciudadano. Pero la limpia no es cotidiana, usual, imperante, como sucede en un sistema privado de pérdidas o ganancias.  Mientras que en éste la pérdida la asume el empresario-capitalista, nunca se observa que, cuando es del estado, la asuma, de su bolsillo, un político responsable de una mala decisión o de un mal resultado de su empresa u agencia pública.

En el estado no hay un mecanismo o instrumento por el cual la crítica que hace el consumidor mediante el voto, reprende y ocasiona la remoción o sustitución o quiebra del “empresario” o director, usualmente un político a cargo de la entidad. Eso suele suceder sólo cuando hay elecciones y se elige a un gobierno que mantiene una diferente posición política comparada con el vigente. El empresario socialista (el empleado público que hace las veces de empresario dentro del estado) no sufre en su bolsillo las consecuencias de sus “malas” acciones, a diferencia de como sucede con mucha mayor rapidez en una empresa privada. Ya vemos cual sistema es más eficiente cuando se requiere de cambio como producto de la crítica.

Evidentemente, en este último caso de administración gubernamental, el ciudadano pierde porque no recibe aquello que él considera que está pagando de una manera u otra (ya sea mediante tarifas públicas o impuestos o inflación o deuda) y es por ello que protesta, critica, cuando algo le parece mal hecho.  Si en vez de la “inteligencia” política (quedar bien con el superior, el presidente o lo que sea) rigiera la “inteligencia” empresarial, sujeta al escrutinio de su rendimiento de parte de los accionistas o del capital propio, aquellos políticos al menos deberían de estar agradecidos con que algún ciudadano haga crítica pública de sus fracasos o malas decisiones, asumiendo que, de esta manera, se vería motivado a hacer las cosas de la manera en que la desea el público consumidor. No hay duda que ese sería en el mejor de los casos, pues usualmente lo que hacen es ignorar la crítica.

El antónimo de la alabanza y del elogio, la crítica es la que amplía nuestro conocimiento y promueve que corrijamos los errores. Por ello, más bien debe agradecerse cuando alguien la formula racionalmente, en vez de desdeñar y hasta molestarse cuando se hace públicamente, tal como es mi caso.


Jorge Corrales Quesada

lunes, 14 de diciembre de 2015

Tema Polémico: Los desilusionados ticos de “a pie”

El día de ayer el presidente Luis Guillermo Solis arribó a Cuba con junto con su desproporcionada comitiva de treinta y un personas. Mientras tanto, aquí en Costa Rica, nosotros los ciudadanos de “a pie” que “no comprendemos la importancia de este viaje para el futuro de nuestro país”, nos sentimos cada vez más decepcionados con este gobierno que nos sigue impresionando con su lamentable labor.

Treinta y un personas para ir a Cuba en un viaje que tal vez y ni tan siquiera amerita que el presidente haga. En este momento tenemos casi cinco mil cubanos ansiosos por seguir su camino hacia los Estados Unidos y con la imposibilidad de hacerlo. Cinco mil personas que desesperadas por una vida mejor fuera del fallido experimento comunista cubano, están dispuestos a hacer lo que sea por buscar vida en otro país. Y así como ahora hay cinco mil personas, desde hace muchos años han pasado por esta ruta miles de miles de cubanos siguiendo el mismo objetivo. Irónicamente, Luis Guillermo Solis se va con una enorme comitiva a estrechar relaciones con este país. ¿qué sentido tiene estrechar relacionales con una dictadura que no respeta ni la democracia ni los derechos humanos y mantiene a sus ciudadanos en condiciones tan lamentables que prefieren arriesgar su vida con tal de salir de ahí?

Bueno, imaginemos por un momento que este viaje si se amerita ¿Por qué treinta y un personas? Es un absurdo. Esto es despilfarro de fondos públicos evidente. Dentro del grupo van diputados y cuando se les preguntó para que iban a muchos inclusive les costó responder. Simple y sencillamente, el presidente de la Asamblea les contó que existía la posibilidad de ir a Cuba todo pago y ni lentos ni perezosos aceptaros sin preocuparse por el puesto que dejaron para “irse a vacacionar con plata de los costarricenses” ni buscar razones para justificar el viaje. Que descaro. Y no solo diputados del PAC, diputados de otros partidos.

Este viaje es una burla a los costarricenses y un nuevo ejemplo a la ya extensa lista de ejemplos de que este gobierno tiene todas las intenciones de seguir la fiesta de los recursos públicos a expensas de nosotros, los mal llamados “ciudadanos de a pie”.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Tema Polémico: ¿Un oasis en el desierto?

En ASOJOD por lo general somos muy críticos de las iniciativas que provienen de los poderes formales del Estado. Pero, sin duda alguna es justo y necesario resaltar cuando se hace una propuesta que va dirigida en el camino correcto.

Precisamente, bajo este orden de ideas, no queda otra posibilidad que destacar y celebrar la iniciativa de la Diputada liberacionista Sandra Piszk encaminada a reducir las pensiones de privilegio que hoy en día existen. La nota periodística explica que el proyecto:

“(…)impone un tope de 10 salarios mínimos (¢2,5 millones) al pago mensual, con lo que recortaría el 75% de las pensiones de este régimen.
Además, eliminaría el incremento automático anual del 30% y lo cambiaría por ajustes de acuerdo con la inflación.El régimen de pensiones de exdiputados se extinguió en 1992, pero aún tiene 230 beneficiarios que lo disfrutan desde 1985.Alfredo Hasbum, viceministro de Trabajo, explicó que en la lista no solo hay exlegisladores, sino también herederos de las pensiones, lo que en cierta forma mantiene vivo el régimen, pese a su derogatoria definitiva hace más de 20 años.Sandra Piszk, legisladora de Liberación Nacional (PLN), calculó que 166 jubilaciones serán bajadas a ¢2,5 millones de un solo y sin derecho a reclamo alguno. Ella apoya tanto esta medida como la de eliminar el alza anual del 30%: “Ambas cosas son para llevar este régimen prácticamente a las mismas condiciones de los demás; el resto de los regímenes se incrementan por costo de vida”.

Definitivamente es un primer esfuerzo en la dirección correcta, mismo que debe de ser replicado en materia de salarios e incentivos. En ASOJOD creemos que todas estas políticas públicas deben encontrarse ancladas en un principio fundamental de realidad económica que las haga sostenibles. Es decir, la pensión de todo ciudadano debe responder a las cotizaciones que este realice. Igualmente, el salario de todo trabajador público, así como otros beneficios, deben aparejarse a la realidad del mercado laboral privado y de la productividad del país.


El día que todos comprendamos de que el dinero no crece de los árboles, y que cualquier beneficio que se otorgue debe de ser proporcional a la realidad económica-productiva del país, las cosas empezarán a cambiar. Ojalá que este tipo de iniciativas se conviertan en la regla y no la excepción.

martes, 1 de diciembre de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: echándole los muertos a todo el mundo todo el tiempo

No se necesita ser un historiador avispado ni un economista genial para saber que han sido gobernantes de distinto giro, quienes han actuado, tanto desde el poder ejecutivo como desde el legislativo, de manera idéntica para conducirnos a la situación fiscal deplorable en que hoy nos encontramos: la proclividad al gasto es su marca.

No puedo sino calificar de absurda y sin sentido y tal vez de fariseísmo o mojigatería esa posición de echarle los muertos, viendo hacia atrás, a distintos políticos por la responsabilidad de la crisis fiscal actual, como argumento para que no se señale la irrenunciable responsabilidad que tienen las autoridades actuales, tanto del poder legislativo como del ejecutivo, de reducir un gasto gubernamental desenfrenado que nos ha conducido a la situación ya conocida. Nadie va a negar que fulano o zutano fueron unos irresponsables en tiempos de relativa bonanza, gastando hasta lo que no era de ellos. Pero usar dicho alegato como razón para dejar que ahora no se haga nada, es una verdadera insensatez, pues de así hacerlo sólo nos causará un mayor y enorme daño a la población.

Por eso, cuando uno hace alguna crítica a cierta agrupación política por su actuación ACTUAL (vean bien que enfatizo el momento), no significa que uno está siendo omiso de la mala actuación de diversos grupos políticos en el pasado reciente. Hay una enorme razón para hacer dicho juicio aplicado a ahora: simplemente porque aún no estamos viviendo los efectos plenos del desborde en el gasto gubernamental, pues sin duda se tratará de arreglar, por el momento, por la vía de poner mayores impuestos sobre los ciudadanos. De hecho eso no es algo a futuro; en la actualidad se han aumentado los costos de diversos servicios públicos, tales como marchamos, peajes, cánones, entre muchos otros, que no son sino formas impositivas. 

Si no creen que se pretenderá hacerlo así, pues les ruego que pongan atención a algunos de los impuestos que ya tiene pensado este gobierno tratar de que se los apruebe la Asamblea Legislativa: cambiar el impuesto de ventas por un impuesto al valor agregado, que pasaría del 13% al 15%, a la vez que se amplía la cobertura a muchos bienes y servicios que hoy están exentos de ese impuesto; aumentar el impuesto al traspaso de vehículos, aumentándolo de un 2.5% del valor que determine Hacienda hasta un 5% (vean lo que hoy estamos viviendo en relación con el marchamo, como ejemplo de la valoración cuasi-arbitraria que puede hacer el estado); elevar el impuesto sobre los ingresos de las personas físicas, de un máximo actual del 15% a dos nuevos tramos que pagarían un 20% y un 25%, respectivamente; casi duplicar el impuesto sobre los intereses que se perciben por los certificados de depósito a plazo (y otros ahorros), de un 8% a un 15% (siendo ésta la forma frecuente de ahorro de los grupos de ingresos medios); aumentar al doble los impuestos sobre el traspaso de bienes inmuebles, desde un 1.5% a un 3%; gravar las ganancias de capital, fuente de mucha de la inversión doméstica, entre otros. La cosa no es jugando…y ya estamos avisados.

Por supuesto que esos impuestos deben ser aprobados por la Asamblea Legislativa (hasta el momento, aunque jueguen con ciertas cosas, como en el caso del marchamo), por lo cual es necesario que, con franqueza, pongamos los puntos sobre las íes al respecto. Para que se le aprueben esos impuestos, el partido oficial PAC tendrá que buscar el apoyo de otros grupos políticos en el Congreso.  No duden que los apoyará el Frente Amplio, así como que no faltará algún diputado suelto por ahí, quien, posiblemente a cambio de algo, estaría dispuesto a otorgarles su voto personal. Pero uno esperaría que otros partidos políticos relativamente grandes y llamados de oposición, incluso el disminuido Movimiento Libertario, como lo son Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, y otros menores, atiendan la justa petición popular de sus partidarios, para que no se les aumenten los impuestos antes de que se reduzca sustancialmente el enorme gasto público, cuyos abuso es ya bien conocido por los ciudadanos. (Claro: ya saben de las pensiones de privilegio, de las gollerías sindicales en convenciones colectivas, de anualidades por buen desempeño que se otorgan a buenos y a malos; ¡para qué sigo!).

Cada cual de nosotros puede tener distintas preferencias políticas y no es inusual que ciudadanos cambien “de color”, como se suele decir, pero debemos ser conscientes de los actos que, EN ESTOS MOMENTOS, se están llevando a cabo, que impiden poner orden a un estado de cosas de las finanzas públicas que nos encaminan por el rumbo griego, español y portugués ya conocido: la quiebra de sus economías con un grave daño a los ciudadanos, principalmente los más desvalidos.

El presupuesto ordinario de gastos del gobierno central que se acaba de aprobar en la Asamblea Legislativa es desmesurado. No sólo se los digo yo; se los ha dicho, también con toda claridad y de manera precisa un diputado del partido oficial, don Ottón Solís, quien señaló que no debe ser aprobado y que, más bien, se atienda a la reducción propuesta por una mayoría de los diputados de la Unidad. Igualmente, un economista destacado de Liberación Nacional, el doctor Rodrigo Bolaños, en un excelente comentario que publicó en La Nación del 1 de setiembre, titulado “Ajustes en el presupuesto del 2016, desnudó los serios problemas que tenía dicho presupuesto en una economía que ya sufría un déficit superior al 5% del PIB. Y estoy seguro que muchas personas que hoy forman parte de Liberación Nacional han de estar meditando cuidadosamente acerca de lo sucedido en este caso. (También hay diputados de otras fracciones diferentes a las citadas, quienes también propugnan por reducir ese gasto, destacando el señor don Mario Arredondo del partido Alianza Democrática Cristiana). 

Por tal razón, me tiene sumamente preocupado la posición asumida dicen que por toda la fracción de Liberación Nacional, de aprobar sin recorte alguno el presupuesto ordinario que el Poder Ejecutivo le presentó ante la Asamblea Legislativa para el 2016. Fueron los votos, al menos en el primer debate,  de diputados del PAC (con excepción de don Ottón), del Frente Amplio, de un díscolo diputado del PUSC, de una diputada que se fue del Movimiento Libertario, quienes, junto con los diputados de Liberación Nacional, otorgaron su voto para que se aprobara incólume, intacto, dicho presupuesto en la Comisión de Ingreso y Gasto de la Asamblea Legislativa. Se espera que en segundo debate suceda algo muy parecido. Han votado por un presupuesto hartamente desfinanciado, de forma tal que incluso el gobierno anda buscando en China financiamiento por $5.000 millones, a fin de que le entre plata para seguir gastando; eso sí, endeudándonos a todos nosotros y a las generaciones que nos han de seguir.

Cada uno de nosotros es libre de tener sus preferencias políticas, y personalmente no descarto la posibilidad de darle mi voto a algún partido democrático -incluso Liberación Nacional- si no hubiera otra opción viable frente a una izquierda que sólo espera, no tan agazapada, las próximas elecciones. Pero, honestamente, creo que tal posibilidad se va descartando cuando uno observa tal irresponsabilidad de dicho partido, al aprobar, santificado con su contubernio, el presupuesto que le presentó este gobierno. 

Tal vez lo hizo pensando -con el cinismo político tan usual y hasta esperable- en que “ganarán” las próximas elecciones y que, aprobando los impuestos ahora, los recursos que le entren al gobierno lo serán a plenitud a partir del 2017-2018, cuando esperan gobernar. Lo hacen de manera que este gobierno recibiría una ayudadita para su gasto desenfrenado y robustecido, pero el montón de plata entraría plenamente en su anhelada próxima administración. Pero también heredarán una economía lesionada aún más por los nuevos y mayores impuestos, que luego habrán de impulsar a fin de poder llenar el hueco fiscal que ahora están contribuyendo a ampliar. Recibirán una economía que hoy casi no crece y que tiene en la actualidad tasas de desocupación cercanas al 11% y de un subempleo igualmente elevado -esto es, de aquellos que tienen empleo, pero sólo parcial- de alrededor del 12%.  Difícilmente nuestra economía crecerá más si se le ponen impuestos: todos creados para que el gobierno pueda seguir con la gastadera lo cual nos asegura -inevitablemente- que habrá un nuevo déficit a futuro. Nunca he visto yo una economía crecer cuando se le ponen mayores impuestos; todo lo contrario. Y si no hay crecimiento, no habrá mayor inversión ni demanda de trabajo ni incrementos en los ingresos familiares.

Estoy casi seguro de que muchos lectores han oído la expresión “victoria pírrica”, que toma su nombre del rey Pirro, rey del estado helénico llamado Epiro, quien derrotó a los romanos en el siglo III antes de Cristo, pero para lograrlo tuvo que sufrir una enorme cantidad de bajas. El diccionario de la Real Academia describe de la siguiente manera a la palabra “pírrica”: “dicho de un triunfo o de una victoria: Obtenidos con más daño del vencedor que del vencido.” Pues así le va a pasar a ese eventual gobierno que Liberación considera que obtendrá en el 2008: la economía, para ese entonces, estará tan golpeada, que si es que llegan a gobernar, lo será sobre cenizas. No tengo dudas de que la ciudadanía tendrá en cuenta la conducta observada de ese partido en estos días, al decidir su voto en las próximas elecciones: de olvidarlo, no faltará quien se los recuerde, por si acaso la memoria es flaca.

No desisto en mi esfuerzo.  Los diputados de Liberación Nacional se habrán dado cuenta de que los “rodaron”, cuando el gobierno les ofreció, a cambio de su voto, que si les aprobaban -como lo fue- el presupuesto ordinario del 2016, proponer nuevas reformas presupuestarias en este año, para lograr después reducirlo y no ahora.  Tienen, sin duda, confianza en la palabra de los actuales gobernantes. Igual que nosotros, quienes confiamos en la palabra del hoy presidente, quien nos dijo, antes de las elecciones en que fue electo y existiendo una situación ya conocida de un elevado déficit fiscal, que, antes de poner cualquier impuesto, reduciría primero el gasto de forma significativa. Obviamente, aún estamos esperando que cumpla con lo que nos ofreció a los ciudadanos en aquel entonces.

En el momento en que salga a la luz mi comentario posiblemente ya no habrá tiempo para que las cosas cambien correctamente y que se haya aprobado el proyecto de presupuesto ordinario mencionado, básicamente con la aprobación sorpresiva e inesperada de la fracción legislativa del partido Liberación Nacional. Pero de no variar las cosas actuales,  la ciudadanía no olvidará que, más bien como consecuencia de la cómplice aprobación de dicho presupuesto, también se nos aprobarán nuevos y mayores impuestos. Incluso recientemente (el pasado lunes 23 de noviembre) ese partido le ofreció públicamente al presidente Solís la aprobación del infame impuesto a las sociedades, que había sido declarado ilegal por la Sala Constitucional, entre otras cosas. Han sido capaces de resucitar un injusto impuesto, en donde las empresas pequeñas y muchos ciudadanos estaban condenados a pagar lo mismo que empresas poderosas: y después nos salen diciendo estar preocupados porque prolifera la economía subterránea en el país. Cada día hay más empresas pequeñas operando informalmente debido a los enormes costos que para ellas tiene cumplir con todas las reglas formales de la economía regulada; uno de esas reglas importantes es el costo y el impuesto que tendrían que pagar por constituir una sociedad y así poder trabajar formalmente. Mejor los evitan yéndose a trabajar en la economía subterránea. 

Cuando este comentario vea la luz, ya el presupuesto ordinario del gobierno habrá sido aprobado por la coalición ya mencionada en la Asamblea Legislativa. Mi comentario, a pesar de todo, no es tardío, pues espero que los ciudadanos tengan presenta lo que ha sucedido y eso es lo que ahora importa. Pero es más importante aún terminar con eso de que nos crean unos tontos de capirote, que no nos damos cuenta de la desfachatez y la falsedad que a veces vemos tan claramente expuesta en ciertos actos de políticos. No debemos de olvidar tales actos, que nos saldrán muy caros. 

Jorge Corrales Quesada