lunes, 7 de diciembre de 2015

Tema Polémico: ¿Un oasis en el desierto?

En ASOJOD por lo general somos muy críticos de las iniciativas que provienen de los poderes formales del Estado. Pero, sin duda alguna es justo y necesario resaltar cuando se hace una propuesta que va dirigida en el camino correcto.

Precisamente, bajo este orden de ideas, no queda otra posibilidad que destacar y celebrar la iniciativa de la Diputada liberacionista Sandra Piszk encaminada a reducir las pensiones de privilegio que hoy en día existen. La nota periodística explica que el proyecto:

“(…)impone un tope de 10 salarios mínimos (¢2,5 millones) al pago mensual, con lo que recortaría el 75% de las pensiones de este régimen.
Además, eliminaría el incremento automático anual del 30% y lo cambiaría por ajustes de acuerdo con la inflación.El régimen de pensiones de exdiputados se extinguió en 1992, pero aún tiene 230 beneficiarios que lo disfrutan desde 1985.Alfredo Hasbum, viceministro de Trabajo, explicó que en la lista no solo hay exlegisladores, sino también herederos de las pensiones, lo que en cierta forma mantiene vivo el régimen, pese a su derogatoria definitiva hace más de 20 años.Sandra Piszk, legisladora de Liberación Nacional (PLN), calculó que 166 jubilaciones serán bajadas a ¢2,5 millones de un solo y sin derecho a reclamo alguno. Ella apoya tanto esta medida como la de eliminar el alza anual del 30%: “Ambas cosas son para llevar este régimen prácticamente a las mismas condiciones de los demás; el resto de los regímenes se incrementan por costo de vida”.

Definitivamente es un primer esfuerzo en la dirección correcta, mismo que debe de ser replicado en materia de salarios e incentivos. En ASOJOD creemos que todas estas políticas públicas deben encontrarse ancladas en un principio fundamental de realidad económica que las haga sostenibles. Es decir, la pensión de todo ciudadano debe responder a las cotizaciones que este realice. Igualmente, el salario de todo trabajador público, así como otros beneficios, deben aparejarse a la realidad del mercado laboral privado y de la productividad del país.


El día que todos comprendamos de que el dinero no crece de los árboles, y que cualquier beneficio que se otorgue debe de ser proporcional a la realidad económica-productiva del país, las cosas empezarán a cambiar. Ojalá que este tipo de iniciativas se conviertan en la regla y no la excepción.

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