martes, 29 de marzo de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: el gran desperdicio

Una reciente información trajo a mi mente la frustrada posibilidad de este gobierno para obtener un préstamo del gobierno chino por la suma de $5.000 millones.  Con esa cifra consideraron que no había necesidad de poner impuestos, pero, ante todo, que no se tendría que reducir el gasto gubernamental, tal como lo prometió en una ocasión el presidente de la República, en un debate en televisión: que antes de poner mayores impuestos reduciría significativamente el gasto público.

Como los gobernantes notaron desde el inicio de su administración, el aumento pensado de impuestos estaba en la cola de un venado y para llenar el hueco fiscal fue que se les ocurrió pensar que el gobierno chino invirtiera (comprara) directamente -sin tener así que pasar obligatoriamente por la Asamblea Legislativa, como es el caso de empréstitos del extranjero- bonos del gobierno, en una especie de “contratación directa”.  Ya sabemos que dicha pretensión se extinguió, posiblemente porque los gobernantes chinos, que habían considerado esa posible inversión financiera, ahora quieren, ante sus dificultades internas, que la “colaboración” con el exterior sea básicamente por medio de su inversión directa.

Esta puede ser la razón por la cual la famosa inversión chino-costarricense, conocida como SORESCO, aún no recibe la lápida acerca de su bien merecido fallecimiento:  No entraría plata líquida a Costa Rica (aquellos $5.000 millones), como pretendía esta administración, pero sí calzaría dentro de los planes chinos de inversiones directas proseguir con la refinería que, desde el 2009, había sido impulsada por la administración de turno y activamente buscada por la administración de doña Laura Chinchilla. Inicialmente se estimó que la inversión en la construcción de dicho proyecto ascendería $1.510 millones.

El hecho es que, desde el año 2013, ya la Contraloría había objetado que se continuara aquel proyecto  al haberse sustentado en un estudio de factibilidad viciad, pues fue realizado por una empresa relacionada con una de las partes interesadas (la del gobierno chino).  Algo parecido ha sucedido con otra similar inversión directa, de una empresa del estado chino que ampliaría parte de la importante carretera hacia Limón en el Atlántico –la ruta 32. Hace buen rato no se sabe nada de nada al respecto, lo cual preocupa, pues supuestamente ya se tenían plazos definidos para que Costa Rica aceptara esa también cuestionada inversión. No es nada raro que ese sea otro cadáver aún no frío del todo. 

No hay nada como un gobierno terco, empecinado en proseguir proyectos altamente cuestionados por el ente contralor. Aquel nos dice que el acuerdo final de la inversión conjunta chino-tica de SORESCO, está en “análisis,” tal como lo señala un comentario del periódico La Nación del 23 de marzo, titulado  “Refinería ‘de papel’ consumió $4 millones el año pasado: Empresa [Sociedad Reconstructora Chino-Costarricense (SORESCO)] creada para fallido plan gasta en salarios y subsidios para personal traído de China.”

Ante la necesidad de que el gobierno tome una decisión respecto a si proseguirá con dicho proyecto -y me imagino que indicando bajo qué condiciones- según lo han urgido la Contraloría y la Comisión de Control de Ingreso y Gasto Público de la Asamblea Legislativa, la respuesta del gobierno sigue siendo timorata; indecisa.  Dice el ministro de la Presidencia, don Sergio Alfaro: “El Gobierno tiene el tema en análisis y oportunamente se dará la respuesta.” Es cierto que el estado es usualmente ineficiente cuando de tomar decisiones se trata, pero en este caso el proyecto de SORESCO le sigue drenando recursos a RECOPE, o sea, a todos los ciudadanos costarricenses.

Del aporte inicial de $100 millones, RECOPE puso $50 millones y de aquel monto total aún queda por gastar $38.5 millones. La pregunta lógica es ¿en qué se gastó la plata restante? ¿En qué se ha invertido el 61.5% invertido presuntamente? El reportaje de La Nación no nos permite saber en su totalidad el uso de tales recursos, pero hay alguna información acerca de gastos recientes que, sin duda, deben preocupar a la ciudadanía.  De acuerdo con el comentario del medio, sólo en el 2015 el proyecto que, bien dicho, está “en el papel” consumió $4.3 millones, de los cuales un 60% se gastaron en el pago de salarios, cargas sociales y algo denominado “paquete de repatriación”, que no es sino el pago a la parte de personal chino en el proyecto. $1.7 restantes se usaron para pagar alquileres, agua, luz, combustibles, viajes, consultorías y servicios legales. 

Parece que para el estado costarricense la plata abunda en nuestra economía, que no importa en qué se gasta, que no interesa que un proyecto de tal magnitud, que desde su inicio sufrió de problemas técnicos, financieros y legales, según lo indicó la Contraloría, prosiga en el candelero.  El hecho es que, tal como lo ha indicado en varios informes el ente contralor, RECOPE, con fondos de todos los costarricenses, no se ha caracterizado por  ser una participante en el proyecto de la refinería, “preparada, sólida, experimentada, tanto para concebir y definir la iniciativa, como para administrar la ejecución del proyecto o lidiar con obstáculos o conflictos,” según lo refiere el comentario de marras.

Entre tanto -todavía andan por allí $38.5 millones que aún no se han gastado- la decisión está siendo analizada por el “eficientísimo y expedito gobierno.” Claro, la plata es de los ciudadanos. Ahora, hasta que se acabe.


Jorge Corrales Quesada

martes, 15 de marzo de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: aumento en los peajes

La Nación del 25 de noviembre nos trae una información, que, a la vez que nos causa dolor por el ataque a nuestros bolsillos, es un ejemplo risible de la incapacidad del estado para siquiera aumentar los pagos de los peajes, en lo que posiblemente es necesario debido a mayores costos de mantenimiento de las vías. El artículo de aquella fecha está encabezado por “CONAVI pide fuerte alza en peajes de cuatro rutas: Desde hace 13 años no aumentan tarifas.”
 
Resulta que el Consejo Nacional de Vialidad (CONAVI),  de infausta memoria, le pidió a la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (ARESEP), también de memoria no muy grata, un pequeño aumento en los peajes de cuatro de las principales rutas del país; esto es, la Florencio del Castillo (entre San José y Cartago); la 32 o Braulio Carrillo (entre Limón y San José); la Bernardo Soto (entre San Ramón y Alajuela) y la General Cañas (entre Alajuela y San José). Todas para la ida y para la vuelta, por si acaso…

Vean los incrementitos que se proponen: Entre Cartago y San José y viceversa, por ejemplo, los choferes de los carros pasarían de pagar ₡75 a ₡285 (un aumento del 380 por ciento), tarifa tan sólo para el primer año, pues en los siguientes 4 años aumentaría entre ₡40 y ₡25, para concluir con un costo del peaje de ₡430 (o sea, de hoy a finales del quinto año pagaríamos un aumento del 573%.)  No. No estoy bromeando: el estado halló así de fácil un nuevo tesoro de la Isla del Coco aquí entre Cartago y San José: las fauces del estado, ambiciosas y sedientas de mayores impuestos, se han quedado babeando ante el hallazgo de una nueva fuente de recursos.

El insaciable estado no se queda con ese aumento en el peaje Cartago-San José y viceversa. Vean la carretera Braulio Carrillo. El aumento propuesto para los vehículos comunes y corrientes ascendería de ₡250 a ₡1.980 en el primer año (o sea, un módico incremento del 792 por ciento), pero, como vienen otras alzas a plazos, aumentarían anualmente hasta llegar a ₡2.200; es decir, un ligero incremento de apenas del 880 por ciento (deberían de haber redondeado y pedir uno del 1.000 por ciento, pues suena más bonito para el bolsillo insondable del estado).

Veamos el nuevo peaje para automóviles en la ruta Bernardo Soto. Pasaría de ₡150 a ₡970 en el primer año (un alza del 647%) y luego crecientemente hasta llegar en cinco años a ₡1.225 (un incremento de apenas el 817 por ciento).  Esto tanto de ida como de vuelta.

Finalmente, el peaje para los carros que transitan en la vía General Cañas (San José- Alajuela y a la inversa) pasaría, en el primer año, de ₡75 a ₡270 (un alza del 360%) y gradualmente con aumentos al final de 5 años llegaría a ₡390 (un alza del 520 por ciento; milagro: el menor aumento…un 520% en comparación con todas las otras… poca cosa). 

Todos estos datos son tan sólo para el caso de los vehículos livianos; o sea, los carros comunes y corrientes. Para motos los aumentos serían aún mayores y me imagino que también aumentarán en proporciones similares para buses, furgones y vehículos medianos. Así, por ejemplo, sólo para la ruta a Limón y en el primer año el peaje para las motoso pasaría de ₡50 a ₡960; un alza del 1.920 por ciento, comparada con la de carros que se elevaría en el primer año en un 792%). Alzas para los peajes de las motos porcentualmente mucho mayores se darán para las otras carreteras de peaje

Verdad que tanta voracidad da cólera.  Es una de las brillantes medidas para aumentar los ingresos del estado gastón.

Esto refleja a la vez la inutilidad de los gobiernos de aplicar los aumentos que se deberían de haber hecho durante los 13 años en que no los hicieron, estos debido a razones lógicas como presuntos mayores costos de mantenimiento. Porque no es cierto que los aumentos deban cubrir otros costos distintos a los de manutención, pues es de suponer que la tarifa inicial cubriría los costos de recuperación de la inversión y que los aumentos ulteriores solo sirvieran para cubro los incrementos en los costos de conservación de las vías.

Estos abusos y barbaridades molestan tanto, que mejor no escribo nada más.  Que los lectores y quienes deben pagar por los peajes, sean los que juzguen estas intenciones, que son desaforadas, abusivas e irresponsables.





Jorge Corrales Quesada

lunes, 14 de marzo de 2016

Tema polémcio: Derechos humanos: contradicciones

En las últimas semanas han ocurrido importantes eventos en nuestro país en materia de derechos humanos. El primero de ellos se refiere a la añeja discusión de la fecundación in vitro. Finalmente, con el último pronunciamiento de la Corte, todo parece indicar que el camino se ha allanado para que la técnica se aplique en suelo costarricense.

Ahora bien, a pesar de que en ASOJOD estamos totalmente de acuerdo con el procedimiento, hay una cosa que nos preocupa: su implementación.  Como ya es sabido por todos, la seguridad social también suministrará este procedimiento médico, lo cual evidentemente no ayuda a atenuar el colapso financiero e institucional en que se encuentra la entidad. Los defensores de esta política argumentan que si la CCSS no participa se generará una odiosa discriminación de facto, toda vez que solo las personas con recursos económicos podrían acceder a la FIV. Si bien entendemos la preocupación, otra interrogante nos surge: ¿si las personas no tienen recursos para pagar el procedimiento, tienen entonces la capacidad económica suficiente para mantener a su futuro hijo? Este no es un tema menor, ya que estamos hablando aquí de traer a un tercero al mundo, por lo que el mero deseo del progenitor no puede ser suficiente. Todos los derechos deben ejercerse con responsabilidad, y si la responsabilidad ha de significar algo es precisamente el acto de auto-contención de la persona para evitar exponerse a situaciones por las que no puede asumir cabalmente sus consecuencias.

El otro caso que deseábamos comentar se refiere al del comediante nicaragüense a quien se le prohibió la entrada al país, aduciendo razones de seguridad pública. Vamos a partir del hecho de que efectivamente existía algún peligro para efectos de comentario, ya que si las autoridades se inventaron el mismo únicamente para prefabricar una excusa para impedirle la entrada al país dicho acto sería más que reprochable. En este sentido, si efectivamente existía dicha amenaza, ello nos retrata de muy mala manera como sociedad. No es posible que una persona se vea amenaza en su integridad física por lo que piensa decir. A todos se les debe tutelar su derecho a la libertad de expresión, por más grotescas que nos parezcan sus manifestaciones.


Como podemos ver, todavía en materia de derechos humanos tenemos mucho que avanzar, siendo en este campo uno de los temas pendientes que más urgen, el matrimonio de personas del mismo sexo. Ojalá podamos como sociedad enrumbarnos por los caminos de la inclusión y tolerancia.

viernes, 11 de marzo de 2016

Viernes de recomendación

Para esta ocasión queremos compartir el artículo "Riqueza, conocimiento y derechos individuales" del escritor Enrique Blasco Garma, en el cual nos habla sobre el funcionamiento del mercado a partir de actores que cuentan con información incompleta pero que, a partir de su interacción y de la convergencia entre oferta y demanda, logran tomar decisiones beneficiosas para sí mismos y, sin pensarlo, para los demás.

martes, 8 de marzo de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: amenaza al comercio Costa Rica-Estados Unidos

En comentarios previos he señalado el abuso que se estaba cometiendo en entidades del Ministerio de Agricultura, para impedir la entrada de aguacate desde diversos países.  En ese entonces expuse que la restricción no pasaría inadvertida y que podría dar lugar a represalias de las naciones afectadas en contra de nuestras exportaciones.  

Desde aquel entonces hemos visto un incremento en la acritud con que algunos elementos del gobierno han recibido quejas totalmente esperables de representantes de naciones con las cuales comerciamos, en mucho al amparo a acuerdos comerciales firmados entre las partes y que incluyen convenios en cuanto a promover el libre comercio y la no toma de decisiones arbitrarias en su contra. 

Es usual que en el campo comercial surjan controversias, pero últimamente parecen tener un punto focal que crea tal situación: el Servicio Fitosanitario del Estado (SFE), dependencia del Ministerio de Agricultura. Veamos los casos recientes de restricción a la importación que dicha dependencia ha impuesto, diciéndonos que debido a razones científicas, y no de un simple y llano proteccionismo, como alego.  En el 2013 el SFE limitó la importación de papa industrial -deseo desde hace muchos años de sectores que buscaban protección de forma que se obligara al consumo de producción nacional, por supuesta que más caro para los consumidores- proveniente de los Estados Unidos, alegando el descubrimiento de enfermedades que afectan la producción en ese país. 

En el 2015 el SFE implantó una prohibición a la importación de aguacate Haas, principalmente la proveniente de México, pero también desde otros países como Guatemala y de partes de los Estados Unidos y muchos otros más.  Tal cosa se ha reflejado en que ahora en nuestros mercados tengamos un producto de una menor calidad, si se le compara con el que antes se permitía importar de otros lugares, así como mayores precios.

En el 2015 también el SFE prohibió la importación de huevo deshidratado, miel de abeja, especias, carne de cerdo y de pescado, sin que se hubieran determinado razones técnicas para ello. 

Asimismo, en ese año el SFE, después de que el gobierno había ampliado las posibilidades de importar arroz más barato del exterior, bloqueó las importaciones más baratas de ese grano que provenían de Uruguay y Argentina.  En cierto momento creí que los importadores afectados acudirían a los tribunales en salvaguarda de sus derechos (y para nuestro bienestar) ante la imposición de barreras no arancelarias a la importación. Pero, ciertamente algo debe de haber pasado camino al foro, pues no he visto nada de eso y la restricción a la importación sigue vigente.

También creo que alegando razones fitosanitarias el SFE cercenó la importación de azúcar de Brasil, aduciendo que éste no contenía cierta medicina preventiva y que debería de ser aplicada al ingresar al país.  El hecho es que Brasil estaba exportando a precios muy baratos, que incluso compensaba traerlo al país pagando los aranceles que hoy están vigentes y, para proteger al cartel, lo cierto es que debía de frenarse cualquier importación de azúcar.

Todo esto parece provenir de una conducta no científica del SFE, sino a motivaciones políticas dirigidas a proteger la producción doméstica a contrapelo de acuerdos internacionales ya firmados y vigentes entre las partes y ante todo dañando las posibilidades de consumo de los ciudadanos, quienes así se han visto obligados a adquirir bienes más caros y de menor calidad.  Esa es la cara conocida del proteccionismo, agravada por una circunstancia muy particular: los perjudicados son un grupo muy extenso de ciudadanos -los consumidores- principalmente los de ingresos relativamente más bajos, en tanto que los beneficiados suelen ser grupos reducidos de productores. Eso abre el camino para la cópula política entre gobernantes, quienes otorgan protección a cambio de votos, y de grupos cerrados y pequeños de productores, los cuales están dispuestos a brindar apoyo al gobierno, a cambio de esa protección. Simplemente, como los consumidores son muchos, en donde porcentualmente el costo adicional que cada uno de ellos paga por cada kilo del bien protegido por la protección, es relativamente bajo, si eso se le compara con el enorme monto total que, derivado de la protección, queda en las pocas manos de los protegidos, entendemos por qué estos últimos están dispuestos a meter plata en defensa de la protección, en tanto que a los primeros el costo no los es tanto para cada uno de ellos como para que invierta plata en el rechazo de la protección

Estas limitaciones también están afectando las relaciones comerciales con el principal país al cual le vendemos (exportamos) y le compramos (importamos): los Estados Unidos.  En palabras del embajador de los Estados Unidos, señor Stafford Fitzgerald Haney, y contenidas en un artículo de La Nación del 15 de febrero titulado “Política agrícola tensa la relación con Estados Unidos: Embajador dice que Costa Rica no cumple al 100% los convenios comerciales sobre el agro”, el SFE, órgano del MAG, se “ha manejado bajo criterios políticos y no científicos cuando ha detenido la importación de productos agropecuarios provenientes de Estados Unidos y otros países.”  Continúa diciendo el embajador, “Costa Rica ha firmado muchos convenios aparte del Cafta (TLC) y yo creo que mayormente se cumplen. Pero hay áreas que sí son muy preocupantes…. Una de esas áreas en donde no se ha cumplido es agricultura… pero cuando hay convenios y contratos firmados, hay que seguir las reglas. Y si hay algún problema, hay que decir cómo lo trabajamos. Agricultura es un área que está causando tensión.”

El embajador expuso que “si es más político (el SFE) no ayuda tanto a Costa Rica ni a la gente que está exportando a los Estados Unidos, ni a la gente que quiere importar. Entonces, eso sí, el lado fitosanitario hay que mejorarlo. Tengo entendido que antes era más profesional de lo que es hoy y eso tiene un impacto.” Esta no es una amenaza: simplemente es un recordatorio de que las reglas del TLC y de la Organización Mundial de Comercio permiten represalias cuando hay medidas arbitrarias de una de las partes.

Por supuesto que eso causó la alarma dentro de otra parte del gobierno de Costa Rica, principalmente aquella que institucionalmente tiene a su cargo el comercio internacional del país; en concreto, de los acuerdos internacionales ya firmados libremente por Costa Rica con muchas otras naciones del mundo.
 
Por su parte, “el ministro de Comercio Exterior (Comex), Alexánder Mora, afirmó en relación con el caso de los aguacates Hass, que el MAG y el SFE no respetaron los protocolos internacionales ratificados por el país, que obligan a las autoridades a informar a los socios comerciales con suficiente antelación cuando se va a frenar la importación de un bien.” Ello lo consigna La Nación en su comentario “Política agrícola tensa la relación con Estados Unidos” del 15 de febrero del 2016.

Las exposiciones del embajador dieron lugar a una opinión del presidente de la República, acerca de “si el Gobierno está cambiando su posición respecto a las importaciones costarricenses en una acción que podría ser catalogada como proteccionista, [que] de ninguna manera, esa no es la tesis del Gobierno.” “Queremos que nuestros productores agropecuarios compitan en buena lid con las importaciones de terceros países. Lo que hemos dicho es que, en algunos casos, se ha vuelto necesario salvaguardar la capacidad productiva de estos sectores en temas conocidos en su momento, como arroz o azúcar, pero no hay ningún cambio, ni se ha instruido ningún cambio que pueda, llamémoslo contaminar, ya no de insectos, sino de ideología”, manifestó el presidente de acuerdo con una información aparecida en La Nación del 16 de febrero del 2016 titulada “Luis Guillermo Solís niega proteccionismo en su política agrícola.”

Entre tanto, mientras empresarios importadores buscaron abrir un diálogo con el embajador de los Estados Unidos, el encargado del SFE, señor Francisco Dall’ Anesse, aseveró públicamente, en el seno de la Comisión de Asuntos Agropecuarios de la Asamblea Legislativa, que hablaría con el embajador de los Estados Unidos, pero “que solo aceptaría una plática técnica y no política con el embajador de Estados Unidos si esta se realiza en un sitio público, en donde lo que se converse sea de acceso libre.” Además, algo que se va haciendo usual entre políticos, acusó a los medios de cubrir con sensacionalismo al SFE y de que tal cosa no ocurría en el pasado.  En mucho es gracias a los medios que los ciudadanos nos enteramos de estas cosas acerca del comportamiento de políticos, quienes probablemente prefieren el secretismo ante sus aberraciones.

En todo caso, la reacción de otros miembros del gabinete no se hizo esperar, basados en dos razones trascendentales. Que el señor Dall’ Anesse es un funcionario de segunda categoría en un ministerio y que es improcedente pedirle a un embajador extranjero que se reúna con él. Asimismo, su arrogancia y poco conocimiento de los protocolos internacionales, no son excusa para saber que los asuntos entre gobiernos extranjeros y el nacional se tratan a nivel de la Cancillería.  Pero también es esquizofrenia que Dall’ Anesse pida que esa reunión -que casi estoy seguro de que no se realizará- sea en un sitio público, en “donde lo que se converse sea de acceso libre.” No me imagino que ese funcionario tenga en mente algún bar o el estadio nacional, ni tampoco que está presumiendo que se tratarán temas delicados indebidos o corruptos que debería de conocer el público y que supuestamente el diplomático no lo plantearía en las circunstancias oxigenadas en que aquel pretende que se haga.  No dudo que el embajador conoce que en estos casos su interlocutor con el gobierno de Costa Rica es el canciller de la República o un ministro a petición del presidente y no un funcionario de medio plano.

Son las razones por las que, tanto el ministro de Comercio Exterior, señor Alexánder Mora, quien preside el ente gubernamental encargado de asuntos de comercio internacional y particularmente de tratados comerciales de los que formamos parte, como también nuestro Canciller, señor Manuel González, de inmediato señalaron, el primero, que “hay ciertas apreciaciones fuera de lugar, porque no es propio, ni es correcto, por ejemplo, que un embajador se reúna con directores (de ministerios). Eso no sucede. Para eso están las contrapartes técnicas de la embajada… El verbalizar alguna intención de condicionar una reunión con el embajador está plenamente fuera de lugar.” A la vez que el segundo, el canciller González, indicó que “Somos un país, somos un estado y el estado tiene que tener coherencia y no es posible que, por una cuestión técnica que hay que respetar, se pueda afectar una relación bilateral que es muchísima más amplia y en muchas otras áreas que un aspecto puntual fitosanitario. Tiene que haber coordinación. Me parece que un director debería entenderlo y seguir esa guía porque es el país el que al final se compromete.” Ambas citas aparecen consignadas en La Nación del 27 de febrero del 2016, en el comentario titulado “Ministros lamentan trato de jefe del MAG a embajador de EE. UU.: Fustigan a director del servicio fitosanitario por arriesgar buena relación con primer socio comercial del país.”

Seguro que el ministro del MAG probablemente saldrá apoyando a su funcionario, lo cual no me extraña dado su afecto hacia el proteccionismo agrícola. Y Dall’ Anesse calla cuando diputados le interpelan y lo que hace es acusar a los medios que difunden la noticia, de “sensacionalismo” y de “buscar titulares” en su contra. La ignorancia, la arrogancia y la temeridad de ese funcionario le está pasando una nueva factura al gobierno, cuenta que posiblemente tendrá que ser pagada, no sólo como les sucede ya a los consumidores, sino también a importadores y exportadores nacionales, que encontrarán es su esfuerzo problemas innecesarios con nuestro social comercial más importante. Nada más un par de datos: Costa Rica importó, en el 2015, de los Estados Unidos $4.496,2 millones y exportó a esa nación $1.410, 4 millones, de acuerdo con información preliminar del Banco Central.

Nada de eso parece importarle a un desaforado empleado de un ministerio. Algo típico de la ineficiencia del estado costarricense, en donde un empleado de segunda se lanza a diestra y siniestra como si fuera Superman, mientras sus superiores se esconden y provoca que otros ministros más serios de la administración tengan que salir a enmendar la torta, en el marco en que un presidente no pone orden para que el gobierno no presente tan importantes fracturas, que de profundizarse causarán un enorme daño a consumidores, importadores y exportadores nacionales.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 7 de marzo de 2016

Tema polémico: RECOPE sigue pasándonos factura

En los últimos días asistimos a un espectáculo casi inédito: una rebaja importante en el precio de un servicio o bien público regulado: el precio del combustilbe disminuyó en aproximadamente ¢116. Curiosamente la lógica con la que se regularon estos precios -torcida dicho sea de paso- es evitar que "las fuerzas del mercado" disparen el precio de bienes o servicios sensibles para la población, como lo son electricidad, agua, combustibles, tarifas de transporte público, telecomunicaciones, entre otros, pero en la realidad pasa lo contrario, como lo hemos demostrado hartamente los liberales: el precio de los servicios o bienes regulados es mayor que el de los que se encuentran en competencia pues al no poder concurrir varios oferentes, no es posible generar condiciones en las cuales el consumidor se vea beneficiado con mejor calidad, precios más bajos, etc. 

Para muestra un botón, a propósito del combustible: como publicó en redes sociales hace poco el Diputado Mario Redondo, resulta que hoy día tenemos el mismo precio internacional del petróleo que en el año 2004: $36/barril; en ese entonces, el precio que fijó la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (ARESEP) para el combustible en las gasolineras era de ¢281/litro, pero con la rebaja "histórica" que vivimos los costarricenses, dicho precio apenas cayó hasta los ¢538/litro. ¿Qué provoca que a igual precio internacional de petróleo, tengamos que pagar casi el doble que hace 12 años? 

La respuesta no es, definitivamente, la inflación, ya que para ese año, la tasa de este fenómeno era de 13.1% según datos del Banco Central mientras que en la actualidad alcanza el -0.8%. La razón es una: RECOPE. Este verdadero elefante blanco viene trasladándole a los consumidores, desde hace muchísimos años, el costo de sus errores, sus ineficiencias, sus abusivas convenciones colectivas e incluso, las aventuras empresariales en las que literalmente se embarca.

El último capítulo de esta historia de terror fue el entuerto de la refinería con China. Para hacer corta la historia, en 2009 RECOPE y la Compañía Nacional de Petróleo de China (CNPC) concretaron un Acuerdo para conformar una empresa conjunta llamada SORESCO que desarrollaría la refinería de Moín. Para empezar, cada una debía aportar la friolera de $50 millones. 

Para hacerlo, como es típico, tuvieron que realizar estudios de preinversión, prefactibilidad, factibilidad, análisis de riesgo y demás hongos. Por eso, en 2010 SORESCO contrató a la empresa HQCEC para realizar varios de esos estudios y cuando el resultado salió como lo esperaban, pretendían continuar con el proyecto.

No obstante, la Contraloría General de la República detectó que los estudios de preinversión estaban basados en supuestos erróneos, no había un adecuado análisis de riesgo ni se adaptaba a las características del mercado costarricense, como lo es operar una actividad monopólica con precios regulados, por lo cual, eran poco confiables. Por si fuera poco, encontró que la empresa HQCEC era parte del mismo grupo de interés económico al que pertenece CNPC, lo cual minaba aún más la credibilidad de los resultados. A raíz de todo esto, ordenó a RECOPE no utilizar dichos estudios y desde entonces, el proyecto se encuentra paralizado. 

En 2015, el informe RIE-008-2015 de la Intendencia de Energía de la ARESEP evidenció que los $50 millones aportados por RECOPE para la conformación de SORESCO habían salido de los ingresos ordinarios de la institución. Siendo que casi la totalidad de esos ingresos son obtenidos por la venta de derivados del petróleo, es fácil comprender que los famosos $50 millones salieron del único lugar que podían salir: el bolsillo de los consumidores. 

Eso explica, en buena parte, por qué los costarricenses pagamos tantísimo dinero por los combustibles cuando otros países tienen precios mucho más asequibles. Claro, ellos no tienen que cargar con un anquilosado e inútil monstruo llamado RECOPE.  

¿Qué proponemos? Simple: parar esta aventura de terror, cerrar RECOPE y permitir la libre importación, almacenamiento, distribución y venta del petróleo, crudo o refinado y sus derivados, para así lograr obtener un mercado competitivo en esta materia y que eso se refleje en un decidido esfuerzo de los oferentes por darle a los consumidores mejores precios y mejor calidad en lo que compran.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Daros acerca de la distribución del Ingreso en el Mundo

INTRODUCCION
Esta es la segunda de dos partes en que he distribuido mis comentarios a las críticas de que el capitalismo ha aumentado la pobreza y que también ha ocasionado una concentración de los ingresos.  La primera parte se publicó ayer bajo el título “Datos acerca de la Pobreza en el Mundo.”

SEGUNDA FALSEDAD: QUE EL CAPITALISMO HA OCASIONADO UNA CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA
Un ensayo que considero crucial en el análisis de este tema tan complejo, es el de Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin, Parametric Estimations of the World Distribution of Income, Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic Research (NBER), working paper 15433 de octubre del 2009, el cual puede ser obtenido en http://www.nber.org/papers/w15433 . No es un trabajo sencillo, incluso complejo de seguir para los iniciados en el análisis de este tipo de problemas y de metodologías, pero tiene a virtud de ser esclarecedor en cuanto al empleo de una gama muy amplia de métodos estadísticos aplicados al análisis de la distribución mundial del ingreso. Los autores se basaron en información para 191 países en el período de 36 años que va de 1970 al 2006, a fin de lograr sus conclusiones.

Pinkovskiy y Sala-i-Martin consiguen determinar una serie de coeficientes de Gini, que son usualmente empleados para medir la desigualdad de los ingresos  Recordemos que, entre más se acerca a 1, mayor es la desigualdad y caso contrario entre más se acerca a 0. Los coeficientes que se presentan a continuación para ciertos años seleccionados de aquel lapso 1970-2006, se refieren a la evolución de la distribución de ingresos en dicho período y, por tanto, la evolución del grado de su concentración (Los datos se presentan al final de este comentario y provienen de Pinkovskiy y Sala, Ídem, figure 27a, página 55 y de su table 3, primera columna, página 66, la cual es transcrita a continuación).


A partir de ellos puede verse algo en sí muy interesante: el descenso del coeficiente de Gini en los años estudiados 1970-2006, que baja de 0.676 en 1970 a 0.612 en el 2006. Un comportamiento similar ocurre con otros índices que también utilizan los autores para determinar la desigualdad, como son los llamados índices de Atkinson. Indican los autores que “en tanto que el ritmo de descenso de la desigualdad es más lento en los años noventa que en los ochenta, el ritmo de reducción de la desigualdad en los noventa continúa sin cesar en los años 2000, lo cual indica que el crecimiento global observado en los años 2000 no ha sido en lo particular distribuido inequitativamente.” Similar a Bhalla (lo cual expondré en párrafos ulteriores), Pinkovskiy y Sala-i-Martin señalan que “encontramos que el mundo ha proseguido una trayectoria en forma de U invertida, con un pico de desigualdad aparentemente logrado entre principios y mediados de la década de los setentas, y de ahí en adelante una declinación de la desigualdad.” (Ídem, p. p. 25-26).
Estos resultados plantean una realidad difícil de explicar por aquellos apologistas de las nefastas consecuencias del  capitalismo, quienes reiteradamente argumentan que el ingreso se ha concentrado drásticamente en los últimos años. Si la desigualdad del ingreso en el mundo se ha logrado reducir, como lo muestran estos diferentes estudios y si efectivamente unos cuantos han aumentado sus ingresos drásticamente, ¿cómo conciliar ambos resultados? La respuesta es sencilla: los pobres y las clases medias han aumentado todavía más rápidamente sus ingresos a lo largo de los últimos años.
Especialmente útil para explicar la evolución de la concentración del ingreso es la llamada “Figure 21” que aparece en las páginas 51 y 52 del artículo de Pinkovskiy y Sala-i-Martin y la cual se adjunta al final de este comentario. No hay nada como un buen gráfico que nos explique las cosas, como es en este caso: en especial, porque considero que el hallazgo de los autores es sumamente valioso. Ruego la atención del lector y que me tenga la paciencia necesaria, pues trataré de explicar lo que aparece en dicho gráfico, que les permita, tanto teniéndolo al frente, como no disponiendo de él, valorar adecuadamente los resultados.
Para empezar, el análisis los autores lo hacen tomando como referencia dos diferentes líneas de pobreza de ingresos per cápita en términos reales: una de ellas, de $312 al año, que corresponde a la medición frecuente de pobreza de $1 al día usada en muchos estudios del Banco Mundial a precios del 2006 y la otra, de $554 al año, que corresponde en los datos de Pinkovskiy y Sala-i-Martin a la línea de pobreza definida por las Naciones Unidas para su programa Objetivos de Desarrollo para el Milenio de $1 al día, pero a precios de 1985).
Sobre dichos niveles de pobreza se yuxtaponen las cinco distribuciones del ingreso para cada uno de los años 1970, 1980, 1990, 2000 y 2006.
Dicen los autores citados acerca de lo encontrado: “Estos tres temas [crecimiento, pobreza y desigualdad] representan diferentes aspectos del mismo objetivo: la distribución del ingreso. El crecimiento (del PIB per cápita) usualmente se relaciona con el porcentaje de cambio de la media de la distribución. La pobreza se relaciona con el integral de la distribución, a la izquierda de una línea de pobreza específica. La desigualdad se refiere a la dispersión de la distribución.” (Ídem, p. 2). Cada una de esas distribuciones del ingreso para los diferentes años, 1970, 1980, etcétera, muestra la forma en que el ingreso de la economía se divide entre diferentes personas, utilizando datos del Banco Mundial y de encuestas al respecto.
Estas técnicas estadísticas de los economistas Pinkovskiy y Sala-i-Martin, significan lo siguiente, en términos que trataré de exponer de la manera más sencilla que se me pueda ocurrir. Se presenta una distribución mundial del ingreso para un año específico; digamos que la de 1970.  Su distribución nos muestra las probabilidades relativas según la cual la variable tomará un valor determinado.  (Si no está familiarizado con el tema estadístico, no se preocupe. Imagine que es una forma -una curva- continua que muestra cuáles son las probabilidades de que un individuo se ubique en cierto rango de ingresos.  Para los familiarizados con la disciplina de la estadística y con el idioma inglés, es lo que se denomina “non-parametric kernel density function”, que no es sino una forma de distribución no paramétrica continua de probabilidades. Una explicación técnica de cómo lo hicieron los autores se encuentra en Ídem, p. p. 361-362)
Al poner las distribuciones del ingreso global una tras otra, nos permite ver cómo es que ha ido cambiando la distribución del ingreso durante esos 36 años. (Ídem, p. 52: Figure 21: World Distribution of Income, 1970-2006 y adjunta al final de este comentario).
Para entender algunos de los resultados obtenidos por Pinkovskiy y Sala-i-Martin en la obra antes citada, si usamos por ejemplo la línea de distribución del ingreso de 1970 (la primera de las presentadas en el gráfico de referencia) y si la comparamos con las otras distribuciones para los otros años siguientes, se puede observar que la distribución para 1970 incluye un mayor número de personas con ingresos inferiores, tanto con referencia a la línea de pobreza de $312 al año, como a la de $554 al año; esto es, esa mayor y muy elevada proporción de personas que está debajo de esas líneas de pobreza en la distribución del ingreso de 1970 exhibe que existe una miseria muy extendida. (En términos gráficos, lo que está (la integral) por debajo y a la izquierda de las líneas de pobreza).  
Si se compara esta distribución del ingreso para 1970 con las restantes distribuciones del ingreso mundial -respectivamente para 1980, 1990, 2000 y 2006- se observa que, conforme avanzan los años, las distribuciones se van desplazando hacia la derecha, indicando con ello que la pobreza va disminuyendo conforme pasa el tiempo. Esto es, que gradualmente hay un porcentaje menor de la población total que está con un ingreso per cápita inferior, tanto con referencia a la línea de pobreza de $312 al año, como a la de $554 anuales. (Es decir, es menor la integral por debajo y a la izquierda de ambas líneas de pobreza para cada una de las distribuciones; dicha área se hace menor conforme pasa el tiempo).
Asimismo, el gráfico 21 citado nos permite observar que la concentración mundial de los ingresos se ha reducido. Para entender el concepto, imagínese que entre más puntiaguda sea la distribución, más equitativa y, entre más aplanchada, más inequitativa. Esto quiere decir que, en un caso extremo, en donde cada individuo recibe el mismo ingreso que el otro -distribución totalmente equitativa- la distribución sería totalmente aplastada. En contraste con el anterior, en caso extremo en que un individuo recibe todo el ingreso, la distribución sería tan sólo un pico –distribución totalmente inequitativa. Se dice que en el primer caso -mucha equidad- la probabilidad de que un individuo obtenga el ingreso medio es relativamente muy alta, en tanto que en la segunda -mucha inequidad- esa probabilidad de que una persona obtenga el ingreso medio es muy baja. Así uno puede observar en el gráfico 21 mencionado que la distribución del ingreso de 1970 es más aplastada que, por ejemplo, la distribución del ingreso del 2006, que exhibe el mayor pico de todas las distribuciones del gráfico.
Hemos señalado, a partir de la superposición de las diferentes distribuciones de ingresos para los diferentes años, que esas funciones se han desplazado gradualmente con el paso del tiempo de la izquierda a la derecha, indicando que la pobreza es relativamente cada vez menor. Pero, a la vez, se presenta que las funciones presentan gradualmente una mayor concentración en un punto específico, indicando que la variación alrededor de ese punto medio es cada vez menor; esto es, que las distribuciones presentan la característica de ser más igualitarias (tal como también lo demuestran los coeficientes de Gini antes citados).  En términos estadísticos, gradualmente las distribuciones muestran una dispersión alrededor de la media cada vez menor.
Esto muestra la relación a que antes hacía referencia Pedro Schwartz a partir de los trabajos de Pinkovskiy y Sala-i-Martin: la desigualdad y la pobreza, en el marco del crecimiento económico, tienen efectos que se refuerzan mutuamente, “que salen a la luz cuando se estudian en conjunto bajo la sombrilla conceptual de la distribución del ingreso” (Pedro Schwartz, Op. Cit.). En mi caso particular, lo que me ha motivado hacer estos dos comentarios cada uno por su parte es porque considero que es una forma más sencilla de refutar los dos argumentos usualmente exhibidos en contra del capitalismo, de que la pobreza y la concentración de los ingresos son resultados indeseables derivados del capitalismo.
Hay otros datos respecto a la evolución de la distribución mundial del ingreso a los cuales deseo referirme.  Se trata de los consignados por Surjit Bhalla, en el libro citado en mi comentario de ayer “Datos acerca de la Pobreza en el Mundo.” Me refiero a la obra Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, published by the Institute for International Economics, September 26, 2002, concretamente en las páginas 173-175. (El libro puede ser obtenido en http://bookstore.iie.com/book-store/348.html )
Refiriéndose a su gráfico 11.1 en la página 174 del capítulo 11 de ese libro y aquí adjunto, éste “muestra el movimiento de los coeficientes de Gini” para los ingresos durante los últimos 50 años. “El patrón en el tiempo es una curva normal en forma de U de 1950 a 1980, y desde aquel entonces hay una declinación en la tendencia (esto es, el período de globalización es uno de declinación y fuerte…) En el 2000, la distribución global del ingreso estuvo en su nivel más bajo desde el período de posguerra, menor que el punto mínimo en 1958,” ilustrando “el movimiento hacia una mayor igualdad mejor que lo pueden hacer mil palabras.”(Bhalla, Ídem, p. 174).
Utilizando un método de estimaciones SAP (siglas en inglés para un procedimiento contable simple) -esto es, agregar los datos de las distribuciones de los ingresos individuales de cada país en una distribución mundial de los individuos- las estimaciones de desigualdad mundial de Bhalla “indican un Gini del 66.4 en 1960, un nivel que se hizo más desigual hasta alcanzar un pico de 69.3 en 1973. Se mantuvo en tales niveles altamente desiguales por más de una década, y luego empezó a disminuir la desigualdad. La desigualdad del ingreso de los individuos en el mundo desde ese entonces ha mostrado una tendencia disminuir, y se ha estimado que llegó a su nivel más bajo de 65.1 en el 2000.” (Bhalla, Op. Cit., p.p. 174-175).
El cuadro 11.3 de la obra citada de Bhalla, aquí adjunto, muestra, para los años 1960, 1980 y 2000, “cómo ha variado la distribución mundial del ingreso durante los últimos 40 años y cómo se ha hecho más igualitaria.” (Ídem, p. 175). Tenga presente el resultado similar obtenido por Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin (Parametric Estimations, Op. Cit.)
Es muy difícil obtener datos acerca de la distribución de los ingresos a lo largo del tiempo tal como, por ejemplo, lo hace Angus Maddison en torno a la pobreza en su publicación del 2001, The World Economy: A Millenial Perspective, Paris: Organization for Economic Co-Operation and Development (OECD), al que me referí en mi comentario previo. Por ello, mucha de la información procesada disponible se refiere a períodos relativamente recientes, como los que hemos citado de los años 1950 al 2000 o 2006 referidos aquí previamente. Tal limitación surge por el hecho de que las encuestas de ingresos y su distribución empezó, en la mayoría de los países, en los años setenta y ochenta, lo que ha permitido hacer análisis de distribución de los ingresos tan solo para las últimas tres o cuatro décadas.
Una información relevante se presenta en Max Roser, Income Inequality, OurWorldData.org, 2015. Allí expone la idea originalmente expuesta por Branco Milanovic en el 2006, denominada la Frontera de Posibilidades de Desigualdad (FPD), la cual descansa en que en una sociedad muy pobre es muy posible que no haya una distribución del ingreso altamente desigual. Si se piensa en términos de un nivel de ingreso promedio, es muy posible que ese estado de pobreza genere ingresos apenas necesarios para sobrevivir: una alta desigualdad significaría que mucha gente estaría por debajo de ese nivel promedio mínimo de supervivencia.
Del cuadro adjunto proveniente del sitio arriba citado, el cual lleva por título “Pre-industrial inequalities: estimated Gini coefficients, and the inequality possibility frontiers (IPF)”, y que es tomado de Branco Milanovic, Peter Lindert and Jeffrey Williamson Pre-Industrial Inequality, 23 de abril del 2009, Figure 2, Ancient Inequalities: Estimated Gini Coefficients and the Inequality Possibility Frontiers, figure 2. p. 38, se deduce que, cuando aumenta el ingreso promedio, se eleva la posibilidad de que haya algún nivel pequeño de desigualdad. La línea FPD (en inglés, en el cuadro citado es la línea IPF) nos indica cómo, al ir elevándose el ingreso, aumenta al máximo posible de desigualdad. En él se observa como muchas sociedades pre-industriales se aglutinan alrededor de la curva FPD, indicando que en dichas sociedades la desigualdad fue tan alta como posiblemente se pudo lograr, sin que significara una distribución que pusiera a mucha de su población por debajo del mínimo de supervivencia.
Puede ser útil referirse a años o períodos muchos más atrás en el caso específico de la Gran Bretaña, de más o menos 700 años, que nos pueden dar idea de la evolución de la distribución del ingreso en esa nación, mas no de la distribución mundial del ingreso. Observe que, en el caso británico, conforme fue aumentando el ingreso, más se alejó de la línea FPD (IPF la cual aparece en el cuadro al final de este comentario proveniente de Milanovic, Peter Lindert and Jeffrey Williamson, Ídem, cuadro 2).
La información obtenida acerca de Gran Bretaña indica que “la parte del ingreso que tenía el 5% de ingresos más elevados, era muy elevada en el pasado: Hasta un 40% del ingreso total fue a dar a los bolsillos de los muy ricos. Se incrementó ligeramente hasta que se inició la industrialización. Ambas medidas -la parte que correspondió al grupo de ingreso más elevado al máximo como el índice de Gini- lo confirman.
Empezando a finales del siglo XIX, la desigualdad en los ingresos empezó a declinar dramáticamente y logró sus récords históricos más bajos a finales de la década de los setentas del siglo XX.” (Los datos señalados por Roser, obtenidos a partir de varias fuentes de estudios de economistas, pueden ser encontrados bajo el título  Income Inequality in the UK over 700 years (1290-2010), en Internet en http://ourworldindata.org/data/growth-and-distribution-of-prosperity/income-inequality/ ).
Finalmente, me permito formular unas citas del trabajo de los economistas Branko Milanovic, Peter H. Lindert y Jeffrey Williamson, Measuring Ancient Inequality, Cambridge, Mass., National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper 13550 de octubre del 2007, que tienen relevancia para el caso.  Ellos empiezan preguntando lo siguiente: “¿Es la desigualdad principalmente un producto resultante de la Revolución Industrial? O, ¿eran los ingresos pre-industriales y las esperanzas de vida tan desiguales como lo son ahora?...” (P. 3)  Ellos concluyen en que “en tanto que la desigualdad en las sociedades históricamente pre-industriales es equivalente a aquella de las sociedades pre-industriales de hoy, a desigualdad en la antigüedad fue mucho mayor cuando se expresa en términos de la desigualdad máxima posible. [Ver arriba el concepto desarrollado por ellos de función de posibilidades de desigualdad (FPD)]. Comparada con la máxima desigualdad posible, la desigualdad de hoy es mucho más pequeña que aquella de las sociedades antiguas.” (P. 18)
Casi que, si uno identifica la revolución industrial con el inicio del capitalismo moderno, lo que nos señalaría es que no ha habido un empeoramiento en la desigualdad como resultado de la revolución industrial.
A manera de conclusión, debo señalar dos cosas: primera, que el tema de la distribución del ingreso en cuanto a si ha empeorado o mejorado a lo largo de los años sigue siendo polémico, pues no sólo no se cuenta con información apropiada en la época antigua, sino que, también, en mucho depende del período considerado, de manera que no se pueda asegurar contundentemente, tal como lo hacen algunos, que el capitalismo ha empeorado la distribución del ingreso en el mundo. Segunda, que la información que suministro aquí tiende a confirmar que aquella aseveración que atribuye el deterioro en la distribución del ingreso al capitalismo, no es concluyente y tal vez se puede afirmar que aquella información corrobora lo contrario: que el capitalismo moderno ha provocado una disminución a largo plazo de la inequidad en la distribución del ingreso global.
Asimismo, tal vez es importante tener en mente que, en una sociedad capitalista, eso que llaman la concentración del ingreso no es más que oportunidades de creación de valor aprovechadas y explotadas por aquellos que, por diferentes razones, están mejor preparados que otros para aplicar sus conocimientos, habilidades y competencias. La creación de valor en el modelo capitalista está fuertemente asociada con la innovación y la potencial demanda que se pueda generar. El valor de una mercancía o de un servicio no se origina por la cantidad de horas de trabajo que se dedican a la producción, como equivocadamente lo planteó Marx.




TABLAS Y FIGURAS MENCIONADAS EN EL TEXTO:

Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Parametric Estimations or the World Distribution of Income Xavier, Figure 27a, p. 55.


Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Parametric Estimations or the World Distribution of Income Xavier, Figure 21, p.p. 51-52.


Bhalla, Surjit, Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, figure 11.1, p. 174.


Bhalla, Surjit, Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, figure 11.3, p.176.


Milanovic, Branco, Lindert, Peter and Williamson, Jeffrey, Pre-Industrial Inequality, figure 2, p. 38.


FUENTES DE LAS PUBLICACIONES MENCIONADAS

Bhalla, Surjit. Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, Institute for International Economics, September 26, 2002. Se puede acceder en Internet en http://bookstore.iie.com/book-store/348.html
Maddison, Angus. The World Economy: A Millenial Perspective, Paris: Organization for Economic Co-Operation and Development (OECD), 2001. En     http://theunbrokenwindow.com/Development/MADDISON%20The%20World%20Economy--A%20Millennial.pdf se puede obtener la publicación.
Milanovic, Branco, Lindert Peter y Williamson, Jeffrey. Measuring Ancient Inequality, Cambridge, Mass., National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper 13550 de octubre del 2007. La publicación puede ser descargada en http://piketty.pse.ens.fr/files/MilanovicLindertWilliamson2007.pdf
Milanovic, Branco, Lindert, Peter and Williamson, Jeffrey. Pre-Industrial Inequality, 23 de abril de 2009. Esta publicación puede ser descargada en http://www.lse.ac.uk/economicHistory/seminars/ModernAndComparative/papers2011-12/Papers/Branko.pdf
Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Xavier. Parametric Estimations or the World Distribution of Income, Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper Series 15433, octubre de 2009. El documento puede obtenerse en http://www.nber.org/papers/w15433
Roser, Max. Income Inequality, OurWorldData.org, 2015. Documento puede bajarse en http://ourworldindata.org/data/growth-and-distribution-of-prosperity/income-inequality/.
Schwartz, Pedro. Poverty and Inequality, Library of Economics and Liberty, 7 de abril de 2014. En http://www.econlib.org/library/Columns/y2014/Schwartzpoverty.html se puede obtener el documento.

NOTA FINAL: No omito manifestar mi agradecimiento al doctor Juan Muñoz Giró por sus comentarios a una primera versión de estos dos documentos, si bien la responsabilidad final es solamente mía.  De igual manera agradezco la valiosa ayuda del auditor don René Alberto Villela, sin cuya cooperación no habría podido montar los gráficos y tablas que acompañan a estos dos comentarios.

Jorge Corrales Quesada