miércoles, 2 de marzo de 2016

Daros acerca de la distribución del Ingreso en el Mundo

INTRODUCCION
Esta es la segunda de dos partes en que he distribuido mis comentarios a las críticas de que el capitalismo ha aumentado la pobreza y que también ha ocasionado una concentración de los ingresos.  La primera parte se publicó ayer bajo el título “Datos acerca de la Pobreza en el Mundo.”

SEGUNDA FALSEDAD: QUE EL CAPITALISMO HA OCASIONADO UNA CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA
Un ensayo que considero crucial en el análisis de este tema tan complejo, es el de Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin, Parametric Estimations of the World Distribution of Income, Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic Research (NBER), working paper 15433 de octubre del 2009, el cual puede ser obtenido en http://www.nber.org/papers/w15433 . No es un trabajo sencillo, incluso complejo de seguir para los iniciados en el análisis de este tipo de problemas y de metodologías, pero tiene a virtud de ser esclarecedor en cuanto al empleo de una gama muy amplia de métodos estadísticos aplicados al análisis de la distribución mundial del ingreso. Los autores se basaron en información para 191 países en el período de 36 años que va de 1970 al 2006, a fin de lograr sus conclusiones.

Pinkovskiy y Sala-i-Martin consiguen determinar una serie de coeficientes de Gini, que son usualmente empleados para medir la desigualdad de los ingresos  Recordemos que, entre más se acerca a 1, mayor es la desigualdad y caso contrario entre más se acerca a 0. Los coeficientes que se presentan a continuación para ciertos años seleccionados de aquel lapso 1970-2006, se refieren a la evolución de la distribución de ingresos en dicho período y, por tanto, la evolución del grado de su concentración (Los datos se presentan al final de este comentario y provienen de Pinkovskiy y Sala, Ídem, figure 27a, página 55 y de su table 3, primera columna, página 66, la cual es transcrita a continuación).


A partir de ellos puede verse algo en sí muy interesante: el descenso del coeficiente de Gini en los años estudiados 1970-2006, que baja de 0.676 en 1970 a 0.612 en el 2006. Un comportamiento similar ocurre con otros índices que también utilizan los autores para determinar la desigualdad, como son los llamados índices de Atkinson. Indican los autores que “en tanto que el ritmo de descenso de la desigualdad es más lento en los años noventa que en los ochenta, el ritmo de reducción de la desigualdad en los noventa continúa sin cesar en los años 2000, lo cual indica que el crecimiento global observado en los años 2000 no ha sido en lo particular distribuido inequitativamente.” Similar a Bhalla (lo cual expondré en párrafos ulteriores), Pinkovskiy y Sala-i-Martin señalan que “encontramos que el mundo ha proseguido una trayectoria en forma de U invertida, con un pico de desigualdad aparentemente logrado entre principios y mediados de la década de los setentas, y de ahí en adelante una declinación de la desigualdad.” (Ídem, p. p. 25-26).
Estos resultados plantean una realidad difícil de explicar por aquellos apologistas de las nefastas consecuencias del  capitalismo, quienes reiteradamente argumentan que el ingreso se ha concentrado drásticamente en los últimos años. Si la desigualdad del ingreso en el mundo se ha logrado reducir, como lo muestran estos diferentes estudios y si efectivamente unos cuantos han aumentado sus ingresos drásticamente, ¿cómo conciliar ambos resultados? La respuesta es sencilla: los pobres y las clases medias han aumentado todavía más rápidamente sus ingresos a lo largo de los últimos años.
Especialmente útil para explicar la evolución de la concentración del ingreso es la llamada “Figure 21” que aparece en las páginas 51 y 52 del artículo de Pinkovskiy y Sala-i-Martin y la cual se adjunta al final de este comentario. No hay nada como un buen gráfico que nos explique las cosas, como es en este caso: en especial, porque considero que el hallazgo de los autores es sumamente valioso. Ruego la atención del lector y que me tenga la paciencia necesaria, pues trataré de explicar lo que aparece en dicho gráfico, que les permita, tanto teniéndolo al frente, como no disponiendo de él, valorar adecuadamente los resultados.
Para empezar, el análisis los autores lo hacen tomando como referencia dos diferentes líneas de pobreza de ingresos per cápita en términos reales: una de ellas, de $312 al año, que corresponde a la medición frecuente de pobreza de $1 al día usada en muchos estudios del Banco Mundial a precios del 2006 y la otra, de $554 al año, que corresponde en los datos de Pinkovskiy y Sala-i-Martin a la línea de pobreza definida por las Naciones Unidas para su programa Objetivos de Desarrollo para el Milenio de $1 al día, pero a precios de 1985).
Sobre dichos niveles de pobreza se yuxtaponen las cinco distribuciones del ingreso para cada uno de los años 1970, 1980, 1990, 2000 y 2006.
Dicen los autores citados acerca de lo encontrado: “Estos tres temas [crecimiento, pobreza y desigualdad] representan diferentes aspectos del mismo objetivo: la distribución del ingreso. El crecimiento (del PIB per cápita) usualmente se relaciona con el porcentaje de cambio de la media de la distribución. La pobreza se relaciona con el integral de la distribución, a la izquierda de una línea de pobreza específica. La desigualdad se refiere a la dispersión de la distribución.” (Ídem, p. 2). Cada una de esas distribuciones del ingreso para los diferentes años, 1970, 1980, etcétera, muestra la forma en que el ingreso de la economía se divide entre diferentes personas, utilizando datos del Banco Mundial y de encuestas al respecto.
Estas técnicas estadísticas de los economistas Pinkovskiy y Sala-i-Martin, significan lo siguiente, en términos que trataré de exponer de la manera más sencilla que se me pueda ocurrir. Se presenta una distribución mundial del ingreso para un año específico; digamos que la de 1970.  Su distribución nos muestra las probabilidades relativas según la cual la variable tomará un valor determinado.  (Si no está familiarizado con el tema estadístico, no se preocupe. Imagine que es una forma -una curva- continua que muestra cuáles son las probabilidades de que un individuo se ubique en cierto rango de ingresos.  Para los familiarizados con la disciplina de la estadística y con el idioma inglés, es lo que se denomina “non-parametric kernel density function”, que no es sino una forma de distribución no paramétrica continua de probabilidades. Una explicación técnica de cómo lo hicieron los autores se encuentra en Ídem, p. p. 361-362)
Al poner las distribuciones del ingreso global una tras otra, nos permite ver cómo es que ha ido cambiando la distribución del ingreso durante esos 36 años. (Ídem, p. 52: Figure 21: World Distribution of Income, 1970-2006 y adjunta al final de este comentario).
Para entender algunos de los resultados obtenidos por Pinkovskiy y Sala-i-Martin en la obra antes citada, si usamos por ejemplo la línea de distribución del ingreso de 1970 (la primera de las presentadas en el gráfico de referencia) y si la comparamos con las otras distribuciones para los otros años siguientes, se puede observar que la distribución para 1970 incluye un mayor número de personas con ingresos inferiores, tanto con referencia a la línea de pobreza de $312 al año, como a la de $554 al año; esto es, esa mayor y muy elevada proporción de personas que está debajo de esas líneas de pobreza en la distribución del ingreso de 1970 exhibe que existe una miseria muy extendida. (En términos gráficos, lo que está (la integral) por debajo y a la izquierda de las líneas de pobreza).  
Si se compara esta distribución del ingreso para 1970 con las restantes distribuciones del ingreso mundial -respectivamente para 1980, 1990, 2000 y 2006- se observa que, conforme avanzan los años, las distribuciones se van desplazando hacia la derecha, indicando con ello que la pobreza va disminuyendo conforme pasa el tiempo. Esto es, que gradualmente hay un porcentaje menor de la población total que está con un ingreso per cápita inferior, tanto con referencia a la línea de pobreza de $312 al año, como a la de $554 anuales. (Es decir, es menor la integral por debajo y a la izquierda de ambas líneas de pobreza para cada una de las distribuciones; dicha área se hace menor conforme pasa el tiempo).
Asimismo, el gráfico 21 citado nos permite observar que la concentración mundial de los ingresos se ha reducido. Para entender el concepto, imagínese que entre más puntiaguda sea la distribución, más equitativa y, entre más aplanchada, más inequitativa. Esto quiere decir que, en un caso extremo, en donde cada individuo recibe el mismo ingreso que el otro -distribución totalmente equitativa- la distribución sería totalmente aplastada. En contraste con el anterior, en caso extremo en que un individuo recibe todo el ingreso, la distribución sería tan sólo un pico –distribución totalmente inequitativa. Se dice que en el primer caso -mucha equidad- la probabilidad de que un individuo obtenga el ingreso medio es relativamente muy alta, en tanto que en la segunda -mucha inequidad- esa probabilidad de que una persona obtenga el ingreso medio es muy baja. Así uno puede observar en el gráfico 21 mencionado que la distribución del ingreso de 1970 es más aplastada que, por ejemplo, la distribución del ingreso del 2006, que exhibe el mayor pico de todas las distribuciones del gráfico.
Hemos señalado, a partir de la superposición de las diferentes distribuciones de ingresos para los diferentes años, que esas funciones se han desplazado gradualmente con el paso del tiempo de la izquierda a la derecha, indicando que la pobreza es relativamente cada vez menor. Pero, a la vez, se presenta que las funciones presentan gradualmente una mayor concentración en un punto específico, indicando que la variación alrededor de ese punto medio es cada vez menor; esto es, que las distribuciones presentan la característica de ser más igualitarias (tal como también lo demuestran los coeficientes de Gini antes citados).  En términos estadísticos, gradualmente las distribuciones muestran una dispersión alrededor de la media cada vez menor.
Esto muestra la relación a que antes hacía referencia Pedro Schwartz a partir de los trabajos de Pinkovskiy y Sala-i-Martin: la desigualdad y la pobreza, en el marco del crecimiento económico, tienen efectos que se refuerzan mutuamente, “que salen a la luz cuando se estudian en conjunto bajo la sombrilla conceptual de la distribución del ingreso” (Pedro Schwartz, Op. Cit.). En mi caso particular, lo que me ha motivado hacer estos dos comentarios cada uno por su parte es porque considero que es una forma más sencilla de refutar los dos argumentos usualmente exhibidos en contra del capitalismo, de que la pobreza y la concentración de los ingresos son resultados indeseables derivados del capitalismo.
Hay otros datos respecto a la evolución de la distribución mundial del ingreso a los cuales deseo referirme.  Se trata de los consignados por Surjit Bhalla, en el libro citado en mi comentario de ayer “Datos acerca de la Pobreza en el Mundo.” Me refiero a la obra Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, published by the Institute for International Economics, September 26, 2002, concretamente en las páginas 173-175. (El libro puede ser obtenido en http://bookstore.iie.com/book-store/348.html )
Refiriéndose a su gráfico 11.1 en la página 174 del capítulo 11 de ese libro y aquí adjunto, éste “muestra el movimiento de los coeficientes de Gini” para los ingresos durante los últimos 50 años. “El patrón en el tiempo es una curva normal en forma de U de 1950 a 1980, y desde aquel entonces hay una declinación en la tendencia (esto es, el período de globalización es uno de declinación y fuerte…) En el 2000, la distribución global del ingreso estuvo en su nivel más bajo desde el período de posguerra, menor que el punto mínimo en 1958,” ilustrando “el movimiento hacia una mayor igualdad mejor que lo pueden hacer mil palabras.”(Bhalla, Ídem, p. 174).
Utilizando un método de estimaciones SAP (siglas en inglés para un procedimiento contable simple) -esto es, agregar los datos de las distribuciones de los ingresos individuales de cada país en una distribución mundial de los individuos- las estimaciones de desigualdad mundial de Bhalla “indican un Gini del 66.4 en 1960, un nivel que se hizo más desigual hasta alcanzar un pico de 69.3 en 1973. Se mantuvo en tales niveles altamente desiguales por más de una década, y luego empezó a disminuir la desigualdad. La desigualdad del ingreso de los individuos en el mundo desde ese entonces ha mostrado una tendencia disminuir, y se ha estimado que llegó a su nivel más bajo de 65.1 en el 2000.” (Bhalla, Op. Cit., p.p. 174-175).
El cuadro 11.3 de la obra citada de Bhalla, aquí adjunto, muestra, para los años 1960, 1980 y 2000, “cómo ha variado la distribución mundial del ingreso durante los últimos 40 años y cómo se ha hecho más igualitaria.” (Ídem, p. 175). Tenga presente el resultado similar obtenido por Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin (Parametric Estimations, Op. Cit.)
Es muy difícil obtener datos acerca de la distribución de los ingresos a lo largo del tiempo tal como, por ejemplo, lo hace Angus Maddison en torno a la pobreza en su publicación del 2001, The World Economy: A Millenial Perspective, Paris: Organization for Economic Co-Operation and Development (OECD), al que me referí en mi comentario previo. Por ello, mucha de la información procesada disponible se refiere a períodos relativamente recientes, como los que hemos citado de los años 1950 al 2000 o 2006 referidos aquí previamente. Tal limitación surge por el hecho de que las encuestas de ingresos y su distribución empezó, en la mayoría de los países, en los años setenta y ochenta, lo que ha permitido hacer análisis de distribución de los ingresos tan solo para las últimas tres o cuatro décadas.
Una información relevante se presenta en Max Roser, Income Inequality, OurWorldData.org, 2015. Allí expone la idea originalmente expuesta por Branco Milanovic en el 2006, denominada la Frontera de Posibilidades de Desigualdad (FPD), la cual descansa en que en una sociedad muy pobre es muy posible que no haya una distribución del ingreso altamente desigual. Si se piensa en términos de un nivel de ingreso promedio, es muy posible que ese estado de pobreza genere ingresos apenas necesarios para sobrevivir: una alta desigualdad significaría que mucha gente estaría por debajo de ese nivel promedio mínimo de supervivencia.
Del cuadro adjunto proveniente del sitio arriba citado, el cual lleva por título “Pre-industrial inequalities: estimated Gini coefficients, and the inequality possibility frontiers (IPF)”, y que es tomado de Branco Milanovic, Peter Lindert and Jeffrey Williamson Pre-Industrial Inequality, 23 de abril del 2009, Figure 2, Ancient Inequalities: Estimated Gini Coefficients and the Inequality Possibility Frontiers, figure 2. p. 38, se deduce que, cuando aumenta el ingreso promedio, se eleva la posibilidad de que haya algún nivel pequeño de desigualdad. La línea FPD (en inglés, en el cuadro citado es la línea IPF) nos indica cómo, al ir elevándose el ingreso, aumenta al máximo posible de desigualdad. En él se observa como muchas sociedades pre-industriales se aglutinan alrededor de la curva FPD, indicando que en dichas sociedades la desigualdad fue tan alta como posiblemente se pudo lograr, sin que significara una distribución que pusiera a mucha de su población por debajo del mínimo de supervivencia.
Puede ser útil referirse a años o períodos muchos más atrás en el caso específico de la Gran Bretaña, de más o menos 700 años, que nos pueden dar idea de la evolución de la distribución del ingreso en esa nación, mas no de la distribución mundial del ingreso. Observe que, en el caso británico, conforme fue aumentando el ingreso, más se alejó de la línea FPD (IPF la cual aparece en el cuadro al final de este comentario proveniente de Milanovic, Peter Lindert and Jeffrey Williamson, Ídem, cuadro 2).
La información obtenida acerca de Gran Bretaña indica que “la parte del ingreso que tenía el 5% de ingresos más elevados, era muy elevada en el pasado: Hasta un 40% del ingreso total fue a dar a los bolsillos de los muy ricos. Se incrementó ligeramente hasta que se inició la industrialización. Ambas medidas -la parte que correspondió al grupo de ingreso más elevado al máximo como el índice de Gini- lo confirman.
Empezando a finales del siglo XIX, la desigualdad en los ingresos empezó a declinar dramáticamente y logró sus récords históricos más bajos a finales de la década de los setentas del siglo XX.” (Los datos señalados por Roser, obtenidos a partir de varias fuentes de estudios de economistas, pueden ser encontrados bajo el título  Income Inequality in the UK over 700 years (1290-2010), en Internet en http://ourworldindata.org/data/growth-and-distribution-of-prosperity/income-inequality/ ).
Finalmente, me permito formular unas citas del trabajo de los economistas Branko Milanovic, Peter H. Lindert y Jeffrey Williamson, Measuring Ancient Inequality, Cambridge, Mass., National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper 13550 de octubre del 2007, que tienen relevancia para el caso.  Ellos empiezan preguntando lo siguiente: “¿Es la desigualdad principalmente un producto resultante de la Revolución Industrial? O, ¿eran los ingresos pre-industriales y las esperanzas de vida tan desiguales como lo son ahora?...” (P. 3)  Ellos concluyen en que “en tanto que la desigualdad en las sociedades históricamente pre-industriales es equivalente a aquella de las sociedades pre-industriales de hoy, a desigualdad en la antigüedad fue mucho mayor cuando se expresa en términos de la desigualdad máxima posible. [Ver arriba el concepto desarrollado por ellos de función de posibilidades de desigualdad (FPD)]. Comparada con la máxima desigualdad posible, la desigualdad de hoy es mucho más pequeña que aquella de las sociedades antiguas.” (P. 18)
Casi que, si uno identifica la revolución industrial con el inicio del capitalismo moderno, lo que nos señalaría es que no ha habido un empeoramiento en la desigualdad como resultado de la revolución industrial.
A manera de conclusión, debo señalar dos cosas: primera, que el tema de la distribución del ingreso en cuanto a si ha empeorado o mejorado a lo largo de los años sigue siendo polémico, pues no sólo no se cuenta con información apropiada en la época antigua, sino que, también, en mucho depende del período considerado, de manera que no se pueda asegurar contundentemente, tal como lo hacen algunos, que el capitalismo ha empeorado la distribución del ingreso en el mundo. Segunda, que la información que suministro aquí tiende a confirmar que aquella aseveración que atribuye el deterioro en la distribución del ingreso al capitalismo, no es concluyente y tal vez se puede afirmar que aquella información corrobora lo contrario: que el capitalismo moderno ha provocado una disminución a largo plazo de la inequidad en la distribución del ingreso global.
Asimismo, tal vez es importante tener en mente que, en una sociedad capitalista, eso que llaman la concentración del ingreso no es más que oportunidades de creación de valor aprovechadas y explotadas por aquellos que, por diferentes razones, están mejor preparados que otros para aplicar sus conocimientos, habilidades y competencias. La creación de valor en el modelo capitalista está fuertemente asociada con la innovación y la potencial demanda que se pueda generar. El valor de una mercancía o de un servicio no se origina por la cantidad de horas de trabajo que se dedican a la producción, como equivocadamente lo planteó Marx.




TABLAS Y FIGURAS MENCIONADAS EN EL TEXTO:

Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Parametric Estimations or the World Distribution of Income Xavier, Figure 27a, p. 55.


Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Parametric Estimations or the World Distribution of Income Xavier, Figure 21, p.p. 51-52.


Bhalla, Surjit, Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, figure 11.1, p. 174.


Bhalla, Surjit, Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, figure 11.3, p.176.


Milanovic, Branco, Lindert, Peter and Williamson, Jeffrey, Pre-Industrial Inequality, figure 2, p. 38.


FUENTES DE LAS PUBLICACIONES MENCIONADAS

Bhalla, Surjit. Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, Institute for International Economics, September 26, 2002. Se puede acceder en Internet en http://bookstore.iie.com/book-store/348.html
Maddison, Angus. The World Economy: A Millenial Perspective, Paris: Organization for Economic Co-Operation and Development (OECD), 2001. En     http://theunbrokenwindow.com/Development/MADDISON%20The%20World%20Economy--A%20Millennial.pdf se puede obtener la publicación.
Milanovic, Branco, Lindert Peter y Williamson, Jeffrey. Measuring Ancient Inequality, Cambridge, Mass., National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper 13550 de octubre del 2007. La publicación puede ser descargada en http://piketty.pse.ens.fr/files/MilanovicLindertWilliamson2007.pdf
Milanovic, Branco, Lindert, Peter and Williamson, Jeffrey. Pre-Industrial Inequality, 23 de abril de 2009. Esta publicación puede ser descargada en http://www.lse.ac.uk/economicHistory/seminars/ModernAndComparative/papers2011-12/Papers/Branko.pdf
Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Xavier. Parametric Estimations or the World Distribution of Income, Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper Series 15433, octubre de 2009. El documento puede obtenerse en http://www.nber.org/papers/w15433
Roser, Max. Income Inequality, OurWorldData.org, 2015. Documento puede bajarse en http://ourworldindata.org/data/growth-and-distribution-of-prosperity/income-inequality/.
Schwartz, Pedro. Poverty and Inequality, Library of Economics and Liberty, 7 de abril de 2014. En http://www.econlib.org/library/Columns/y2014/Schwartzpoverty.html se puede obtener el documento.

NOTA FINAL: No omito manifestar mi agradecimiento al doctor Juan Muñoz Giró por sus comentarios a una primera versión de estos dos documentos, si bien la responsabilidad final es solamente mía.  De igual manera agradezco la valiosa ayuda del auditor don René Alberto Villela, sin cuya cooperación no habría podido montar los gráficos y tablas que acompañan a estos dos comentarios.

Jorge Corrales Quesada






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