martes, 15 de marzo de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: aumento en los peajes

La Nación del 25 de noviembre nos trae una información, que, a la vez que nos causa dolor por el ataque a nuestros bolsillos, es un ejemplo risible de la incapacidad del estado para siquiera aumentar los pagos de los peajes, en lo que posiblemente es necesario debido a mayores costos de mantenimiento de las vías. El artículo de aquella fecha está encabezado por “CONAVI pide fuerte alza en peajes de cuatro rutas: Desde hace 13 años no aumentan tarifas.”
 
Resulta que el Consejo Nacional de Vialidad (CONAVI),  de infausta memoria, le pidió a la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (ARESEP), también de memoria no muy grata, un pequeño aumento en los peajes de cuatro de las principales rutas del país; esto es, la Florencio del Castillo (entre San José y Cartago); la 32 o Braulio Carrillo (entre Limón y San José); la Bernardo Soto (entre San Ramón y Alajuela) y la General Cañas (entre Alajuela y San José). Todas para la ida y para la vuelta, por si acaso…

Vean los incrementitos que se proponen: Entre Cartago y San José y viceversa, por ejemplo, los choferes de los carros pasarían de pagar ₡75 a ₡285 (un aumento del 380 por ciento), tarifa tan sólo para el primer año, pues en los siguientes 4 años aumentaría entre ₡40 y ₡25, para concluir con un costo del peaje de ₡430 (o sea, de hoy a finales del quinto año pagaríamos un aumento del 573%.)  No. No estoy bromeando: el estado halló así de fácil un nuevo tesoro de la Isla del Coco aquí entre Cartago y San José: las fauces del estado, ambiciosas y sedientas de mayores impuestos, se han quedado babeando ante el hallazgo de una nueva fuente de recursos.

El insaciable estado no se queda con ese aumento en el peaje Cartago-San José y viceversa. Vean la carretera Braulio Carrillo. El aumento propuesto para los vehículos comunes y corrientes ascendería de ₡250 a ₡1.980 en el primer año (o sea, un módico incremento del 792 por ciento), pero, como vienen otras alzas a plazos, aumentarían anualmente hasta llegar a ₡2.200; es decir, un ligero incremento de apenas del 880 por ciento (deberían de haber redondeado y pedir uno del 1.000 por ciento, pues suena más bonito para el bolsillo insondable del estado).

Veamos el nuevo peaje para automóviles en la ruta Bernardo Soto. Pasaría de ₡150 a ₡970 en el primer año (un alza del 647%) y luego crecientemente hasta llegar en cinco años a ₡1.225 (un incremento de apenas el 817 por ciento).  Esto tanto de ida como de vuelta.

Finalmente, el peaje para los carros que transitan en la vía General Cañas (San José- Alajuela y a la inversa) pasaría, en el primer año, de ₡75 a ₡270 (un alza del 360%) y gradualmente con aumentos al final de 5 años llegaría a ₡390 (un alza del 520 por ciento; milagro: el menor aumento…un 520% en comparación con todas las otras… poca cosa). 

Todos estos datos son tan sólo para el caso de los vehículos livianos; o sea, los carros comunes y corrientes. Para motos los aumentos serían aún mayores y me imagino que también aumentarán en proporciones similares para buses, furgones y vehículos medianos. Así, por ejemplo, sólo para la ruta a Limón y en el primer año el peaje para las motoso pasaría de ₡50 a ₡960; un alza del 1.920 por ciento, comparada con la de carros que se elevaría en el primer año en un 792%). Alzas para los peajes de las motos porcentualmente mucho mayores se darán para las otras carreteras de peaje

Verdad que tanta voracidad da cólera.  Es una de las brillantes medidas para aumentar los ingresos del estado gastón.

Esto refleja a la vez la inutilidad de los gobiernos de aplicar los aumentos que se deberían de haber hecho durante los 13 años en que no los hicieron, estos debido a razones lógicas como presuntos mayores costos de mantenimiento. Porque no es cierto que los aumentos deban cubrir otros costos distintos a los de manutención, pues es de suponer que la tarifa inicial cubriría los costos de recuperación de la inversión y que los aumentos ulteriores solo sirvieran para cubro los incrementos en los costos de conservación de las vías.

Estos abusos y barbaridades molestan tanto, que mejor no escribo nada más.  Que los lectores y quienes deben pagar por los peajes, sean los que juzguen estas intenciones, que son desaforadas, abusivas e irresponsables.





Jorge Corrales Quesada

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