lunes, 4 de abril de 2016

Tema polémico: la hipocresía de las redes sociales

En los últimos años, las redes sociales se han convertido en un espacio donde miles de personas intercambian fotografías, experiencias, datos, actividades e ideas sobre infinidad de temas, sucesos o eventos. Pero sobre todo, emiten opiniones, unas con sentido, otras sin ninguno, a veces dando la cara y otras tantas ocultándose en el anonimato.

Es usual que ahora, ciertas cosas se vuelvan virales, es decir, reproducidas y comentadas por gran cantidad de personas. En algunas ocasiones, sin tomar en consideración la veracidad o no de las acusaciones, miles despotrican desde sus cuentas, lo cual puede representar un problema. Para ilustrar nuestro punto, queremos exponer un par de situaciones acontecidas en los últimos días.

Hace poco surgieron publicaciones en Facebook de una persona que, presuntamente, acosaba sexualmente menores de edad en esa red. Inmediatamente todos comenzaron a comentar y a difundir el rostro del acusado. Nadie se preguntó si era cierto y, de no serlo, cómo afectaría a la persona. Hoy día no sabemos quién es y si se realizó alguna investigación policial en su contra ni las consecuencias de esta; también ignoramos si el movimiento en redes sirvió para denunciar a un abusador o destruir el honor de un inocente. Lo único de lo que estamos seguros es que esta actitud que han tomado algunas personas tiene muchos riesgos: lo ideal sería que, en lugar de publicar a la persona en redes sociales, se denunciara ante las instancias correspondientes para que ellas realicen las pesquisas correspondientes y así salvaguardar el equilibrio que debe haber entre la denuncia de un delito y el principio de inocencia del denunciado.

Después, surgió el "escándalo" de una supuesta burla por parte del Viceministro de Justicia, Marco Feoli, contra la presentadora de televisión Inés Sánchez de Revuelta sobre su edad. Inmediatamente los medios periodísticos -ayunos de noticias y de verdaderos investigadores en sus oficinas- comenzaron el linchamiento público del funcionario, criticándolo por el bullying y la falta de respeto hacia la comunicadora. Luego se le unieron miles de usuarios con comentarios de desaprobación, exigiendo la cruxifición del Viceministro, a propósito de la Semana Santa, cuando se dio la publicación. No defendemos el ataque a doña Inés ni al Viceministro; tampoco negamos que mofarse de otros sea malo, pero seamos honestos: ¿quién no se ha divertido y compartido memes relacionados con la edad de doña Inés o con otros tantos memes de burla? Nos atravemos a decir que casi todos lo han hecho, pero lapidamos al responsable solo porque es un "político", un funcionario de Gobierno. ¿O es que acaso hemos tenido la misma furibunda reacción cuando quien comparte un meme es nuestra pareja, nuestro hermano (a), nuestro amigo (a)?

El problema es que somos una sociedad muy hipócrita. Prendemos la hoguera para sacrificar a alguien cuando nosotros mismos cometemos la falta; lanzamos acusaciones y despedazamos honras cuando no es la nuestra. Es muy fácil lanzar ataques contra otros cuando estamos detrás de una pantalla, cuando nos escudamos en el anonimato para evitar enfrentar las consecuencias de nuestros actos. Pero peor aún, nos dejamos llevar por las pasiones a la hora de opinar sin pensar que, en algún momento, estaremos del otro lado de la acera y que, quizá, las vueltas de la vida nos lleven a ser los indiciados en la hoguera pública.

A veces, quienes lanzan diatribas no son ética, moral, profesional o intelectualmente mejores que aquellos a quienes cuestionan. Cometen, sin darse cuenta, las mismas faltas o hasta más que los que atacan, pero prefieren omitirlo por una sensación de comodidad temporal.  Como dicen por ahí, vemos la paja en el ojo ajeno, obviando la viga en el nuestro.

Reconocemos que las redes sociales juegan un papel fundamental en la transmisión de información y en la transparentización de la vida pública. Eso está muy bien. Lo que criticamos es que cada vez son más las personas que utilizan este poder de forma irresponsable, pudiendo causar daños irreparables y afectando las libertades y derechos de las personas. 

Un gran poder implica una gran responsabilidad. Y esa responsabilidad es exigible a los usuarios de redes sociales, para que la apliquen cada vez que quieren publicar un comentario. Que denuncien situaciones cuando algo está mal es algo maravilloso, pero deben hacerlo de forma consencuente, no solo asegurándose que aquello que reproducen es cierto -o tienen forma de probarlo- sino también actuando con rectitud y honestidad para tener la autoridad moral a la hora de cuestionar.  

Así que la próxima vez que vaya a comentar o compartir una publicación que ataca o cuestiona a alguien, piénselo dos veces: si está seguro y libre del pecado que denuncia, hágalo. De lo contrario, no sea hipócrita. 

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