martes, 3 de mayo de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: empresarios informales

Acaba de salir a la luz pública el informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) titulado “Encuesta Nacional de Hogares Productores 2015,” el cual reúne información acerca de actividades productivas que se realizan en los hogares. Eso nos permite tener una idea acerca del aporte de dichas actividades al Producto Interno Bruto, así como del empleo que generan, entre otras cosas.

El tema me interesa mucho porque se puede considerar que forman parte importante del llamado sector informal de la economía y que el informe citado denomina como “emprendedores”. Muchos los llamamos sencillamente “pulseadores”, quienes componen parte de lo que se conoce como economía subterránea. Esta contrasta con la formalidad de las empresas que operan a plena luz en la economía y cumpliendo con todos los requisitos que la legalidad exige para la operación correcta de los negocios. Por ejemplo, que paguen las cargas sociales, que lleven contabilidades de acuerdo con los requisitos fiscales, así como que constituyan sociedades -anónimas, en comandita, cooperativas y similares- que están sujetas a impuestos específicos simplemente por su naturaleza, que tienen pagados y cumplen con los requisitos municipales para producir, entre otras cosas que exige el sistema.

Para la Encuesta citada, “emprendimientos de los hogares son aquellos establecimientos, negocios, fincas o actividades ejercidas por trabajadores por cuenta propia o empleadores, en forma permanente o por tiempo indefinido, y que cumplen con alguna de las siguientes características: (1) No están inscritos en el Registro de la Propiedad, como empresa o razón social con cédula jurídica; (2) no poseen registros contables formales para cuantificar todos los ingresos y gastos de su actividad y (3) no tienen asignado un salario fijo por el trabajo que realizan en el negocio.

Un resultado muy importante surge de cotejar los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares Productivos del 2014 con la nueva del 2015: De 339.611 emprendimientos que se estimaron en el 2014, para el 2015 se estima que existen 371.191; esto es, en un año estas empresas informales aumentaron en un significativo 9.3%. Sin duda que dicho crecimiento tan elevado ha de tener una explicación, la cual usualmente se encuentra en la literatura acerca de la economía subterránea: se debe al elevado costo de la legalidad, de manera que la relación costo-beneficio de escoger la economía subterránea ha de haberse intensificado. Sobre esto comentaré luego.

Es interesante también señalar que entre estos emprendimientos hay empresas en donde no hay contratación de otras personas, así como existen otros emprendimientos que demandan mano de obra de terceros. El 89.7% de los emprendedores trabaja sólo u ocasionalmente tienen personas que les ayudan, sin recibir salarios, sino por cuenta propia, en tanto que el 10.3% restante contrata personal con remuneración y permanentemente.

Asimismo, del total de emprendedores, un 77% no cumple con el requisito de llevar registros contables, un 96.5% no aparecen registrados en el Registro de la Propiedad con cédula jurídica y un 97.7% no tiene un salario fijo asignado, ya sea por cuenta propia o patrono.  O sea, alguno de los criterios para definir la informalidad se cumple en un muy elevado porcentaje de la muestra analizada. De hecho, el 75.4% de los emprendimientos -esto es, 279.720 de los 371.191 estimados para el 2015-, poseen simultáneamente las tres características citadas -no tener cédula jurídica, no disponer de contabilidades formales y no poseer salario fijo asignando permanentemente- las cuales definen el concepto de emprendedores en la economía informal que se analiza. Solo el 37.8% de los emprendimientos aparece inscrita en alguna instancia pública, tales como el Ministerio de Hacienda, Municipalidades, la Caja Costarricense del Seguro Social, el Registro de la Propiedad, entre otras.
Esos emprendedores generaron empleo en el 2015 en una suma estimada de 580.670, de los cuales el 82.8% son empleos permanentes y 17.2% ocasionales.

También, como era de esperarse, los niveles de educación que priman en este caso suelen ser bajos; de hecho el 15.8% no tiene nivel alguno de instrucción o primaria incompleta;  el 33.2% una educación primaria completa y un 18% educación superior. Casi dos terceras partes de los emprendedores son de sexo masculino, cifra que se ha mantenido parecida en los años 2014 y 2015; algo muy similar a la distribución laboral de toda la economía. En cuanto a la edad de los emprendedores, un 71.7%  está entre los 35 y 64 años, y el 8.7% se trata de adultos mayores. La edad promedio de los emprendedores es de 46.7 años.

Bien puede ser que el bajo crecimiento de la economía formal durante los últimos años no haya generado una suficiente demanda de trabajo, impulsando a estos trabajadores a la economía informal.  La encuesta citada señala que las dificultades de encontrar trabajo o de tener mejores alternativas fueron factores importantes: Casi un 20% indicó que la razón para iniciar su actividad productiva subterránea se debe “a que encontró una oportunidad en el mercado” (me imagino que mejor que en el sector formal de la economía); a su vez “porque no tenía trabajo” un 16% y un 7% por “no haber encontrado trabajo como asalariado”.

Pero creo que el estudio del INEC es débil (o tal vez no fue ese su objetivo) en cuanto a identificar cuáles factores son los que definen, puestos a optar entre montar una empresa que cumpla con todas las reglas formales y una que nos las satisfaga, que prefieran las segundas.  Esto es, no se determina claramente el costo de la formalidad como factor que, en mi opinión, está detrás de su decisión económica. Entre ellos, que en la informalidad no necesariamente se pagan las cargas sociales, los salarios mínimos, los impuestos municipales, ni los permisos para operar y menos la declaración para el pago de impuestos de diversos tipos, tales como a las utilidades, de ventas, territorial, que requiere que se lleven libros contables, se paguen servicios profesionales a contadores, además de los gastos legales correspondientes. Asimismo, que para tener la formalidad se requiere de una serie de gastos diversos por gestiones ante entidades gubernamentales. 

Pero dicha elección de sumirse en la subterraneidad no pasa sin tener sus costos, que puede decirse que son la privación de aquellos beneficios sería posible obtener si el negocio opera en la formalidad  Así, entre los costos que los emprendedores señalan que les impiden crecer o mantenerse en el mercado, están la limitación al acceso de préstamos, de acuerdo con la opinión del 48.4% de los emprendedores; también, un 29.7% dice que debe reducirse la tramitología gubernamental. Y un porcentaje similar dice tener necesidad de una mayor capacitación, por lo que me pregunto, dado la preeminencia del estado en la provisión de tales servicios, si no hay dificultades tales como costos directos o bien requisitos formales que obviamente no cumplen esos empresarios informales, impidiéndoles ampliar su conocimiento.  

Debo concluir mi comentario con dos acotaciones.  La primera es que no es aceptable que se considere que muchos de esos negocios no son empresarios. La realidad es que esa sesgada opinión asume que empresario es tan sólo el que puede cumplir con los requisitos de la formalidad.  Los emprendedores son empresarios, pues corren los riesgos propios del empresariado, como son esencialmente los de cumplir con la demanda de los consumidores, a la vez que se las manejan para usar las oportunidades de negocios que se abren en su mundo informal y, por supuesto, están expuestos a pérdidas o ganancias como sucede con cualquier empresa en un mercado.

La segunda anotación es que el fenómeno debe de ser tomado plenamente en cuenta cuando hay un proceso en marcha para que en el país se aumenten significativamente los impuestos, lo cual termina lanzando más personas a la informalidad, no sólo porque en ella no pagan tales impuestos que se pretenden aumentar, sino también porque los nuevos gravámenes van a estimular un menor crecimiento de la economía privada y, por ende, un menor crecimiento de la de por sí ya escuálida demanda de trabajo. Esos nuevos desocupados posiblemente acudirán a sobrevivir laborando en la informalidad. Ahora, con esas políticas fiscales abusivas, se aumenta el costo de la formalidad y la reacción natural será evitar tales costos: veremos que seguirá aumentando la informalidad en la economía, con el enorme desperdicio potencial que hay en una economía así.

Jorge Corrales Quesada

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