lunes, 23 de mayo de 2016

Tema polémico: combate a la intolerancia

El pastor alemán Martin Niemöller dijo una vez: "Cuando los nazis vinieron, primero buscaron a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

Quisimos iniciar nuestro tema polémico con esta frase porque ilustra muy bien nuestro punto. No hablaremos de nazis ni de comunistas el día de hoy, pero sí de un grupo humano cuya actuación u omisión, encuadra perfectamente en las líneas supracitadas. 

Ser trata de los musulmanes. En los últimos meses hemos presenciado la escalada a nivel internacional de violencia y terrorismo. Casos como los atentados en Siria, Túnez, Marruecos, Irak, Francia y Bélgica, a los que se unen las decapitaciones y quemas públicas contra civiles difundidas por internet, el desplazamiento y salvajismo contra todo aquel que no abraze el islam -y no cualquier rama del islam, sino la que practican los miembros de ISIS- han sido reivindicadas por la organización conocida como Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). 

El pánico y temor que se han apoderado de las personas, especialmente en el continente europeo, han llevado a la generalización de que todo musulman es terrorista y, por tanto, se debe sospechar de ellos. De inmediato, miles de musulmanes inocentes han saltado para exigir respeto y, sobre todo, para aclarar que no todos son violentos ni desalmados, que exiten muchas personas buenas, pacíficas y tolerantes que no comparten el radicalismo característico de ISIS. 

Eso es maravilloso, pero ¿resulta suficiente decirlo? Cuando mencionábamos la frase de Niemölle, lo hacíamos para señalar que muchos de esos musulmanes pacíficos y de bien que, con justa razón, han querido desmarcarse de ISIS y sus adeptos, deberían hacer más. El mal triunfa cuando las personas buenas no hacen nada y, lamentablemente, muchos de ellos han permitido y tolerado que, durante años, estos grupúsculos violentos crezcan y se expandan hasta alcanzar hoy niveles casi incontrolables. 

No basta con que los musulmanes condenen el terrorismo. Se necesita que lo combatan también, Más allá de tomar armas y desplegar tácticas, se requiere que desde los hogares se elimine cualquier forma de radicalismo violento, que se evite cualquier tipo de apoyo a grupos de esta naturaleza, que se erradique cualquier plataforma que permita el surgimiento del salvajismo.  Después de todo, ISIS se considera a sí mismo islamico, se dicen representantes del islam y matan, según ellos, por el islam. Por eso, son quienes practican el islam, los primeros llamados a detener esta aberración, esta tergiversación de su fe, esta manipulación de su pueblo. A ellos le ayudará todo el mundo, como lo debe hacer, unido contra cualquier organización que promueva la exterminación humana, independientemente del credo, la orientación política o la etnia que la respalde. 

En su célebre libro "La Sociedad Abierta y sus enemigos", Karl Popper escribía que "si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia".

Con esto, Popper no quería decir que deban impedirse concepciones e ideas filosóficas intolerantes, mientras se puedan combatir en el plano de la razón, de la argumentación crítica. Pero deben prohibirse si buscan imponerse a la fuerza, si buscan acabar con las personas en lugar de las ideas, si pretenden erigirse como ciertas a golpe de tambor y sonido de cañón. En ese caso, indica, "debemos reclamar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de personas". 

Pero más allá de la prohibición legal, se torna necesario combatir la intolerancia desde todos los frentes. Atacando su génesis, sus orígenes, evitando a toda costa que el odio y la violencia hacia quienes son diferentes, piensan, creen o actúan distinto se propague. No hacerlo, como bien explicó Popper, nos llevará a la desparación de los tolerantes, de los intolerantes y de todo: la desaparición del ser humano, sus derechos y sus libertades.



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