martes, 25 de abril de 2017

La columna de Carlos Federico Smith: la casi eterna platina

La Nación titula su artículo del 5 de marzo con “Ampliación de puente de la ‘platina’ entra en su recta final: En ocho días aproximadamente se asfaltarán los tres carriles del sentido Alajuela-San José” y agrega luego que el “MOPT promete entregar los seis carriles del paso el domingo 30 de abril”.  No dudo de que muchos usuarios del puente de la platina, con toda razón, expresan su ilusión de que, finalmente, se habrá solucionado un problema que los ha afectado durante ocho años de continuas reparaciones y malos arreglos promovidos por el estado.

Pero, creo que esa alegría no debería ocultar el hecho de la enorme ineficiencia del estado costarricense para reparar una vía crucial para el tránsito ciudadano.  En concreto, se ha requerido de tres administraciones gubernamentales para reparar lo que el 8 de abril del 2009 se informó como “una hendija... de unos 35 centímetros que preocupa a los ciudadanos” y que “ha provocado enormes presas durante los últimos dos días.” 

En retrospectiva la reparación del puente de la platina ha desnudado la plena incapacidad del Ministerio de Obras Públicas (MOPT) para resolver ese supuestamente pequeño problema.  Lo aseguró un funcionario del MOPT, su director de conservación vial, Benjamín Sandino: “ayer (8 de abril del 2009) que el trabajo no durará más de tres horas. Estimó que el arreglo ya estaría listo a la 1 a. m. de hoy jueves 9 de abril.”

No tengo a mano el monto total desglosado de los distintos costos financieros incurridos en “reparar” o “rehacer parte” del puente de la platina, aunque la información mencionada en el artículo arriba citado de la Nación señala la “bicoca” de “₡9.400 millones,” pero, el costo exacto desglosado de la aventura de reparar “en tres horas” al puente, me imagino que oportunamente será debidamente publicado.

Sin embargo, si cree que a la ciudadanía le costó tanto solo esos ₡9.400 millones, está equivocado, pues hay otra gran cantidad de costos derivados del daño y de su cachazudo arreglo, que vale la pena destacar: la enorme cantidad de horas que las personas gastaron en presas, además del combustible desperdiciado en odiosas presas, la afectación a muchos negocios no sólo un mayor costo en el suministro de diversos bienes e insumos que requirió de desvíos o con una lentitud onerosa, sino porque su clientela se redujo; agregue la pérdida de numerosas citas de personas, incluyendo algunas delicadamente personales, como citas en hospitales y, también, el hecho de que las personas debieron, en comparación, tomar rutas alternas que eran más costosas en tiempo, combustibles y depreciación de los vehículos. 

En ocasiones, cuando los políticos son desnudados en su incapacidad, acuden a mascaradas o espectáculos populares, no para celebrar su ineptitud, sino para tratar de dar una especie de barniz a su opus magna: ahora al famoso puente se pretende que no se le conozca más como el de la platina, sino con el de un político del siglo pasado, tratando de que la infame gestión estatal no sea recordada al pasar el ciudadano por el “puente de la platina.” 

¿Cuántas horas y discusiones no llevaron a cabo los especialistas en arreglar el problema?  Hasta se acudió al extranjero para que, tal vez, con su capacidad presunta, resolvieran la situación.  Pero, en cierto momento sugirió un ingeniero, cuyo nombre me excuso de darlo pues no lo recuerdo, quien por sí sólo, sin Colegio Profesional tras de él, dijo en su oportunidad lo que, al final de cuentas, se terminó haciendo: reformar radicalmente al viejo puente, ampliándolo a más carriles y con el refuerzo del caso. Me acuerdo haber visto al caballero ingeniero -una persona ya mayor- caminar con unos periodistas de la televisión y explicarles lo que finamente se hizo. 

Si de poner nombres a la obra pública se trata, tal vez valga reconocer el de ese ciudadano, que, mea culpa, hoy no me acuerdo de su nombre, en homenaje a su perspicacia superior a la de burócratas en el sector público o de interesados en construir obra, aunque fuera la innecesaria o incorrecta. La verdad es que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda: puente de la platina por siempre... Es el mejor monumento a la histórica ineficiencia estatal... que a la fecha en que esto se escribe –fines de abril del 2017- continúa sin ser arreglado, ocho años después de que funcionarios del estado de aquel entonces (un mismo estado) dijeron que el problema estaría arreglado en tres horas.  Jajajaja, por no llorar lo que nos ha costado a todos los ciudadanos del país.

Jorge Corrales Quesada

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