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martes, 22 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: la importancia de la educación


El énfasis que siempre respiré de joven en mi familia acerca de la educación como un factor preponderante en el crecimiento individual, en mucho se debió a mis antepasados maestros: a mi padre Edwin, a mis abuelos Solón y Talía y a mi tío abuelo Buenaventura. La educación siempre fue vista en mi hogar como una oportunidad, la cual no podía ser desperdiciada de manera alguna; que cualquier tipo de sacrificio debería de hacerse a fin de extraer el máximo que uno podía lograr en la escuela, el colegio y la universidad. Educarse no sólo evitaba la pobreza, sino también era fuente de enorme orgullo personal. Por ello en mi casa se dieron sacrificios económicos (principalmente de vanidades) con tal de que pudiera asistir y aprender en la escuela. Era la forma y medio en que uno podía mejorar en la vida; por ello tales sacrificios eran normalmente aceptados -sin quejarse, sin dolerse- en medio de muchas necesidades. Los hacíamos porque, con el paso del tiempo, podríamos percibir los buenos frutos que brindaba el árbol fecundo de la educación.

Escribo esta pensamiento introductorio con algún grado de tristeza cuando observo cómo, en ciertas ocasiones, aparecen estudiantes, padres de familia, burócratas del MEP y periodistas, tal vez al analizar porqué un alumno deja de asistir a clases, señalando como excusa la falta de apoyo monetario gubernamental. En otras palabras, se esgrime como justificación para ese abandono el que deban trabajar para llevar plata a sus casas (si es que hay tal oportunidad y si es cierto que la llevan a sus hogares), pues el Gobierno o el Estado “no les dan dinero y comida para que asistan a la escuela". Uno podría tener en mente que se trata de un caso extremo de necesidad y de miseria, en donde el niño para llenarse la boca debe trabajar. Pero francamente en muchas ocasiones no parece ser esa la razón: me da la impresión de que la queja se presenta en familias independientemente de sus niveles de ingresos. Me imagino que, en el caso de familias de ingresos relativamente más altos, no van a sacar un hijo de la escuela porque el Estado no les da fondos, aunque posiblemente habrá algunos vivos que sí soliciten tales recursos para ver si la pegan. Lo que más me preocupa es si en las familias de menores ingresos, ante falta de ayuda, sí deciden cometer el atentado contra el futuro de su hijo dejándolos de mandar a clases.

¿Qué habrá pasado para que en los hogares costarricenses, en donde lo primero era asegurar la educación de los hijos se trastocaran los valores para que, si nos les pagan por ello, ahora amenacen con retirarlos de las aulas? Incluso es lógico pensar que, en mi época de joven -hace ya muchos años-, los hogares costarricenses eran en promedio mucho más pobres que ahora, por lo cual uno pensaría que habría menores necesidades básicas que cubrir, además de la educación de los hijos. Al ser en promedio más ricos, menos necesidad se tendría de mandar a los hijos a ganar plata para traerla al hogar, en vez de que estudien en una escuela para luego poder ganar más (en idioma económico, hacer una inversión rentable).

Podría señalar la hipótesis de que hay un abandono gradual de aquel principio de tener confianza en sí mismo, pero realmente no lo sé. Lo único que puedo indicar es la mayor frecuencia con que padres, principalmente, apenas pueden reclaman en algún noticiero que el Estado no les da plata para mandar a sus hijos a la escuela. Tal vez es que la educación de los hijos ya no se considera como una responsabilidad de los padres, sino del Estado. Y de ser así, eso me entristece, porque es muestra de a lo que conduce el ideal socialista paternalista de Lord Beveridge, por el cual el ciudadano debería ser protegido por el Estado “desde la cuna hasta la tumba”. Así, la educación ha pasado a ser vista como una responsabilidad estatal y no del padre, de la familia y de los hijos.

Esta visión paternalista erosiona la importancia que la educación tiene para el progreso del individuo. Lo “libera” de la responsabilidad de que cuesta educarse, a lo cual debe dedicarse buen tiempo y atención, si es que se quiere progresar. La responsabilidad propia de estudiar lentamente se va sustituyendo por la creencia de que el Estado nos debe dar todo. Así, todo debe ser facilito para que aprender no implique un sacrificio de índole alguna. Ojalá el título o la carrera se otorguen simplemente por decreto. Cuando en un hogar la regla no es la necesidad de sacrificarse para que el hijo o la hija puedan ir a la escuela, sólo se debilitará el futuro de nuestros ciudadanos, porque desde jóvenes queda plantada en ellos la semilla de que en la vida se trata sólo de derechos y no de deberes. Que el sacrificio que hace un hogar para educarlos es sólo una pérdida de tiempo, pues sólo se trata de saber pedir: aprendida la lección de que hay un pater ajeno al hogar que debe encarar la responsabilidad por la educación de los hijos, abre las puertas a la miseria humana, pues de lo que se trata no es del mérito, del logro, sino de la existencia y la garantía de la manutención vital para que se siga la ley del mínimo esfuerzo.

Pero hay luces en este panorama tan oscuro: en días recientes he visto reportajes en Telenoticias del Canal 7 de cómo en Costa Rica hay escuelas en donde los alumnos asisten todo el día, en donde se ven obligados y estimulados a estudiar, en donde los maestros y padres son concientes de que es mediante la educación como sus alumnos pueden progresar. Es cierto que son pocos establecimientos educativos, pero tal vez basten para que el contraste con el resto surja evidente y nos impulse a que, de nuevo, veamos a la educación como el camino que nos puede conducir por la senda del progreso y individual. Lo lamentable es que esos jóvenes que hoy han escogido progresar verán luego cargar sobre sus hombros a las sanguijuelas hoy protegidas con impuestos y redistribución estatal, que han dejado en manos del estado su responsabilidad o la de sus familias para educarse, prefiriendo vivir de los demás.

Quienes hoy aprovechan cualquier oportunidad para decir que “si no les dan plata no mandan a sus hijos a la escuela“, deben saber que es hora de que asuman sus responsabilidades como padres. En gran parte el culpable es el mismo estado que les ha hecho saber que hay dinero a cambio de que manden a sus chiquitos a las aulas. Era, por tanto, de esperarse que ahora los vivillos pidan primero la plata para mandar a los hijos. Debemos estimular a los padres para que piensen en sus responsabilidades y que se liberen del yugo a que los conduce el paternalismo estatal. Para aquellos padres pobres que del todo no tienen dinero y que no pueden en verdad mandar a sus hijos a clases, si el estado fuera consecuente, lo que haría es dar un préstamo que se invertiría en la educación de los muchachos, no un regalo que estimula a vividores que no los necesitan, cosa a que lamentablemente conduce el sistema actual.

Tal vez lo mejor es ni mencionar este tipo de cosas, pues el tabú intelectual tratará de aniquilar a quienes nos atrevemos a pensar en el deterioro a que conducirá este paternalismo.

lunes, 14 de febrero de 2011

Tema polémico: Avancemos es un retroceso


En ASOJOD hemos atacado, un día sí y otro también, el que nos parece uno de los peores programas sociales puestos en práctica en Costa Rica: Avancemos. Nuestras razones siempre han sido claras y la realidad las ha respaldado: es un subsidio otorgado a los estudiantes que los incentiva a permanecer, cuanto más tiempo les sea posible, en las aulas para seguir obteniendo dinero. Además, tiene serios problemas de identificación de beneficiarios, pues mientras algunos usan el dinero para otras cosas no relacionadas con la educación, otros son jóvenes provenientes de familias con recursos muy altos por lo que, evidentemente, no necesitan este subsidio.

Pero los males no acaban ahí. Recientemente, el periódico La Nación publicó un par de reportajes donde demuestra que algunos de los beneficiarios de Avancemos tienen padres que, simplemente, se han olvidado de su manutención. Padres que ganan un muy buen salario y que, por su irresponsabilidad, hacen que los demás ciudadanos tengamos que pagar los platos rotos para mantenerlos en las aulas.

En definitiva, Avancemos es un programa que no sólo premia a los estudiantes mediocres que están a punto de abandonar el sistema educativo, dándoles el incentivo de ganar dinero mientras repiten año tras año el curso, gracias al permisivo contenido del Decreto N° 34210-MP-MEP-MIVAH, sino que también está facilitándole la vida a padres irresponsables.

Mágicamente, el "buen" Estado ha decidido que los tax payers, que no tenemos nada que ver con esas personas, los eximamos de su responsabilidad y la asumamos mediante nuestro dinero, como si ya no fueran suficientes los programas que se basan en el principio del parasitismo social. Y, por si fuera poco, además que nos toca pagar por el uniforme, los útiles, la comida y el transporte de estos gamberros, el Gobierno ha creado un déficit fiscal -el más alto de América Latina- con este programa vulgar y ahora pretende tapar el hueco cobrándonos más impuestos.

Es evidente la perversión y corrupción sobre las que se asienta el "Estado Social de Derecho" de nuestro país. Es una organización política que incentiva el parasitismo, la misería, el robo institucionalizado y la asquerosa creencia de que necesidad es equivalente a derecho. Una sociedad donde los irresponsables, indecentes, inútiles y mediocres tienen el premio y los responsables, serios, eficientes, creativos y morales cargan con el castigo.

Hoy más que nunca, especialmente en este mes que se conmemora un aniversario más de su nacimiento, las palabras de Ayn Rand se levantan: "una sociedad que le roba al individuo el producto de sus esfuerzos, no es, estrictamente hablando, una sociedad, sino una turba que se mantiene unida bajo el pandillaje político institucionalizado".

Por eso, sin temor a equivocarnos, en ASOJOD afirmamos que Avancemos es un retroceso en términos de lo que ha logrado la civilización: es un paso atrás, que refuerza el paradigma del canibalismo moral.

miércoles, 1 de abril de 2009

¿Qué ha logrado Avancemos?


El Programa Avancemos sigue haciendo de las suyas. Hoy, el periódico La Nación publica un artículo donde se reseña la permanencia de la tendencia de reducción en la cantidad de desertores en secundaria, pasando de 12,9% en 2007 a 12,1% en 2008. De acuerdo con el Ministro Garnier, tal reducción es resultado directo de las becas que el programa de marras entrega.


Sin embargo, fijémonos en las estadísticas para ver qué tanta verdad hay en los comentarios del señor Ministro. En concordancia con los datos oficiales del Ministerio de Educación y del XIV Informe del Estado de la Nación, es posible afirmar que durante 2006 y 2007, la cantidad de desertores ha sido 13.2% y 12.9% respectivamente. Si bien es cierto que existe una reducción en la deserción, no hay mucho que celebrar por dos grandes razones.


En primer lugar, nuevamente en concordancia con la información del XIV Informe, la tasa de repitencia para eso mismos años es de 12,9% y 13,9% respectivamente. Correlacionando ambas variables -deserción y repitencia- parece ser que ese 0.3% menos de estudiantes que desertan (3.085 en términos absolutos) pasaron a engrosar las filas de los repitentes. En segundo lugar, para lograr reducir la deserción en ese 0.3% , o sea para mantener en las aulas a 3.085 estudiantes,ha sido necesaria una inversión de 55.000 millones de colones. ¿Eficiencia en el uso de recursos públicos? Para nada.


¿Qué se ha logrado con Avancemos? En ASOJOD creemos que este programa lo único que ha conseguido es generar incentivos perversos. Los decretos Nº 33677 del 14 de febrero de 2007 y Nº 34210-MP-MEP-MIVAH del 18 de diciembre de ese mismo año, autorizan que las becas del programa se le otorguen a estudiantes que repitan, incluso, por una única vez un año en secundaria. Entonces, la cuestión es simple: se da un incentivo al estudiante para que permanezca en el colegio pero puede repetir por una única vez cada año de secundaria y continuar recibiendo la beca.


Parece ser que quienes diseñaron el programa no contaban con la astucia de algunos vivazos. Por eso es que en ASOJOD hemos venido denunciando la perversidad que se esconde detrás de estos programas de "ayuda y solidaridad social", toda vez que acostumbran a las personas a recibir y no a esforzarse, a esperar del Estado y no a procurarse las cosas por sí mismos.

martes, 3 de marzo de 2009

¿Avanzamos?


El diario La Extra informa hoy que el programa Avancemos podría convertirse en ley, luego de que el legislador liberacionista Alexander Mora (sí, el mismo que propuso prohibir las corridas de toros porque ponían en peligro la vida de los improvisados) propusiera un proyecto ante la Asamblea Legislativa, tratando de institucionalizar la iniciativa de la Administración Arias Sánchez.

De acuerdo con el diputado, se pretende redireccionar los impuestos existentes para financiar el programa y con esto "no tocar más el bolsillo" de los costarricenses, especialmente afectados por la crisis. A pesar de que, al menos, con esta idea uno podría pensar que hay algo positivo, la insensatez viene en otra parte: resulta que, de acuerdo con Mora, se pretende que las Universidades públicas y privadas sean obligadas a destinar un porcentaje de su matrícula anual a becas para jóvenes que en secundaria fueron beneficiados por Avancemos, para "garantizar que tendrán su bachillerato y además, una carrera universitaria". ¿Qué seguirá después? ¿Obligar a las empresas e instituciones públicas a destinar un porcentaje de sus contrataciones anuales a graduados universitarios de Avancemos?

Como se puede ver, este programa no nos lleva a ningún lado. Se trata de un barril sin fondo por el que los gobernantes de siempre quieren que una parte de la ciudadanía se responsabilice de las vidas de otros, pagándoles cuanta cosa alguien crea que necesitan. ¿Estamos avanzando? No.

jueves, 12 de febrero de 2009

¿Cuándo aprenderemos?


El día de hoy La Nación publica una interesante noticia. Según la última encuesta del INEC seis de cada 100 becas que fueron otorgadas en el 2008 por Fonabe y el IMAS beneficiaron a alumnos de hogares de altos ingresos. Lo que significa que el 6% (7.400 beneficiarios) eran hijos de familias con un ingreso mensual que oscila entre los ¢546.000 y ¢1.272.000. ¡Que ironía las instituciones "progresivas" del Estado contribuyen a la desigualdad! ¿Quién se hubiera imaginado que algo así de perverso pudiera venir del siempre bien intencionado Ogro Filantrópico -Estado-?

En ASOJOD hemos insistido hasta el cansancio de los problemas éticos, de fiscalización y eficiencia de este tipo de programas, parece que algunos no quieren aprender nada de la realidad y prefieren seguir viviendo bajo la comodidad de los dogmas. Definitivamente no hay peor ciego que él que no quiere ver.

lunes, 6 de octubre de 2008

Tema polémico: retrocedemos


En días anteriores, se publicó en el periódico La Nación, que "colegiales beneficiados por el programa gubernamental Avancemos, gastan sus becas en golosinas y videojuegos". Dicho programa fue ideado por la Administración Arias para frenar la deserción estudiantil por medio de apoyos económicos que le permitan a los estudiantes dejar de trabajar, pero como se puede ver, en el slogan del programa, compartir responsabilidades significa que unos tenemos que pagar las tonterías de otros. Definitivamente no estamos avanzando, sino retrocediendo.

Esto se debe justamente a lo que en ASOJOD hemos denunciado desde hace mucho tiempo: la ineficiencia de las instituciones estatales en cuanto a la ejecución y fiscalización de los recursos públicos, tema tratado en nuestro artículo "Reforma fiscal en Costa Rica". Por eso, no es posible hablar de dotar de más recursos a un Estado que demuestra la torpeza e ineficiencia con la que sus operarios manejan el dinero que tanto cuesta ganar a los tax payers costarricenses.

Pero más problemático que el tema de la ejecución y fiscalización, se nos presenta el fundamento axiológico de este tipo de políticas redistributivas, que se resumen en la idea de quitar a unos para darle a otros. En ASOJOD no encontramos un argumento moral para dicha idea, pues no es otra cosa que, sencillamente, una institucionalización del robo como forma de vida. Se trata de quitarle a unos lo que se han ganado honradamente, a partir de su creatividad, esfuerzo, trabajo y tiempo, para dárselo a otros que, independientemente de la razón por la cuál no tienen, no contribuyeron a la producción de ese dinero sustraído.

Esto provoca entonces una dicotomía entre los creadores o productores de riqueza y los parásitos que se alimentan de su trabajo. Y precisamente la caracterización de estas personas como parásitos queda aún más clara cuando usan el dinero obtenido por medio de odiosas exacciones para comprar golosinas, aparatos electrónicos (que no son de primera necesidad) y pagar horas de diversión en los videojuegos.

Evidentemente, estas personas están usando a otras como medios para alcanzar sus fines . Y junto a esto, están haciendo de la pobreza un modus vivendi, pues las políticas redistributivas han institucionalizado una serie de incentivos perversos en favor de los parásitos: les informa que, pase lo que pase, el Estado estará allí para resolver los problemas. Esto lo vemos en el caso de Avancemos, en el caso de la crisis financiera estadounidense y en miles de ejemplos más, que tienen como factor común una cultura basada en la exigencia de ayudas. Las sociedades paternalistas, hemos dicho en numerosas ocasiones, se acostumbran a recibir ayudas hasta el punto que luego las consideran derechos que pueden exigir en cualquier momento, trasladando la responsabilidad sobre sus vidas a otras personas.

Y el precio de esto es la perpetuación de los mismos altruistas en el poder: gente que, literalmente, compra votos con becas, bonos de vivienda, fondos de emergencia, favores políticos, etc. Y aprovecha y valida esa exigencia para desarrollar las más nefastas políticas públicas existentes: las redistributivas. ¿Le interesa a estos políticos clientelistas acabar con la pobreza? Cualquiera con más de dos dedos de frente sabe que la respuesta es no. Si acaban con la pobreza, acaba el poder. Por eso, mejor mantenerse alimentando a un monstruo que cada vez pide más.

Pero ¿qué pasa con la legitimidad? Que no existe realmente, porque el reconocimiento de la capacidad de gobernar y el consentimiento y apoyo a la gestión existen exclusivamente en la medida en que las autoridades políticas sean capaces de alimentar a ese monstruo. Cuando esto no sea posible, cualquier vestigio de legitimidad desaparece para dar paso a cambios en la configuración política del sistema societal. ¿Hacia cuál dirección? Hacia aquella que sea capaz de satisfacer los deseos del monstruo.

Muchos dirán que estas "ayudas a los más necesitados son necesarias para sacarlos de la pobreza". No obstante ¿se reduce la pobreza con este tipo de políticas? No, porque si unos producen y otros no, entonces la riqueza seguirá constante, sólo que cambia de manos. Y la riqueza no aumenta justamente porque quienes la generan optan por a) retirarse de esa sociedad o b) dejar de producir, mientras que los parásitos, que vivían a costa de otros, no tienen incentivos para dejar sus fáciles vidas.

Y muy importante, la responsabilidad se diluye en tales sociedades: los parásitos no se responsabilizarían porque su vida se basó precisamente en evadir sus deberes. El caso de Avancemos lo demuestra: gente que gasta un dinero que no le costó producir y que no se preocupa del futuro porque confía en que no sólo habrá quién si produzca, sino también quién confisque y reparta. Y a nivel político, aquellos que quieran poder y lo tratan de conseguir por medio del clientelismo, tampoco se responsabilizan de las desgracias. ¿Quién culparía a una persona de cometer estupideces si busca el bien común? Al fin y al cabo, la moral del altruismo se basa en la idea de que el fin justifica los medios.