Actualmente Cuba tiene dos importantes tipos de cambio. La llamada moneda nacional o CUC, cuyo valor es de 1 peso cubano por dólar, aunque en algunos lugares se señala que el valor del dólar es 0.87 CUCs; esto es, un CUC tendría un valor oficial equivalente a 1.15 dólares. Para nuestros efectos se puede hablar de que el peso oficial cubano tiene un valor aproximado a un dólar.
martes, 29 de octubre de 2013
La columna de Carlos Federico Smith: Cuba inicia el proceso de unificación cambiaria
Actualmente Cuba tiene dos importantes tipos de cambio. La llamada moneda nacional o CUC, cuyo valor es de 1 peso cubano por dólar, aunque en algunos lugares se señala que el valor del dólar es 0.87 CUCs; esto es, un CUC tendría un valor oficial equivalente a 1.15 dólares. Para nuestros efectos se puede hablar de que el peso oficial cubano tiene un valor aproximado a un dólar.
sábado, 3 de abril de 2010
Respuesta a Silvio Rodríguez
martes, 30 de marzo de 2010
Cuba y su salud
sábado, 6 de junio de 2009
La OEA y Cuba: La batalla recién comienza

La histórica decisión de los 34 países que integran la Organización de los Estados Americanos (OEA) de levantar la suspensión de 1962 a Cuba fue la parte fácil. Ahora viene el verdadero reto: hacer que la OEA le exija a la dictadura de Cuba que respete las cláusulas de democracia de la organización para que la isla se pueda reintegrar a la institución.
Eso no se resolverá a corto plazo, y ustedes y yo lo sabemos.
A menos que el régimen militar de Cuba decida permitir que se celebren elecciones libres, o que el gobierno de Obama decida olvidarse de sus promesas de luchar por la democracia en las Américas, la decisión de la OEA el miércoles en su Asamblea General no hizo mas que posponer el debate sobre la readmisión de Cuba a la organización.
Según el acuerdo de consenso que fue aplaudido por todos los países miembros --entre ellos Estados Unidos-- como un logro ''histórico'', la OEA levantó la suspensión de cuatro décadas contra Cuba, y comenzó un proceso para invitar a Cuba a reintegrarse al grupo sobre la base de las ''prácticas, propósitos y principios'' de la entidad.
Aunque la decisión del miércoles fue una victoria propagandística para Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros países admiradores del régimen militar cubano, y aunque el gobierno del presidente Obama hizo bastantes concesiones en sus esfuerzos iniciales para establecer condiciones al levantamiento de la suspensión, el resultado final de la reunión de la OEA dependerá de cómo se interprete la resolución final adoptada.
Según un comunicado de prensa de la OEA, la resolución final --además de acordar el levantamiento de la suspensión a Cuba-- establece que ``la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, propósitos y principios de la OEA''.
Según funcionarios de Estados Unidos, esto significa que para que Cuba pueda volver a ser un miembro pleno de la OEA, tendrá que acogerse a la Carta Democrática, que exige que los Estados miembros se guíen por los ``elementos esenciales de la democracia representativa''.
La Carta de la OEA es muy específica. El Artículo 3 expresa que estos ''elementos esenciales'' incluyen ''el respecto a los derechos humanos'', realizar ''elecciones periódicas, libres, justas y secretas'', así como tener un ``sistema pluralista de partidos políticos''.
El presidente de Cuba, el general Raúl Castro, y su hermano Fidel, que todavía tiene un gran poder en la isla, han dicho repetidamente que no permitirán partidos políticos, elecciones libres, ni libertad de expresión. Para protegerse de presiones democráticas, los generales cubanos han dicho que no quieren pertenecer a la OEA, alegando que la institución es un ``títere del imperialismo yanqui''.
Pero los países latinoamericanos pueden interpretar el acuerdo del miércoles de otra manera, y decir que Cuba ya está cumpliendo con los principios generales de la OEA, y que la ausencia de elecciones libres no es una infracción mayor que el embargo comercial estadounidense a la isla. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo el miércoles que se siente optimista de que los miembros de la OEA encontrarán un mínimo común denominador para readmitir a Cuba ``en los próximos meses''.
Los países latinoamericanos y caribeños elogiaron la decisión de la OEA de levantar la suspensión, calificándola de histórica.
''Hoy es un día histórico y un día de regocijo para todos los americanos'', dijo el canciller argentino Jorge Taiana en la reunión de la OEA. ``Hemos terminado con un anacronismo''.
Pero los grupos de derechos humanos y partidarios de la democracia señalan que el verdadero anacronismo es la negativa de Cuba a permitir el libre acceso del pueblo cubano a internet, a permitir que los cubanos se expresen libremente, o que puedan afiliarse a sindicatos o partidos políticos independientes.
Mi opinión: Tal como lo señalé en mi columna del 24 de mayo, casi dos semanas antes de la votación, no me opongo al levantamiento de la suspensión contra Cuba. Sin embargo, me parece que el gobierno de Obama debe usar la medida para montar una gran ofensiva diplomática que presione a la dictadura militar cubana a permitir libertades fundamentales.
Si Obama no aprovecha su popularidad en América Latina y sus ramas de olivo hacia Cuba para conseguirlo, y Cuba se reintegra a la OEA sin realizar una apertura politica, sus críticos republicanos tendrán razón para acusarlo de haber abandonado la promesa de campaña que hizo el 23 de mayo del 2008, cuando afirmó que ''nunca, jamás, comprometería la causa de la libertad'' en Cuba. Ojalá que Obama demuestre que sus críticos están equivocados.
Andrés Oppenheimer
miércoles, 27 de mayo de 2009
¡Humillante!

Sería bueno que nuestras autoridades hicieran un breve repaso de la Carta de la OEA, la cual expresamente dispone:
Artículo 2
La Organización de los Estados Americanos, para realizar los principios en que se funda y cumplir sus obligaciones regionales de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, establece los siguientes propósitos esenciales:
b) Promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no intervención;
Artículo 3
Los Estados americanos reafirman los siguientes principios
d) La solidaridad de los Estados americanos y los altos fines que con ella se persiguen, requieren la organización política de los mismos sobre la base del ejercicio efectivo de la democracia representativa.
Artículo 45
Los Estados miembros, convencidos de que el hombre sólo puede alcanzar la plena realización de sus aspiraciones dentro de un orden social justo, acompañado de desarrollo económico y verdadera paz, convienen en dedicar sus máximos esfuerzos a la aplicación de los siguientes principios y mecanismos:
a) Todos los seres humanos, sin distinción de raza, sexo, nacionalidad, credo o condición social, tienen derecho al bienestar material y a su desarrollo espiritual, en condiciones de libertad, dignidad, igualdad de oportunidades y seguridad económica;
¿Qué otra sorpresa nos tendrán preparada en la Cancillería?
jueves, 30 de abril de 2009
Obama choca con los Castro

El presidente Obama eliminó algunas restricciones que impedían que los cubanos viajaran frecuentemente a la isla o que les remitieran dinero a sus familiares. Fue un gesto inteligente. Una oportuna rama de olivo que había prometido durante la campaña que lo llevó a la Casa Blanca. Lo hizo en vísperas de su viaje a la Cumbre Americana de Trinidad y Tobago. Casi simultáneamente declaró a CNN que esperaba que el gobierno cubano pusiera en libertad a los presos políticos y respetara los derechos humanos, mientras publicaba un texto, ampliamente divulgado, en el que mencionaba el marco político adecuado para recibir plenamente a Cuba en la familia americana: la Carta Democrática firmada en Lima por los 34 gobiernos miembros de la OEA, precisamente el 11 de septiembre de 2001, mientras ardían las torres gemelas.
Raúl Castro, desencantado y desencajado, reaccionó de una manera previsible: ''más de lo mismo''. En ese momento estaba en Venezuela convocado por Chávez para agitar en el circo del ALBA, una familia excéntrica de países amantes del colectivismo y enemigos de la democracia representativa y del sentido común que se reúnen de vez en cuando bajo la carpa del ''socialismo del siglo XXI'' para jugar al antiamericanismo y practicar otras formas curiosas de la bobería. No muy lejos de Venezuela, en Haití, Hillary Clinton, la secretaria de Estado, había dicho algo muy similar: ahora le tocaba a Cuba responder a la buena voluntad del gobierno de Obama con una señal de cambio. Para La Habana aparentemente era algo muy fácil: si Estados Unidos facilita la entrada de los cubanos a la isla, ¿por qué Cuba no hace lo mismo y propicia que sus ciudadanos puedan entrar y salir libremente del país, como sucede en casi todo el planeta?
Raúl Castro tenía razón. Lo que Obama está planteando con relación a la isla es muy parecido a lo que han dicho antes que él otros diez presidentes norteamericanos (y lo que sostiene la Unión Europea, al menos desde que en 1996 los países miembros concretaron una posición común a instancias de España): Estados Unidos está dispuesto a entablar relaciones enteramente normales con Cuba, pero sólo si su gobierno evoluciona en dirección de la apertura política y el respeto por los derechos humanos y las libertades civiles. Washington, en suma, propugna un cambio de régimen en el país vecino. No está dispuesto a aceptar como ''normal'' y permanente esa dictadura comunista calcada del viejo y desacreditado modelo soviético, prácticamente ya desaparecido en todo el mundo. Obama, como sus antecesores, no admite la coartada de la ''soberanía''. Cuba debe cambiar.
¿Por qué esa insistencia? ¿Por qué Estados Unidos no puede convivir armónicamente con una satrapía comunista de la misma manera que en el pasado lo hizo con las dictaduras de Trujillo o Somoza? Las razones fundamentales son tres:
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Porque Estados Unidos, tras un siglo de fracasos, al fin comprendió que era un cínico error mantener buenas relaciones con las tiranías en un continente supuestamente comprometido con las libertades, como se acredita en la Carta Democrática de la OEA. ¿No criticaban a Estados Unidos por tener vínculos amistosos con las dictaduras latinoamericanas?
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Porque el caso cubano tiene un claro componente de política interna norteamericana. El 25% de la población cubana, unos tres millones de personas (nacidos en Cuba o descendientes directos de cubanos), vive en Estados Unidos y se refleja vigorosamente en la estructura social y política del país. Hay dos senadores, cuatro congresistas federales, y numerosos funcionarios y cuadros intermedios dentro de la estructura de poder norteamericana. Los intereses mayoritarios de la etnia cubana, o su relativo peso electoral, como sucede con los judíos americanos con relación a Israel, o con los afroamericanos cuando se formula la política hacia Africa, hay que tomarlos en cuenta.
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Porque a Estados Unidos, finalmente, lo que le conviene es que en Cuba se instale una democracia sosegada y estable, como la costarricense, para mantener buenas relaciones políticas con la isla, dotada de un sistema económico productivo, de manera que los cubanos no continúen emigrando en masa hacia los Estados Unidos. Y nada de eso se puede conseguir si en La Habana continúa enquistada la vieja e incompetente oligarquía comunista que tomó el poder hace medio siglo y ha sido incapaz de evolucionar bajo el peso de la experiencia, lo que hace que el régimen actual, aunque fuerte en apariencia, sea siempre precario y provisional. Sabíamos que en el comunismo dinástico, tras Fidel le tocaba el turno a Raúl, pero ¿qué o quiénes vienen tras Raúl?
Obama ha tomado la posición correcta. Hacer concesiones sin esperar algo a cambio hubiera sido un error. Habría sido como decirles a los demócratas de la oposición y al inmenso (aunque escondido) sector de los reformistas, que no era necesario que el país abandonara el fracasado sistema comunista porque a nadie le importa el destino de los cubanos. A Obama y a su administración sí les importan.
Carlos Alberto Montaner
miércoles, 11 de marzo de 2009
Raúl o el arte de decapitar adversarios

Iniciado el siglo XXI el papel de delfín comenzó a desempeñarlo el canciller Felipe Pérez Roque, un ingeniero que (como Lage) procedía del entorno de Fidel Castro. Había sido una especie de primer asistente del comandante en jefe, así que cuando el canciller Roberto Robaina fue expulsado de su cargo, el propio Fidel lo impuso como sustituto porque ''era la persona que mejor interpretaba su pensamiento''. En diciembre de 2005 fue la apoteosis de Pérez Roque: dio una conferencia magistral en el parlamento y todo el mundo, incluido el Financial Times, lo declaró heredero al trono. En aquel momento tenía fama de ''talibán'' duro e inflexible.
A los pocos meses, en julio de 2006, Fidel Castro se enfermó y tuvo que abandonar el gobierno precipitadamente. Con la llegada de Raúl a la presidencia, tanto Lage como Pérez Roque fueron discretamente marginados. Los dos eran cuadros elegidos por Fidel para una hipotética sucesión política, pero Raúl no confiaba en ellos y tenía su propia idea de cómo y con quiénes organizar la reforma económica y la transmisión de la autoridad, de manera que siguió el mismo sibilino patrón de comportamiento utilizado contra el general Ochoa en 1989: le encargó al general Abelardo Colomé Ibarra, su hermano del alma y poderosísimo ministro del Interior, que armara un buen expediente acusatorio para poder sacarlos del juego fulminantemente, junto al resto de los funcionarios incómodos a los que deseaba eliminar.
Y eso es lo que ha sucedido: el formidable aparato de espionaje cubano ha acumulado pruebas de pequeñas corruptelas, de nepotismo continuado, de negligencias, del comportamiento contrarrevolucionario de algunos familiares, de ambiciones personales y (lo más grave) de transmitir a los políticos y visitantes extranjeros unas falsas expectativas con relación a los supuestos cambios políticos. Pérez Roque, que había sido un talibán en los primeros tiempos, a los ojos de muchos políticos y diplomáticos extranjeros se había transformado en un ''reformista'', como creía el canciller español Miguel Angel Moratinos, hombre empedernidamente propenso a equivocarse, que apostaba por él para la transición, más o menos como el anterior ministro español de Asuntos Exteriores, Abel Matutes, llegó a manifestar que el ''hombre del cambio'' sería Roberto Robaina, dato utilizado en su momento por ''el aparato'' para hundirlo definitivamente.
Una vez debidamente ''empaquetados'', con los voluminosos informes de los servicios de inteligencia sobre la mesa, Raúl Castro, experto en el arte de decapitar adversarios, dio inicio a su metódica labor de verdugo: convenció fácilmente a Fidel de la deslealtad esencial de los sujetos, convocó al Buró Político, enfrentó a los acusados con las pruebas de su comportamiento ''inmoral y miserable'', los destrozó emocionalmente, advirtiéndoles que lo hecho bordeaba la traición, por lo que merecerían ser ejecutados si la revolución no fuera tan generosa, y preparó las condiciones para el anuncio público, aunque en esta oportunidad tuvo que realizar un trámite engorroso, pero inexcusable: fue necesario explicarle al tontuelo de Hugo Chávez lo que iba a suceder, dado que los dos, Lage y Pérez Roque, eran sus interlocutores favoritos, y no podía sorprenderlo con su eliminación. Por muy insufrible que sea el venezolano, es el hombre que les da de comer y hay que cuidarlo como a papagayo fino.
Con estos y otros personajes fuera de combate (incluido Fernando Remírez de Estenoz, otra esperanza blanca de las cancillerías democráticas liquidada en la purga), Raúl siente que se ha despejado el camino al Sexto Congreso del Partido, convocado para el próximo otoño, al que llegará con todos sus hombres de confianza colocados en las posiciones clave, de manera que nada pueda escapar a su control.
Mientras tanto, cunde el total desaliento en las filas revolucionarias y se disipa cualquier ilusión de cambio. Silvio Rodríguez se va a vivir a la Argentina, donde no hay unicornios azules (los peronistas se los hubieran comido), Pablo Milanés arraiga definitivamente en Galicia, y los hijos y nietos de la nomenclatura se marchan sigilosamente a cualquier sitio en el que exista el sueño de una vida mejor. En Cuba ya se sabe que eso es imposible.
Carlos Alberto Montaner
jueves, 8 de enero de 2009
¡Qué vergüenza!

Costa Rica muestra, con esta actitud, una nueva contradicción respecto a sus ideales y prácticas. Se pregona al mundo entero que somos un país comprometido con la libertad y el respeto al ser humano, pero en la realidad se mantiene a una persona inocente atrapada en una sala de espera, durmiendo sobre asientos, escoltado por un guardia, incomunicado y alimentado tan sólo por la buena disposición de algunos trabajadores del aeropuerto.
Es vergonzoso que las autoridades costarricenses sean responsables de un tratamiento tan violatorio de la dignidad humana como este. Y eso es resultado de, una vez más, las estúpidas políticas migratorias que en ASOJOD rechazamos totalmente, pues impiden la entrada a personas que no han cometido ningún delito y que poseen capacidades académicas o técnicas para las cuales nuestro Estado no tuvo que invertir en ellas, y que a la postre, pueden resultar muy beneficiosas para la economía nacional sin convertirse en una carga.
Esperemos que, en el ejercicio de sus competencias soberanas, pero más aún, con base en el compromiso internacional asumido por el país en materia de libertad y derechos humanos, se le asigne prontamente la condición de refugiado a este ciudadano cubano. O, también, que algún otro estado comprometido con esos ideales, tenga la valentía de aceptarlo en su territorio.
Los ciudadanos cubanos, al igual que los de todos los países donde reinan las satrapías, tienen derecho a ser libres. El compromiso de aquellos que creemos en las ideas de la libertad, es precisamente cooperar con ellos.
martes, 6 de enero de 2009
Cuba: El fracaso de su revolución de 50 años

En enero se cumplen 50 años del triunfo de una revolución que se propuso cambiar Cuba. El Movimiento 26 de julio de Fidel Castro derrocó la dictadura de Fulgencio Batista, porque deseaba construir “una nación más democrática, más próspera, más independiente y más justa”.
En estos años la sociedad cubana ha atravesado por cambios de gran trascendencia. Tras medio siglo en el poder hoy Cuba es gobernada por un régimen que ha remplazado al autoritario Batista, por uno totalitario; es decir, de partido único, ideología comunista y economía estatizada, donde se reprime a quien piensa distinto y se impide la autonomía de la sociedad civil.
Esta vez, las celebraciones estarán encabezadas por Raúl Castro, confirmado como Jefe de Estado y de Ministros el 24 de febrero de 2008, tras la enfermedad de su hermano a fines de julio de 2006. Algunos analistas pensaron que con su llegada al poder podría iniciarse una época de cambios económicos en la atribulada sociedad cubana. Ese criterio se basaba en el pragmatismo del menor de los Castro, así como en la calamitosa situación social en que recibió el país.
Sin embargo, ¿Se puede hablar de cambios en Cuba cuando todavía hay prisioneros políticos? ¿Se puede hablar de cambio si nadie ha hablado de transformar ni un solo aspecto relacionado con los derechos civiles y políticos?
La conmemoración de los 50 años de la revolución es una buena fecha para hacer un balance de las consecuencias de la revolución cubana, no obstante, lo difícil que es acceder a información confiable sobre Cuba. El presente documento suscrito por los intelectuales e instituciones que abajo firman busca realizar de manera objetiva y rigurosa ese balance. Para hacerlo nos hemos basado en investigaciones publicadas en revistas con consejos editoriales o estudios realizados por instituciones de reconocido prestigio.
La Constitución de la República de Cuba (1992 y 2002) señala en su artículo 1º que:
“Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado por todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.
Comparando estos ideales de libertad política, justicia social, y bienestar individual y colectivo establecido por la propia revolución con la realidad que viven los cubanos, realizaremos esta evaluación.
Libertad Política
Hoy no existe en Cuba libertad política. Se ha instaurado una dictadura totalitaria con un Estado que controla todo y una sociedad civil muy débil. El gobierno cubano erradicó o neutralizó instituciones que fueron determinantes para la transición a la democracia en Europa del Este. Además de barrer con la oposición, desde el comienzo el modelo castrista encubrió bajo fórmulas de "respuestas populares revolucionarias" la represión de opositores. Se atravesó la sociedad con una red de control integrada de organizaciones afines al gobierno1 que se extiende verticalmente: desde un nivel nacional a uno municipal y son responsables ante la dirección suprema del Partido Comunista.
Durante casi cinco décadas, Cuba ha restringido prácticamente todas las vías de oposición política. Los ciudadanos cubanos se han visto sistemáticamente impedidos de ejercer sus derechos fundamentales de libertad de expresión, privacidad, asociación, reunión, circulación y debido proceso legal. Entre las diferentes tácticas empleadas para imponer la voluntad del régimen se encuentran las amenazas policiales, la persecución penal, la vigilancia, las detenciones temporales, las restricciones para viajar y el despido laboral por razones políticas (Human Right Watch, 18 de febrero 2008).
Amnistía Internacional ha mostrado también gran preocupación por los casos recientes de "actos de repudio", en los que grupos de partidarios del Gobierno insultan, intimidan y a veces ofenden físicamente a quienes consideran "contrarrevolucionarios"2. Estos actos suelen realizarse en convivencia con las fuerzas de seguridad, y en ocasiones participan en ellos los Comités de Defensa de la Revolución o los Destacamentos Populares de Respuesta Rápida (Amnistía internacional, 17 de marzo de 2006).
Durante el régimen cubano miles de personas han sido ejecutadas y otras miles sometidas arbitrariamente a juicios y sumarios sin acceso a recursos legales apropiados por no existir un Poder Judicial independiente ni Estado de Derecho.
Cuba tiene las tasas más altas de encarcelamiento por ofensas políticas que cualquier otro país en el mundo. Según Freedom House (2000-2001) hay varios miles de prisioneros políticos, la mayoría en celdas con criminales peligrosos y muchos convictos con cargos poco claros como: “diseminación de propaganda enemiga” o “peligrosidad”. Hay reportes confiables de tortura de disidentes en prisión y en instituciones psiquiátricas, donde se encuentra una cantidad de arrestados en los años recientes.
Cuba también es el líder en el hemisferio occidental en la práctica de la pena capital, sólo sobrepasado en el mundo por Irán y la República Democrática de El Congo. Según la “Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional”, la cifra de personas condenadas a muerte desde 1959 oscilaría entre los 5.000 y 6.000, esto a pesar de que durante los últimos años se redujeron sustancialmente. Desde el año 2000 funcionó una moratoria de hecho que se rompió en el 2003 (Ravsberg, 2004).
Según el “Proyecto Verdad y Memoria” ha habido aproximadamente 4.038 ejecuciones, 1.292 asesinatos extrajudiciales, 1.219 balseros muertos o desaparecidos y, según el Miami Herald (23/04/06) 13.403 cubanos fallecidos en misiones internacionales, sobre todo durante los 15 años de guerras africanas en Etiopía y Angola. Lo que van a dejar los hermanos Castro es un legado de sangre e injusticia.
El régimen de Fulgencio Batista era autoritario, había surgido de un golpe violento, sin embargo existían suficientes libertades públicas como para que circularan más de 120 publicaciones, para que existieran partidos legales de oposición, estaciones de radio y canales de televisión independientes del Estado, y para que los ciudadanos pudieran entrar y salir libremente (Rojas, 2008).
Cincuenta años después, Cuba es otra. Como señala el Informe de Freedom House (2008), Cuba se convirtió en la mayor cárcel para periodistas de la región y el único país del continente que prohíbe expresamente el libre ejercicio del periodismo.
A partir del índice de Libertad de Prensa que publica anualmente Freedom House3, Venezuela y Cuba son los únicos países de América Latina "sin libertad de prensa", situándose a un nivel más bajo que Irak.
La única libertad de expresión que no se reprime es la que coincide con el Partido Comunista. Poco después del ascenso de Castro al poder, todos los medios de difusión masiva fueron confiscados y puestos al servicio del Partido y del Gobierno. La radio, la televisión, los periódicos, las revistas y el cine, tienen como función única la divulgación de la ideología comunista.
A los cubanos también les está prohibido ver la televisión extranjera o escuchar la radio de onda corta. A su vez, para el acceso a Internet, la posesión de máquinas de fax y de computadoras, deben dar una “razón válida” y firmar un contrato de utilización, con cláusulas restrictivas. Igual que para conseguir la instalación de un teléfono, se evalúa los méritos del demandante.
En Cuba la Constitución reconoce el derecho de los ciudadanos de profesar y practicar cualquier credo religioso dentro del marco del respeto a la ley. Sin embargo, en la ley y en la práctica el gobierno ha puesto restricciones a la libertad de religión.
Por lo general, los grupos religiosos que no están inscritos siguieron experimentando la interferencia, el hostigamiento y la represión oficiales en grados diversos. Sigue sin cambios la política del gobierno cubano de permitir que las actividades religiosas apolíticas tengan lugar en lugares autorizados por el gobierno.
En Cuba no existen derechos políticos. El Partido Comunista, único permitido, ejerce el monopolio de todas las actividades políticas de la isla asistido por las llamadas "organizaciones de masas". Y la población está prácticamente obligada a pertenecer a una o varias de estas organizaciones políticas, o resignarse a quedar marginada de empleos, oportunidades de estudiar y hasta de obtener artículos de consumo (Martel, 2005).
En Cuba no hay elecciones libres. Además, están prohibidas todo tipo de organizaciones políticas fuera del partido único (Freedom House, 2001-2002). Por lo tanto, no se puede ser un disidente, de ahí la alta tasa de Presos políticos —entre ellos, 48 jóvenes por recoger firmas para un referéndum, 23 periodistas por escribir artículos contra el régimen y 18 bibliotecarios por prestar libros prohibidos— (Montaner, 2007).
Según el índice Freedom in the world, Cuba es el único país que se ha clasificado como no libre de América Latina. Para llegar a esa conclusión, se analizan los derechos políticos y las libertades civiles, al igual que en el resto de los países:
II Justicia Social
Frecuentemente los defensores del régimen castrista argumentan el modelo cubano destacando sus logros sociales (Ciem, 1999; González, 1999). Ellos señalan que “los indicadores sociales han permitido alcanzar un grado de equidad mediante la aplicación de la planificación económica centralizada y la intervención estatal en todos los sectores relacionados con la política social” (Ciem, 1999: 54). Destacando que las tasas de esperanza de vida, de mortalidad infantil así como la de desempleo están a la cabeza de América latina.
Sin embargo, se debe tener cuidado al extraer conclusiones con respecto a las bondades del modelo. Los indicadores sociales muestran que Cuba en 1958 era una de las sociedades más prósperas e igualitarias de América. De acuerdo con los indicadores sociodemográficos sólo era superada por Argentina y Uruguay. Mientras que los indicadores sociales y económicos se asemejaban de manera notable a las de los países menos desarrollados de Europa en ese entonces, como España y Portugal (Noriega, 2007).
Entre 122 países analizados Cuba ocupaba el rango 22 en materia sanitaria, con 128,6 médicos y dentistas por 100.000 habitantes, por delante de países como Francia, Reino Unido y Bélgica. Además la tasa de mortalidad de Cuba era de las más reducidas del mundo (5,8 anuales por 1.000 habitantes; Estados Unidos 9,5) y el nivel de alfabetización de la Isla era del 80%, semejante al de Chile y Costa Rica, y superior al de Portugal.
En tal sentido, resulta equivocado pensar que Cuba antes de la revolución era un país de fuertes contrastes y de bajo nivel de desarrollo, sino que en la década de las cincuenta era una nación con índices crecientes de progreso económico y social: ocupando lugares de avanzada dentro del concierto latinoamericano, junto a Argentina, Chile, Uruguay y Venezuela.
Es así como las condiciones previas a la revolución eran propicias para un avance sostenido en materia social. Ello no ocurrió como se puede apreciar en el siguiente cuadro:
Los indicadores demuestran cambios tras cinco décadas de revolución. La baja tasa de desempleo se ha logrado con empleo artificial en el gobierno. En tanto los salarios y las pensiones han disminuido.
El salario real en 2007 estaba 76% por debajo del nivel de 1989 (Mesa-Lago, 2008: 18). Raúl Castro reconoció en su discurso del 26 de julio que “el salario es claramente insuficiente para satisfacer las necesidades” y prácticamente ha dejado de cumplir su papel de asegurar el principio socialista de que cada cual aporta según su capacidad y reciba según su trabajo, por lo tanto, abogó por un mejor ajuste de los salarios a los precios.
Desde 1962, mediante decreto, se asigna una cuota mensual fija de productos alimentarios de la canasta. Cada cubano recibe una canasta que contiene comida (excluyendo carnes rojas), útiles de aseo y limpieza, pero que sólo les alcanza para unos 15 días del mes. Para lo cual deben comprar en el mercado negro, porque en el mercado subvencionado no podrán adquirir nada suplementario, porque además de asistido, es racionado y no venden productos adicionales.
Entre los resultados favorables destaca la disminución de la mortalidad infantil, que es la más baja del hemisferios después de Canadá. Pero ese logro hay que clarificarlo, ya que esa tasa ya era muy baja en 1958 cuando alcanzaba a 40,0 por cada mil niños nacidos vivos. En este año poseía índices en este indicador superiores a Francia (41,9), Japón (48,9), e Italia (52,8). Sin embargo, en 2007, Cuba había reducido este indicador a 5,3. Siendo superior a las registradas por esas mismas naciones (Francia 4,2; Japón 3,2 e Italia 5,0).
Aún cuando es positivo, requiere la asignación cuantiosa de recursos muy escasos a un problema ya resuelto, mientras que hay necesidades mucho más urgentes y severas, como mejorar la infraestructura de agua potable, la alimentación, las bajas pensiones y la vivienda (Mesa-Lago, 2005: 197).
Esta última es una de las realidades más dramáticas. Mientras que la población se duplicó entre 1959-2007, el número de viviendas construidas fue menor que las destruidas por falta de reparaciones y mantenimiento. La edificación no ha compensado estas pérdidas y las producidas por cinco huracanes y tormentas en los últimos años (Mesa-Lago, 2008:19-20). Así las viviendas por 1.000 habitantes cayeron en 25 por ciento entre 1989 y 2007.
Por otra parte, el proceso de nivelación social que ha sido utilizado como bandera de lucha por la dirigencia castrista, en la práctica tampoco se ha cumplido. No hay estadísticas oficiales de distribución del ingreso, pero estimaciones cubanas y extranjeras indican que esa distribución se ha vuelto más desigual (Noguera, 2005; Mesa-Lago, 2005; Espina, 2008). Los mercados segmentados y la recepción de remesas por parte de la población han ayudado a aumentar la desigualdad.
Como se indica en el cuadro, la desigualdad subsistió y se ha ido acentuando con el transcurso del tiempo. El coeficiente de Gini aumentó de 0,22 en 1986 a 0,407 en 1999 y que la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre de ingreso creció de 3,8 a 13,5 en 1989-1999. Mientras que en ese mismo periodo en América latina la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre de ingreso creció de 11,90 a 19,91.
En la práctica, el índice no es muy diferente del existente en el resto de América Latina. Sin embargo, entre 1986-1999, en Cuba la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre creció 3,85 veces, mientras que América latina lo hizo 1,67 veces.4
Finalmente, otra elocuente demostración de la vulnerable situación que sufren los cubanos es la emigración. Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), Cuba cerró el año 2006 con 3.000 habitantes menos que el año precedente. Las dos causas citadas por los demógrafos para explicar ese fenómeno son la baja tasa de natalidad y la emigración.
Como señala Montaner (1999:16) desde el inicio de la República en 1902, y hasta la llegada al poder de Castro, Cuba fue una tierra receptora de trabajadores del mundo entero —especialmente de España—, pero a partir de la mítica revolución el fenómeno se ha invertido: más de un millón de cubanos ha escapado de ese país por cualquier medio disponible, mientras prácticamente nadie —ni siquiera los más fervientes nostálgicos del comunismo avecindados en Europa Oriental y Rusia— se anima a instalarse en la Isla.
III Bienestar individual y colectivo
En pos del desarrollo bajo una concepción socialista Cuba puso en práctica un modelo de economía altamente centralizado, en donde el Estado es el propietario de prácticamente todos los medios de producción y dirige el proceso productivo y de distribución en forma centralmente planificada.
Cuba se fue transformando gradualmente en una economía totalmente dependiente de la Unión Soviética y basada en la monoproducción de azúcar. El fracaso y colapso de la URSS la obligó a buscar una mayor diversificación de su economía pero las ineficiencias de su modelo, que desconoce el derecho de propiedad privada y las bondades en una economía de mercado libre y abierta no le han permitido el progreso. El siguiente cuadro muestra indicadores más recientes5 y confiables sobre la economía cubana:
Como se puede apreciar el PIB de Cuba aumentó entre 1981-1989 a una tasa anual de 2,9%. Sin embargo, el crecimiento disminuyó en el periodo 1991-20036 donde estimó una tasa media anual de –0,5%. El bajo crecimiento ha provocado que el PIB por habitante en el 2003 estaba 17% por debajo del nivel de 1989 (Mesa-Lago, 2005: 186).
Desde una perspectiva de más largo plazo se puede comprobar el fracaso del modelo cubano para producir bienestar, al ver el cuadro 6. Este muestra la posición relativa del ingreso por habitante de 7 países: Cuba, Venezuela, Argentina, España, Portugal, México y Chile. Cuba era el tercer país de este ranking en 1957 y cayó al último lugar el año pasado.
Las modestas reformas orientadas al mercado en 1993-1996 lograron una recuperación parcial, pero luego se paralizaron y se han revertido a partir del 2003. Los indicadores sociales mejoraron después de 1994, pero en 2003 varios de ellos no recuperaban aún el nivel de 1989 y la pobreza y la desigualdad habían aumentado (Mesa-Lago, 2005).
Hoy en día, la balanza comercial cubana es una de las más desfavorables del planeta. El pobre desempeño agrícola ha requerido importaciones masivas de alimentos que junto a los combustibles y medicamentos han mantenido una participación mayor al 60% en el total de las importaciones y toman el 80% de los ingresos en divisas, sin posibilidad en el corto plazo de cambiar esta situación.
Estas cifras ratifican la debilidad de la economía cubana, especialmente cuando ya no recibe los préstamos a largo plazo y con bajísimo interés que la URSS le otorgaba automáticamente para cubrir el déficit comercial anual. Cuba ha incumplido pagos con África del Sur, Bélgica, Canadá, Chile, España, Francia, Japón, México, el Reino Unido y otros. A fines de 2007, la deuda externa total de Cuba se estimó en 37.905 millones de dólares, equivalente a 3.410 dólares por habitante, tres veces el promedio latinoamericano de 1.173 dólares (Mesa-Lago, 2008:14).
Como señala Oppenheimer (2008), el Gobierno cubano culpa de sus problemas económicos al embargo comercial de Estados Unidos. Sin embargo, tiene tantos agujeros que difícilmente se le puede culpar por el bajo nivel de vida en la isla. Estados Unidos es ya el principal exportador de productos alimenticios a la isla y muchos otros productos estadounidenses entran a Cuba a través de terceros países.
Conclusión
La revolución deseaba una Cuba democrática, donde los ciudadanos disfrutaran de libertad política, justicia social, y bienestar individual y colectivo tal como lo afirman en el art.1 de la Constitución de 1992 y posteriormente en 2002.
Cincuenta años después del triunfo del Movimiento 26 de julio queda en evidencia el fracaso de ese objetivo. El precio que han pagado los cubanos en libertades básicas perdidas es enorme, el Gobierno decide lo que van a estudiar, donde pueden trabajar, donde pueden comprar hasta si pueden viajar al exterior. En Cuba no hay libertad política ni de expresión. En Cuba, no hay justicia social, sino que el estándar de vida de la población ha empeorado visiblemente. No pueden seguir viviendo con una canasta —si bien subvencionada— que dura como máximo dos semanas. Cuba es hoy un país cada vez más pobre, dependiente de la ayuda exterior y menos libre.
En 50 años, la que era la cuarta economía de América Latina ha descendido a los últimos lugares en la región. Esta nación otrora receptora de migrantes europeos durante la primera mitad del siglo XX, hoy se ha convertido en una comunidad con un potencial migratorio de medio millón de habitantes.
Con la asunción al poder de Raúl Castro se esperaban cambios a un modelo que es insostenible. Sin embargo, tras dos años, se ha aferrado en el poder y ha mostrado pequeños signos de reforma, que siguen siendo insuficientes. Raúl Castro que no posee el carisma de su hermano, ha debido enfrentar una creciente desafección de la población en general y la juventud en particular. Los resultados de una encuesta recientemente publicada indican que la mitad de los cubanos perciben la situación de su país como “mala” o “muy mala”.7 Los cubanos afirmaron que se sienten personalmente afectados por el alto costo de la vida y la falta de vivienda. El nivel de servicio público tampoco cumple con las expectativas del pueblo. Sin embargo, a pesar de las penurias que tienen que enfrentar, los cubanos declaran que el área prioritaria de mejoramiento para ellos es la organización de elecciones libres.
Los cambios económicos que aparentemente se vienen efectuando son necesarios, pero están lejos de ser suficientes para garantizar el crecimiento económico y el bienestar social. Adicionalmente, hacen falta cambios en las leyes que garantizan las libertades fundamentales que rigen en una sociedad libre y democrática. Es necesario que el pueblo cubano pueda expresar libremente sus ideas sin necesidad de que un presidente le diga que pueda hablar sin temor a represalias, especialmente cuando han esperado décadas para ello.
Al régimen revolucionario cubano se atribuye grandes avances en la salud pública y la educación, así como en el auspicio de la cultura y los deportes, especialmente en la etapa en que duró su relación con la Unión Soviética. Sin embargo, ese desarrollo tiene como base los logros alcanzados por la República pre-castrista, visible en estadísticas de la ONU, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo. Por otra parte, el precio que Cuba ha tenido que pagar en materia de represión política, violaciones de los derechos humanos, ausencia de libertades fundamentales y sometimiento de la soberanía cubana a los intereses del bloque soviético, así como el hecho de que alrededor del 20% de la población cubana vive fuera de Cuba, es demasiado alto como para creer que la revolución de los hermanos Castro se ha justificado.
Esta es la verdad del momento cubano. Si el objetivo sigue siendo alcanzar la libertad política, la justicia social, y el bienestar individual y colectivo ¿cuál es la mejor receta? La democracia y el libre mercado.
Notas
1. Hay en la red cubana órganos de vanguardia (el Partido Comunista), organizaciones de masas (Comités de Defensa de la Revolución, Federación de Mujeres Cubanas, Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, etc.), agencias gubernamentales (Ministerios e institutos paraministeriales); sistema de educación, difusión y reafirmación de la cosmovisión oficial (escuelas, universidades y medios de comunicación) y tribunales de justicia.
2. Los lectores que desconocen la naturaleza de estos hechos pueden consultar en: http://www.cubademocraciayvida.org/web/article.asp?artID=1375, donde aparece un artículo de Eloy A. González titulado “¿Qué es un acto de repudio?”.
3. Annual Survey of Press Freedom 2002, elaborado por The Freedom House, es una encuesta que abarca 187 países y se viene realizando desde 1979. "El grado en el que cada país permite el flujo libre de información determina la clasificación de sus medios con Libre, Parcialmente Libre, No Libre". En este caso los países con puntajes del 0 al 30 son calificados como Libres en términos de libertad de prensa, los que reciben entre 31 y 60 puntos son Parcialmente Libres y los que reciben más de 61 puntos son no Libres.
4. El promedio de distribución del ingreso en América Latina, la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre año 1986, fue elaborado en base a Argentina, Bolivia, Costa Rica, Honduras, Perú y República Dominicana; para el año 1999, en base a Bolivia, Brazil, Colombia, Honduras, Jamaica y Paraguay, únicos países disponibles. Fuente CEPAL (2007).
5. La tabla comprende los años 1989, 1993 y 2003 dado que los datos para estos años son los más completos. Tabla obtenida de Mesa-Lago (2005: 185).
6. Un serio obstáculo para evaluar la evolución del PIB en 1989-2003 es el cambio en 2001 del año base para el cálculo a precios constantes: de precios de 1981 a precios de 1997. La nueva serie de la Oficina Nacional de Estadística (ONE, 2002 y 2003) sólo muestra el período 1996-2003 y, cuando es comparada con los mismos años de la serie anterior (ONE, 1998 y 2001), resulta en un incremento anual sistemático de 60% en el valor del PIB, sin que las autoridades hayan dado una explicación de esta anomalía. Como la nueva serie no se retrotrae a 1989, es imposible comparar el PIB en las dos series en 1989-1995 (Mesa-Lago y Pérez-López, 2005).
7. Encuesta Voz de La Habana, realizada a finales de 2007, incluyó a 150 ciudadanos de Cuba en la Capital de La Habana. Encuesta cuantitativa en la que participaron residentes de 15 municipalidades de La Habana y donde contestaron casi 100 preguntas acerca de variados temas (infraestructura del Estado, derechos humanos, efectividad del Gobierno, corrupción, salud y educación) (Van de Aar et al 2008: 8-9).
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Firmantes:
Carlos Alberto Montaner (Cuba)
Internacional Liberal
Á lvaro Vargas Llosa (EE.UU.)
Independent Institute
Enrique Ghersi (Perú)
CITEL
Ian Vásquez (EE.UU.)
Fundación Libertad
Carlos Ball (Venezuela)
AIPE
Lorenzo Bernaldo de Quirós (España)
Freemarket
Gerardo Bongiovanni (Argentina)
Fundación Libertad
Rocío Guijarro (Venezuela)
CEDICE
Cristián Larroulet (Chile)
Libertad y Desarrollo
Dora de Ampuero (Ecuador)
Instituto de Economia Política
jueves, 1 de enero de 2009
Cincuenta años después, Cuba no tiene mucho que mostrar

Cincuenta años después de que Fidel Castro llegó al poder en Cuba, la gran pregunta sobre la revolución cubana no es si fue justificada, sino si valió la pena. Sobre la base de las evidencias disponibles, la respuesta es un claro no.
Un vistazo desapasionado sobre la Cuba de hoy demuestra que aunque el país ha erradicado los bolsones de pobreza extrema que existían durante la dictadura de Fulgencio Batista, la mayoría de la población tiene un estándar de vida más bajo y menos oportunidades de progreso personal que hace cinco décadas.
Los cubanos de hoy tienen un ingreso per cápita más bajo que gran parte de los países latinoamericanos. Tienen menos televisores, teléfonos, computadoras y automóviles en proporción con su población que la mayoría de los países de la región y figuran en el último lugar de América Latina en porcentaje de personas con acceso a internet, incluso por debajo de Haití.
Y aunque en algunos rubros Cuba sale bien parada, como en la alfabetización y la mortalidad infantil, en otros deja mucho que desear. Cuba, por ejemplo, tiene uno de los índices de suicidio más altos de las Américas.
Antes de hablar de mis impresiones de cuando viajaba con frecuencia a la isla a principios de la década de 1990, veamos las estadísticas concretas.
En el aspecto positivo, Cuba tiene un 99.8 por ciento de alfabetización entre los adultos, uno por ciento más que Trinidad y Tobago, y una tasa de mortalidad infantil de 6 por cada mil nacidos vivos, un poco más baja que la de Chile, según el Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas de 2008. Eso convierte a Cuba en el país con la mejor tasa de alfabetización de adultos y mortalidad infantil en la región.
Sin embargo, según el Anuario Estadístico de la ONU de 1957, Cuba ya estaba entre los cuatro países latinoamericanos con más alfabetizados y con mayor porcentaje de consumo calórico en ese año, así como el índice más bajo de mortalidad infantil de la región. En otras palabras, Cuba ha ascendido tres puestos en la clasificación de alfabetización y ha conservado su primer lugar en el índice de mortalidad infantil.
En lo que respecta al ingreso per cápita, el Informe de Desarrollo Humano de la ONU --la fuente estadística favorita del régimen cubano-- indica que el ingreso per cápita de la isla es $6,000 anuales, aunque la cifra está acompañada por un asterisco que indica que se trata de un cálculo del gobierno cubano y que ``procuramos generar un cálculo más preciso''.
De hecho, Cuba se niega a calcular su ingreso per cápita según las normas internacionales. Lo mismo ocurre con el índice de pobreza. Cuba emplea métodos estadísticos internacionales en los sectores que le conviene, como en algunos rubros de la salud y la educación, pero se niega a hacerlo en áreas en las que no sale bien parada. El informe sobre la ONU deja en blanco el casillero que corresponde a Cuba en el rubro del porcentaje de la población que vive en la pobreza.
''Ni las Naciones Unidas ni ninguna otra institución internacional tienen la menor idea de cuál es el ingreso per cápita o la tasa de pobreza en Cuba porque Fidel [Castro] ordenó que el país usara su propia metodología'', dice Carmelo Mesa Lago, profesor de Economía retirado de la Universidad de Pittsburgh, que desde hace tiempo es uno de los analistas más serios de la economía cubana.
''Las cifras del gobierno cubano no son creíbles, lo que hace que todo el mundo tenga que usarlas con un asterisco o no usarlas en absoluto'', añadió.
Lo que se puede constatar es que el salario promedio de los cubanos es de alrededor de $20 mensuales, según lo han reconocido los medios oficiales, lo que daría un ingreso promedio de $240 anuales.
Incluso si uno quiere darle al gobierno cubano el beneficio de la duda y aceptar su dudosa cifra de ingreso per cápita de $6,000 anuales --que supuestamente toma en cuenta los subsidios a los alimentos, la salud y la educación--, Cuba ocupa el puesto número 21 en Latinoamérica, muy por debajo de países como Argentina, México, y Brasil e incluso por debajo de la República Dominicana, Surinam y Belice, según el informe de la ONU.
Otras instituciones internacionales publican cifras que ofrecen un cuadro aún más sombrío de la Cuba actual.
Mientras que en 1959 Cuba ocupaba el primer lugar de Latinoamérica en el porcentaje de familias con televisores, hoy sólo el 70 por ciento de las familias cubanas tienen televisor, comparado con 97 por ciento en Argentina, 93 por ciento en México, 83 por ciento en El Salvador y 76 por ciento en la República Dominicana, según los Indicadores Mundiales de Desarrollo de 2008 del Banco Mundial.
En lo que corresponde a los teléfonos, sólo 9 por ciento de los cubanos tienen acceso a un teléfono de línea fija y apenas 1 por ciento de la población está suscrita a un servicio de telefonía móvil, según las cifras del Banco Mundial, uno de los porcentajes más bajos de la región, muy inferior al de Honduras.
Lo que es peor, sólo 2 por ciento de los cubanos tiene acceso a internet. En comparación, 27 por ciento de los costarricenses, 10 por ciento de los guatemaltecos y 7 por ciento de los haitianos tiene acceso a internet, según las cifras del Banco Mundial.
El gobierno cubano culpa de sus problemas económicos al embargo comercial de Estados Unidos. Pero aunque algunos creemos que el embargo en su forma actual es una política desacertada, tiene tantos agujeros que difícilmente se le puede culpar por el bajo nivel de vida en la isla. Estados Unidos es ya el principal exportador de productos alimenticios a la isla y muchos otros productos estadounidenses entran a Cuba a través de terceros países.
La vida en Cuba es sombría, según pude apreciar cuando viajaba a la isla y lo que cuentan los recién llegados.
La isla es como un enorme jardín de infantes, donde todos tienen garantizado un ingreso de susbsistencia pero el gobierno decide lo que uno puede estudiar, donde uno puede trabajar, que cosas uno puede comprar y si puede viajar al exterior. Es un buen lugar para subsistir si uno es un holgazán, o un inepto, pero puede ser muy exasperante para el que sea ambicioso o tenga opiniones propias.
Recuerdo una entrevista que le hice en La Habana al nieto del Che Guevara, Canek Sánchez Guevara, en 1991, cuando era un joven veinteañero y tocaba en una banda de rock heavy metal. Canek, quien más tarde emigró a México, era muy crítico --como muchos jóvenes cubanos-- de la revolución.
''Esta revolución está en ruinas'', me dijo. ``No hay comida, ni libertad... La gente dice que todo es culpa de la agresión yanqui, pero eso es un mito... un cuento infantil''.
La gente joven no tenía nada que hacer en Cuba, me dijo Canek. El estudiaba diseño gráfico en una escuela de arte pero consideraba que era una pérdida de tiempo.
''No hay papel, ni lápices, ni interés de parte de los profesores en hacer nada'', me dijo. ``Y si te gradúas, no hay trabajo en tu especialidad. Te van a pedir que vayas al campo para trabajar en la agricultura. Aquí no hay futuro''.
Cuando le pregunté que pensaría el Che Guevara de estas palabras si estuviera vivo, el nieto del héroe cubano dijo: ``Estaría orgulloso de mí. El Che Guevara era un rebelde. Jamás aprobaría en lo que ha terminado esta revolución''.
Y las cosas no han cambiado mucho desde entonces. No es sorprendente que cada periodista que viaja a la isla regrese contando lo mismo: es un país detenido en el tiempo, esperando --hasta el momento en vano-- que algo cambie.
La parte de la familia del Che Guevara que conocí en Cuba es un ejemplo típico de la división generacional que existe en la isla. Los abuelos tienden a apoyar la revolución --han invertido su vida en ella-- mientras los cubanos de mediana edad tienden a ser escépticos y la mayoría de los jóvenes son críticos. Como me dijo un joven en La Habana, ``esta revolución se ha convertido en una institución''.
La desesperanza que reina en la isla es posiblemente uno de los factores que inciden en el alto índice de suicidio, de 24.8 por cada 100,000 personas. A principios de esta década Cuba tenía el índice de suicidio más alto de Latinoamérica, pero este año ha descendido al cuarto puesto, detrás de Guyana, Uruguay y Trinidad y Tobago, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.
Los funcionarios gubernamentales admiten que muchos cubanos se quejan de la falta de alimentos y oportunidades, pero alegan que la mayoría del país apoya a la revolución. Lo dudo mucho, por tres motivos fundamentales. Primero, porque he escuchado a muchos cubanos decir lo contrario --muchos con miedo a que los escuchen-- en la época en la que viajaba a la isla con frecuencia. Segundo, porque una encuesta realizada en Cuba este mismo año por el Instituto Internacional Republicano revela que casi el 70 por ciento de los cubanos de entre 19 y 49 años dijo que les gustaría tener un sistema democrático con elecciones multipartidistas y libertad de expresión.
Tercero, y más importante, porque el régimen cubano tiene una maquinaria de encuestas muy bien aceitada. Si el gobierno de Castro creyera que puede ganar en elecciones libres y que el pueblo cubano está tan orgulloso de los logros de la revolución, hubiera permitido elecciones libres hace mucho tiempo. Si no lo ha hecho es porque sabe que las perdería.
Entonces, ¿valió la pena mejorar algunos indicadores sociales al precio de bajar el estándar de vida general de la isla?
Definitivamente no. Otros países, como Chile y Costa Rica, han reducido la pobreza a un mínimo y con mucho menos trauma social.
En Cuba casi el 10 por ciento de la población huyó al exilio, cientos de miles de familias quedaron separadas, sin poder verse durante muchos años, y miles --decenas de miles, según algunos informes-- han muerto en el mar tratando de abandonar la isla. Millones de los que se quedaron fueron forzados al llamado trabajo voluntario, a cortando caña o destinados a otras ``tareas revolucionarias''.
Y todo eso sin tomar en cuenta a las víctimas de la violencia política. Un total de 2,077 cubanos murieron en las llamadas guerras internacionalistas de Cuba en Angola, Mozambique, Etiopía y otros países africanos, según cifras oficiales citadas por el autor Norberto Fuentes en su Autobiografía de Fidel Castro.
Además, el Archivo Cubano, con sede en Nueva Jersey, afirma que ha documentado 8,273 ejecuciones, asesinatos extrajudiciales y desapariciones en la isla desde 1959.
''Tenemos los nombres y las fuentes de todas esas muertes y están disponibles en internet'', dice María Werlau, directora del Archivo.
El precio que han pagado los cubanos en libertades básicas perdidas ha sido enorme. Hay más de 200 prisioneros políticos en la isla, entre ellos 29 periodistas arrestados en el 2003, según los grupos de derechos humanos. Adolfo Fernández Saínz, uno de esos 29 periodistas, cumple una condena de 15 años de cárcel por ''subvertir el orden interno de la nación''. En su juicio, el gobierno presentó ''pruebas'' de su delito confiscadas en el apartamento del periodista: una máquina de escribir y libros prohibidos, entre ellos 1984, de George Orwell.
Mi conclusión: la dictadura cubana ha mejorado algunos indicadores sociales, pero otros países latinoamericanos han hecho lo mismo sin sacrificar libertades básicas y a un costo muchísimo menor en sufrimiento humano. Para los cubanos, la revolución puede haber sido justificada, pero no valió la pena.
Andrés Oppenheimer
sábado, 16 de agosto de 2008
En Vela
Nos dicen las últimas noticias de Cuba que la apertura de una moderna tienda estatal en La Habana, llamada Trasval, con tufillo capitalista, ha causado furor. La curiosidad ha prevalecido sobre la capacidad de compra y las candorosas colas se alargan en la calle bajo el concupiscente sol habanero.
La oferta de artículos de ferretería, limpieza, plomería, accesorios para carros, electrodomésticos, zapatos y otros es amplia. Un fantasma recorre Cuba… La prensa oficial, tentada por el consumismo, ha desenfundado las mohosas armas de la crítica para exigir un buen servicio y mejores mercancías. Esto es bueno. Un cuerpo de seguridad custodia el edificio, como si fuera una exposición de diamantes. Un cubano compró un televisor portátil, valorado en más del doble de su salario, para ver los Juegos Olímpicos, y Regina, jubilada, no pudo comprar una escoba pues el precio equivalía a su salario mensual. Pero ¡qué importa! Otro día será.
¿Qué ha funcionado en esta tienda? Algo muy simple: la naturaleza humana que el comunismo trató, por décadas, de destruir para construir otra, sin mancha alguna, sin pecado, angelical, sin ambición, sin egoísmo, unisex, pacífica, libre y, como expresó un gurú comunista, tan maravillosa que los seres humanos podrían, a la hora triunfal del comunismo, comunicarse por medio del pensamiento sin la intermediación burguesa de la palabra. El proyecto del “nuevo hombre” se ha derrumbado, bajo un Himalaya de muertos, igual que la Torre de Babel. En Cuba, Dios, que, como omnisciente, tiene un exquisito sentido del humor, le ha alargado la vida al gran hermano, Fidel, para que sea testigo ocular de su inmenso fracaso. Su sustituto y panteonero, el hermano Raúl, está entendiendo la lección: los hechos son testarudos y la naturaleza humana, con virtudes y vicios, grandeza y bajeza, siempre sale a flote, y lo mismo se extasía ante el Partenón como ante un electrodoméstico, y adora a Dios con Bach o suspira con Celia Cruz... Así somos.
También los ticos, sin tiranos ni represión, corrimos como locos, un día, a ver un Jumbo estacionado en el aeropuerto; contemplamos extasiados las primeras escaleras eléctricas en San José, donde los chiquitos y sus padres caían como racimos; imploramos un cubito de hielo a las primeras familias que tenían refrigeradora; nos congregábamos, sobresaltados, frente al portón eléctrico de una casa, en Heredia, donde un cartel previsor decía: “No se asuste, se abre solo”, u organizábamos excursiones a San José a ver los semáforos, que se apagaban o encendían “solos”…
Que nadie mate el niño que llevamos dentro...
Julio Rodríguez