lunes, 23 de mayo de 2016
Tema polémico: combate a la intolerancia
domingo, 20 de julio de 2008
La noche del gallo
Es bien sabido que Jesús vaticinó que su apóstol Pedro lo negaría tres veces antes de que cante el gallo. En nuestra época hay tres negaciones horrendas al orden natural que constituyen un serio peligro para la subsistencia de la sociedad abierta. Estas tres huidas del sentido común son el socialismo, el ecologismo y el terrorismo. Nos encontramos así insertos también en la noche del gallo.
De tanto machacar en las tres vertientes de una misma concepción totalitaria, el mundo libre, poco a poco, ha ido absorbiendo parte del veneno que amenaza con incrementar la dosis mientras que los anticuerpos no parecen revitalizarse con la energía suficiente para detener el aluvión de reverencias y panegíricos a megalómanos atrincherados en el aparato estatal que se toman como dioses laicos, hasta que el fracaso estrepitoso reemplaza la veneración por nuevos milagreros y así sucesivamente.
El primer caso es el más antiguo: se trata del debilitamiento y finalmente la extinción de la propiedad privada en nombre de los pobres. Todas las vertientes de esta tradición de pensamiento sucumben en la realidad, aunque se siguen alimentando en la fantasía del discurso. Todas revelan una alarmante pobreza conceptual ya que no solo significan una falta de respeto al derecho sino que barren con las únicas señales con que se cuenta para operar y saber donde se está parado. Así, al enervar la institución de la propiedad no hay precios y, por ende, resulta imposible la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico. No se sabe cuando y en qué se consume capital. El conocimiento disperso se transforma en ignorancia concentrada en ampulosas comisiones de planificadores estatales que inexorablemente operan a ciegas, con lo que naturalmente se perjudica a todos pero de modo muy especial a los más necesitados.
En el segundo caso, a través de las trasnochadas figuras de la “subjetividad plural” y los “derechos difusos” se pretende que en nombre de la preservación de las especies y del medio ambiente cualquiera pueda dictaminar acerca del uso que terceros le asignan a sus respectivas propiedades. Paradójicamente, para preservar la propiedad del planeta Tierra se propicia la liquidación de la propiedad vía lo que con acierto se ha denominado “la tragedia de los comunes” puesto que lo que es de todos no es de nadie y los incentivos para cuidar los bienes desaparecen.
Hoy en día las vacas no se extinguen mientras que las ballenas tienden a desaparecer. Esto es así precisamente porque las vacas tiene dueño mientras que las ballenas “son de todos”. Esto no siempre fue así: en la época colonial cuando no existía la revolución tecnológica del alambrado y la marca cualquiera mataba ganado vacuno para cuerear o para comer un trozo de carne con lo que esos animales estaban en riesgo de extinción. Hoy, en cambio, de lo que se trata es de multiplicar el ganado y no de hacerlo desaparecer debido a los incentivos de la propiedad privada. Idéntico fenómeno ocurre cuando una manada de elefantes pertenece a alguien, a diferencia de la masacre que tiene lugar si “es de todos” donde se ametralla para obtener marfil en lugar de estimular la reproducción.
Del mismo modo, nadie reforesta si sabe que los beneficios completos serán para otros. Las talas indiscriminadas se deben a la insistencia en las así llamadas tierras fiscales. A su vez, tal como se ha expuesto reiteradamente en infinidad de trabajos, los problemas que genera el monóxido de carbono, la lluvia ácida o el efecto invernadero también se dirimen en el contexto de la asignación de derechos de propiedad.
Por último, el flagelo del terrorismo debe rechazarse haciendo uso de todos los caminos de que dispone la sociedad abierta pero nunca con procedimientos inherentes a la canallada terrorista como la detención sin juicio previo, las escuchas telefónicas, la intromisión en el secreto bancario, la tortura y, en general, la restricción a las libertades civiles tan caras y esenciales al mundo libre.
La moderna noche del gallo no tendría lugar si no fuera por el paulatino debilitamiento y abandono de las sólidas bases sobre las que se sustenta la sociedad abierta. En este sentido, resulta sumamente decepcionante y descorazonador observar buena parte de las campañas electorales —incluso en los lugares más insospechados— en las que reiteradamente y en forma creciente los candidatos prometen echar mano al fruto del trabajo ajeno para los más diversos propósitos, todos reñidos con elementales principios del respeto recíproco.
Se torna imperioso abrir un debate de ideas al efecto de fortalecer el resguardo a la dignidad de las personas y volver a las fuentes en cuanto a la consiguiente filosofía que preserve las autonomías individuales para que cada uno pueda seguir pacíficamente su camino y reservar el uso de la fuerza exclusivamente allí donde hay lesiones al derecho. Desde luego que el estudio de los fundamentos de la sociedad abierta deben estar siempre a prueba: como enseña Popper, todo está sometido al carácter de la provisionalidad y abierto a posibles refutaciones (del mismo modo que Borges escribe que “el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”). Pero con el mismo entusiasmo de los bibliófilos, siempre nómadas al acecho de nuevas aventuras intelectuales, es urgente explorar seriamente los múltiples andariveles de la libertad al efecto de salir del atolladero en que nos encontramos.
En este contexto, es menester la debida comprensión del orden jurídico y dejar de lado las concepciones positivistas que consideran que toda legislación debe ser obedecida independientemente de su contenido, con lo que se acumulan pseudoderechos de la misma naturaleza inaudita del que acaba de proponerse en la Asamblea Constituyente de Ecuador para ser incorporado en una enmienda constitucional: “el derecho de la mujer al orgasmo” (puede facilitar si se le da permanencia al consejo de Woody Allen, aquello de “amaos los unos sobre los otros”...con lo que la noche del gallo adquiriría un matiz de ribetes bien diferentes).
Alberto Benegas Lynch
domingo, 18 de mayo de 2008
Las computadoras de las FARC

Pues esta novela ya llego a su fin, ya que, la Interpol acaba de entregar el informe forense sobre los ordenadores y equipos informáticos decomisados a las FARC. Informe que en ASOJOD ponemos a disposición de nuestros lectores para que sean ellos quienes juzguen por si mismos.
jueves, 24 de enero de 2008
Más carroña de Chávez

Después de la absurda teatralización de un tema tan espantoso como es el secuestro de personas, realizado sistemáticamente por las FARC en territorio colombiano, uno se pregunta como es posible que un gobernante como el venezolano pueda hacer alarde de liberaciones cuando, simultáneamente, canta loas al régimen tiránico de Cuba cuyo gobierno a contribuido en todo momento a organizar guerrillas terroristas en diferentes partes del mundo. No solo eso, sino que el coronel bolivariano concuerda con los sistemas colectivistas-totalitarios patrocinados por las bandas terroristas de marras.
No es posible admitir payasadas en asuntos graves donde le va la vida a la gente pacífica y honrada. Toda persona de bien debe celebrar el fin de cautiverios inauditos pero no puede tomarse seriamente un hipócrita y paranoico doble discurso rayano en el escupitajo a la inteligencia.
Ahora se aclara la situación con las declaraciones formuladas por el mandamás del Orinoco, nada menos que en la Asamblea Legislativa a raíz de su informe del año que acaba de finalizar. En esa ocasión manifestó que deben borrarse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) como guerrilleros terroristas ya que eso constituiría un invento grotesco de Estados Unidos.
Textualmente sentenció que “no son ningún grupo terrorista, son verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia, hay que darles reconocimiento, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado” a lo que naturalmente le replicó el ministro del interior colombiano al afirmar que la calificación de terrorista no es caprichosa sino que deriva de los actos terroristas de las mencionadas bandas criminales. Lamentablemente hay otros gobierno cómplices del terrorismo que apoyan directa o indirectamente al estridente patrocinador del inaudito y reiterativo socialismo rebautizado como “del siglo xxi”.
La droga producida en la zona de influencia de las FARC sale a Europa vía Venezuela y el gobierno de este país entrega armas al grupo terrorista. El coordinador venezolano del operativo para liberar a dos de las rehenes, Ramón Rodríguez Charín, les ha dicho públicamente a las FARC: “mantengan el espíritu... cuenten con nosotros”, al tiempo que Chávez insiste en que las relaciones diplomáticas con Colombia solo se regularizarán si abandonan la tipificación de terrorista para catalogar al mencionado grupo.
Tras todos estos episodios está presente la macabra idea de imponer las asfixiantes mortajas para beneficio de una casta de sicarios que pretenden manejar a sus congéneres como despreciables esperpentos y resacas destinadas al subsuelo mas horripilante y degradante que pueda concebir la imaginación. Este es el “proyecto político” del terrorismo. El respeto recíproco tan caro a la sociedad abierta es completamente desconocido por esta lacras subhumanas que se regodean con el padecimiento ajeno.
El eje central de una sociedad de hombres libres es la tríada reconocida desde tiempo inmemorial: el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad. La propiedad privada entrelaza los otros dos derechos ya que no hay vida si no hay la posibilidad de sustentarla ni hay libertad si no resulta posible usar y disponer de lo propio (ni justicia, ya que según la célebre definición de Ulpiano consiste en “dar a cada uno lo suyo”). Es por esto que Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848 escribieron que “todo el programa se puede resumir en esto: la abolición de la propiedad”. En esto se está precisamente en Venezuela . Tenemos que ejercitarnos en el espíritu independiente y no adoptar el triste rol de simple eco que demandan los Hugo Chávez del momento, porque como ha dicho Viktor Frankl “el fanático no posee opinión: es la opinión la que lo posee a el.”