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viernes, 10 de abril de 2015

Viernes de recomendación

En esta ocasión queremos compartir con ustedes el maravilloso ensayo de Max Weber, titulado "El político y el científico", en el que esclarece con soltura la gran diferencia entre el político práctico y el científico político y hace un análisis sobre las fuentes del poder y la legitimidad.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

En Vela


La intervención del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en defensa del expresidente José María Aznar, en la clausura de la Cumbre Iberoamericana en Chile, nos recuerda que había una vez una virtud llamada grandeza de alma o nobleza de espíritu. Su antítesis es la ruindad, la pequeñez de alma o, mejor, diría Alain, la ausencia de alma.

La grandeza de alma es lamegalo- psychia omagnanimitas de los griegos y romanos que, aunque desdeñada, debe nutrir la vida en democracia y la política, si es cierto, como lo es, que estas reposan, en última instancia, en la ética. La democracia no es vulgaridad ni pachuquismo. No es Hugo Chávez ni Daniel Ortega. Tampoco es el lenguaje, la actitud y las gesticulaciones de no pocos compatriotas afanados en el descrédito del país y en el fracaso del adversario, sin importar la suerte de todos.

Nuestra política no es campo abonado para grandes gestos, de respeto y pasión por la verdad. Nuestra política se ha degradado. Se identifica la negociación honrada con el servilismo y la violencia verbal con la gallardía o la independencia de criterio. ¿Qué importa difamar, obstruir y destruir, si gozo de inmunidad? ¿Reconocer los méritos ajenos? Jamás. ¿Salir en defensa del adversario, en aras de la verdad y de la dignidad? Sería sufrir el vituperio de partidarios, amigos y familiares. ¿Anunciar fraudes electorales o mediáticos, rupturas del orden constitucional, compra de votos y toda clase de infamias contra la patria? Es una forma de salir del anonimato y, quizás, un buen negocio.

Al final de un partido de futbol, los directores técnicos de valía se saludan. Durante el juego, ante un lesionado, el adversario se detiene y, con frecuencia, le tiende la mano. Así proceden los deportistas de pro. Se hace un esfuerzo en educar con el juego limpio. Nuestra política, en cambio, se ha extraviado. La consigna es esta: ¿Qué importa quedarme tuerto si el adversario se queda ciego? ¿Qué importa dañar al país, si logro vengarme del otro o entorpecer sus propuestas? ¿Qué importa mentir y difamar si puedo aplacar la comezón de la envidia o de la venganza? Un menú frecuente.

Nuestra historia política acumula gestos de nobleza de alma y de grandeza espiritual que ojalá aparezcan recogidos, algún día, en un texto educativo. Sin ellos no habríamos ganado grandes batallas. Desventuradamente, estos gestos han comenzado a decrecer. La mezquindad, la ruindad y la vulgaridad han colocado sus tiendas en diversos sectores del país. Y si alguno pone en duda lo dicho, lea las actas de la Asamblea Legislativa por donde desfilan ciertos íconos de la vulgaridad y el golpe bajo.

Por Julio Rodríguez

martes, 13 de noviembre de 2007

Zoología internacional


Aristóteles decía que todos los seres humanos somos animales políticos (zoon politikón) pero Hugo Cháves tiene más de animal que de político. Este ornitorrinco político, por la rareza y extrañeza que causó en sus inicios, ahora es la figura más mencionada en los titulares, hasta el punto de que ya no sorprende ver un nuevo exabrupto cada vez que está frente a otros mandatarios pero especialmente cada vez que está frente a las cámaras de televisión. Y claro, en una sociedad como la actual, donde la imagen es prioritaria respecto al argumento, cualquier cosa puede ser noticia. Ya lo decía Sartori en Homo videns, la sociedad teledirigida: "que un paredón caiga sobre una gallina también es noticia, pero de ahí a que tenga alguna utilidad práctica para el conocimiento hay una distancia enorme".

En ASOJOD no nos cansamos de señalar a patanes como Cháves y de fustigar a los idiotas que le aplauden como focas: Daniel Ortega, Ollanta Humala, Evo Morales, Fidel Castro, Ignacio Ramonet, Rafael Correa, entre otros tantos políticos, así como académicos, estudiantes, profesionales, amas de casa, trabajadores y otros. Este selvático apoyo no se da cuenta del mal que le hacen a la humanidad al ponerse de parte de un dictador que quiere cubrir su régimen con un falso hálito de democracia: dice apoyar a los pobres de toda América Latina pero lo que les está dando es una bomba de tiempo que explotará cuando menos lo esperan: deuda pública, inflación y déficit fiscal como instrumentos de política económica, que a la postre serán las causas de una tremenda crisis. Los hechos hablan por sí solos: en todas las crisis económicas del siglo XX el Estado, por medio de la emisión inorgánica de dinero, la modificación de tasas de interés, el gasto público descontrolado, la nacionalización de empresas y otros, fue uno de los principales responsables de la debacle.

Y porque internacionalmente se le señala esto a Cháves, hay que escucharlo despotricar. Esta bestia mitológica, que es más bestia que mitológica, cree que insultar es sinónimo de gobernar. Su razonamiento (palabra que quizá le quede muy grande) es: "si relincho contra X y recibo aplausos, consigo legitimidad". Y claro, eso lo lleva a abrir la boca para decir lo que se le antoje. Coloquialmente, la gente dice que existe una conexión entre la la boca y el cerebro, para referirse a la necesidad de pensar antes de hablar. Sin embargo, la conexión de Cháves es entre la boca y el ano, podrán imaginiar ustedes por qué.

Pero lo que también preocupa además de la conexión boca-ano de Cháves, es el séquito de perros falderos que le siguen a todas partes. Justo hoy aparece en La Nación una foto de Cháves al regreso de la Cumbre Iberoamericana (donde una vez más la bestia se soltó de las amarras de la prudencia y como caballo que es, se desbocó) donde aparece rodeado por un enjambre de "colaboradores" y "simpatizantes". Ese tipo de gente no sólo es la que le aplaude y le ríe las gracias, sino que lo hacen sentir magnánimo a cambio de prebendas, privilegios, favores, gollerías, etc., como ocurre con todos los dictadores, populistas y caudillos. Pero justo antes de que el barco se hunda, esas personas son las primeras en correr por su vida.

Y pensar que el continente se está llenando de esa gente que, a viva voz, dice apoyar a Cháves y desea uno de esos "peluches" para su casa. Los últimos Latinobarómetros revelan, de manera preocupante, un incremento en la preferencia de gobiernos de mano dura y eudemónicos (repartidores de "felicidad" por medio de su intervención cuasi divina) aunque los mismos limiten seriamente las libertades y la democracia, incluyendo a Costa Rica. Y ¿qué se puede esperar cuando el corral busca revelarse? Granznidos, gruñidos, relinchos, berridos y demás sonidos zoológicos. Al final, todos somos animales políticos, pero algunos son más animales que otros. No obstante, y a pesar de la fiesta animal, ASOJOD seguirá luchando para impedir que brutos como Cháves lleguen al poder en Costa Rica que, a pesar de su fama de "democrática y pacífica" está repleta de especímenes como ese.