El día de ayer circuló la noticia de que José Luis de Jesús Miranda, mejor conocido como Jesucristo hombre, cumpliría años y sus seguidores en Costa Rica le celebrarían una gran fiesta. En ASOJOD queremos traer el tema a colación precisamente porque en el reportaje televisivo de Noticias Repretel, entrevistaron a Monseñor Ulloa, una de las máximas autoridades de la Iglesia Católica costarricense, quien dijo que no consideraba decente que un tipo estuviera engañando con mentiras a cientos de costarricenses.
No defendemos a José Luis de Jesús Miranda, pues es otro charlatán más de los mismos que andan proclamando la renuncia a la razón para obtener la felicidad. No obstante, resulta bastante cómica la contradicción en que incurre Ulloa, pues habla de engaños cuando su Iglesia también los lleva a cabo. Porque no importa si el dios se llama José Luis de Jesús Miranda, Alá, Jehová, Elohim, Dios, etc. todas las denominaciones religiosas basan su poder en la mentira: hablan de la existencia de un ser supremo, de un paraíso y un lugar de castigos, mientras apelan al miedo, la ignorancia y la incertidumbre sobre el futuro.
Lo que resulta hilarante es ver a tipos que se llaman uno a otro mentiroso, estafador, farsante, etc. pero no se ven al espejo. La única diferencia entre una fe y las demás, es que a una de esas las apoya el Estado y gran parte de la población costarricense, víctima de la pereza mental y la evasión de la realidad. Precisamente, el origen de la idea de dios tiene una doble dimensión: por un lado, la pereza mental a la que se amparan las personas para no realizar procesos mentales en busca de las respuestas a los problemas o para no investigar las causas de los sucesos y fenómenos, hace que la gente prefiera usar el camino fácil: creer en un dios, aunque no tengan ninguna evidencia de su existencia. Por el otro, es el resultado de una evasión de las responsabilidades de sus actos, pues la gente prefiere evitar asumir las consecuencias de lo que hace y afirma que es voluntad o designio divino.
En ASOJOD siempre hemos dicho que los creyentes de cualquier religión deberían ser objeto de estudio psiquiátrico. Todos afirman ver y escuchar a dios, a sus santos, ángeles, profetas, etc. Si una persona normal afirma escuchar voces, inmediatamente le califican como desquiciada o esquizofrénica; pero si la voz es divina, le llaman persona de fe. Si José Luis de Jesús Miranda se hace llamar Jesucristo, le dicen farsante o loco, pero si los sacerdotes católicos o pastores evangélicos dicen que dios les habla al odio, todos les llaman santo. Para muestra un botón: basta que nombren Papa a alguien para que, sin conocer lo que ha hecho, le conozcan como Su Santidad.
Pero hay una diferencia entre los locos seguidores de cada fe. Al menos quienes creen en José Luis de Jesús Miranda lo pueden ver y tocar y pueden probar que existe físicamente. Hasta tiene pasaporte. En cambio, los seguidores de Alá, Dios, Jehová, Elohim y otros, seguirán esperando a que la deidad se aparezca y que los no creyentes la veamos para sancionar su existencia.
No defendemos a José Luis de Jesús Miranda, pues es otro charlatán más de los mismos que andan proclamando la renuncia a la razón para obtener la felicidad. No obstante, resulta bastante cómica la contradicción en que incurre Ulloa, pues habla de engaños cuando su Iglesia también los lleva a cabo. Porque no importa si el dios se llama José Luis de Jesús Miranda, Alá, Jehová, Elohim, Dios, etc. todas las denominaciones religiosas basan su poder en la mentira: hablan de la existencia de un ser supremo, de un paraíso y un lugar de castigos, mientras apelan al miedo, la ignorancia y la incertidumbre sobre el futuro.
Lo que resulta hilarante es ver a tipos que se llaman uno a otro mentiroso, estafador, farsante, etc. pero no se ven al espejo. La única diferencia entre una fe y las demás, es que a una de esas las apoya el Estado y gran parte de la población costarricense, víctima de la pereza mental y la evasión de la realidad. Precisamente, el origen de la idea de dios tiene una doble dimensión: por un lado, la pereza mental a la que se amparan las personas para no realizar procesos mentales en busca de las respuestas a los problemas o para no investigar las causas de los sucesos y fenómenos, hace que la gente prefiera usar el camino fácil: creer en un dios, aunque no tengan ninguna evidencia de su existencia. Por el otro, es el resultado de una evasión de las responsabilidades de sus actos, pues la gente prefiere evitar asumir las consecuencias de lo que hace y afirma que es voluntad o designio divino.
En ASOJOD siempre hemos dicho que los creyentes de cualquier religión deberían ser objeto de estudio psiquiátrico. Todos afirman ver y escuchar a dios, a sus santos, ángeles, profetas, etc. Si una persona normal afirma escuchar voces, inmediatamente le califican como desquiciada o esquizofrénica; pero si la voz es divina, le llaman persona de fe. Si José Luis de Jesús Miranda se hace llamar Jesucristo, le dicen farsante o loco, pero si los sacerdotes católicos o pastores evangélicos dicen que dios les habla al odio, todos les llaman santo. Para muestra un botón: basta que nombren Papa a alguien para que, sin conocer lo que ha hecho, le conozcan como Su Santidad.
Pero hay una diferencia entre los locos seguidores de cada fe. Al menos quienes creen en José Luis de Jesús Miranda lo pueden ver y tocar y pueden probar que existe físicamente. Hasta tiene pasaporte. En cambio, los seguidores de Alá, Dios, Jehová, Elohim y otros, seguirán esperando a que la deidad se aparezca y que los no creyentes la veamos para sancionar su existencia.