Mostrando las entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de agosto de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: prosigue el desorden fiscal


Una de las pocas reglas conducente a introducir cierta disciplina fiscal necesaria en el país era la de que los gastos corrientes del gobierno central, es decir, aquellos distintos de los de inversión, en tanto que aquellos incluyen principalmente las remuneraciones salariales y las pensiones, fueran cubiertos con ingresos corrientes, o sea, básicamente con los impuestos recaudados.

Esta es una política fiscal eminentemente sana, pues hace posible que aquellos gastos de inversión que realiza el Estado, como, por ejemplo, caminos, carreteras, escuelas, hospitales, entre muchos otros, puedan ser financiados mediante el endeudamiento interno o externo. Esto es lógico desde varios punto de vista: exige valorar las inversiones propuestas que, para que puedan ser llevadas a cabo, deberán de dar un rendimiento mayor que el costo de ese financiamiento y, por otra parte, permite que, mediante un endeudamiento que deberá ser repagado, se disponga de los recursos necesario que muy posiblemente no pueden ser financiados en su totalidad en un año dado con los ingresos corrientes. Se supone que el rendimiento de esas inversiones y su efecto positivo sobre el crecimiento de la economía, será mayor que su costo de intereses que se deberán ir pagando con el paso del tiempo y, al final, al vencimiento, del propio préstamo recibido. Es decir, con dicha práctica fiscal hay la posibilidad de endeudarse y pagar dicho préstamos a largo plazo, sin que sean gastados en los llamados gastos corrientes, que por definición se espera que no den los resultados que tiene una inversión.

Si algo se puede haber aprendido de las crisis de naciones de Europa como Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, y más cerca, la reciente de los Estados Unidos, es la falta de disciplina fiscal que ha caracterizado a sus gobiernos. La norma ha sido un exceso de gasto público por encima de los ingresos tributarios corrientes, lo cual ha significado que surjan cuantiosos déficit en las cuentas del Gobierno, el cual, por el momento, ha acudido principalmente al endeudamiento interno y externo, en magnitudes cada vez mayores, a fin de poder paliar ese exceso de gasto sobre los impuestos. Enfatizo “por el momento”, porque aún dispone del mecanismo de rebajar el valor de sus monedas mediante una emisión monetaria que cubra esos déficit, pero que ya sabemos que ello a lo único que conduce es a la inflación.

En Costa Rica nos hemos ido acercando peligrosamente a la situación conocida de las naciones europeas y de los Estados Unidos. El exceso de gasto gubernamental genera déficit cada vez mayores, que deben financiarse mediante la colocación de deuda interna o externa, hasta que la cosa termina por explotar cuando los mercados descuentan el elevado costo de estas prácticas, como lo ha reflejado la reciente reducción de la calificación de la deuda federal del gobierno de los Estados Unidos, así como también de las naciones europeas mencionadas.

La pregunta es, entonces, ¿qué hacen las autoridades para evitar estos problemas? A todas todas luces promueven la única y más fácil solución que los estatistas tienen entre manos: aumentar los impuestos.

De paso, dado que parece que don Ottón Solís no conoce del tema, aunque dedicó una página entera en La Nación para defender las llamadas políticas Keynesianas, me referiré a este asunto de la oportunidad de aplicar esas políticas para salir de la recesión. Lo cierto es que Keynes propuso que, ante una recesión en una economía industrial, existía conceptualmente tanto el remedio de introducir política monetaria como la fiscal, a fin de poder aumentar la demanda agregada, a cuya insuficiencia atribuía la causa de la recesión.

En cuanto a la política monetaria, Keynes enfatizó que no era muy viable en medio de una recesión, debido a la inelasticidad de la inversión frente a una reducción en la tasa de interés –esto es, que la inversión casi no aumentaba ante una baja en la tasa de interés ̶ por lo cual una política monetaria expansiva tenía serias limitaciones para lograr estimular la insuficiente demanda agregada. Además, como parte de las limitaciones de la política monetaria, Keynes señaló la posibilidad de que se estuviera en presencia de la llamada trampa de liquidez, por la cual el Banco Central no estaba en capacidad de reducir las tasas de interés, debido a que la demanda de dinero era infinita a cierta tasa –la trampa de liquidez; esto es, que la gente demandaba la totalidad del dinero que el Banco Central emitiera como instrumento para salir de la recesión, en vez de dirigirlo a aumentar la demanda de bonos, cuyos precios aumentarían, con la consiguiente baja en las tasas de interés, que a su vez se reflejaría en aumentos necesarios en la inversión y de la demanda agregada.

Esto dejaba como única posibilidad de política Keynesiana a la parte fiscal, ya fuera mediante la política tributaria o la de gasto público. En cuanto a la primera opción, Keynes indicó que la tasa marginal máxima del impuesto federal sobre la renta en esa época era de tan sólo un 25%, por lo cual existía una seria limitación para poder reducir la tasa y así bajar los impuestos, y con ello impulsar la demanda agregada en lo que fuera necesario. El Gobierno de los Estados Unidos no hizo caso al consejo de Keynes de reducir los impuestos, sino que, por el contrario, aumentó la tasa marginal del impuesto sobre la renta a un 60% -hizo lo mismo que hoy pretende la administración Obama y que don Ottón no ha notado-. Ante esto, la única posibilidad de política fiscal expansiva que quedaba, como la que proponía Keynes, era mediante una expansión del gasto gubernamental, y eso se hizo fuertemente en el episodio de la recesión de los años treinta. Sabemos que esta propuesta no tuvo éxito en aquella época, como tampoco actualmente parecen haberla tenido con las reducciones de impuestos que se hicieron y no reactivaron la demanda agregada ni la salida de la recesión que los Keynesianos anhelaban lograr con tales políticas tributarias.

Volviendo a Costa Rica, el Gobierno, en lugar de proponer una reducción del gasto, más bien este año, en su presupuesto del 2012, propone un aumento del gasto de un 8%, que, si bien aprovecha para alegar que es una bienvenida reducción del crecimiento del 13.7% del año pasado, lo cierto es que lo aumenta en términos reales en, al menos, un 2%, en vez de reducirlo ante los serios problemas deficitarios. En efecto, no se vislumbra por ningún lado un plan concreto de limitación al gasto público, sino que toda la acción del Gobierno tiende hacia lograr un aumento de los impuestos y, entre tanto, saturar los mercados mediante un endeudamiento que casi equivale al 45% del total de su presupuesto para este año y que, por mucho, excede a su obligación de usarlo para cubrir los gasto de inversión y no los gastos corrientes.

Espero que la Contraloría, a quien la Asamblea le ha prestado oídos sordos, mantenga su posición en contra de esta forma de financiamiento, pues es conveniente, a todas luces, que el Congreso vuelva a poner orden en este desorden, pues está a punto de reventar una crisis sin paralelo en nuestra economía. De la opinión que al respecto puede tener la Sala Cuarta, casi prefiero no hablar, pero sí me atrevo a preguntar si no ¿será porque la obligación de cubrir los gastos corrientes mediante ingresos ordinarios le obliga a que tenga que buscar financiamiento corriente para sus propios gastos ordinarios? Puedo estar equivocado, pero es hora de que apoye los esfuerzos para poner algún grado de orden en lo fiscal, dado que el Poder Judicial y la Sala, en particular, son parte sustancial del gasto gubernamental que hoy está desfinanciado en tan alto grado.

Enfatizo que, antes de acudir a la emisión monetaria como una salida del apuro de gasto, lo que el gobierno propone es aumentar los impuestos, pero ello va en contra de todo lo que uno conoce como medidas fiscales en caso de una recesión, como la que actualmente viven la economía nacional y mundial, además de que el endeudamiento a que hoy tan fácilmente acude el gobierno, será descontado como impuestos futuros sobre todos los ciudadanos, además de que se puede esperar un alza en las tasas de interés y una menor disponibilidad de crédito para el sector privado. Esto mientras este mismo gobierno no se decida a soltar las amarras monetarias.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 18 de julio de 2011

Tema polémico: ¿Qué pasa con la CCSS?


La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) es, quizá, la institución pública con mayor peso en Costa Rica, no sólo por su tamaño y recursos, sino también por el papel que juega en el imaginario del costarricense, al punto que pocos conciben el futuro sin ella.

Hoy, esa institución enfrenta una grave crisis, que resume en pequeña escala lo que sucede a nivel nacional: se gastó más de lo que se tenía, es decir, se administraron mal los recursos de los tax payers; pero además, el problema conjugó la mala administración con la corrupción y la incompetencia, formando un caldo de cultivo para la situación que tiene a la institución en el despeñadero.

Cuando Oscar Arias señaló, al final de su Administración, que dejaba la mesa servida, no aclaró que estaba servida para el desastre. Durante su gestión, la planilla de la CCSS creció abrumadoramente, (10.956 plazas entre el 2005 y el 2010), disparando el gasto recurrente de la institución a niveles insostenibles. Solamente el pago de los salarios de los funcionarios consume el 70% de su presupuesto anual de la Caja, y de no ponerle un freno a la situación, la institución enfrentará un déficit de ¢313.909 millones en el año 2015.

Sorprende igualmente cómo la actual administración Chinchilla evadió el problema hace unos meses, pero hoy, cuando no puede negar lo evidente, se limita a dos cosas: a decirnos que no hará nada para buscar a los culpables, como bien lo anunció la Presidente, y a anunciar la inyección de 85.000 millones de colones para este año. En otras palabras, la "solución" es negándose a rendirle cuentas a los costarricenses, renunciando a su deber de proteger la Hacienda Pública y activar el régimen sancionatorio que haga que los funcionarios asuman la responsabilidad por las pésimas decisiones tomadas, al tiempo que trasladará la culpa a los ciudadanos, pues esa inyección de recursos se hará vía endeudamiento, lo que equivale a pretender apagar un incendio echándole leña al fuego. La "firmeza" de doña Laura nos deja clarísimo que a los políticos no les interesa resolver los problemas, sino que les importa “patear la pelota hacia adelante”, para que sea la próxima Administración o, al final de cuentas, los tax payers, quienes tengan que lidiar con el embrollo.

Es paradójico e indignante que, pese al aumento del personal de la CCSS, persista una pésima atención médica para los usuarios de este monopolio, lo que revela que las nuevas contrataciones de la Caja se centraron primordialmente en funciones administrativas.

Ante tal escenario, la recomendación (más que obvia) de la Organización Panamericana de la Salud, en el reciente informe sobre la situación que atraviesa la CCSS, es que resulta urgente frenar el excesivo crecimiento de su planilla y el gasto en salarios. No obstante, la implementación de estas medidas chocará, con toda seguridad, con la intransigente oposición de los sindicatos de la institución, que no aceptarán ningún tipo de recorte.

La Caja se encamina a la quiebra, fruto del manejo de políticos inescrupulosos; con ella, se lleva el dinero de todos los costarricenses que durante años hemos sido saqueados para alimentar a un elefante blanco que solo problemas nos ha traído.

Quienes hemos señalado en reiteradas ocasiones la importancia de considerar modelos alternativos podríamos estar alegres por el descalabro que enfrenta la institución, que viene a confirmar nuestras hipótesis, sin embargo, en el corto plazo el costo recaerá sobre los costarricenses más pobres, quienes ven en la CCSS la única alternativa de atención. El reacomodo –si llega a darse- será un parto doloroso, con pronóstico reservado, pero muy necesario para el desarrollo del país.

La situación que atraviesa la CCSS nos deja una gran lección: es hora que los costarricenses entendamos que lo que guía a un político, a un funcionario de la Caja o cualquier otro agente público no es la búsqueda del “bien común”. Debemos entender que éste actúa, al igual que cualquier otra persona de carne y hueso, motivado por la satisfacción del interés propio, de manera tal que debemos dejar de confiar en que otros nos procurarán nuestro bienestar.

No existe solidaridad y desprendimiento en el ámbito público, y en definitiva, no es en este espacio donde podremos encontrar nuestro propio bienestar.

lunes, 23 de agosto de 2010

Tema polémico: El "Gobierno" no paga; pagamos todos


Todos constantemente escuchamos las trilladas frases “el gobierno debería pagar por…” o “eso lo debería pagar el gobierno”. La mayoría de las personas encuentran muy conveniente que el gobierno se haga cargo de sus necesidades. Da la impresión de que “El Gobierno” es un señor en una gran oficina con mucho dinero, que se encarga de pagar todas las cuentas. A muchos y con muchísima frecuencia se les olvida que “el Gobierno” no es una persona a quien se le puede ir a pedir plata cada vez que se les ocurra y, aún más importante, que el dinero no crece en un arbolito mágico que financia todos los proyectos sociales sin costo alguno. Para este tema polémico queremos recordarles a los lectores que no existe tal cosa como “un almuerzo gratis”.

El primero error que se comete cuando se habla de “el Gobierno” es referirse a él como si fuera una tercera persona que puede incurrir en gastos y eso no le cuesta nada a nadie. La realidad es que todos pagamos los gastos gubernamentales, aunque algunos en mayor medida que otros. Todas las instituciones gubernamentales cuentan con presupuestos y éstos principalmente son financiados en dos formas: impuestos o deuda. Impuestos hay muchos, desde el impuesto de ventas que todos pagamos cada vez que compramos algún bien de consumo hasta el nefasto impuesto inflacionario que se nos imponen cada vez que a los gobernantes se les ocurre imprimir dinero de su “arbolito mágico” mejor conocido como Banco Central de Costa Rica. La otra forma es por medido de deuda que no es más que trasladarle el problema a futuras generaciones. En ASOJOD quisiéramos que le gente entendiera esto: “el Gobierno” no paga nada, somos todos los que pagamos, no importa si el pago es hoy o mañana.

Tal vez los más contagiados con esta idea ilusionista de que el Gobierno puede pagarlo todo son los mismo gobernantes. A los gobernantes les cuesta muy poco decirle a los electores que van a solucionarles todos sus problemas y luego les cuesta menos empezar a gastar el dinero de los contribuyentes para poder cumplir con sus promesas. ¡Que fácil que es trabajar con dinero ajeno!. Por supuesto, llega un punto en que los gastos exceden los ingresos; esto es lo que comúnmente llamamos déficit fiscal. Estos déficits son los que luego ocasionan que un país quiebre. Tal vez el caso más reciente es el de Grecia.

Nuestro país no es ajeno a estas malas prácticas. Luego de que don Abel Pacheco había puesto la casa en orden, a don Oscar Arias no le faltaron ganas para empezar a gastar en forma desmedida y más con la excusa de que estábamos atravesando una crisis mundial y era necesario. El resultado fue muy simple: don Oscar le dejó a este gobierno un déficit fiscal cercano al 5% del PIB y, peor aún, consecuencia de un aumento en el empleo público y las pensiones no contributivas. Gastos que lamentablemente no se pueden disminuir con la misma facilidad con la que se incrementaron.

Ahora le corresponde a los costarricenses pagar los platos rotos; ya el Ministro de Hacienda está trabajando en la única solución que se les ha podido ocurrir: aumentemos los impuestos. ¡Por supuesto, que seans todos los contribuyentes los que paguen por el mal manejo de los fondos públicos! . De alguna forma se deben pagar las famosas redes de cuido de doña Laura y las becas Avancemos de don Oscar.

En vez de revisar la efectividad de los gastos públicos y tratar de reducir presupuestos innecesarios o en vez de tratar de remediar la creciente evasión fiscal actual que se estima que equivale a más del 3.5% del PIB, los mismos de siempre consideran que es más fácil cobrarle más a los pocos que pagan y de esta manera seguir la fiesta. Y si alguien se opone a esa medida, le dicen "populista". ¡De verdad que el mundo está patas arriba!

Ahora con mayor urgencia tenemos que recordar la frase: el Gobierno no paga, los que pagamos somos todos. Y ya es hora de preguntarse si estamos dispuestos a seguir pagando.

lunes, 9 de agosto de 2010

Tema polémico: el Gobierno empeña nuestro futuro


Para este Tema polémico, en ASOJOD queremos abordar una variante del problema generalizado que provoca el Estado: el endeudamiento. Mises decía que "el Estado no puede hacer a un hombre rico, pero sí puede hacerlo pobre" y aunque esa frase es muy acertada, en el caso de Costa Rica ambas posibilidades son reales: el Estado puede hacer a algunos ricos mediante privilegios, subsidios, excenciones, condonaciones, etc.

Pero en todo caso, deseamos enfocarnos en lo de la pobreza. El pasado jueves, Diputados de 5 fracciones políticas atacaron fuertemente al Gobierno de la República por la liquidación presupuestaria del año 2009, luego de que los Diputados Marielos Alfaro y Adonay Enríquez (ML), Walter Céspedes (PUSC) y Víctor Hernández (PAC), miembros de la Comisión Permanente Especial para el Control del Ingreso y Gasto Públicos, dictaminaran negativamente el ejercicio del Poder Ejecutivo durante ese año. A ellos se les unieron los legisladores Víctor Granados (PASE) y José María Villalta (FA).

De acuerdo con el informe que los mencionados Diputados emitieron como parte de su labor en esa Comisión, el Gobierno de la República incurrió en serias fallas, por cuanto financió 15% del gasto corriente con endeudamiento (a contrapelo de lo dispuesto por el artículo 6 de la Ley de Administración Financiera y de Presupuestos Públicos de la República), alcanzó pobres niveles de ejecución presupuestaria y fue incapaz de vincular las metas del Plan Nacional de Desarrollo con las acciones y contenidos presupuestarios, lo cual derivó precisamente en su incumplimiento.

En cuanto al primer punto, el Gobierno, mediante el Diputado oficialista Guillermo Zúñiga (dicho sea de paso, ex Ministro de Hacienda), defendió que ante la crisis internacional debió recurrirse al endeudamiento para aplicar medidas anticíclicas. Sin embargo, ese argumento no es de recibo por varias razones: primeramente, porque la ley claramente prohibe el financiamiento de gastos corrientes con endeudamiento, por lo que el Presupuesto del año anterior contenía un claro vicio de legalidad. Respecto a esa disposición normativa, la Contraloría General de la República ha señalado que

(...) pretende garantizar el cumplimiento de un sano principio de la administración de la Hacienda Pública, en virtud del cual los gastos que implica la actividad ordinaria de las instituciones del Estado y no comportan un aumento en el acervo de bienes duraderos que permiten acrecentar la capacidad productiva de ejercicios venideros, sean financiados comprometiendo los ingresos fiscales futuros o el esfuerzo de acumulación realizado en años pasados. El financiamiento de gastos corrientes con endeudamiento incide en el crecimiento de la deuda pública, restringiendo el margen de acción del Estado para la atención de las necesidades públicas, y si excede de ciertos niveles convierte en insostenible la situación fiscal en el largo plazo” (Contraloría General de la República. Memoria Anual 2009. San José, Costa Rica: Contraloría General de la República, 2010. P. 78).

Como puede observarse, el irrespeto a esa disposición resulta problemático desde el punto de vista económico, pero también desde el legal-moral. En el primer caso, el financiamiento de gasto corriente con ingreso de capital compromete la estabilidad financiera del país al aumentar la deuda pública e incrementar impuestos, lo que se traduce en una obligación futura para el individuo, que deberá destinar más dinero al pago de las obligaciones y menos a la satisfacción de sus necesidades, ahorro, inversión o consumo. Por ello, no es de extrañar que el Gobierno, nuevamente mediante el Diputado oficialista Guillermo Zúñiga, hablen de la "necesidad" de aumentar la carga tributaria para hacer frente al gasto público y al servicio de la deuda. En el segundo caso, el hecho de que sea el mismo Poder Ejecutivo, supuesto garante de la ejecución de las normas, el que la irrespete no sólo violenta el principio de legalidad que representa un instituto elemental de la Administración Pública costarricense y que se erige como garantía del imperio de la ley y, particularmente, del régimen de sujeciones y limitaciones que tiene el Estado frente a los administrados para evitar abusos y arbitrariedades, sino que también, mina la legitimidad del Gobierno para exigir la obediencia ciudadana. Esto último tiene un impacto importante en la gobernabilidad, pues ella se ve reducida cuando los individuos comienzan a considerar ilegítima la acción de los poderes públicos y, por tanto, desconocen su autoridad.

La segunda razón que torna inaceptable esa política contracíclica es que, ante una crisis, lo más lógico y prudente es desarrollar una política restrictiva en el gasto (especialmente por la reducción de los ingresos, producto de la caída en la producción y el consumo) y no, como hizo el gobierno, expandirlo para pagar becas de Avancemos, aumentos en las pensiones del Régimen No Contributivo, salarios y aguinaldos, dineros que curiosamente se giraron con mayor resonancia en el año preelectoral, lo que no sólo demuestra que la preocupación gubernamental no es la ciudadanía, sino que la práctica es afianzar una clientela de votantes. Criticamos esa medida tanto por el clientelismo como por la irresponsabilidad de gastar más dinero cuando no se tiene. En tiempos de "vacas flacas", los individuos reducen sus gastos, dejando sólo para lo necesario y procuran no endeudarse, pero nuestros irresponsables gobernantes, que no responden con su patrimonio por las torpezas cometidas, actuán de forma contraria, hipotecando nuestro futuro y abriendo las puertas a mayor voracidad fiscal para pagar los compromisos adquiridos.

En tercer lugar está la eternindad de estas medidas. Los políticos de turno alegaban que la política contracíclica fue para paliar los efectos de la crisis y que será temporal. Pero ahora nos dicen que el gasto es inflexible, que no se pueden reducir los subsidios y que los costarricenses tendremos que seguir pagando sus ocurrencias. Al final, lo que se suponía era una medida temporal por la crisis, acaba siendo, como siempre, en una medida eterna, hecho que evidencia que no se trataba de una política contracíclica, sino de una política expansiva del gasto.

Como siempre, los políticos buscan excusas para no enfrentar las consecuencias de sus actos y la que utilizan ahora es la crisis para justificar los grandes yerros en la liquidación del presupuesto. No obstante, el análisis de los datos permite colegir que los resultados negativos en la liquidación presupuestaria no descansan exclusivamente en la crisis internacional, sino que involucran otros aspectos cuya responsabilidad recae directamente en el Poder Ejecutivo, a saber, falta de claridad en los objetivos de los programas y su contenido presupuestario, reducida vinculación del Presupuesto Nacional con el Plan Nacional de Desarrollo, malos niveles de ejecución presupuestaria, lo que sugiere una reducida capacidad de las instituciones para cumplir con sus propias metas o, por el contrario, que están solicitando más recursos de los que realmente necesitan; baja ejecución y no inclusión de programación y metas cuando se trata de recursos externos revalidados cada año y destinados a la inversión pública, pobre identificación de la población objetivo de los programas sociales, despilfarro de recursos públicos, entre otros.

Todo lo anterior evidencia que quienes dirigen a Costa Rica la están llevando hacia el despeñadero. Mientras algunos aseguran que el Estado debe seguir jugando un papel activo en el desarrollo, los números y la realidad demuestran que es un enemigo del desarrollo. El Estado nos está empobreciendo cada vez que, irresponsablemente, gasta más dinero del que tiene, cada vez que se endeuda, cada vez que nos quita nuestra riqueza mediante impuestos para transferirla a otros, que sin importar que sean ricos o pobres, no la merecen. El Estado, como decía Bastiat, es la ficción por medio de la cual, unos viven a costa de otros.

Así que si queremos progresar, ser más ricos y prósperos, más libres y creativos, necesitamos menos Estado. El Estado sólo sirve para empeñar nuestro futuro y si permitimos que lo siga haciendo, pronto no tendremos ninguno prometedor.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Crecimiento, gasto público y libre mercado


A finales del 2008 el mundo se estremeció por la crisis financiera iniciada en EE.UU.. Ésta definitivamente se tradujo en un reto para los defensores del libre mercado y las políticas de liberalización económica, ya que la mayoría de países del mundo decidió incrementar el gasto público como medida para contrarrestar sus efectos. En EE.UU., baluarte del liberalismo, el gobierno anunció que respaldaría a importantes empresas del ramo financiero y automotriz, en defensa de un nacionalismo trasnochado.

En América Latina la mayoría de países anunciaron medidas de carácter contra cíclico cuyo principal objetivo consistía en incrementar la demanda vía un mayor gasto público, básicamente en infraestructura. Casi todos los analistas de la región vieron con buenos ojos este anuncio, se presentó como una solución “original” y harto solicitada.

La crisis llevó a pensar que la idea de mercados libres era inestable, injusta y destructiva, creó el caldo de cultivo ideal para los partidarios de un Estado interventor capaz de decidir por nosotros lo que es mejor para la maximización de nuestra función de utilidad. La hecatombe económica permitió resurgir las ideas de John Maynard Keynes y otra serie de economistas políticos que la historia ha demostrado se equivocaron en sus recomendaciones.

Los políticos presionados por la opinión pública, los medios de comunicación y principalmente su ignorancia se volcaron a buscar medicinas rápidas para la enfermedad y se pensó que lo mejor era aumentar el gasto público. Sin darse cuenta que esto terminará magnificando la crisis.

De manera por demás absurda también se ha planteado el incremento en la regulación de los flujos financieros y operaciones realizadas por empresas de este ramo. Esto corre en contra de la evolución natural de la economía de la información y el conocimiento. No existen leyes e instituciones capaces de regular adecuadamente estas actividades, lo mejor sería dejar que los mercados operaran libremente. Mayor regulación implica la creación de mayores burocracias y por ende despilfarro de recursos.

Esta serie de circunstancias permite realizar, aunque sea brevemente, un recuento de ideas para sustentar que el crecimiento económico no puede ser impulsado de forma permanente por un incremento en el gasto público, ya que para financiar dicho gasto se requiere de un incremento en los impuestos, un aumento del endeudamiento público o en el peor de los casos un aumento del circulante, lo que a la postre es de carácter inflacionario.

Adicional a esto, la mayoría de entidades gubernamentales en América Latina son percibidas por la ciudadanía como altamente corruptas –según la última entrega del Índice de Percepción de la Corrupción publicado por Transparencia Internacional– con lo que es posible que el gasto termine fluyendo hacia actividades que no son necesariamente rentables. Aún más, como Milton Friedman ya lo anticipara en su magistral libro, Capitalismo y Libertad: desde una oficina pública es imposible saber dónde y cuáles inversiones se deben realizar.

La fuente de creación de riqueza, el determinante próximo del crecimiento es el trabajo y conocimiento con el que cuenta cada uno de los agentes económicos. Bajo este escenario el Estado debería abocarse únicamente a crear las condiciones para una operación eficiente de los mercados. Los gobiernos deben velar porque las reglas se cumplan y ésta función la deben desempeñar con la menor cantidad de recursos posible. Se requiere de menos y no más Estado.

Los promotores de la intervención gubernamental creen que las inyecciones de dinero incrementan la demanda y por ende la producción, pero ¿de dónde provienen los recursos para sostener el gasto? Cada unidad monetaria que los gobiernos inyectan a la economía debe ser obtenida de mayores cargas impositivas o bien del endeudamiento. No se crea nuevo poder de gasto, sino que se redistribuye de un grupo a otro.

Quienes están a favor de un mayor gasto estatal consideran que el dinero se traslada de aquellas personas que ahorran a las que gastan, conduciendo a un mayor gasto. La verdad es que el gobierno no puede crear poder de compra de la nada, simplemente redistribuye el existente. ¿Es eficiente el traslado de poder compra? Definitivamente no lo es ya que la única asignación eficiente es la realizada por mercados libres.

Sin embargo, debe reconocerse que el gasto gubernamental al alterar la composición de la demanda total tiene un impacto sobre el crecimiento. Por ejemplo puede fomentar el consumo a expensas de la inversión con lo que el crecimiento de largo plazo se vería alterado a la baja ya que lo que se necesita es incrementar la cantidad de bienes y servicios producidos. De hecho se ha demostrado que el gasto público tiene la capacidad de desplazar las inversiones privadas y en consecuencia desalentar el crecimiento.

El crecimiento económico se produce cuando crece la productividad total factorial como resultado de mejoras en las máquinas y herramientas, inversión en nuevos equipos, incorporación de conocimiento y progreso técnico. La calidad del gasto gubernamental, entonces estará en función de la forma en la que afecta a estos factores.

De acuerdo con Brian Riedl de la Heritage Foundation, históricamente el mayor gasto público ha reducido la productividad y el crecimiento de largo plazo, debido a: 1) el gasto es financiado por impuestos y estos reducen los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir, lo que resulta en una clase trabajadora menos motivada y empresarios reacios a colaborar con un gasto del que no saben su destino. En muy pocas ocasiones el gasto gubernamental incrementa la productividad lo suficiente como para compensar la perdida de la misma como consecuencia del alza impositiva; 2) frecuentemente el gasto social reduce los incentivos para elevar la productividad ya que fomenta el ocio y el desempleo, evidentemente si se combinan los impuestos con los subsidios tenemos una vía directa a la reducción de la productividad y del crecimiento económico; 3) cada unidad monetaria utilizada por los políticos implica una unidad monetaria menos asignada por las fuerzas del mercado dentro de las áreas más productivas del sector privado. Por ejemplo, puede que usen los recursos para favorecer las actividades del partido político que los llevó al poder, generando un gasto que no contribuye a elevar la productividad; 4) la provisión de servicios públicos por parte del gobierno, la mayor parte de las veces es menos eficiente de lo que podría ser si fueran suministrados por el sector privado. Para el caso de América Latina, basta con ver las condiciones actuales del sector educativo y de salud público.

En conclusión el crecimiento económico no puede verse estimulado por decisiones que se toman desde una agencia central. El crecimiento es el resultado de individuos y empresas que operan bajo condiciones de mercados libres.

En América Latina, Chile es un excelente ejemplo de las ventajas que ofrece la libertad económica. Éste país es hoy en día un ejemplo para el resto de naciones del continente; no sólo ha incrementado su crecimiento, junto con ello a mejorado el bienestar de la población. Las políticas de libre mercado y sería mucho más enfático de libertad real son el único camino conocido para el crecimiento económico.

Por libertad real me refiero a que debe existir ausencia de coerción en todas las esferas de la vida y no en unas cuantas. Por ejemplo, en México desde principios de los ochentas se abrieron los mercados al comercio internacional, se promovió la venta de empresas públicas y se desreguló gran parte de la actividad económica; no obstante, persisten límites a la libertad, los ataques a la misma son constantes. El Estado sigue siendo el único agente en el sector petrolero y de energía eléctrica, se fijan salarios mínimos al trabajo y se congelan por decreto el precio de importantes productos como el maíz, el gas y las gasolinas. Para rematar se acaba de aprobar un presupuesto para el 2010 que incrementa el déficit público y financia el gasto a través de mayores impuestos y endeudamiento público. La libertad no puede ser a medias, tiene que ser total, de lo contrario el crecimiento continuará siendo mediocre

Isaac Leobardo Sánchez

martes, 16 de junio de 2009

Discusiones sobre "justicia social"


En los últimos días, la prensa deportiva se ha deleitado con los sonados fichajes de Kaká y Cristiano Ronaldo por el Real Madrid, por los cuales el club español ha pagado la friolera de US$227 millones aproximadamente. Las críticas no han tardado en llegar contra estas operaciones: ya han salido diciendo que es injusto que se gaste tanto dinero en futbolistas y que con esos dólares podrían construirse miles de casas, alimentar y educar a millones de niños, emplear a miles de personas que han perdido su trabajo por la crisis financiera, etc. El eco de la "justicia social" ya resuena alrededor del mundo considerando injusto que se use el dinero en cosas que no son "políticamente correctas".

En ASOJOD hemos criticado en reiteradas ocasiones ese tipo de comentarios con tufo redistribucionista, que pretenden hacer creer que hay una estructura de valor universal, de forma tal que todos tengan que valorar las mismas situaciones de igual manera: ¿qué le importa a los demás cómo se gaste un dinero que no les pertenece? ¿Por qué se desea que las personas inviertan sus recursos en arreglo a fines y objetivos que no le son propios?

Estamos cansados de oir, una y otra vez, el argumento de las casas, niños e indigentes, porque él esconde la pretensión de que alguien sabe cómo los demás tienen que usar su dinero para la satisfacción de la entelequia del interés general. Este tipo de afirmaciones lo único que pretenden es que unos sean medios de otros para cumplir sus metas.

Defendemos que cada quién use su dinero para lo que mejor le parezca. En este caso concreto, los únicos que tienen derecho a reclamar por el uso de esos recursos son quienes los han otorgado: socios, patrocinadores, etc. De lo contrario, el resto de la gente no tiene "vela en el entierro" y por tanto, debería dedicarse a ver qué hace con sus propios recursos si tanto le preocupa la situación de pobreza de otras personas.

sábado, 23 de mayo de 2009

Inmigrantes o emigrantes


Los países prósperos atraen inmigrantes. Ese era el caso de Argentina a principios del siglo XX, de Venezuela a mediados del siglo pasado y de Estados Unidos hasta hace poco. Argentina y luego Venezuela se convirtieron en países de emigrantes. Ahora, lamentablemente, todo parece indicar que Estados Unidos no está solamente en medio de una recesión, sino que esta gran nación está cayendo en una dura decadencia, provocada por políticas intervencionistas, exceso de gastos gubernamentales y altos impuestos.

Por muchos años, los estudiantes extranjeros que completaban sus estudios de postgrado en Estados Unidos y buscaban empleo allí, para quedarse y luego traer a sus familiares. Hoy siguen asistiendo y graduándose de estupendas universidades norteamericanas, pero una vez completados sus estudios suelen regresar a su país de origen o buscan empleos en Europa y el Lejano Oriente.

La inmigración crecía año tras año en Estados Unidos, de 252.000 en 1991 a 311.000 en 2005, pero esas cifras se han desplomado últimamente. La demanda de mano de obra, tanto para ingenieros como para obreros poco calificados, ha caído vertiginosamente.
Muchos menos mexicanos indocumentados tratan, hoy en día, de cruzar la frontera, al punto que los guardias fronterizos tienen poco trabajo y la construcción del paredón -que especialmente políticos republicanos apoyaban apasionadamente- dejó de tener sentido alguno.

El supuesto problema de la inmigración se ha estado transformando últimamente en un verdadero problema de emigración. Norteamericanos jóvenes y viejos se están yendo al exterior. Los primeros porque consiguen mejores oportunidades de trabajo y los ya retirados porque no quieren o no pueden pagar los altísimos impuestos a la propiedad que los políticos han ido incrementando sin piedad durante dos o tres décadas. Entonces, la gente vota con los pies en respuesta al exceso de intervencionismo, inseguridad jurídica, fiscalizaciones, regimentaciones, impuestos, inflación y regulaciones. Los extranjeros que emigramos a Estados Unidos sufrimos muchos de esos mismos males en los países donde nacimos y crecimos, pero ahora vemos con pesar la versión norteamericana.

El presidente Obama promete crear millones de nuevos puestos de trabajo con una política energética que pretende reemplazar el petróleo y el gas con turbinas de viento y la construcción de paneles solares en lugar de plantas eléctricas. Suena muy limpio y muy bonito, pero cada vez que decisiones políticas sustituyen las de individuos en un libre mercado, el inevitable resultado es el exagerado aumento de los costos y, por consiguiente, una dura caída del bienestar general. Ejemplos de las consecuencias del bien intencionado socialismo sobran, tanto en América Latina como en Gran Bretaña y la vieja Unión Soviética. Y el gobierno de Obama ya rompió un récord en este país imprimiendo billetes.

Si algo debiéramos haber aprendido desde hace mucho tiempo es que la prosperidad de la gente y un gobierno grande son conceptos radicalmente opuestos.

Carlos Ball

martes, 19 de mayo de 2009

La rapidez del proceso emprendedor


Supongo que a todos nos ha pasado. Tras unos cuantos años, ocurre que retornamos a una ciudad o pueblo en el que pasamos un tiempo prolongado, quizá parte de la infancia, o simplemente unos meses de estudio, o de trabajo. Recorremos sus calles con un cierto punto de nostalgia, y siempre aflora el comentario: "anda, pues aquí había una cafetería, y fíjate, ahora hay una tienda de ropa", "aquí venía con los amigos a tomarme un helado; qué pena, ahora es una discoteca", "vaya, han cerrado el cine al que solíamos venir"...

Son los resultados del proceso de emprendimiento que caracteriza al ser humano y que se manifiesta con todo su esplendor en el libre mercado. Gracias a los emprendedores, enormes cantidades de recursos son movidas de unos usos a otros, buscando incesantemente su asignación a los mejores usos para los congéneres. Con la esperanza de que tal mejor uso revierta en mayores beneficios para el innovador.

Es por eso que la cafetería cede el paso a la tienda de ropa, y la heladería a la discoteca, o se cierra el cine. Pasa el tiempo, cambian los gustos de las personas o simplemente, los emprendedores son capaces de identificarlos mejor. Alguien se dio cuenta de que en el local que estaba la cafetería, por su situación o por otras razones, se podría obtener un mayor beneficio vendiendo ropa. Y procedió a arriesgar sus recursos, quizá el propio local, para ver si se cumplía su visión.

Otro emprendedor pensaba que la gente querría ver películas en gran formato, decidió montar un local de cine, y, con el tiempo, se dio cuenta de que se había equivocado en su planteamiento. No es que la gente no quisiera ver películas, pero no estaba dispuesta a pagar por ello una cantidad que compensara al empresario los desembolsos realizados. Dicho de otra forma, el empresario estaba usando mal los recursos escasos al dedicarlos a una actividad no valorada suficientemente por sus congéneres.

Y así avanza la sociedad.

Alguien puede pensar, tal y como se ha descrito, que estamos ante un proceso lento, pues lleva tiempo adecuarse a las necesidades de la sociedad. Recuérdese el punto de partida: "tras unos cuantos años..."

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El proceso emprendedor es rapidísimo, increíblemente rápido si tenemos en cuenta el volumen de recursos que se mueven. Si eliminamos de la descripción anterior el efecto nostalgia, y nos vamos de paseo por nuestra ciudad de residencia, podremos constatar que no han de pasar años para que los locales cambien de uso. Un buen día vemos que la tienda de abajo ha cerrado; a la semana, vemos unos cuantos albañiles dentro de ella, y en otra semana, se abre un bar de nuevo diseño. Hay veces que uno se lleva sorpresas dentro de su propia manzana.

Los emprendedores son rápidos y eficaces. Tan rápidos como pueden: están adelantando pagos para hacerse con los recursos que necesitan para llevar a cabo su idea, y quieren experimentarla cuanto antes. Va en su interés saber en el menor tiempo posible si tendrán éxito o no, si han acertado en sus previsiones respecto a las necesidades de sus conciudadanos.

De hecho, los mayores obstáculos a la velocidad de los emprendedores no tienen mucho que ver con el mercado, sino con su regulación y la intervención de las administraciones públicas. Probablemente, la mayor componente en el retraso del nuevo bar habrá sido la concesión del permiso de obras, o de la licencia para expedir bebidas alcohólicas, o darse de alta en el registro que corresponda. Pues ninguna de las personas de las que dependen estas concesiones están guiadas por el mismo principio; para estos funcionarios, los retrasos no significan ninguna pérdida.

Cuando uno observa la crisis económica en que estamos metidos, y lee los pronósticos sobre todos los años que nos quedan por sufrir antes de ver su final, uno no puede evitar fijarse en estos rápidos cambios de uso para los locales.

De la crisis económica, solo hay salida por una vía, y no es la "social": es la vía del emprendimiento, que será capaz de llevar los recursos, ahora utilizados mal, a sus usos correctos. Y encima lo hará en mucho menos tiempo del que imaginamos, pues es un proceso muy rápido.

Gobiernos, liberen de sus cadenas al proceso emprendedor (o sea, dejen de intervenir en el mercado); libérennos de esta crisis.

Fernando Herrera

lunes, 11 de mayo de 2009

Tema polémico: el Presidente Arias y el consenso


El pasado 1° de mayo, día del trabajador, el Arzobispo Hugo Barrantes señaló durante la homilía que las estrategias para hacer frente a la actual crisis económica debían basarse en el diálogo nacional, a fin de enfrentarla en todas sus dimensiones y desde la perspectiva de los grupos afectados. Indicó además que si bien existen iniciativas valiosas desde el gobierno y el sector privado, estas no integran los intereses de todos lo grupos. La respuesta del presidente Arias no se hizo esperar, cuestionando la ayuda que la iglesia da a los pobres y señalando que la búsqueda de consenso se da por una falta de liderazgo. Inmediatamente la ministra de comunicación, Mayi Antillón salió al paso de las declaraciones del nuestro mandatario para aplacar sus posibles repercusiones.

Para ASOJOD, la respuesta del Presidente Arias merece atención, ya sea que la aprobemos o no. Don Oscar se equivoca en la forma, pero no en el fondo del problema cuando se refiere al consenso.

La búsqueda del consenso no significa falta de liderazgo.

La búsqueda del consenso es una necesidad cuando los intereses son contrapuestos. Como lo apunta George Tsebelis en su Teoría de jugadores con veto, si se desean cambiar las políticas, un cierto número de actores debe estar de acuerdo con el cambio propuesto; así los actores deben hacer propuestas aceptables a los otros jugadores con veto, pues de otro modo serán rechazadas y el statu quo permanecerá. Esta es una verdad política que se debe aceptar, y al contrario de lo manifestado por el Presidente, para llegar al consenso lo que necesita es una gran dosis de liderazgo, tanto para dinamizar como para llevar a buen puerto el proceso decisional y, en términos racionales, conseguir el objetivo de la propuesta. Por eso, Arias se equivoca cuando señala que la búsqueda de consenso refleja falta de liderazgo.

De esta forma, si se desea tomar una decisión en un sistema democrático y no se cuenta con la mayoría necesaria para tal efecto –como es el caso de la actual fracción del PLN- o existen actores con poder de veto –tal como en el Congreso, donde cada fracción, aún las unipersonales, pueden detener el proceso decisional- se debe recurrir a la negociación, (en algunos contextos podemos entender tal negociación como logrolling) esto es, se debe buscar el diálogo y el acuerdo para obtener el apoyo político requerido.

El consenso es por tanto básico para la construcción de la agenda, la adopción de decisiones con el fin de modificar el statu quo.
La imposibilidad de integrar todas las perspectivas.

En el fondo, lo que Arias señala es que la búsqueda del consenso, es decir, tratar de integrar las diversas visiones con respecto a una salida a la crisis es, por demás, ineficiente. ¿Existen razones que justifiquen esta actitud?

Para aclarar este punto podemos recurrir a la paradoja de Condorcet. Esta nos muestra que si bien los individuos pueden poseer órdenes transitivos de preferencias, los mismos no necesariamente se traducen en un colectivo de preferencias transitivas. En otras palabras, si bien todos los grupos afectados por la crisis pueden tener excelentes ideas de cómo sobrellevar la crisis, tratar de dialogar con todos ellos no nos lleva ineludiblemente a una solución al problema porque las perspectivas de estos, para desgracia de Monseñor, no necesariamente se pueden integrar. La posición de Barrantes refleja una actitud ingenua sobre la dinámica de conformación de acuerdos políticos.

Un ejemplo citado por Arias es el proceso de concertación nacional impulsado durante la administración Rodríguez Echeverria (1998-2002). El resultado con el experimento de concertación no fue satisfactorio: el foro de concertación al que acudieron representantes de unas 30 organizaciones concluyó con 150 acuerdos que se tradujeron en seis proyectos de ley, de los cuales ninguno fue aprobado por la Asamblea Legislativa. Esto nos muestra que el diálogo, si bien puede resultar democrático, puede no ser efectivo, a menos que se cuenten con reglas que permitan tomar una decisión, aún cuando existen divergencias entre los actores en cuanto al tema.

Por eso, aún cuando el presidente Arias haya tenido razón en el fondo de su afirmación, en la política a veces lo importante no es decir la verdad sobre las cosas, sino, saber como esta se dice. Y definitivamente, afirmar que el consenso es sinónimo de falta de liderazgo es un error, máxime cuando se trata de un Presidente que, en campaña, ofreció tender puentes de comunicación y aseguró que se requiere de sabiduría y valentía para saber transigir.

lunes, 2 de febrero de 2009

Tema polémico: lo que el Estado podría hacer de cara a la crisis


A propósito de la crisis financiera y del resurgimiento de las ideas keynesianas como propuestas para "solucionarla", en ASOJOD queremos ofrecer en este Tema Polémico unas ideas respecto al papel del Estado en situaciones como esta.

En repetidas ocasiones, hemos expresado que, a nuestro parecer, el Estado debería limitarse a la seguridad y a la construcción de cierta infraestructura vial. No obstante, somos concientes de que es sumamente difícil que, de la noche a la mañana, se de el cambio de paradigma y se eliminen todas las intervenciones ilegítimas del Leviatán. Sin embargo, situaciones como esta crisis, producida por el mal accionar del Estado, abren oportunidades para hacer el cambio gradual hacia un orden político de una sociedad libre.

Mientras que en Estados Unidos y en muchas otras partes del mundo la crisis pretende enfrentarse con más intervención estatal y expansión del gasto público, en ASOJOD queremos proponer una respuesta que implique menos despilfarro de dinero público y, a la vez, tienda a ese cambio gradual del que venimos hablando. Se trata de que el Estado funcione como una especie de transmisor de información, sin necesidad de interferir en el funcionamiento del mercado.

El sistema de Banca de Desarrollo, propuesto a la Asamblea Legislativa en el 2007 y aprobado un año después contiene dos elementos como ejes centrales: un componente financiero y uno no financiero. En cuanto al primero, en ASOJOD tenemos serias reservas: el ejemplo de los bancos estadounidenses financiando a personas que no son sujeto de crédito derivó en una de las mayores crisis en este ramo, y no queremos que, por impulsar algunas propuestas productivas, en Costa Rica se cometa el mismo error, máxime cuando no es posible determinar a priori cuál será el porcentaje de éxito de cada y en cuánto tiempo se reintegrará el crédito.

Sin embargo, el componente no financiero tiene algo que nos llama la atención. Se trata de una serie de profesionales estatales (que de por sí ya están ahí pero que no tienen funciones) a disposición de los grupos de productores para que los capacite y asesore en cuanto a sus actividades, fundamentalmente en el encadenamiento productivo. De ahí que en ASOJOD consideremos que esta podría ser una buena manera en que el Estado ayude a los individuos, pues les brinda información que ellos quizá no podrían obtener o tardarían mucho tiempo en hacerlo.

El proyecto PROMES que desarrolla la AECID en conjunto con la EARTH es un buen ejemplo: se trata de la conjunción de esfuerzos públicos y privados, de forma tal que la organización ofrece capacitación, orientación, asesoría y acompañamiento técnico para los productores de las regiones Huetar-Norte y Huetar-Atlántica. Así, le ayuda a los productores a conocer mejor los aspectos geomorfolóficos de sus áreas de producción, les brinda información para acceder a mercados, tanto a nivel local como nacional, los conecta con redes de inversionistas y compradores y colabora en la conformación de cadenas productivas, especialmente aquellas que implican una reconversión en los métodos.

Como se puede observar, se trata de la máxima de enseñar a pescar en lugar de regalar pescados, pues la idea es que sean los propios individuos quienes desarrollen el trabajo, sólo que orientados por personas que pueden acceder a mayor y mejor información. Precisamente, eso nos lleva a la idea central de este Tema Polémico: el Estado puede funcionar como un centro de comunicación, de forma tal que reciba información de parte de los demandantes y se la traslade a los oferentes y viceversa, sea esto en el área comercial, industrial, agrícola, turística o demás servicios.

Por ejemplo, instituciones como el INEC o proyectos como el Estado de la Nación poseen información sociodemográfica y económica muy importante para el desarrollo de investigaciones científicas. Otras como el MEIC mantienen programas de seguimiento y comparación de precios que permiten, tanto a los académicos como a los productores, tener un insumo para formular nuevas estrategias. En el tema financiero, perfectamente, el Estado podría servir como un puente, un canal de comunicación entre inversores y productores, de forma tal que los contacte y los segundos puedan acceder al crédito privado. En cuanto a acceso de mercados, COMEX y PROCOMER pueden fortalecer su trabajo en cuanto a identificar potenciales clientes y desarrollar manuales de procedimientos para facilitar la exportación de bienes y servicios. El Poder Ejecutivo puede ayudar a las personas eliminando unilateralmente los aranceles y negociando más Tratados de Libre Comercio, todos cuanto sea posible. En síntesis, la idea no es crear más puestos de trabajo en el sector público, sino simplemente utilizar los que ya existen pero que están en las oficinas sin ejecutar funciones claras.

Si bien es cierto que estos programas, al igual que los vouchers escolares, implican la intervención del Estado, no queremos que se preste a confusión respecto a nuestra posición filosófica y axiológica. No patrocinamos ni defendemos que el Estado redistribuya los ingresos de unos para pagar las oportunidades de otros, pero somos concientes que la larga tradición de estatismo, redistribucionismo y colectivismo de América Latina (y buena parte del mundo) no es algo que se pueda destruir con la celeridad que nosotros deseáramos. Hay limitaciones jurídicas (Ley General de Administración Pública) y políticas (costos políticos y electorales de recortar el personal público), por lo que es necesario hacer las cosas poco a poco. Por ello, estos esquemas de política pública al menos reducen considerable y gradualmente esa intervención, dando mayores espacios de autonomía, decisión y empoderamiento a los individuos para asumir el curso de sus vidas.

martes, 20 de enero de 2009

¿El redentor?


Hoy martes 20 de enero de 2009, Barack Obama se ha convertido en el Presidente de los Estados Unidos. Alrededor suyo se ha tejido toda una gama de expectativas, como si se tratare de un redentor o mesías que viene a salvar al pueblo norteamericano, y de paso al mundo entero, de una de las más fuertes crisis económicas de los últimos años.

Los retos que se avecinan para el nuevo Presidente son bastante complejos: pacificar el Medio Oriente, resolver la crisis financiera, reactivar la economía estadounidense, mejorar la imagen de su país en el exterior, variar 8 años de política exterior pro bélica, mantener la seguridad de su nación ante una creciente ola de actos terroristas y, de paso, incluir a América Latina y África como puntos prioritarios en su agenda. En ASOJOD somos de la opinión que existen fuertes posibilidades de que Obama no pueda cumplir con todas las expectativas y sueños que giran sobre su figura, cual satélites, no porque sea incapaz, sino porque la magnitud misma de esos retos implican soluciones de mediano y largo plazo, fortalecimiento de la institucionalidad y cooperación de cientos de millones de individuos.

Sin embargo ¿podrá Obama resolver todo lo que se le pide? Sólo el tiempo dará la respuesta. Al inicio de su gestión, no queda otra cosa que esperar que medite bien sus decisiones, pues en sus manos está aplicar o no medidas cuyos efectos podrían desatarse al mejor estilo de una bola de nieve, para bien o para mal. A pesar de que en ASOJOD discrepamos respecto a muchas de sus propuestas, le seguiremos la pista al desempeño de cada una de ellas para analizarlas y comentarlas en este espacio.

lunes, 5 de enero de 2009

Tema Polémico: ¿qué nos podría deparar el 2009?


Un año más empieza y luego de la fiesta, el juego de pólvora, los tragos y la comida, hay que volver a la normalidad, al día a día. Así las cosas, el 2009 podría presentar ciertas consideraciones que los costarricenses han de tomar en cuenta desde ya.

Economía:

En el terreno económico, desde finales de año se comenzó a presentar una crisis financiera y crediticia en el mundo desarrollado, por lo cual la cuesta de enero quizá podría extenderse unos meses más, toda vez que es de esperar que la misma se manifieste con cierta fuerza en nuestro país, principalmente con una desaceleración de la producción, la restricción del crédito y quizá con el encarecimiento de algunos bienes y servicios así como un posible aumento del desempleo. A las dificultades de esta índole podrían sumársele las derivadas de las políticas adoptadas en países como Estados Unidos, donde el aumento de regulaciones, subsidios y salvatajes parece ser la tónica, por lo que no sería de extrañar que los "innovadores" criollos trataran de aplicar medidas "anticrisis", que lo único que conseguirán es entrabar aún más el proceso de mercado, dilatar los ajustes necesarios, entorpecer las acciones individuales y extender por más tiempo la crisis.

Sin embargo, hay un punto que podría reducir el impacto de la crisis: la entrada en vigencia de los TLC con Panamá y con los Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana. Con la consecuente movilización de empresas extranjeras que preferirán reducir costos instalándose en países donde en comparación con Estados Unidos, se pagan salarios más bajos, es de esperar que, en realidad, el desempleo no sea un problema tan significativo para los costarricenses. Asimismo, si la tendencia a la baja en los precios de las materias primas continúa y con la entrada de más bienes y servicios como resultado de la aplicación del TLC los precios también disminuyen, el impacto podría ser mucho menor. Sin embargo, hay que ser realistas y aceptar que, producto de la recesión y la misma crisis en Estados Unidos, estos beneficios podrían tardar un poco en aparecer.

Asimismo, hay que recordar que las crisis no son eternas. A pesar del sombrío panorama, debemos recordar que el capitalismo es un sistema que se ha caracterizado por su capacidad auto-transformadora, innovativa y cambiante. Por eso aquellos que pretenden ver la caída del capitalismo durante en este episodio histórico se encuentran sumamente equivocados, ya que el genio creativo y productivo encontrará mejores formas de producir, tecnologías más eficientes y formas más apropiadas de satisfacer las necesidades de consumo, como lo ha hecho en otras ocasiones. A esto colaboraría muchísimo la pronta negociación, firma e implementación de los TLC con China y la Unión Europea, que le permitiría a los costarricenses ampliar sus posibilidades comerciales. A pesar de que ya algunos productores se han manifestado en contra del primero y que se han generado diversos enfrentamientos en el proceso de negociación del segundo, en ASOJOD tenemos la esperanza de que estas dificultades puedan ser superadas para que Costa Rica siga integrándose efectivamente al mercado global.

Política:

A nivel político, Costa Rica inicia el año electoral, con lo que hay que esperar una serie de contiendas tanto intra como interpartidarias. Dentro del PLN, los precandidatos presidenciales que parecieran perfilarse con más fuerza son Laura Chinchilla, Jhonny Araya y Fernando Berrocal; en el PAC, vemos interesante el aparente interés de Epsy Campell por disputarle la opción a Ottón Solís, mientras que en el ML no pareciera haber quién se le enfrente a Otto Guevara. El gran misterio será el futuro del PUSC, tanto si es Rafael Ángel Calderón (por el proceso judicial que enfrenta) o si aparecerá algún otro interesado. En cuanto al resto de partidos, su poco peso político hace casi irrelevante su análisis, excepto si lograran formar una coalición, como la que habían anunciado los grupos opositores al TLC. Mucho de lo que suceda a nivel interpartidario dependerá de quienes sean los candidatos a los distintos puestos, así como sus historiales en cuanto a carrera política se refiere. En todo caso, no hay que extrañarse que la táctica de "sacar los trapos sucios" aparezca para descalificar al oponente, ni que se terminen usando recursos públicos para la campaña política.

Asimismo, existen grandes posibilidades de que la maquinaria de la Administración Pública se aceite o se entrabe para algunas personas según su color partidario. A eso hay que sumarle la consideración de la deuda política para financiar las campañas, en el sentido de si será conveniente, en caso de no haber superado los efectos negativos de la crisis, que el Estado costarricense tome el dinero de los contribuyentes -que podrían usarlo para satisfacer sus propios fines- y se lo entregue a los partidos. Del mismo modo, algo sobre lo que hay que poner mucha atención es tanto sobre el conjunto de reformas al Código Electoral que se está discutiendo en la Asamblea Legislativa, como a lo que suceda con las propuestas de referéndum, tanto para unión civil entre parejas del mismo sexo, ratificación del Convenio UPOV como para convocar a una Constituyente. Sin duda, el futuro y la calidad de la democracia costarricense podrían verse afectadas, positiva o negativamente, por estos eventos si llegan a presentarse.

La realidad política internacional tampoco puede descuidarse. Entre lo más destacable para este 2009 es la toma de posesión del primer presidente afrodescendiente en los Estados Unidos, Barack Obama, quien tendrá importantes retos que enfrentar durante su gestión. Alrededor de su aura de cambio, se han gestado expectativas de índole mesiánica que podrían no ser correspondidas, no por falta de habilidad, sino por las dificultades propias de dichos retos. Uno de los más importantes es apaciguar los conflictos en Medio Oriente, tanto en Irak como en Afganistán, a los que se les une el cuento sin fin entre Israel y Palestina. Tampoco se debe soslayar lo que pueda suceder respecto a la relación que dicho gobernante establecerá con América Latina, especialmente a partir de dos hechos: el ocaso del patriarca y dictador Fidel Castro e, irónicamente, el resurgimiento de la izquierda torcida impulsada por Hugo Chávez y su circo. Habrá que ver si Obama asume un papel en pro de la democracia o, si por el contrario, patrocina el personalismo en detrimento de las instituciones y el Estado de derecho.

Fuera de la relación Estados Unidos-América Latina, hay que analizar a la que se desarrolla entre los países del subcontinente. Tanto Colombia como Venezuela podrían entrar en procesos de reelección: uno que pareciera ir en pro de la democracia, mientras el otro la escupe y pisotea., quizá con menos fuerza luego de la caída de los precios internacionales del petróleo. Habrá que ver si Nicaragua, Honduras, El Salvador, Bolivia y Ecuador dan un paso más hacia el despeñadero o, si por el contrario, tratan de imprimirle sensatez a su vida política. Los pequeños estados caribeños, algunos serios y otros disparatados, tienen la opción de luchar contra la pobreza y el éxodo de sus ciudadanos o prestarse a las disparatadas ocurrencias de algunos políticos irresponsables. Por su parte, países como Chile, Brasil , México y Uruguay, hoy medianamente estables, tienen el gran reto de mantenerse así en pro de sus ciudadanos.

Europa, como capítulo aparte a nivel político, pareciera no enfrentar grandes problemas, salvo en Grecia. El tema migratorio, utilizado como bandera de algunos partidos, podría jugar un papel importantísimo en el rumbo de las políticas adoptadas allí. Asia, por su parte, pareciera encaminarse muy positivamente hacia el desarrollo: ya algunos países lo han logrado, (Singapur, Malasia, Hong Kong, Taiwán, Japón, Corea del Sur, etc.) mientras otros dan importantes pasos (China, India, Indonesia, etc.). Finalmente África, otro capítulo aparte pero en el sentido opuesto a Europa, debe fortalecer muchísimo las instituciones democráticas para alcanzar niveles decentes de vida.

Ciencia y tecnología:

Entre algunos eventos científicos interesantes por desarrollarse en el 2009, se pueden mencionar el LHC (Large Hadron Collider), el año Internacional de la Astronomía y el 150 aniversariode la publicación del Origen de las Especies de Darwin.

El LHC constituye el acelerador de partículas más sofisticado del mundo y debido a unos pequeños imperfectos, no pudo comenzar a funcionar en el 2008. Según el CERN (European Organization for Nuclear Research) se espera que el LHC comience a funcionar al 100% en el verano del 2009 y tener los resultados experimentales lo más pronto posible. Dentro de la búsqueda que se realizará con el LHC se resalta el bosón de Higgs, que representaría la partícula elemental que a grosso modo explicaría como la materia adquiere masa. De encontrarse esto significaría un impulso grande al Modelo Estándar de Partículas, que constituye la teoría científica más detallada sobre el funcionamiento del Universo en su escala más fundamental.

El Año Internacional de la Astronomía (IYA por sus siglas en inglés) celebra los 400 años que han pasado desde que Galileo utilizó el primer telescopio astronómico para ver el cielo, que juntó con otras evidencias que fue recolectando, lo llevó a apoyar la teoría del heliocentrismo de Copérnico en contraposición con la geocéntrica (en la cual la Tierra era el centro del Universo) que había sido sostenida por Aristóteles (junto con otros pensadores griegos como Tolomeo) y apoyada en su mayoría por la Iglesia Católica durante la Edad Media. Después de Galileo la Revolución Científica comenzó a consolidarse y a partir de ella siguieron una serie de descubrimientos que fueron invalidando algunas creencias de la época, sustentadas en una tradición escolástica.

Una noticia científica muy importante es que este año se celebrará también el 150 aniversario de la publicación del libro El Origen de las Especies de Charles Darwin, la cual representa con su teoría de la selección natural uno de los pilares más importantes de la biología moderna. En este libro, Darwin plantea una serie de argumentos para mostrar que las especies biológicas cambian gradualmente a lo largo de períodos geológicos de millones de años, lo cual termina haciendo que estas se vayan diferenciando en nuevas especies en contraposición a la creencia esencialista platónica de pensar en las especies como inmutables. También el Origen representa la tesis antagónica al libro de William Paley, Teología Natural, donde se quería trazar la creación de las especies a la intervención divina de Dios (Paley también es conocido por el argumento del relojero, esto es, el argumento del diseño como una prueba a favor de Dios).

Estas son algunas reflexiones que en ASOJOD hemos querido presentar a propósito de este año que recién inicia. Sobre ellas y muchas otras más habrá que poner especial atención, como punto de partida para el análisis y la propuesta de soluciones.