lunes, 18 de julio de 2011

Tema polémico: ¿Qué pasa con la CCSS?


La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) es, quizá, la institución pública con mayor peso en Costa Rica, no sólo por su tamaño y recursos, sino también por el papel que juega en el imaginario del costarricense, al punto que pocos conciben el futuro sin ella.

Hoy, esa institución enfrenta una grave crisis, que resume en pequeña escala lo que sucede a nivel nacional: se gastó más de lo que se tenía, es decir, se administraron mal los recursos de los tax payers; pero además, el problema conjugó la mala administración con la corrupción y la incompetencia, formando un caldo de cultivo para la situación que tiene a la institución en el despeñadero.

Cuando Oscar Arias señaló, al final de su Administración, que dejaba la mesa servida, no aclaró que estaba servida para el desastre. Durante su gestión, la planilla de la CCSS creció abrumadoramente, (10.956 plazas entre el 2005 y el 2010), disparando el gasto recurrente de la institución a niveles insostenibles. Solamente el pago de los salarios de los funcionarios consume el 70% de su presupuesto anual de la Caja, y de no ponerle un freno a la situación, la institución enfrentará un déficit de ¢313.909 millones en el año 2015.

Sorprende igualmente cómo la actual administración Chinchilla evadió el problema hace unos meses, pero hoy, cuando no puede negar lo evidente, se limita a dos cosas: a decirnos que no hará nada para buscar a los culpables, como bien lo anunció la Presidente, y a anunciar la inyección de 85.000 millones de colones para este año. En otras palabras, la "solución" es negándose a rendirle cuentas a los costarricenses, renunciando a su deber de proteger la Hacienda Pública y activar el régimen sancionatorio que haga que los funcionarios asuman la responsabilidad por las pésimas decisiones tomadas, al tiempo que trasladará la culpa a los ciudadanos, pues esa inyección de recursos se hará vía endeudamiento, lo que equivale a pretender apagar un incendio echándole leña al fuego. La "firmeza" de doña Laura nos deja clarísimo que a los políticos no les interesa resolver los problemas, sino que les importa “patear la pelota hacia adelante”, para que sea la próxima Administración o, al final de cuentas, los tax payers, quienes tengan que lidiar con el embrollo.

Es paradójico e indignante que, pese al aumento del personal de la CCSS, persista una pésima atención médica para los usuarios de este monopolio, lo que revela que las nuevas contrataciones de la Caja se centraron primordialmente en funciones administrativas.

Ante tal escenario, la recomendación (más que obvia) de la Organización Panamericana de la Salud, en el reciente informe sobre la situación que atraviesa la CCSS, es que resulta urgente frenar el excesivo crecimiento de su planilla y el gasto en salarios. No obstante, la implementación de estas medidas chocará, con toda seguridad, con la intransigente oposición de los sindicatos de la institución, que no aceptarán ningún tipo de recorte.

La Caja se encamina a la quiebra, fruto del manejo de políticos inescrupulosos; con ella, se lleva el dinero de todos los costarricenses que durante años hemos sido saqueados para alimentar a un elefante blanco que solo problemas nos ha traído.

Quienes hemos señalado en reiteradas ocasiones la importancia de considerar modelos alternativos podríamos estar alegres por el descalabro que enfrenta la institución, que viene a confirmar nuestras hipótesis, sin embargo, en el corto plazo el costo recaerá sobre los costarricenses más pobres, quienes ven en la CCSS la única alternativa de atención. El reacomodo –si llega a darse- será un parto doloroso, con pronóstico reservado, pero muy necesario para el desarrollo del país.

La situación que atraviesa la CCSS nos deja una gran lección: es hora que los costarricenses entendamos que lo que guía a un político, a un funcionario de la Caja o cualquier otro agente público no es la búsqueda del “bien común”. Debemos entender que éste actúa, al igual que cualquier otra persona de carne y hueso, motivado por la satisfacción del interés propio, de manera tal que debemos dejar de confiar en que otros nos procurarán nuestro bienestar.

No existe solidaridad y desprendimiento en el ámbito público, y en definitiva, no es en este espacio donde podremos encontrar nuestro propio bienestar.

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