Cuando se vive bajo un Régimen de Derecho, las personas hacen las cosas por derecho y no por permiso, dentro del límite que impone respetar los derechos de los demás. La violación de derechos ajenos debe ser certera y debidamente castigada. Pero no se puede evitar afectar intereses. Por ejemplo, si alguien construye un puente afectará a los lancheros y beneficiará a los transeúntes; quien inventó el automóvil afectó a fabricantes de carruajes y benefició a los demás; quien siembra mucho maíz afecta el ingreso de los demás cosechadores de maíz y beneficia al pueblo; la competencia siempre afecta a los productores y beneficia a los consumidores; si pinta su casa de otro color, afecta a los vecinos que no les gusta ese color y beneficia a quienes sí les gusta, etc.
La corrupción disminuye cuando se elimina la impunidad del criminal, cuando se le descubre, apresa, juzga y con certeza se le aplica la pena correspondiente. La clave es certeza y para lograrla se requiere que el proceso de selección de los jueces no esté politizado y cuente con recursos económicos y humanos.
La principal fuente de corrupción es la oportunidad del funcionario o burócrata de tomar decisiones discrecionales que afectan los intereses de la gente. La “mordida” se da, precisamente, para que la decisión del burócrata sea favorable a quien está pidiendo permiso o suplicando para poder hacer algo.
Nótese que se trata de hacer algo pacífico y legal. Por ejemplo, si usted quiere cortar un árbol en su propiedad o cambiar el techo a su casa, seguramente requerirá un permiso. En algunos casos se requiere un estudio previo y un dictamen oficial para que usted pueda hacer uso de lo que es legítimamente suyo. Tal reglamentación se justifica aduciendo que lo que usted haga afecta los intereses de sus vecinos y que el gobierno está para cuidar esos intereses y no necesariamente sus derechos.
El punto es que no hay tal cosa como un acto que no afecte intereses ajenos. Lo más que se puede aspirar para no reprimir el progreso y para no incentivar la corrupción es que todos puedan hacer lo que no está prohibido, lo que sea pacífico y respetuoso de los mismos derechos ajenos y no por permiso de algún funcionario con poder discrecional.
Manuel Ayau