Mostrando las entradas con la etiqueta Daniel Ortega. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Daniel Ortega. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de febrero de 2008

Delirio chavista


Nuevamente Hugo Chávez demuestra el estado de paranoia en que ha sumido a Venezuela, pues ve invasiones y tramas militares por todas partes: primero con Colombia y ahora con el reciente fallo de una corte a favor de Exxon-Mobil que obliga a Petróleos de Venezuela (PDVSA) a congelar más de $12.000 millones por la nacionalización de un proyecto de crudo. Respecto a este último caso, no sería de extrañar que la Exxon-Mobil tenga razón, pues la nota común de los gobiernos como los de Chávez es la violación sistemática a los derechos de propiedad y al imperio de la ley, aunque el teniente coronel despotrique diciendo que es una estratagema del "imperio" para derrocar al democrático y pacífico gobierno revolucionario de la República Bolivariana de Venezuela.

Tampoco es de extrañar la amenaza lanzada por Chávez luego de conocerse el fallo (no hay que soslayar sus inicios como matón de ejército), advirtiendo que si el "acoso" continúa, entonces dejará de venderle petróleo a los Estados Unidos. Con esto, Chávez deja claro que no toma en cuenta la opinión de los ciudadanos, condición indispensable de todo régimen que se haga llamar democrático, pues dispone de Venezuela como su feudo. Y de paso decide por sus aliados, pues en la amenaza incluye a sus "aliados" Ecuador, Rusia e Irán.

Ante tal delirio de persecución, el segundón de Chávez, Daniel Ortega, salió en defensa de su ídolo intelectual diciendo que si el gobierno venezolano cae, se acabarán todos los programas sociales, educativos y de infraestructura que ése régimen despliega entre todos sus aliados latinoamericanos. En ASOJOD siempre nos hemos preguntado si Ortega conocerá el término dignidad, pues cada vez que Chávez dice algo, Ortega sale a ladrar en su favor, actitud que no pareciera adecuada para un mandatario. Pero lo más irracional de todo no es el espaldarazo ideológico de Ortega, sino la actitud de Chávez: negarse, eventualmente, a vender petróleo a su principal comprador. En caso de que se congelen las ventas, el problema para el régimen venezolano no sería qué hacer con el sobrante de petróleo sino qué hacer con el faltante de dinero, pues para nadie es un secreto que Chávez ha desahucido todas las otras ramas del sector productivo venezolano para dar impulso al petróleo. Así las cosas, la ecuación es fácil: si no puede vendérselo a su principal comprador, la economía de Venezuela, indefectiblemente, colapsará.

Se trataría de un evidente error de cálculo político-económico del teniente coronel, lo cual revelara su estrabismo mental. Error derivado de una extrema estupidez que sólo en su mente podría tener cabida: la gestación de una gran conspiración para derrocarlo, que lo lleva a desconfiar de todo el que se le acerque. Dicen que ese es último paso antes de la caída de todo megalomaniáco. Hitler, Stalin, Idi Amin y otros tantos son claros ejemplos de lo anterior. Por dicha, para suerte de la democracia, la libertad y la decencia, casi siempre este tipo de megalomaniácos terminan muertos.

domingo, 10 de febrero de 2008

Nicaragua hace agua


Es en verdad escalofriante la historia de este país centroamericano que viene sufriendo todo tipo de peripecias debido a los patéticos gobernantes que los nicaragüenses han debido padecer una y otra vez como una maldición imposible de revertir. Claro que, como en tantos otros casos, estas desgracias no son casualidad sino que se deben al descuido de la educación al efecto de comprender y defender los principios de una sociedad abierta.

Durante cuarenta años han soportado estoicamente los desmanes del somocismo, luego la entrega de Carter al férreo control de la guerrilla sandinista, mas adelante la corrupción e ineptitud de gobernantes como José Arnoldo Alemán del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), una grotesca ironía que en nada se asemeja a un partido republicano ni mucho menos liberal y, de mas está decir, tampoco constitucional.

El totalitario y prepotente Daniel Ortega volvió al gobierno con el 37% de los votos en noviembre de 2006 merced a las maniobras del mencionado Alemán con el compromiso de no denunciar sus saqueos y multimillonarias transferencias de recursos malhabidos. El desgobierno anterior del propio Ortega fue financiado por los soviéticos, ahora lo es por los iraníes y por el estridente bolivariano del Orinoco.

Resulta en verdad una afrenta al buen gusto y al decoro mas rudimentario el que la idea mas reciente que propone la oposición sea la de una amnistía general para ex gobernantes al efecto de que Ortega no siga amenazando con denuncias y así neutralizar a sus oponentes políticos.

Todos los indicadores en Nicaragua revelan problemas graves: un país devastado en su economía y diezmado en el cuadro institucional en el que su gobernante sigue despotricando contra el “capitalismo salvaje” mientras insiste con insuperable terquedad en las recetas del socialismo mas cavernario y que conduce a situaciones desesperantes para la gente necesitada. Promete tan poco ambiciosas y faltas de ingenio como que todos los agricultores tendrán una vaca, un cerdo y semillas suficientes, como si por arte de magia pudiera aumentarse la producción destruyendo todos los incentivos posibles y ahuyentando las inversiones.

También le promete a su par venezolano ayuda en granos, leche y carne que curiosamente escasean en el país de los petrodólares. Pero es que las bravuconadas de Ortega no se podrán cumplir porque Nicaragua también está con problemas alimentarios: debe importar 350 millones de dólares solo en concepto de arroz, maíz y frijoles, lo cual significa cerca de una cuarta parte de las importaciones totales.

Por otra parte, el orteguismo ha promulgado una disposición por la que se imponen los Consejos de Poder Ciudadano que son copia fiel de los Comités de Defensa de la Revolución en Cuba (“aquel circo sin pan” como escribió Cabrera Infante) para reforzar la delación, el espionaje y así desvirtuar y contrarrestar toda posible oposición, al tiempo que se intensifica el adoctrinamiento totalitario y el ejercicio de la milicia revolucionaria. En este contexto (a confesión de parte, relevo de prueba) es que Ortega acaba de llamar “mi querido hermano” al terrorista, asesino y secuestrador de las FARC, Antonio Marín Marín, luego rebautizado Manuel Marulanda Vélez, conocido como Tirofijo.

En otro orden de cosas, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha declarado que en Nicaragua la libertad de prensa presenta un panorama de “incertidumbre y tiempos difíciles”, principalmente debido a las múltiples presiones ejercidas a periodistas y a raíz de la negativa gubernamental de discutir la ley de acceso ciudadano a la información pública. Asimismo, preocupa la permanente intromisión e interferencia en la circulación de noticias y en otras áreas de gobierno por parte de Rosario Murillo, la mujer de Ortega (que, dicho sea de paso, lleva el mismo nombre que una de las mujeres de Rubén Darío).

En el año que acaba de finalizar la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN) protestó reiteradamente por las agresiones y la inseguridad de los periodistas. Incluso manifestaron con un simbólico ataúd con la leyenda “no hay país ni sociedad libre sin libertad de expresión y de prensa”. Entre muchas otras quejas, los periodistas nicaragüenses destacan el manejo arbitrario y discriminatorio de la propaganda oficial que administra la antes mencionada primera dama.

Solo para poner un ejemplo en este tema crucial de la libertad de prensa, una iniciativa de importancia sería, en lugar de reclamar por no recibir suficiente publicidad oficial, proponer la eliminación de la respectiva oficina estatal y en lugar de rechazar las concesiones arbitrarias de radio y televisión proponer la privatización de las ondas electomagnéticas al efecto de contar con una verdadera libertad de expresión, reduciendo sustancialmente chantajes y presiones innobles. Hoy esto puede parecer alejado de las posibilidades actuales pero resulta m´s fértil y mucho más digno que pelear por migajas que graciosamente otorga el soberano.

Hay que tener sumo cuidado con estos personajes como Ortega, Morales, Chávez y Correa porque no sólo instalan un régimen de democracia tramposa al no respetar los derechos de las minorías, sino que pretenden perpetuarse en el cargo. En este último sentido debe tenerse muy presente lo que dice Robin Williams en una de las producciones cinematográficas en las que actúa: “los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos frecuentemente y por los mismos motivos”.

Alberto Benegas Lynch

domingo, 2 de diciembre de 2007

Peligra la democracia en Nicaragua


“El peor de todos es Daniel Ortega”, me dijo un presidente latinoamericano presente en la sonada Cumbre Iberoamericana de Chile. “¿Peor que Chávez?”, pregunté incrédulo. “Peor”, me respondió. “Más tosco, más ignorante, y sin esa espontánea comicidad folclórica de matón de zarzuela que tiene el venezolano”. Y enseguida aclaró: “La riña entre el rey español y Chávez fue motivada por la desesperación que produce un señor que no conoce el silencio, pero Ortega se dedicó a insultar a España y a los españoles. Por eso el rey se levantó y se marchó. Chávez desvariaba. Ortega injuriaba”.

Creo que el asunto es aún más grave. El presidente Daniel Ortega, que es incapaz de olvidar, y mucho menos de aprender, trata de regresar a los años ochenta, cuando instaló en Nicaragua una sucursal de Cuba, irresponsablemente se convirtió él mismo en un protagonista de la guerra fría dentro del bando soviético, dispersó por el mundo a los empresarios, y precipitó al país en un conflicto armado que costó miles de muertos y centenares de miles de exiliados, mientras empobrecía hasta los huesos a una sociedad que previamente había sido golpeada por el somocismo durante cuarenta años.

Violencia política. El síntoma más evidente de esta terca vocación autoritaria ha sido su reciente insistencia en la creación de un organismo paramilitar llamado Consejos del Poder Ciudadano, formado por civiles sandinistas, pese al rechazo de la mayoría parlamentaria nica. Cuando los congresistas votaron una ley que prohibía la constitución de ese peligroso instrumento de opresión, parecido a los Comités de Defensa de la Revolución cubanos, Ortega amenazó con gobernar por decreto y utilizó al presidente de la Asamblea –sandinista– y a una instancia judicial bajo su control para tratar de burlar la soberana autoridad del cuerpo legislativo.

Pero no toda la experiencia ha sido negativa. La buena noticia es que la bancada democrática de ese parlamento, formada por el Partido Liberal Constitucionalista, la Alianza Liberal Nicaragüense y la Alianza Movimiento Renovador Sandinista, logró constituir un frente para impedir la regresión estalinista de Ortega. Y ya era hora, porque, pese a las diferencias que separan a estos grupos, los rasgos que los unen, especialmente el respeto por las libertades individuales, son mucho más importantes, y lo que está en juego es la posibilidad de que Nicaragua vuelva a caer en una etapa de atropellos y violencia política que ya parecía superada.

La clave de la supervivencia de la democracia en ese país acaso está en la unión del fragmentado partido liberal, dos tendencias que cuentan con más del cincuenta por ciento de apoyo popular. Y el elemento fundamental que explica esa división es el destino del ex presidente Arnoldo Alemán, condenado por los tribunales, pero mantenido fuera de la cárcel por un pacto con los sandinistas que hizo posible que Ortega regresara al poder y Alemán continuara en libertad.

Evitar el desastre. ¿Cómo puede frenarse a Ortega, recomponer el mapa político y proteger la democracia? Los liberales nicaragüenses estudian una pragmática fórmula que parece razonable: decretar una amplia amnistía que ponga fin a las persecuciones judiciales y así privar a Ortega de la capacidad de chantaje sobre los líderes políticos de la oposición. Es verdad que esta solución contiene elementos negativos, pero no se puede poner en peligro a todo un pueblo por meter en la cárcel a un político acusado de corrupción.

En todo caso, este triste episodio debería servir como punto de partida de un radical propósito de enmienda de toda la clase política nicaragüense, y especialmente de los liberales. Es verdad que en los tres gobiernos postsandinistas el país dio un cambio tremendo en el orden material y en el clima de libertades que se logró forjar, pero la inescrupulosa manera en que, a veces, se manejaron las instituciones republicanas, convirtiendo en una burla la independencia de los poderes públicos, solo sirvió para debilitar la confianza de la sociedad en sus gobernantes y para abrirle la puerta a potenciales aventuras antidemocráticas.

En el 2010 –a la vuelta de la esquina– se cumplirá el vigésimo aniversario de la derrota en las urnas de Daniel Ortega y del triunfo de Violeta Chamorro. Esa victoria, que entonces parecía casi imposible, costó un río de sangre, y los demócratas nicaragüenses heredaron un país destruido que ha resurgido de las cenizas. Los liberales (y los conservadores que se les han unido), juntos, si renuncian al cainismo y se deciden a colaborar lealmente, pueden preservarlo, lograr que prospere, y legarles a sus hijos una nación mejor que la que ellos vivieron. Si no lo hacen, serán responsables del desastre que probablemente ocurra.

Carlos Alberto Montaner

miércoles, 15 de agosto de 2007

¡Que descaro!


¨Las exportaciones de zonas francas en Nicaragua aumentaron un 22,8% y el valor agregado en un 22,9% durante el primer semestre del 2007, en relación con el mismo período del año pasado, informaron ayer fuentes oficiales. Las proyecciones sonque las ventas al exterior de zonas francas cerrarán este año en $1.000 millones y el valor agregado en $320 millones, calculó la Corporación de Zonas Francas.¨

Es claro que el TLC ha sido un instrumento esencial para que Nicaragua haya logrado este repunte productivo. Ante esta realidad sólo cabe preguntarse cuál es el interés del presidente Ortega para que el TLC no se apruebe en nuestro país. ¿Será que nos quiere proteger de la terrible tragedia de que nuestras exportaciones crezcan así como su valor agregado? ¿Será que simplemente no quiere que su país compita con una mano de obra más calificada?. Juzguen ustedes amigos de ASOJOD, lo único que nos queda decir es que resulta curioso cómo Ortega nos recomienda quedarnos fuera del tratado mientras él y su país disfrutan de los resultados. Definitivamente parece que el vecino gobierno del norte no cree en el famoso dicho: lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa.