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martes, 16 de septiembre de 2008

Obama y McCain, mejores que sus vices


En los últimos meses, hemos señalado varias veces en este columna que la postura del candidato demócrata Barack Obama sobre el libre comercio y la de su rival republicano John McCain sobre la inmigración no son buenas para Latinoamérica. Desafortunadamente, sus respectivos compañeros de fórmula podrían ser aún peores para la región.

Empecemos por el candidato a vicepresidente demócrata, el senador Joe Biden (D-De), quien --a diferencia de su rival republicana, la gobernadora de Alaska Sarah Palin-- tiene una carrera de 35 años en el Senado, y una larga historia de votaciones sobre política exterior.

En lo que hace al libre comercio, Biden es mas duro --algunos dirían proteccionista-- que Obama. Aunque Obama se opuso a los recientes acuerdos de libre comercio de Estados Unidos con América Central y al acuerdo pendiente con Colombia, dio su apoyo al acuerdo de libre comercio con Perú, y en una entrevista me negó repetidamente que es antilibre comercio, Biden se ha opuesto a todos los recientes acuerdos de libre comercio con Latinoamérica.

El candidato a vicepresidente por el Partido Demócrata votó en contra de los acuerdos estadounidenses de libre comercio con Chile, América Central y Perú, así como de los acuerdos similares con Omán y Singapur.

El sitio web de Biden para la campaña presidencial 2007 afirmaba que Joe Biden cree que las negociaciones comerciales de Estados Unidos deben proteger a los trabajadores estadounidenses asegurando estándares básicos en materia laboral y ambiental. Pero sus críticos dicen que la postura de Biden se debe a sus nexos con los sindicatos estadounidenses, que quieren proteger los empleos de sus afiliados de la competencia extranjera.

Además, Biden no se ha caracterizado por ser muy amigo de México. La agencia Associated Press lo citó diciendo en noviembre del 2006, cuando estaba a punto de asumir como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que Mexico es una ex democracia.

¿Ex democracia? La democracia autoritaria de siete décadas del Partido Revolucionario Institucional de México terminó en el 2000. Cualquiera sea nuestra opinión sobre el actual gobierno de México, el país es más democrático de lo que era hasta el 2000.

Biden no tiene un historial muy distinguido en lo que relacionado con Latinoamérica, dice Peter Hakim, director de Diálogo InterAmericano, una organización bipartidista en Washington D.C. Y Palin es una hoja completamente en blanco.

De hecho, Palin --quien, según se ha reportado, recién obtuvo su pasaporte el año pasado-- ha mostrado poco interés por la política exterior. El viernes, una busqueda de Google por su nombre y América Latina sólo produjo una entrada: la de un blogger que señalaba que no había ninguna entrada sobre el tema.

En cuanto a la inmigración, muchos creen que Palin es más aislacionista que McCain. Mientras McCain hasta hace poco apoyaba una reforma inmigratoria integral --que incluía una vía hacia la legalización para millones de trabajadores indocumentados-- , y recientemente cambió su postura para proponer que antes que nada se refuercen los controles fronterizos, Palin es bienvenida por los grupos antiinmigración como una de los suyos.

La conductora de radio Laura Ingraham, una de las favoritas de los grupos antiinmigración, relató en su programa este año que: Estuve sentada a su lado en una cena --fue en julio-- y hablé con ella. Y me dijo que no está a favor de una reforma integral. Se los aseguro. Está completamente harta de toda esta insensatez de la inmigración que hay en Estados Unidos.

Cuando les pregunté sobre la cita de Ingraham, publicada en el sitio de internet http://www.ontheissues.org/, dos voceros de la campaña de McCain-Palin dijeron que me volverían a llamar para confirmar o desmentir la información, pero no lo hicieron.

Mi opinión: tanto Biden como Palin apelan a los sectores más extremistas, populistas y aislacionistas de sus respectivos partidos. Gane quien gane las elecciones, ya sea Obama o sea McCain, ojalá que gocen de buena salud y puedan completar su período de gobierno, para que nos salvemos de tener a sus segundos al frente del Ejecutivo.

Andrés Oppenheimer

viernes, 6 de junio de 2008

El colectivismo de Obama y McCain

Hace unas semanas, Barack Obama instigó a los graduandos de la Universidad Wesleyan a que se dedicaran al “servicio colectivo”. Este no es un tema fuera de lo común en los discursos de graduación. Pero fue interesante lo mucho que profundizó al discutir los diversos tipos de activismo sin fines de lucro, mientras que en ningún momento mencionó las virtudes del comercio o de los logros individuales.

Obama les dijo a los estudiantes: “Nuestra salvación individual depende de la salvación colectiva”. Criticó a aquellos que quieren “tomar su diploma, salir de esta tarima e ir únicamente detrás de una casa grande y buenos trajes y todas las otras cosas que nuestra cultura del dinero les dice que deberían comprar”.

Menosprecio. Las personas a las que Obama menosprecia de esta manera son aquellos que construyeron Estados Unidos –los comerciantes, empresarios y manufactureros que nos dieron los trenes, aviones, casas, electrodomésticos, motores a vapor, electricidad, teléfonos y computadoras–. Lo que está ignorando es el trabajo que nos da comida, ropa, un techo y cada vez más comodidades. Esta es la actitud que uno esperaría del candidato demócrata.

O del candidato republicano de este año. John McCain también denuncia el “contentarse con uno mismo” e insiste en que los estadounidenses sirvan “un propósito nacional que va más allá de nuestros intereses individuales”. Durante un debate del Partido Republicano, Mc Cain ridiculizó la capacidad de liderazgo de Mitt Romney al decir: “Yo… lideré por patriotismo, no por lucro”. Cuando se le cuestionó esta aseveración, McCain argumentó que Romney “administraba empresas, y las compraba, y las vendía y a veces la gente perdía sus empleos. Esa es la naturaleza de ese negocio”. Perfectamente podría haber estado transmitiendo el mensaje de Obama.

“Una causa más importante”, “el servicio comunitario” –para muchos estas frases delicadas nos suenan cálidas y reconfortantes–. Pero su propósito es menospreciar y denigrar nuestras propias vidas, criticar nuestra propia búsqueda de la felicidad. Sus conceptos no son apropiados para un país que ha sido fundado sobre una revolución liberal –una revolución que pretendía defender nuestros derechos a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”–.

Tinte de hipocresía. Pareciera que a McCain le gustaría vernos a todos enlistados en las fuerzas armadas. En un ensayo de la revista Washington Monthly publicado en octubre del 2001, su visión del servicio nacional sonaba militarista. Él escribió con entusiasmo acerca de programas cuyos participantes “no solo se ponen uniformes y trabajan en equipos… sino que de hecho viven juntos en cuarteles que antes eran bases militares, y son asignados proyectos de servicios lejos de la base donde residen”, y “se reunirían para realizar ejercicios calisténicos diarios, muchas veces en lugares públicos, por ejemplo, al frente del municipio”.

Obama no nos enviaría a las fuerzas armadas. Solo quiere nuestras almas. Como dijera su esposa, Michelle, el 3 de febrero pasado, “Barack Obama les pedirá que trabajen. Él demandará que dejen a un lado su cinismo… Que se exijan a ser mejores. Y a que se involucren. Barack nunca permitirá que vuelvan a sus vidas normales, sin involucrarse y sin informarse”.

Hay un tinte de hipocresía aquí. Obama, quien ganó $4,2 millones el año pasado y vive en una casa de $1,6 millones –y cuyos “trajes elegantes” y “corbatas impecables” lo convirtieron en uno de los “Hombres Mejor Vestidos en el Mundo” según la revista Esquire – menosprecia a los estudiantes universitarios que podrían querer “ir detrás de una casa grande y buenos trajes”. McCain, quien con su esposa ganó más de $6 millones el año pasado y posee por lo menos siete casas, ridiculiza a Romney por haber creado empresas.

Pero la hipocresía no es el tema central. En realidad este es que Obama y McCain nos están diciendo que nuestras vidas normales no son lo suficientemente buenas, que buscar nuestra felicidad es “contentarse con uno mismo”, que construir una empresa es “seguir nuestra cultura del dinero”, que trabajar para dar una mejor vida a nuestras familias es una “preocupación obtusa”.

Ellos están equivocados. Cada vida humana cuenta. Su vida cuenta. Usted tiene derecho a vivirla como usted así lo desee, de buscar su propia felicidad. Usted tiene derecho a derivar satisfacción de sus logros y, si usted persigue al todopoderoso dólar, puede que descubra que está siendo conducido, como por una mano invisible, a hacer cosas que mejoran la vida de los demás.


David Boaz

domingo, 1 de junio de 2008

Obama y el voto étnico


¿Por qué votan los electores? ¿Qué los motiva? La etnia a la que se pertenece, y a la que pertenecen los candidatos, sin duda, es un factor. El elector generalmente busca a uno de los suyos, o, por lo menos, del vecindario. Parece que el 95% de los electores afroamericanos votará por Obama. Es natural. Es la primera vez que un candidato negro tiene posibilidades de ser presidente de Estados Unidos. En los comicios locales de la Florida ocurre lo mismo. El votante cubanoamericano suele respaldar a los candidatos de esta procedencia, los anglos apoyan a quienes se les parecen a ellos y tienen nombres anglosajones (no siempre: hubo un gobernador anglo apellidado Martínez) y los afroamericanos prefieren a su gente.

No obstante, según las encuestas, el candidato Obama tiene el respaldo de un sector muy importante de votantes blancos. ¿Quiénes son esas personas? En general, electores de grandes centros urbanos, varones, más educados y prósperos que la media, demócratas e independientes que se autodenominan ''liberales'' en el distorsionado sentido que esta palabra, de origen español, ha adquirido en inglés. Para ellos, las diferencias étnicas pesan menos que la imagen positiva que perciben de Obama: un hombre joven, culto, dotado de una personalidad magnética, notable orador, empeñado en cambiar al país, aunque todavía no ha aclarado cómo ni en qué dirección. Creo, además, que votar por una persona de otra etnia les proporciona a los liberales la gratificación emocional de demostrar que son personas libres de prejuicios. (Es un mecanismo conocido: a las personas muy religiosas les conforta votar por los candidatos justos y severos. El voto es también una fuente de placer psicológico.)

El caso de los hispanos es muy interesante. Como suele ocurrir, los afroamericanos y los hispanos son dos minorías no muy bien integradas. Viven en barrios separados, y no es estrictamente una cuestión racial: los afrocubanos o los afrodominicanos prefieren residir entre hispanos que entre afroamericanos. La etnia y la cultura importan más que la cantidad de melanina que tiñe la piel. Entre ambos grupos fluyen prejuicios y estereotipos. Las pandillas juveniles hispanas y afroamericanas se enfrentan en las calles de las grandes ciudades y luego continúan sus cruentas batallas en las cárceles.

Cuando los hispanos tuvieron que elegir entre Obama y Hillary, prefirieron a Hillary. Pero entonces la elección era dentro del Partido Demócrata, al que pertenecen dos de cada tres hispanos. Por ahora nadie sabe con precisión qué sucederá cuando la alternativa sea entre un republicano blanco y un demócrata negro. ¿Prevalecerán los resabios étnicos o la filiación partidista?

Los judíos se enfrentan a un dilema parecido. La mayoría responde al perfil sociológico obamista (blancos, educados, radicados en ciudades grandes, más prósperos que la media, liberales y demócratas), pero las relaciones entre los afroamericanos y los judíos no son las mejores. Los líderes radicales negros vinculados al islamismo, como Louis Farrakhan, se han dedicado a envenenarlas. Ya casi nadie recuerda a Sammy Davis, aquel talentoso cantante y showman negro que se hizo judío sin dejar de burlarse de unos y otros. ''Desde que me hice judío —decía Davis— cada vez que paso frente a una joyería no sé si asaltarla o comprarme un diamante''. Cuando Barry Goldwater era el candidato republicano en las elecciones de 1964, un conservador sureño de Arizona, Dean Martin, solía consolar a su amigo Davis (muy demócrata) con una frase malvada: ''No sé por qué Sammy está preocupado. Ya le he dicho que si gana Goldwater yo lo compro''. Eran otros tiempos, menos preocupados por la corrección política. ¿Qué emoción va a prevalecer entre los electores judíos? ¿La secreta hostilidad étnica o la afinidad ideológica liberal? Todavía es muy pronto para saberlo.

En todo caso, me parece que Obama, no obstante ser hoy el candidato favorito, puede acabar perdiendo frente a McCain, pese a la edad del senador republicano, la impopularidad de su presidente, los problemas económicos que experimenta el país y el rechazo a la guerra de Irak. Y si Obama pierde será víctima, precisamente, de estos incómodos pero reales factores étnicos. Es a esto a lo que se refería Hillary Clinton cuando advertía sobre la probable no elegibilidad del senador Obama. Como McCain es un republicano moderado, no irrita a casi ningún blanco demócrata, republicano o independiente que sienta algún reparo en votar por un afroamericano. Triste e inevitablemente, la elección estadounidense será (ya va siendo), en gran medida, una contienda racial. Y ahí McCain lleva las de ganar.

Carlos ALberto Montaner

martes, 26 de febrero de 2008

McCain, un cabezón con mal genio


Dado que las primarias de los demócratas siguen bien empatadas, pero las de los republicanos ya han dado un ganador claro, parece el mejor momento de hablar de quién es John McCain, qué defiende y si a los liberales debería gustarnos, o no. Como suele suceder, tiene cosas buenas y malas, y siendo un político, las malas son más numerosas. Pero no son quizá tantas como pudiera parecer a primera vista.

A McCain se le ha criticado por estar más a la izquierda de lo que le gusta al partido y ser adorado por los medios progres estadounidenses. Pero quizá la principal razón para ello sea más su carácter que sus ideas. No es una persona diplomática ni sabe llevar el desacuerdo con elegancia, de modo que tiende a descalificar al adversario en lugar de argumentar. Y como sus posturas, en diversas y especialmente polémicas ocasiones, han sido distintas o incluso opuestas a las de su partido y su base, los destinatarios de sus invectivas han terminado siendo a menudo sus propios correligionarios. Normal, entonces, el cariño que recibe del New York Times, el Washington Post y demás templos de la progresía y la manía que se le tiene en su propio bando.

Una ventaja de ese carácter endemoniado suyo, seguramente heredado de su historial militar y familiar, pues su padre y su abuelo fueron almirantes y él estuvo preso del Vietcong cinco años, es que no es un candidato que cambie de ideas así como así. Él cree en lo que cree, y aunque pueda cambiar de opinión, no lo hace con frecuencia ni por ganar votos. No se le puede acusar de veleta como sí se hizo con Mitt Romney. Así, es fácil hacerse una idea de cómo sería una presidencia suya; basta mirar su historial.

En temas de libertades civiles, McCain no es un defensor a ultranza de los derechos individuales, sino un pragmático que igual puede defender que atacar una libertad concreta por lo que estima son sus resultados. De ahí una de las peores cosas que ha hecho en su carrera, juntarse con el muy izquierdista Feingold para aprobar una ley que coarta gravemente la libertad de expresión durante las campañas políticas, seas o no obispo. También es enemigo de la libertad de poseer armas de fuego.

Tampoco es precisamente el candidato ideal en asuntos medioambientales. Votó en contra de que se extrajera petróleo de Alaska y cree que el hombre está provocando el calentamiento global. Aquí, en cambio, su pragmatismo es una ventaja: no es tampoco un fiel seguidor de las paparruchas apocalípticas de Gore y cree que el camino hacia la independencia energética y la reducción del CO2 en la atmósfera es la energía nuclear, y que cualquier acuerdo sobre restricción de emisiones debe contar con China e India, lo que se acerca mucho a no apoyar acuerdo alguno en la práctica.

Sin embargo, en temas económicos su postura es bastante liberal. Votó en contra de los recortes de impuestos de Bush, pero argumentó que lo hizo por no ir acompañados de recortes equivalentes en gasto público. Es favorable al libre comercio y a la reducción del peso del Estado en la economía. Está en contra de la nacionalización de la sanidad y propone que puedan comprarse seguros médicos en estados distintos (reduciendo así la regulación excesiva mediante la competencia) y que quienes se pagan ellos mismos el seguro tengan exenciones fiscales que lo hagan asequible. También está a favor de los cheques escolares.

Entrando en asuntos más polémicos y con más divergencias entre liberales, es evidente que es un halcón en política exterior, un militar duro; eso es lo que todo el mundo sabe de él. En inmigración ha cambiado de postura, aunque tampoco mucho. Sigue siendo favorable a amnistiar a los ilegales ya establecidos en Estados Unidos, cosa que le granjeó un sinfín de críticas de su propio partido, pero ahora apoya que se blinden las fronteras antes de hacerlo para evitar un efecto llamada. Está a favor de la financiación federal de la investigación con células madre, pero en contra del aborto. No está a favor del matrimonio homosexual, pero sí de una unión civil.

¿Será el próximo presidente de Estados Unidos? Es difícil de decir, porque aunque pueda ganarse votos de independientes, también es probable que los pierda de su propia base, que no acaba de considerarle de los suyos. Si Hillary fuera la nominada en el lado demócrata, seguramente ésta le haría el favor de movilizar a los republicanos en contra suya, pero no parece que con Obama sucediera lo mismo. En cualquier caso, y visto que será sin duda el candidato republicano, la comparación con cualquiera de los dos posibles rivales demócratas lo hacen emerger como un mal muy menor.


Daniel Rodríguez H.