martes, 6 de febrero de 2018
La columna de Carlos Federico Smith: a pagar las consecuencias
martes, 29 de septiembre de 2015
La columna de Carlos Federico Smith: lecciones de la carretera a San Ramón
El propósito esencial de aquella ley es el de “financiar y ejecutar el proyecto mediante un fideicomiso que capte recursos de reservas, utilidades y superávits generados en la Administración Pública descentralizada, lo que incluye a bancos estatales, al Instituto Nacional de Seguros (INS) y a las operadoras de pensiones. El fideicomiso operaría la vía hasta por 30 años.” Sin duda que, de esta manera, se sustituirían los recursos que previamente desembolsaría OAS para este proyecto, a cambio de administrarlo y recuperar la inversión a través de peajes. También mediante estos, el nuevo fideicomiso recuperaría los fondos allí invertidos.
Jorge Corrales Quesada
martes, 11 de agosto de 2015
La columna de Carlos Federico Smith: la concesión de la Ruta 27
Jorge Corrales Quesada
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Desde la tribuna: ¡Ay, qué Estado más ineficiente!
Hemos puesto muchas cosas en manos del Estado y se ha cumplido aquello de que “quien mucho abarca …”. Lo más grave es el abandono de las tareas o funciones primarias encomendadas al Estado. Se ha olvidado el principio de acción subsidiaria y se ha cargado al Estado de funciones y tareas. Los estatistas han querido todo en manos del Estado y ello ha resultado en desastre.
No se trata de una falta inocente. Hay unos pocos que se benefician de la situación para prometer y repartir lo ajeno, para concentrar el poder y obtener sus gollerías. Y hay unos muchos que caen en doble carácter de culpables y víctimas del clientelismo político, esperanzados en lograr lo prometido, aunque sea ajeno y olvidando las responsabilidades personales.
El colapso de la infraestructura pública en los últimos años, la inutilidad para aplicar correctamente legislación que en otros países ha sido una solución importante para obtener infraestructura (concesión de obra pública), el crecimiento del gasto corriente, el gran endeudamiento público y el aumento de gollerías son la prueba indefectible de lo que pasa.
Todo la anécdota del colapso de unas alcantarillas en la carretera de circunvalación de San José, por los Hatillos y los siguientes hechos son de antología. Millonaria colocación de puentes modulares que no sirvieron para nada (aunque alguien cobró), caos vehicular, ocurrencia de aumentar la restricción vehicular, Cartago no se queda atrás y exhibe su hueco (frente al CUC), Heredia también logra uno en la radial y en la Autopista General Cañas hacia Alajuela se empieza a lavar el talud construido con exceso de millones hace unos pocos meses (además de que se intenta el tercer millonario arreglo al puente sobre el río Virilla, el de la famosa platina).
Paralelamente, la Contraloría General de la República señala que es realmente anómalo que la carretera 27, la de Caldera, no haya sido entregada, esté exhibiendo congestionamientos y no se termine de acabar. Pero no hay que olvidar que los tribunales contenciosos condenaron a la Administración Pública por la irregular remoción de la compañía supervisora (IMNSA), por no “acomodarse” al juego y reportar cientos de “no conformidades” con lo que pasaba en la construcción de esta obra.
Si queremos sumar anomalías, podemos mencionar que aún no se ha arreglado el techo del Estadio Nacional, que ardió en un “discutible” juego de pólvora, contratado luego de que otro empresario polvorero manifestó que no había condiciones para ello. Este hecho debe sumarse al intento del PLN de desviar 226 millones de colones de un presupuesto del CNP, a fin de cubrir los saldos de los Juegos Centroamericanos celebrados como si fueran los Olímpicos, con exceso de pompa y circunstancia y concluidos con los alegres ritmos de Carlos Vives.
Ineficiencia, corrupción añadida, clientelismo y demagogia: una fatal combinación que arruina a nuestra sociedad.
martes, 19 de abril de 2011
La columna de Carlos Federico Smith: las cosas se podrían hacer mejor
Tal vez el mejor parangón de lo que suele suceder con Costa Rica es lo que nos ha costado arreglar la platina (incluida la “ayuda eficiente” de empresas extranjeras) o lo que duró y costó la construcción de las casas en Cinchona, resultado del terremoto de hace un par de años. ¡Cuánto tiempo ha tomado llevar a cabo esos proyectos! Las excusas para esos retrasos han abundado, cuando lo cierto es que, en el caso del puente de la platina (rebautizado el puente de la rasquiña, por aquello del símil físico de la superficie del puente con la enfermedad de la piel), a la fecha aún no está arreglado, tal como se esperaría en un mundo llamado moderno. Yni qué decir de las casas de Cinchona, las cuales, a pesar del enorme esfuerzo y vigilancia ejercida por donadores privados y patrocinadores institucionales, han requerido eones para poder verlas en pie. A la fecha aún no se sabe con exactitud el por qué del enorme aumento en los costos que se observó en dicho proyecto.
En medio de la tragedia del Japón -para quienes tienden a olvidarlo, no hay gestión humana que no tenga riesgos- pocos meses después de la devastación por el tsunami, gran cantidad de las casas destruidas ya están de nuevo en pie, producto de un esfuerzo enorme de diversos actores en ese país. Sorprende la rapidez con que las empresas, las personas, el Gobierno, en general todo un pueblo, hace las cosas eficientemente.
En nuestro medio, la discusión pública en torno al sistema de concesión de obra pública nos ha brindado muchas buenas lecciones, a algunas de las cuales me he referido en comentarios previos. En esta ocasión tan sólo comentaré dos nuevos matices del tema. Uno es la opinión de un “líder” de un sindicato del Ministerio de Obras Públicas y Transportes y, otra, la de un “líder” que en este caso encabeza una de las agrupaciones de transportistas en el país. Ambos coinciden en su opinión de que es necesario redefinir la construcción de obra pública, principalmente carreteras, en vez del actual sistema de concesiones al sector privado.
En mucho no los critico, pues creo que están profundamente influenciados por el relajo que a todas luces ha sido la concesión a Autopistas del Sol. Incluso el desbarajuste puede estarse reflejando en los muy elevados peajes que, según lo denunció recientemente un noticiero de televisión, se cobran en comparación con proyectos similares en otros países. Pero ello está por verse y asumo que diligentemente la Contraloría General de la República está estudiando meticulosamente estas aseveraciones periodísticas. Sí creo que, sin duda, ambos ciudadanos creen a pie juntillas que sus propuestas son la mejor opción al sistema de concesión.
El “líder” sindical del MOPT propone que de nuevo sea esa entidad, con su personal, la responsable de construir las carreteras. Esto es, volver al viejo esquema de construcción de obra pública por medio del MOPT. Era de esperar que un dirigente sindical de esa entidad promoviera resucitar al antiguo MOPT, pero ciertamente el frío no está en las cobijas. El hecho es que no hay plata (presupuesto, financiamiento, para quienes gustan de hablar más técnicamente) para que el Estado sea quien directamente construya las obras, excepto que se les ocurra aumentar el gasto público con la ingeniosa idea de ponerle más impuestos a la ciudadanía o a través de un mayor endeudamiento gubernamental.
La realidad de las finanzas internacionales (y nacionales) es que no hay recursos para que el Estado pueda llevar a cabo este tipo de actividades. Por ello lo siento para el “líder” sindical, pero parece que la única opción disponible para hacer infraestructura pública es a través de esquemas de concesión al sector privado, de forma que consiga los recursos, lleve a cabo la construcción de las obras y que luego cobre a quien la utilice. No quisiera aparecer como grosero con un trabajador del MOPT señalándole que esa entidad ha sido incapaz, por ejemplo, de dar un mantenimiento elemental a los puente nacionales, como lo prueba la tragicomedia sucedida con el puente sobre el Virilla, o la caída dolorosa y trágica del puente sobre el Río Tárcoles, que al menos yo recuerdo en este mundo del olvido a los tres días.
Pongo estos ejemplos, pero podría citar muchas otras actividades en las cuales el MOPT le ha quedado debiendo a la ciudadanía, entre ellas el enorme rezago en carreteras que no han sido objeto de concesión y que hoy están muy destrozadas, amén de un sistema vial obsoleto y, en mi opinión, causal de muchos accidentes en el país. O, por ejemplo, el malfuncionamiento con el tránsito que depende de funcionarios de esa entidad. O el descuido con los nuevos semáforos inteligentes o la mala demarcación en muchos sitios del país. La lista puede ser muy extensa, como extenso es el número de funcionarios laborando para esa entidad.
El otro ”líder”, el de los transportistas, fue objeto de una acuciosa pregunta en un programa matutino de comentarios. Se le pidió que, si no estaba de acuerdo con los esquemas de concesión, entonces, nos dijera cómo se aseguraría la provisión de obras de infraestructura. Su respuesta fue similarmente ilusa a la que tiene un amigo venezolano de que los Estados Unidos van a mandar tropas para derrocar a Chávez. Propone que sea el Estado costarricense, por medio del MOPT y con fondos del Banco Mundial y del BID -dos entidades que mencionó- quien se encargue de construir las nuevas carreteras. Su propuesta es volver a la historia antigua, en donde todos los costarricense somos quienes terminamos pagando la deuda (porque son préstamos y no regalos de esas entidades) mediante impuestos, en vez de ser amortizada mediante el pago de peajes por quienes efectivamente la utilizan. ¿Por qué habría de pagar por esa carretera alguien que nunca o poco la usa? Me parece que es elementalmente equitativo que quien la utiliza sea quien pague. Claro, qué rico es que yo -transportista de carga- use la carretera, pero el costo es cubierto por todos los costarricenses.
El esquema de concesión se acerca a un principio tributario muy importante: qué se pague por el beneficio que se recibe. Obviamente, eso no le gusta a quien desearía que sean otros quienes paguen por él o ella.
Jorge Corrales Quesada
lunes, 25 de enero de 2010
Tema polémico: hipocresía sindical
No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que en nuestro país, ciertos individuos vociferan contra los resultados que no comparten, desacreditándolos y acusando de "intromisiones" o "fraudes" (como lo demostró el grupo más radical del "NO" al TLC) o lo ejemplificaron aquellos "próceres de la Patria", reunidos en las afueras del Teatro Melico Salazar, cuando anunciaron que desconocerían las elecciones del 2006 si el ganador era Oscar Arias. No obstante, si el resultado de una votación les favorece, inmediatamente salen gritando a los cuatro vientos que "el pueblo se ha expresado libre y apropiadamente" o que "la voluntad del pueblo, ente soberano y omnisciente, se ha cumplido".
Esto es precisamente lo que tenemos con el caso de la mencionada Asamblea de JAPDEVA: como no les conviene el resultado -pues si se conseciona el muelle se acaba la charanga sindical, la extorsión y la indecencia que ha caracterizado a un grupo de rufianes que se valen de las huelgas para no trabajar y, simultaneamente, obtener privilegios despreciables- entonces niegan que haya sido una reunión válida y rechazan vehementemente la decisión. Pero acá no acaba la historia: como en la vulgaridad parece haber una buena dosis de solidaridad, un grupo de sindicatos (Rerum Novarum, Movimiento de Trabajadores Costarricenses, Central General de Trabajadores y la Central Social Juanito Mora) fueron a protestar el pasado lunes 18 de enero ante el Ministerio de Trabajo, haciendo un berrinche para que el Ministerio de Trabajo anule la Asamblea realizada por JAPDEVA. ¿Por qué? Porque todos estos grupos mafiosos operan de la misma forma: amenazando, extorsionando y valiéndose de la muchedumbre y el desorden para hacer lo que les viene en gana, obteniendo ventajas a costa de todos los costarricenses.
Definitivamente, si los sindicatos cumplieron alguna vez una labor social importante -cosa que está en tela de duda por su propia naturaleza organizativa-, es claro que en la actualidad no sirven para nada. Solo pretenden exprimir hasta más no poder a quienes pagan sus caprichos y amenazan con huelgas y destrozos, cual niño malcriado, cuando no se les complace. ¡Y todavía reclaman que la empresa privada no permita sindicatos en su seno! Mas lo peor del caso es que ellos y otros grupos pseudoacadémicos, "sociales" y demás epítetos políticamente correctos, alimentan una muy peligrosa forma de legitimidad de las decisiones en un régimen democrático: la de la conveniencia.
martes, 23 de junio de 2009
En Vela

En una entrevista amplia e inteligente del periodista Ronny Rojas, de La Nación , ayer, el secretario general del sindicato de Japdeva, Ronald Blear Blear, habló como sindicalista imbuido de ideología y como demócrata costarricense. El saldo es muy positivo para el país.
La combinación de ambos tipos de respuesta nos indican cuán ajenos están de la realidad nacional y del mundo aquellos diputados que promueven algunas reformas del Código Laboral, al conjuro de una campaña internacional sindicalista desesperada. Pésima carta de presentación, en la próxima campaña política, para los partidos democráticos que respaldan estas reformas. En vez de prohijar un cambio radical en el vetusto sindicalismo nacional, quieren arraigar un cacicazgo sindical personalista y mediocre.
Dejemos de lado, pues, la retórica cansina y previsible de Blear, tan grata a la galería de los fracasados y estériles patriotas de la política nacional, y a un simpático expresidente ejecutivo de Japdeva, y reparemos en dos declaraciones: “Lo que decidan los trabajadores yo voy a respetarlo. Yo no puedo oponerme a la voluntad de la mayoría, si deciden votar en secreto... Nosotros ya accedimos una vez a la petición del gobierno de convocar. Eso no es un juego, no podemos caer en charlatanerías”. Recordemos que una votación democrática secreta en la finca bananera El Carmen, en Limón, reducto sindical extremista, hace más de 20 años, fue la que permitió el triunfo del solidarismo y el arraigo de la paz social.
Estas declaraciones entrañan un cambio profundo en el historial del sindicalismo: por una parte, proclaman la vía democrática genuina como la instancia superior del movimiento sindicalista, en contra del cacicazgo, de la cooptación programada, en beneficio de unos pocos privilegiados, señores supremos de su feudo sindical, y, por la otra, abren las puertas a una transformación portuaria profunda que, de la mano del proyecto de renovación de Limón, firmado recientemente, representa, por primera vez, un cambio económico y social liberador en esta provincia, tras décadas de subdesarrollo, abandono y temor.
Esta nueva visión de Limón debe armonizarse con un plan integral en el campo de la seguridad ciudadana y de la lucha contra el narcotráfico, lo cual comprende un cambio interno profundo en el propio Ministerio de Seguridad Pública, un observador, hasta ahora, de lo que está pasando en esa provincia. Sin este cambio de mentalidad y de estrategia en Limón, cristalizado en hechos, el gran esfuerzo económico, social y portuario indicado puede venir a menos y hasta fracasar. Estamos notificados.
Julio Rodríguez
miércoles, 11 de julio de 2007
Cuidemos la gallina de los huevos de oro

El sector turismo representó un ingreso de 1.678 millones de dólares en el año 2006, cifra que supera en 74 millones de dólares a la obtenida en el año 2005, para un avance del 4.5%.
Esta noticia si bien es positiva no nos puede alentar a dormirnos, todo lo contrario nos queda mucho por mejorar. La competencia cada día aumenta más, el mercado asiático así como nuestros vecinos se vuelven día a día más atractivos. Por esta razón es necesario que el país le dedique los recursos que requiere el sector para seguir avanzando. Falta mucho por hacer en materia de infraestructura y comunicación, ya es sabido por todos nosotros que tenemos un estado quebrado e ineficiente al cual le es imposible afrontar la inversión que clama el turismo en nuestro país.
Por eso en ASOJOD vemos con gran urgencia la necesidad de una ley de concesión de obra pública eficiente, que permita al sector privado colaborar con todas las carencias que hoy nos aquejan como país.