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martes, 3 de mayo de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: empresarios informales

Acaba de salir a la luz pública el informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) titulado “Encuesta Nacional de Hogares Productores 2015,” el cual reúne información acerca de actividades productivas que se realizan en los hogares. Eso nos permite tener una idea acerca del aporte de dichas actividades al Producto Interno Bruto, así como del empleo que generan, entre otras cosas.

El tema me interesa mucho porque se puede considerar que forman parte importante del llamado sector informal de la economía y que el informe citado denomina como “emprendedores”. Muchos los llamamos sencillamente “pulseadores”, quienes componen parte de lo que se conoce como economía subterránea. Esta contrasta con la formalidad de las empresas que operan a plena luz en la economía y cumpliendo con todos los requisitos que la legalidad exige para la operación correcta de los negocios. Por ejemplo, que paguen las cargas sociales, que lleven contabilidades de acuerdo con los requisitos fiscales, así como que constituyan sociedades -anónimas, en comandita, cooperativas y similares- que están sujetas a impuestos específicos simplemente por su naturaleza, que tienen pagados y cumplen con los requisitos municipales para producir, entre otras cosas que exige el sistema.

Para la Encuesta citada, “emprendimientos de los hogares son aquellos establecimientos, negocios, fincas o actividades ejercidas por trabajadores por cuenta propia o empleadores, en forma permanente o por tiempo indefinido, y que cumplen con alguna de las siguientes características: (1) No están inscritos en el Registro de la Propiedad, como empresa o razón social con cédula jurídica; (2) no poseen registros contables formales para cuantificar todos los ingresos y gastos de su actividad y (3) no tienen asignado un salario fijo por el trabajo que realizan en el negocio.

Un resultado muy importante surge de cotejar los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares Productivos del 2014 con la nueva del 2015: De 339.611 emprendimientos que se estimaron en el 2014, para el 2015 se estima que existen 371.191; esto es, en un año estas empresas informales aumentaron en un significativo 9.3%. Sin duda que dicho crecimiento tan elevado ha de tener una explicación, la cual usualmente se encuentra en la literatura acerca de la economía subterránea: se debe al elevado costo de la legalidad, de manera que la relación costo-beneficio de escoger la economía subterránea ha de haberse intensificado. Sobre esto comentaré luego.

Es interesante también señalar que entre estos emprendimientos hay empresas en donde no hay contratación de otras personas, así como existen otros emprendimientos que demandan mano de obra de terceros. El 89.7% de los emprendedores trabaja sólo u ocasionalmente tienen personas que les ayudan, sin recibir salarios, sino por cuenta propia, en tanto que el 10.3% restante contrata personal con remuneración y permanentemente.

Asimismo, del total de emprendedores, un 77% no cumple con el requisito de llevar registros contables, un 96.5% no aparecen registrados en el Registro de la Propiedad con cédula jurídica y un 97.7% no tiene un salario fijo asignado, ya sea por cuenta propia o patrono.  O sea, alguno de los criterios para definir la informalidad se cumple en un muy elevado porcentaje de la muestra analizada. De hecho, el 75.4% de los emprendimientos -esto es, 279.720 de los 371.191 estimados para el 2015-, poseen simultáneamente las tres características citadas -no tener cédula jurídica, no disponer de contabilidades formales y no poseer salario fijo asignando permanentemente- las cuales definen el concepto de emprendedores en la economía informal que se analiza. Solo el 37.8% de los emprendimientos aparece inscrita en alguna instancia pública, tales como el Ministerio de Hacienda, Municipalidades, la Caja Costarricense del Seguro Social, el Registro de la Propiedad, entre otras.
Esos emprendedores generaron empleo en el 2015 en una suma estimada de 580.670, de los cuales el 82.8% son empleos permanentes y 17.2% ocasionales.

También, como era de esperarse, los niveles de educación que priman en este caso suelen ser bajos; de hecho el 15.8% no tiene nivel alguno de instrucción o primaria incompleta;  el 33.2% una educación primaria completa y un 18% educación superior. Casi dos terceras partes de los emprendedores son de sexo masculino, cifra que se ha mantenido parecida en los años 2014 y 2015; algo muy similar a la distribución laboral de toda la economía. En cuanto a la edad de los emprendedores, un 71.7%  está entre los 35 y 64 años, y el 8.7% se trata de adultos mayores. La edad promedio de los emprendedores es de 46.7 años.

Bien puede ser que el bajo crecimiento de la economía formal durante los últimos años no haya generado una suficiente demanda de trabajo, impulsando a estos trabajadores a la economía informal.  La encuesta citada señala que las dificultades de encontrar trabajo o de tener mejores alternativas fueron factores importantes: Casi un 20% indicó que la razón para iniciar su actividad productiva subterránea se debe “a que encontró una oportunidad en el mercado” (me imagino que mejor que en el sector formal de la economía); a su vez “porque no tenía trabajo” un 16% y un 7% por “no haber encontrado trabajo como asalariado”.

Pero creo que el estudio del INEC es débil (o tal vez no fue ese su objetivo) en cuanto a identificar cuáles factores son los que definen, puestos a optar entre montar una empresa que cumpla con todas las reglas formales y una que nos las satisfaga, que prefieran las segundas.  Esto es, no se determina claramente el costo de la formalidad como factor que, en mi opinión, está detrás de su decisión económica. Entre ellos, que en la informalidad no necesariamente se pagan las cargas sociales, los salarios mínimos, los impuestos municipales, ni los permisos para operar y menos la declaración para el pago de impuestos de diversos tipos, tales como a las utilidades, de ventas, territorial, que requiere que se lleven libros contables, se paguen servicios profesionales a contadores, además de los gastos legales correspondientes. Asimismo, que para tener la formalidad se requiere de una serie de gastos diversos por gestiones ante entidades gubernamentales. 

Pero dicha elección de sumirse en la subterraneidad no pasa sin tener sus costos, que puede decirse que son la privación de aquellos beneficios sería posible obtener si el negocio opera en la formalidad  Así, entre los costos que los emprendedores señalan que les impiden crecer o mantenerse en el mercado, están la limitación al acceso de préstamos, de acuerdo con la opinión del 48.4% de los emprendedores; también, un 29.7% dice que debe reducirse la tramitología gubernamental. Y un porcentaje similar dice tener necesidad de una mayor capacitación, por lo que me pregunto, dado la preeminencia del estado en la provisión de tales servicios, si no hay dificultades tales como costos directos o bien requisitos formales que obviamente no cumplen esos empresarios informales, impidiéndoles ampliar su conocimiento.  

Debo concluir mi comentario con dos acotaciones.  La primera es que no es aceptable que se considere que muchos de esos negocios no son empresarios. La realidad es que esa sesgada opinión asume que empresario es tan sólo el que puede cumplir con los requisitos de la formalidad.  Los emprendedores son empresarios, pues corren los riesgos propios del empresariado, como son esencialmente los de cumplir con la demanda de los consumidores, a la vez que se las manejan para usar las oportunidades de negocios que se abren en su mundo informal y, por supuesto, están expuestos a pérdidas o ganancias como sucede con cualquier empresa en un mercado.

La segunda anotación es que el fenómeno debe de ser tomado plenamente en cuenta cuando hay un proceso en marcha para que en el país se aumenten significativamente los impuestos, lo cual termina lanzando más personas a la informalidad, no sólo porque en ella no pagan tales impuestos que se pretenden aumentar, sino también porque los nuevos gravámenes van a estimular un menor crecimiento de la economía privada y, por ende, un menor crecimiento de la de por sí ya escuálida demanda de trabajo. Esos nuevos desocupados posiblemente acudirán a sobrevivir laborando en la informalidad. Ahora, con esas políticas fiscales abusivas, se aumenta el costo de la formalidad y la reacción natural será evitar tales costos: veremos que seguirá aumentando la informalidad en la economía, con el enorme desperdicio potencial que hay en una economía así.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 25 de enero de 2016

Tema Polémico: Uber y sus valientes emprendedores

El día de ayer salió publicado un reportaje en el periódico La Nación sobre Uber. En el mismo cuenta como distintas personas se han animado a “lanzarse al agua” en busca de mejorar sus condiciones de vida.

Los conductores de Uber, arriesgan su tiempo, capital, esfuerzos, activos, todo ello con el propósito de cultivar un mañana mejor. Simple y llanamente salen a la calle a buscar clientes y satisfacer sus necesidades. En lugar de ser “víctimas” y pretender que el Estado les financie la vida, han buscado una forma digna de obtener ingresos.


Desafortunadamente, desde que Uber llegó al país ha tenido un clima hostil por parte del gobierno. Pocas cosas asustan más a los políticos que los “ciudadanos de pie” que desean ser dueños de su destino, sin tener que besar el anillo del Rey para que les den una licencia o patente para poder trabajar honradamente. Uber rescata aquello que los founding fathers llamaron “the pursuit of happiness”. Ojalá todos los días para los costarricenses esa búsqueda dependa más de ellos mismos y de sus esfuerzos, que de la intervención divina estatal.

martes, 25 de agosto de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: emprendedores y economía subterránea

Inicialmente el tema en particular me interesó, cuando leí en La Nación del 29 de julio un comentario bajo el nombre de “Cuarta parte de los hogares tiene pequeños negocios: INEC presentó resultados de encuesta hecha en el 2014.” Empecé a buscar la información correspondiente y pude leer tanto lo que al respecto publicó el gobierno de la República, como el propio Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El hecho es que me encuentro confundido, pues la información periodística que divulgó el INEC habla de que, “Según datos de (la) Encuesta Nacional de Hogares Productores, en el país existen cerca de 340 mil emprendedores. El INEC ofrece (los) primeros resultados de la Encuesta Nacional de Hogares Productores, un nuevo proyecto estadístico que recolectó información sobre los emprendimientos o actividades productivas que realizan las personas que trabajan en forma independiente.”

Igualmente, el gobierno de la República encabezó su publicación oficial acerca del tema con un contundente “En el país existen cerca de 340 mil emprendedores.” Pero, en ambos casos, la información se refiere a “trabajadores independientes (o emprendedores) en la producción nacional.”  De ninguna manera considero que sea lo mismo un trabajador independiente que un emprendedor, en los términos en que se hace la equivalencia en esas dos referencias.  Un emprendedor puede ser cualquier persona, ya sea de manera individual o por medio de una empresa, en conjunto con otras, la cual monta una actividad económica.  Como bien lo dice el diccionario de la Real Academia, emprendedor es el “Que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas.” Así, tan emprendedor es Bill Gates, como Microsoft o un grupo de amigos que montan un negocio de cualquier tipo.  No entiendo, entonces, ¿por qué se considera tanto en la oficialidad del INEC como en el gobierno de la República, que “emprendedor” es tan sólo un pequeño negocio que no está formalmente constituido? Emprendedor es el empresario de INTEL que decidió invertir en Costa Rica, al menos por un rato, como lo es un paisa que sale a vender chayotes en la avenida segunda o como, imaginémonos, cuando mi apreciado amigo, don Juan Diego Trejos, investigador connotado del Instituto de Investigaciones Económicos de la UCR, decide montar una empresa de investigaciones económicas. Todos estos son emprendedores, aunque posiblemente INTEL, así como don Juan Diego, probablemente organicen sus negocios dentro de la formalidad jurídica del país, en tanto que aquel paisa (como tantos otros ticos) lo hace fuera de la formalidad jurídica, que cubre a las empresas en el país. 

Cuando uno lee en La Nación que en el país, en el 2014, hay “unos 340.000 emprendedores”, en realidad a lo que posiblemente se refieren, no es a que haya 340.000 ciudadanos (individualmente o por medio de alguna forma de empresa: sociedad anónima, sociedad limitada, cooperativa, etcétera), los que están emprendiendo “con resolución acciones dificultosas o azarosas,” sino a personas, empresarios independientes o pequeños empresarios, que no están formalmente constituidos. Esto es, que operan en lo que se suele llamar la economía subterránea; la informalidad.

¿Por qué es importante hacer esta aclaración?  Porque se debe entender claramente la dimensión de la economía informal en nuestro país, pues, si bien son emprendedores, no son los únicos que existen en nuestra economía como tales.  La diferencia es que hay emprendedores que lo hacen en el marco de la formalidad, cumpliendo con todos los registros legales o formales, tales como estar inscritos en instancias públicas, tener contabilidad formal y salarios definidos contractualmente, (entre otras cosas, como pagar impuestos o estar sujetos a regulaciones y controles estatales), en tanto que hay otros que también lo son, a pesar de que lo hacen dentro de lo que suele llamarse la informalidad (como puede ser la ausencia de cumplimiento con aquellas tres características citadas, por ejemplo).
Esos 340.000 son los emprendedores que trabajan en la informalidad y, como bien lo señala el economista Trejos de la UCR, “constituyen un sector productivo importante”, en lo cual concuerdo plenamente.  Es más, aparentemente esta estimación del INEC en el 2013-2014 es la primera vez que se efectúa y se publica recientemente en el 2015, lo cual nos impide comparar la evolución de ese empresariado informal.  Lástima, porque me temo que se está dando un crecimiento de la economía informal a la luz de la seria situación de desempleo (de alrededor de un 10%) y de subempleo (de un 13.5% en el segundo trimestre del 2015) que azotan a nuestro país.

Es crucial entender ¿por qué surgen esos negocios subterráneos?, pues, como bien lo indica el periódico, “estas actividades se desarrollan en establecimientos, negocios, fincas, en la calle o dentro de las mismas viviendas”. Todos muestran las características -de ahí su informalidad- de que “no están inscritos en las instancias públicas, no tienen contabilidad formal o no tienen salario fijo por el trabajo que cumplen en el negocio, sino que el ingreso es la ganancia por la actividad que realizan (como) explicó Annia Chaves, coordinadora de la encuesta” del INEC. Observen que no cumplen con esas características, porque, de hacerlo, les implica tener altos costos (por ejemplo, patentes, abogados, escrituras, contadores, llevar libros, pagar impuestos al salario, cargas sociales, o a la renta personal, permisos, controles, regulaciones, etcétera), por lo cual prefieren evitarlos, escogiendo la economía subterránea.  El costo de la formalidad es muy alto para esos “emprendedores” y escogen eludirlos al operar como empresarios de la economía informal.

Uno podría inclinarse a pensar que, al evitar todos esos costos de la formalidad, el empresario de la economía subterránea viviría en el mejor de los mundos. Pero ciertamente la cuestión no es tal: la informalidad implica una serie de costos que son, al menos algunos, reseñados por el mismo estudio del INEC.  Debe tenerse presente que dicho estudio no busca explicar las razones por las cuales ese empresariado escogió operar desde la informalidad, como sí se hace en análisis realizados en otros países, como en el Perú. Pero, al menos lo que expresan los entrevistados en la encuesta del INEC, nos dan alguna idea, cuando señalan las mayores dificultades que enfrentan para mantenerse en el mercado o para poder crecer económicamente

Es así como el 41.2% de los encuestados empresarios de la economía subterránea, señaló dificultades para tener acceso a préstamos (el 79.5% indicó que no solicitan préstamos); un 19.5% indicó dificultades para diversificar productos o servicios; un 16% señaló la falta de acceso a capacitación y un 14.6% dijo tener problemas con los difíciles trámites en instituciones gubernamentales, entre los principales factores expuestos.

Es esencial darse cuenta de la importancia que tiene ese sector informal en nuestra economía (se ha señalado que esos “empresarios informales” generan empleo para 540.000 personas, que podría aproximarse a un 30% del empleo nacional, como apuntó el economista Trejos), aunque son “actividades de baja productividad”, como suele ser lo propio de ese tipo de empresas. Lo importante del estudio del INEC es que se empieza a valorar lo que está sucediendo en el importante sector de nuestra economía que opera en la subterraneidad.  Desde ya se vislumbra que es un sector significativo y que la solución no va a estar en que el gobierno tome medidas para obligar a los emprendedores que están en la informalidad, a que formalicen sus operaciones, sino más bien en disminuir costos que ahora constituyen el obstáculo económico que las impulsa a sumirse en la economía subterránea.  Precisamente bajar costos que son impuestos por ese mismo estado ineficiente.

 
Jorge Corrales Quesada

jueves, 14 de mayo de 2015

Jumanji empresarial: politizando la técnica

Es sorprendente que a nadie se le haya ocurrido pensar que las reformas fiscales de este país no pasan porque quienes las impulsan, o bien tienen resentimientos sociales y se emocionan con decir que los ricos tienen que cotizar más, entrándole a una materia tan técnica y árida como es el derecho tributario con el ruido de la demagogia; o bien porque son burócratas con un hacha que afilar, que llevan tantos años en sus puestos y no conocen otra forma de entrarle que no sea reiterando los mismos métodos de siempre para ordeñar más la misma vaca; o bien porque son los políticos quienes llevan la iniciativa cuando en su vida han dado un palazo, ni tienen la menor idea de lo que cuesta producir. Metidos en sus largas carreras políticas, se han acostumbrado a disponen del erario público para resolver sus necesidades personales de carro, gasolina, boletos de avión, cuartos de hoteles, viáticos, etc. Esto sin adentrarnos todavía en lo que lo que son gollerías y lo que es corrupción de la gruesa.

En la actualidad la tasa de impuestos corporativa es del 30% de la producción, lo cual implica que cada empresa trabaja de gratis para el estado durante casi tres meses al año. Las mismas personas físicas, aquellas que trabajan para traer sustento a sus hogares y en última instancia terminan pagando todos los impuestos, porque de una forma u otra les caen en el regazo, le tienen que dedicar casi dos meses y medio de su año a trabajar de gratis para el estado para pagar su 25%. Resaltamos la palabra gratis porque los servicios y obras que reciben a cambio, personas y empresas, no compensan jamás ese esfuerzo.

Recalcamos que esos beneficios de carro y otros que reciben los políticos y los salarios de los burócratas y toda la enorme cantidad de gollerías de las Convenciones Colectivas, provienen exclusivamente de ese dinero que tanto y a tanto riesgo cuesta producir a las empresas y que con tanto esfuerzo y sacrificio le cuesta producir a las personas físicas.

A todo esto hay que agregar la seria situación en que los proponentes de las fallidas (por suerte) reformas fiscales que han intentado imponer a los costarricenses en las últimas cuatro administraciones no miden ni las consecuencias ni el entorno en que quieren imponer unas ideas muy ticas, inventando la rueda que los romanos nos dejaron bien inventada, cuando ya para todo existen antecedentes bien probados.

Por ejemplo, parecen desconocer que para que las empresas e individuos tengan con que pagar sus impuestos, deben producir suficientes ganancias. Y para que esto se de, a las empresas del país (nacionales y extranjeras), que son la columna vertebral de la producción y el empleo, debe dárseles las condiciones idóneas. La recaudación de impuestos mejora sustancialmente cuando la situación nacional y mundial es buena. Cuando no lo es, cargar al sector productivo del país con más gravámenes, sin que éste pueda colocar su producción o sus servicios, es obligarlo a reducir los empleos.

Esto desencadena una serie de cargas sociales que le cuestan muy caro al país y que dejan a la población sin capacidad de adquisición. En los países desarrollados, cuando hay crisis, los gobiernos se sacrifican y buscan formas de proteger e incentivar la producción, no de acabarla de paralizar con más cargas impositivas. Por lo general entre los incentivos incluyen BAJAS de los impuestos, no alzas. (continuará)

Humberto Pacheco A.
Publicado en La República (28/4/2015)

lunes, 26 de mayo de 2014

Tema Polémico: Ley de Garantías Mobiliarias

El pasado 20 de mayo fue publicada en la Gaceta la Ley #9246, denominada “Ley de Garantías Mobiliarias”. La misma consiste en una reforma importante a nuestro sistema crediticio, que no sólo debe llamar la atención a los profesionales en derecho, sino sobre todo a empresarios y comerciantes, veamos.

Como todos sabemos, uno de los aspectos más importantes y determinantes de todo negocio es contar con capital suficiente, ya sea para iniciar el mismo, o para expandirlo. Desafortunadamente, no siempre los empresarios (sobre todo los más pequeños) cuentan con capital propio para emprender dicha apuesta. Precisamente, esta problemática, es la que viene a solventar el mercado de crédito, ya sea propio, o a través de la intermediación financiera.

Ahora bien, evidentemente para poder acceder al crédito, ya sea de manera formal o informal, siempre se deberá cumplir con una serie de requisitos. Muchas veces, estos requisitos exigen poder contar con una garantía que respalde el cumplimiento de las obligaciones asumidas por el deudor. En nuestro medio, al día de hoy las garantías estrellas han sido las hipotecas y prendas, sin menoscabar el boom que ha tenido el fideicomiso de garantía durante los últimos años, así como la utilización de títulos valores como colaterales. 

El problema que han enfrentado muchos emprendedores bajo la situación descrita con anterioridad, es que muchas veces no cuentan con bienes suficientes o idóneos para ser dados en garantía. Por ello, la presente ley pretende ampliar el menú de bienes y derechos que pueden ser dados en garantía (inventario, activos circulantes, cuentas por cobrar, cosechas, derechos futuros, etc). Además, la ley permite un procedimiento de ejecución extrajudicial de las garantías, lo cual se espera que permita reducir los costos en que incurren los acreedores para la recuperación de sus créditos, costos que evidentemente entre más altos sean, más perjudican al sistema de préstamo como un todo.

Sin duda alguna, parece que la ley contiene una visión que en mucho puede venir a ayudar a solventar las problemáticas que aquí se exponen, pero  tendremos que esperar a ver como se termina aplicando la misma para poder juzgar el verdadero impacto que tenga.

jueves, 23 de febrero de 2012

Jumaji Empresarial: Estado versus empresa


El Estado nos quita poder social y económico: poder de auto-organización ciudadana, poder de autorregulación y poder de defensa personal, por medio de impuestos depredadores y a través de una regulación restrictiva; y a la vez pretende devolvernos seguridad social y económica bajo la forma de instituciones no evolutivas, sistemas de reparto y un capitalismo estatal elitista. No hay manera posible de que esta fórmula sea beneficiosa para generar la prosperidad general.

El Estado busca imponer un curioso sistema moral basado en la extorsión y el robo. El hombre de empresa, por el contrario, solo cierra acuerdos contractuales o de mutuo acuerdo con su cliente o capitalista. En los negocios privados, y debido a este contrato (aristotélico), todo el mundo gana. En ningún momento, el empresario pretende detentar una moral más elevada que su cliente ni robarle el dinero o su libertad para reasignárselo a otro o quedárselo él mismo; lo único que pretende, como su cliente, es obtener el máximo provecho con el menor costo posible.

La consecuencia de esta disyuntiva es que, en Costa Rica, ya se percibe hoy un ambiente donde conviene más anudar negocios ilegales que negocios legales. Cuando un empresario costarricense quiere trabajar dentro del marco de la ley puede estar seguro de que su "socio mayor", que es el Estado, siempre estará listo para participar de sus ganancias sin aportar mucho, y como muestra de gratitud –gratitud negra al fin–, le devolverá el favor con mayores regulaciones. Pero, además, cuando el empresario busque protección ante la ley siempre surgirá un burócrata de pelo largo que lo acusará públicamente de manipular la ley en su propio beneficio. Una práctica que no solo es nefasta sino que pone en riesgo el futuro de la misma nación y de cada uno de sus habitantes.

Muchos "intelectualoides" le echan la culpa al capitalismo por todos los males de la sociedad, pero no se dan cuenta de que sin capital (físico, intelectual, social) no puede existir bienestar colectivo. Capitalismo es: la libre transformación, transferencia y acumulación de capital, a través del intercambio. Esta fórmula nunca puede ser la causante de la pobreza, a no ser que el aparato estatal cree las condiciones para que dicho capital se acumule en pocas manos, fenómeno que sí ocurre por otros factores: exceso de regulación, multitud de impuestos y gasto improductivo del mismísimo Estado.

Andrés Ignacio Pozuelo

jueves, 4 de agosto de 2011

Jumanji empresarial: la capitalización individual está en peligro


¡Alerta! La acción depredadora del Estado pone en peligro el futuro de micro empresarios financieros, al querer gravar con un impuesto de $200 por año a las sociedades anónimas.

En el pasado, las familias y las comunidades se preocupaban de sus familiares y vecinos sin esperar que el Estado los asistiera. Las organizaciones privadas y conformadas por propietarios, cumplían tanto la función de proveer soluciones de consumo como de asistir a aquellos con necesidades y sin recursos para subsistir. Cuando gobiernos estatistas asumieron la tarea de ayudar a los necesitados, muchas de estas organizaciones se convirtieron en simples entidades comerciales y perdieron su naturaleza comunitaria; o sea, se perdió reciprocidad equilibrada en la sociedad y el Estado creció descontroladamente, aumentando la reciprocidad negativa.

Proyectos como las Empresas de Crédito Comunal (ECCs), promovidas por FINCA (Fundación Integral Campesina), van orientados precisamente a devolver este poder de propietarios a la gente en las comunidades. La meta de cualquier individuo, en una sociedad de propietarios, es la de acumular e invertir a lo largo del tiempo, con el fin de obtener en el futuro rentas patrimoniales propias que le permitan una mayor autonomía y seguridad financiera. Dicha autonomía le permitiría a cada individuo satisfacer sus necesidades crecientes sin verse sometido a factores anti-riqueza, como la dependencia de un único sueldo, las trabas burocráticas y la mediocridad de un sistema público de pensiones.

A partir de tal premisa, se forja hoy en día -independientes del sistema de reparto del Estado- toda una red de empresas de crédito comunal, formadas por FINCA, que se está convirtiendo rápidamente en un modelo de desarrollo rural y urbano nunca antes visto en el país. La base del modelo citado son estas ECCs, que tienen carácter local y están constituidas jurídicamente, y cuyo capital se forma mediante la venta de acciones a hombres y mujeres de las comunidades que, por lo general, no cuentan con acceso al crédito en instituciones financieras tradicionales. El fin primordial es el de brindar crédito y obtener ganancias: he aquí el meollo del asunto. Al ser todos propietarios de la empresa, las utilidades son esenciales y de interés común. No hay fin más noble que este.

Si la producción es el proceso por medio del cual se crean los bienes económicos, haciéndolos susceptibles de satisfacer necesidades humanas, o sea incorporándoles utilidad, el capital es la energía potencial necesaria para que todo el proceso se pueda dinamizar. Las Empresas de Crédito Comunal vienen a potenciar la formación de capital en comunidades como Santa Fe de los Chiles, La Florida de Santa Cruz y Amubri de Talamanca. Las Empresas de Crédito Comunal son un medio de capitalización, tanto individual como colectiva, que permite a los socios micro empresarios, administrar sus costos de oportunidad, de una manera efectiva y de esta forma prosperar, sin convertirse en parásitos del Estado. Es esencial que exista una figura por medio de la cual se dé la capitalización individual, exenta de altos costos de transacción. Para este efecto, la figura ideal, es indiscutiblemente la sociedad anónima.

El Gobierno estaría cometiendo un gravísimo error al aumentar los costos arbitrariamente, e impedir que estos microempresarios puedan acceder a una figura como la sociedad anónima para iniciar su proceso de capitalización individual. Esta acción seria, no solo inconveniente, sino que inmoral.

Andrés I. Pozuelo Arce

lunes, 19 de octubre de 2009

Tema polémico: haciendo negocios en Costa Rica


Para este Tema polémico, queremos concentrarnos en el empresarialismo, un elemento que cada día es más olvidado en nuestro país. Recientemente, el Banco Mundial publico su estudio anual Haciendo Negocios. Este consiste en un análisis del nivel de facilidad para que los negocios se establezcan y se desarrollen. En el estudio se miden 10 etapas de la vida de un negocio: empezar un negocio, permisos de construcción, contratación de personal, registro de propiedad, facilidad de crédito, protección al inversionista, impuestos, comercio internacional, contratos y cierre de negocios. A partir de lo anterior, se puede ver con mayor claridad el panorama.

De acuerdo con el mencionado estudio, Costa Rica obtuvo el puesto 121 de 183 naciones estudiadas. Con este resultado se mantiene en el mismo puesto que el estudio presentado en el 2009, algo nada alentador. Los primeros lugares son Singapur, Nueva Zelanda, Hong Kong y Estados Unidos. Otros países en Latinoamérica como Colombia, Chile, México, Perú, Panamá, El Salvador, Guatemala y Nicaragua obtuvieron mejores calificaciones que nuestro país.

Para empezar un negocio en Costa Rica, un inversionista dura aproximadamente 60 días y tiene que invertir un 20% del PIB per cápita. Por el contrario, en Dinamarca se dura 1 día y empezar un negocio no tiene costo alguno. En El Salvador, la duración es de 17 días. Para obtener permisos de construcción en nuestro país, se tiene una duración de 191 días en promedio mientras que en Singapur y en Hong Kong se dura menos de 25 días. El costo tan elevado de iniciar un nuevo negocio en el país y el exceso de requisitos hace que le sea muy difícil a una persona emprendedora de ingresos medios arrancar su pequeña empresa. De ahí que, Según la Encuesta de Hogares del 2008 del INEC, sólo el 18.1% de los trabajadores laboren por cuenta propia.

Esto, además, se ve complicado por el índice de rigidez de empleo obtenido por Costa Rica, 0,39 puntos, mientras que otros países como Hong Kong y Nueva Zelanda tienen índices iguales a 0. Este índice es resultado del estudio de la dificultad para contratar personal, la rigidez de las horas laborales y la protección del trabajador en relación a los despidos. El estudio considera, al igual que nosotros, que entre mayor flexibilidad tenga la empresa para contratar y despedir personal, mayor será su incentivo para invertir en el país y, por lo tanto, mayores fuentes de empleo en el país serán generadas. En otras palabras, una rigidez menor en la rotación del personal genera un menor desempleo.

Y por si fuera poco, a todo lo ya mencionado hay que sumarle otro factor importante que desincentiva la creación de nuevas inversiones en el país: el alto grado de delincuencia existente. Según el ranking de competitividad global realizado recientemente por el Foro Económico Mundial, la inseguridad ciudadana percibida por los empresarios coloca a Costa Rica en el puesto 104 de 133 naciones estudiadas, una cifra verdaderamente alarmante.

Ante esta situación es claro que se necesitan cambios en Costa Rica. En ASOJOD creemos que la disminución de la tramitología para montar nuevos negocios en el país, la seguridad contra la delincuencia y la búsqueda de esquemas laborales más flexibles y adaptados a la dinámica realidad de nuestros días, deberían ser prioridades en las propuestas de gobierno de los diferentes partidos que compiten en las elecciones de febrero próximo, si es que de verdad quieren mejorar la situación existente, pues la creación de más y mejores fuentes de empleo es la forma más efectiva de que nuestro país se desarrolle con mayor rapidez.

De ahí la importancia de un ambiente cada vez más atractivo para la creación y desarrollo de nuevas empresas nacionales y el establecimiento de empresas de capital extranjero. Pero, en lo fundamental, con cambios como los sugeridos, se puede avanzar hacia el cambio de paradigma mental que domina a los costarricenses: el de un Estado que debe darles trabajo, en lugar de una cultura de emprendedurismo, de empresarialismo, de innovación y creatividad.

martes, 19 de mayo de 2009

La rapidez del proceso emprendedor


Supongo que a todos nos ha pasado. Tras unos cuantos años, ocurre que retornamos a una ciudad o pueblo en el que pasamos un tiempo prolongado, quizá parte de la infancia, o simplemente unos meses de estudio, o de trabajo. Recorremos sus calles con un cierto punto de nostalgia, y siempre aflora el comentario: "anda, pues aquí había una cafetería, y fíjate, ahora hay una tienda de ropa", "aquí venía con los amigos a tomarme un helado; qué pena, ahora es una discoteca", "vaya, han cerrado el cine al que solíamos venir"...

Son los resultados del proceso de emprendimiento que caracteriza al ser humano y que se manifiesta con todo su esplendor en el libre mercado. Gracias a los emprendedores, enormes cantidades de recursos son movidas de unos usos a otros, buscando incesantemente su asignación a los mejores usos para los congéneres. Con la esperanza de que tal mejor uso revierta en mayores beneficios para el innovador.

Es por eso que la cafetería cede el paso a la tienda de ropa, y la heladería a la discoteca, o se cierra el cine. Pasa el tiempo, cambian los gustos de las personas o simplemente, los emprendedores son capaces de identificarlos mejor. Alguien se dio cuenta de que en el local que estaba la cafetería, por su situación o por otras razones, se podría obtener un mayor beneficio vendiendo ropa. Y procedió a arriesgar sus recursos, quizá el propio local, para ver si se cumplía su visión.

Otro emprendedor pensaba que la gente querría ver películas en gran formato, decidió montar un local de cine, y, con el tiempo, se dio cuenta de que se había equivocado en su planteamiento. No es que la gente no quisiera ver películas, pero no estaba dispuesta a pagar por ello una cantidad que compensara al empresario los desembolsos realizados. Dicho de otra forma, el empresario estaba usando mal los recursos escasos al dedicarlos a una actividad no valorada suficientemente por sus congéneres.

Y así avanza la sociedad.

Alguien puede pensar, tal y como se ha descrito, que estamos ante un proceso lento, pues lleva tiempo adecuarse a las necesidades de la sociedad. Recuérdese el punto de partida: "tras unos cuantos años..."

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El proceso emprendedor es rapidísimo, increíblemente rápido si tenemos en cuenta el volumen de recursos que se mueven. Si eliminamos de la descripción anterior el efecto nostalgia, y nos vamos de paseo por nuestra ciudad de residencia, podremos constatar que no han de pasar años para que los locales cambien de uso. Un buen día vemos que la tienda de abajo ha cerrado; a la semana, vemos unos cuantos albañiles dentro de ella, y en otra semana, se abre un bar de nuevo diseño. Hay veces que uno se lleva sorpresas dentro de su propia manzana.

Los emprendedores son rápidos y eficaces. Tan rápidos como pueden: están adelantando pagos para hacerse con los recursos que necesitan para llevar a cabo su idea, y quieren experimentarla cuanto antes. Va en su interés saber en el menor tiempo posible si tendrán éxito o no, si han acertado en sus previsiones respecto a las necesidades de sus conciudadanos.

De hecho, los mayores obstáculos a la velocidad de los emprendedores no tienen mucho que ver con el mercado, sino con su regulación y la intervención de las administraciones públicas. Probablemente, la mayor componente en el retraso del nuevo bar habrá sido la concesión del permiso de obras, o de la licencia para expedir bebidas alcohólicas, o darse de alta en el registro que corresponda. Pues ninguna de las personas de las que dependen estas concesiones están guiadas por el mismo principio; para estos funcionarios, los retrasos no significan ninguna pérdida.

Cuando uno observa la crisis económica en que estamos metidos, y lee los pronósticos sobre todos los años que nos quedan por sufrir antes de ver su final, uno no puede evitar fijarse en estos rápidos cambios de uso para los locales.

De la crisis económica, solo hay salida por una vía, y no es la "social": es la vía del emprendimiento, que será capaz de llevar los recursos, ahora utilizados mal, a sus usos correctos. Y encima lo hará en mucho menos tiempo del que imaginamos, pues es un proceso muy rápido.

Gobiernos, liberen de sus cadenas al proceso emprendedor (o sea, dejen de intervenir en el mercado); libérennos de esta crisis.

Fernando Herrera

sábado, 1 de diciembre de 2007

Enjoy Capitalism


El día de ayer visité las instalaciones de la EARTH, la Escuela Agrícola de la Región del Trópico Húmedo, en Guácimo, como parte del curso Gobierno Local de la carrera de Ciencias Políticas. En la EARTH los estudiantes recibimos una charla acerca de los programas que esta institución desarrolla en conjunto con las comunidades cercanas en áreas como Desarrollo Agrícola, Desarrollo Agropecuario y otros. Luego, nos llevaron a visitar dos proyectos que se estaban implementando: uno de turismo rural y otro agropecuario, bastante exitosos.

Todo el mundo sabe que en este país la gente es muy dada a satanizar a la iniciativa privada por considerarla egoista, explotadora, insensible, capitalista a ultranza, etc., mientras que lo que provenga del Estado es maravilloso, por lo que legitiman que se nos quite parte de nuestro salario, vía impuestos y "contribuciones" forzosas, para ayudar a los que menos tienen. Y dentro de los que menos tienen siempre sitúan a los pequeños campesinos. Recuerdo a uno de los dirigentes de UPA-Nacional, en los debates que el TSE organizó respecto al TLC con Estados Unidos, diciendo que el pequeño productor iba a desaparecer porque ni los bancos daban créditos a tasas accesibles ni el Estado podía subsidiarlos porque el TLC así lo establecía. Una vez más, la realidad no sólo abofetea, sino que pisotea los argumentos de estos apocalípticos profetas del No, quienes auguraban las desgracias absolutas una vez que se terminara de contar el último voto del referéndum, si es que el resultado era la aprobación del TLC: bancos como el Banco Nacional y el BAC-San José están dandole crédito a los pequeños empresarios agropecuarios de Guácimo, Siquirres y Pococí luego de que la EARTH, una universidad privada (y privada de verdad no como los colegios católicos subvencionados que se hacen llamar privados)dona, lea bien, el trabajo de sus expertos y estudiantes en asesoramiento para que los lugareños puedan montar su empresa. En los casos de turismo rural y agropecuario que menciono, los productores dicen que les ha ido muy bien en su primer año de existencia. El primero ha producido cerca de 4 millones de colones por los servicios que brinda (alimentación, hospedaje, tour en jardin botánico, venta de gas metano producido por un biogestor) y el otro vende a grandes empresas cerca de 5 mil pollos "orgánicos" por mes, así como carne de res y cerdo para empresas relacionadas con embutidos.

No es el bienechor Estado el que necesita imprimir más billetes para regalárselo a los pequeños productores, sino que es la iniciativa privada la que está desarrollando programas para colaborar con el Desarrollo Local. Y lo hace por medio de concursos de emprendedurismo, de modo que el proyecto mejor elaborado recibe todo el apoyo logístico y profesional de la EARTH para salir adelante, enseñándoles cosas como manejo de recursos (los créditos bancarios a tasas de mercado), mercadeo, etc. Y la EARTH no es la única organización privada que hace eso. En ASOJOD ya hemos venido dando claros ejemplos de empresas como Wallmart, Intel, etc., que desarrollan programas que colaboran con el desarrollo de las comunidades en donde se instalan. Y no por medio de transferencias directas de dinero, sino por medio de asesoramiento y fomento del emprendedurismo como premio a las buenas ideas. Y estoy seguro que la tendencia se mantendrá, e inclusive aumentará, una vez que las empresas extranjeras se instalen en Costa Rica gracias al TLC.

Enjoy capitalism!! El lado bueno de la vida, como dice el slogan de Coca Cola.

Alejandro Barrantes Requeno