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martes, 26 de octubre de 2010

La columna de Carlos Federico Smith: partidarios de la libertad


Hace doscientos años, en la Ciudad de Cádiz hubo una reunión de Las Cortes con el propósito de redactar una constitución que recogiera las ideas de libertad que empezaban a difundirse desenfrenadamente libres por el Imperio Español. De allí surgió la Constitución de Cádiz, aún hoy conocida -y más en aquella época- como “La Pepa”. Entre sus características únicas, dicha reunión fue la matriz de la palabra liberal, que se empleó por primera vez para designar a los partidarios de la libertad. Liberales fue el término usado para agrupar a los creyentes en limitar la coerción que algún Estado podía ejercer sobre los individuos. La ausencia de coerción -o libertad- fue el principio vencedor en las Cortes de Cádiz.

En contraste con los partidarios de la libertad, sus oponentes en ese entonces reivindicaban el derecho real a someter a los súbditos a los imperios monárquicos, que ungidos, por la razón que fuera, divina o terrena, creían tener un derecho natural a imponerse sobre las voluntades de los hombres libres, convirtiéndolos en simples receptores de las decisiones de algún soberano y no de actores de su propio destino. A estos partidarios de la monarquía se les llamó “serviles”, pues servían a los reyes gobernantes.

Afortunadamente, con el paso del tiempo la palabra libertad -al menos en Costa Rica y en muchas partes de Europa y de Oriente- ha conservado su esencia: “la independencia frente a la voluntad arbitraria de un tercero”. No ha sido lo mismo con la palabra servil, que de ser antes un simple servidor del rey, hoy más bien la asociamos de alguna manera con una conducta indigna.

Por ejemplo, se oye hablar del “servilismo de un funcionario”, para dar a entender la entrega total de un funcionario segundón al poder de un burócrata superior, o la sumisión de algún individuo a la voluntad de algún otro aún cuando no se está de acuerdo con la bondad o conveniencia de sus ordenes. Pero ese sinónimo de bajeza aún va más allá: su cobertura se ha expandido de individuos a estados; así se dice de naciones serviles cuando renuncian a sus principios, de alguna manera definidos y aceptados, para aceptar sumisamente, y por las razones que fuere, las posiciones de naciones más poderosas, aunque estas vayan en contra de las propias. El silencio, el mutismo, la no-opinión, por el momento, característicamente suele ser su compañero.

Hace poco el Premio Nobel fue entregado en dos de sus versiones -a la literatura y a la paz- a dos grandes defensores de la libertad. Mario Vargas Llosa -Premio Nobel en Literatura 2010- es y ha sido un destacado promotor de ella. Manifestó, en su alegría al conocer la noticia, que su compromiso con el liberalismo se ve fortalecido con este reconocimiento. El chino Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz 2010, permanece en una prisión de su país, sin posibilidad actual de lograr ser un hombre físicamente libre, por el simple hecho, tipificado como delito por el Gobierno chino, de pedir la libertad de su pueblo. El reconocimiento otorgado abrió una ventana para que los hombres y mujeres de los pueblos libres clamaran por la libertad física de aquel cuyo delito fue pregonar, desde los ecos de la Plaza Tien an Men, que era hora de que el ciudadano chino se emancipara del yugo opresor del dictador, que impone su voluntad sobre la de los ciudadanos. Tal afrenta lo mandó a prisión y por ella el gobierno chino lo convirtió en “un delincuente”.

Costa Rica siempre se ha sentido orgullosa de su tradición de defensa a ultranza de los derechos humanos. “No envidia las cortes de Europa ni las riquezas que en ella se encierran”, suele cantar refiriéndose, no a la moderna Europa libre, sino al Ancien Régime que yace en el basurero de la historia: el ciudadano costarricense no estaría dispuesto a que, por un plato de lentejas o un estadio florido -aunque el cínico recordaría que sólo bastaba con llegarle al precio adecuado- dejara de estar dispuesto a interceder respetuosamente y casi a manera de rogativa, por la libertad de Xiaobo. Dudo mucho que el costarricense libre escogería someterse servilmente, con un silencio cómplice, a la tiranía que quita la libertad a un individuo, que tan sólo desea que los ciudadanos de su país puedan escoger sin imposición.

Me parece que el pueblo costarricenses sigue creyendo en este principio, no así sus gobernantes, quienes, ante la petición de naciones civilizadas de Occidente para que las autoridades del estado chino liberaran al nuevo Premio Nobel de la Paz, optaron por guardar silencio, evidenciando que, “porque China nos ayudaba mucho, porque su gobierno aportó mucho en la crisis financiera para atender nuestra deuda y porque el estadio que se inaugurará pronto es una obra hermosa“, mejor el gobierno con oportunismo guardaba silencio. Y por supuesto, ya pronto se afinará un nuevo paquete de cooperación de China hacia Costa Rica: plata para terminar lo que falta de un estadio, que es el precio del silencio.

Jorge Corrales

domingo, 29 de noviembre de 2009

En busca de otro Nobel


Oscar Arias es un caso: como el Tribunal Supremo de Elecciones le prohibió hacer campaña en favor de Laura Chinchilla, luego de dos denuncias por beligerancia política, ahora decidió hacerse propaganda a él mismo, pero en el concierto de las Naciones.

Resulta que nuestro "Presidente viajero", se fue nada más y nada menos que a Oriente Medio, en una peripecia financiada con recursos públicos que "solidariamente" le sustrajeron a los tax payers. El propósito de su viaje es lograr la paz en esa región, para lo cual está invitando a los palestinos a eliminar su ejército (¡qué pecado, sólo él sabe que lo van a hacer en el preciso momento en que Israel está armado hasta los dientes!).

El intento de Arias podrá ser hasta loable pero sorprende ver que una persona elegida por los costarricenses hace casi 4 años con la esperanza de darle el timón del barco, esté más preocupado por la suerte de los individuos en otros países. Nuestro Presidente no se da cuenta que acá, en su pequeño feudo, también hay una guerra declarada contra las drogas que sólo deriva en muertes y más muertes (cosa que él reconoció hace unos años cuando firmó una petición para buscar otros mecanismos que no fueran los punitivos), también cientos de individuos están muriendo a causa de la inseguridad en las calles y otros cientos ven mermadas sus posibilidades de defensa ,producto de una obstinada reglamentación de la tenencia de armas que los deja maniatados frente a hampones que tienen hasta la última novedad en armamento.

Que en ASOJOD sepamos, el 6 de febrero de 2006 se eligió a un "capitán para el barco", que iba a solucionar los problemas de Costa Rica y no al Secretario General de la ONU que ande en su vicariato internacional con los fondos que día a día nos roban en impuestos. ¿Será que don Oscar está aburrido de gobernar Costa Rica y ahora quiere algo más emocionante? ¿Será que nuestra paloma de la paz anda en busca de otro Nobel?

sábado, 10 de octubre de 2009

¿En qué estaban pensando?


Después del premio Nobel que se le concedió a Al Gore en el 2007 resultaba difícil pensar en que alguien tuviera la capacidad de hacer menos méritos para recibir una de estas distinciones. Pero parece que siempre se puede ir para peor. Ahora resulta que el presidente de Estados Unidos -Barack Obama- se le ha concedido el premio a la Nobel de la Paz del 2009. ¿Qué ha hecho para merecerlo? ¿En qué estaban pensando los encargados de tomar esa decisión? Nadie lo sabe, ese seguirá siendo un misterio como el de la santísima trinidad

¿Será que ahora sólo se necesita ser mediático para ganar el Premio Nobel de la Paz? ¿El próximo lo tocará a Cristiano Ronaldo o a Daddy Yankee? ¿O será un homenaje póstumo a Michael Jackson?

domingo, 28 de octubre de 2007

El Premio Nobel de la Paz


Enero de 1982: una joven guatemalteca de ascendencia maya llamada Rigoberta Menchú Tum, se reúne en Paris con la escritora francesa de origen venezolano, Elisabeth Burgos. De las conversaciones que mantienen durante dos semanas sale el libro Me llamo Rigoberta y así me nació la conciencia, que narra la trágica historia de la joven.

El libro explica que Rigoberta era hija de campesinos pobres que cobraban salarios miserables trabajando en condiciones de esclavitud en las plantaciones de café propiedad de ladinos (blancos descendientes de colonos españoles). La pobreza impidió que Rigoberta fuera al colegio y sólo aprendió español unos meses antes de ir a París. Un día, los guardaespaldas del terrateniente apalizaron a su padre, Vicente Menchú, por defender a los campesinos mayas. A raíz de esa paliza, Vicente empezó un movimiento de liberación. El gobierno capturó a su hijo, Petrocinio, que fue torturado y quemado vivo delante de todo el pueblo, con su pequeña hermana como testigo principal. Luego el padre lideró una masiva manifestación de protesta que fue aplastada nada más llegar a la capital. Rigoberta se escapó a México desde donde lideró el movimiento revolucionario. La historia era tan conmovedora que en 1992, Rigoberta fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

En 1999, el antropólogo David Stoll investigó los hechos. Resulta que la familia Menchú era una familia relativamente rica, propietaria de 28 kilómetros cuadrados de tierra. Vicente, el padre, nunca tuvo que trabajar para los ladinos. Es más, no fue apalizado por los guardaespaldas del terrateniente sino por los hermanos de la madre, los Tum, otra familia rica que se disputaba la tierra con los Menchú. Tampoco es cierto que la pequeña Rigoberta no tuviera estudios: fue a la escuela de las monjas blancas y allí aprendió español muchos años antes de ir a Paris. Y aquello de que Petrocinio fuera quemado vivo también era invención: nadie en el pueblo recuerda que la policía incendiara al hermano de Rigoberta. Lo que sí es cierto, es que un día éste desapareció y no se lo ha vuelto a ver, aunque testigos aseguran haberlo visto en Nueva York.

Tras la publicación del libro, Rigoberta acusó a Stoll de estar al servicio de la dictadura guatemalteca. Pero acabó confesando que mucho de lo que explicaba en su libro era una fabricación de la escritora: Elisabeth Burgos resultó ser una militante de diferentes causas rebeldes en Sudamérica, casada con Régis Debray, un revolucionario francés amigo del Che. Una vez desenmascarada la farsa, muchos han pedido que se le retire el premio Nobel a Rigoberta (como las medallas olímpicas a Marion Jones) pero, hasta la fecha, eso no ha sucedido.

Y es que, año tras año, el comité Nobel de la Paz nos defrauda premiando a alguien que ha violado flagrantemente los principios pacifistas defendidos por Alfred Nobel o que no ha hecho nada para defender la paz. Según los estatutos, el premio Nobel de la Paz se otorga al individuo o grupo que más haya trabajado por la fraternidad de las naciones, por la abolición de los ejércitos o por la promoción de congresos de paz. Si preguntamos a la gente de la calle qué persona del siglo XX mejor encarnó estos principios, seguramente la mayoría señalaría a Mahadma Ghandi. Pues bien, Ghandi nunca ganó el premio Nobel de la Paz.

En cambio, sí han sido galardonados conocidos terroristas o líderes que han luchado por sus causas a través de la violencia: desde Yaser Arafat (que siempre apareció ante el público con su uniforme militar) hasta Henry Kissinger (instigador del golpe de estado de Pinochet y que contribuyó a finalizar la guerra de Vietnam más por necesidad de política interna que por convicción pacifista) pasando por Anwar el Sadat (conocido por eliminar a enemigos políticos a través de “accidentes” aéreos) o la propia Rigoberta Menchú (quien, a diferencia de Ghandi, promueve una revolución indígena violenta contra los blancos).

Entre los galardonados por defender causas que no tienen relación con la paz tenemos al ganador del año pasado, Muhammad Yunus, que creó un banco para dar crédito a los pobres, Wangari Maathai que ganó por defender la sostenibilidad en Kenya, o médicos sin fronteras por su labor humanitaria. La erradicación de la pobreza, la defensa de los árboles y la salud pública son causas extraordinariamente nobles… pero no tienen nada que ver con los objetivos del Nobel de la Paz.

Lo que nos lleva al premio de 2007 concedido a Al Gore y al IPCC de la ONU por su labor en la creación y diseminación del conocimiento sobre el cambio climático. ¿Qué han hecho para merecer este premio? La respuesta es que no han hecho nada. Absolutamente nada. Evitar el calentamiento del planeta puede ser muy importante, pero ni Al Gore ni el IPCC han trabajado por la fraternidad de las naciones, ni la abolición de los ejércitos ni han promovido congresos de paz.

Lo peor es que Al Gore comparte con Rigoberta Menchú su afición por fabricar historias. Y eso no lo digo yo, lo dice el otro ganador del mismo premio, el IPCC, cuyas aportaciones científicas demuestran que hasta nueve de las más dramáticas afirmaciones hechas por Gore en su documental son exageraciones que faltan a la verdad.

El premio de este año es, pues, una nueva farsa que reduce más, si cabe, el poco prestigio que le queda a la fundación Nobel. Por favor, que alguien acabe con esta fantochada y elimine las instituciones que conceden premios con motivaciones políticas empezando, cómo no, por el Premio Nobel de la Paz.


Xavier Sala-i-Martín