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viernes, 30 de mayo de 2014

Viernes de recomendación

Para esta ocasión queremos invitarlos a un conversatorio muy interesante que se llevará a cabo en ANFE el próximo martes 10 de junio de 2014, de 6:00 pm a 8:30 pm sobre la discriminación afirmativa en materia de género desde la perspectiva liberal. Esperamos que puedan asistir. 

Pizza y Política:
La discriminación afirmativa en materia de género desde la perspectiva liberal

Fecha: Martes 10 de junio del 2014
Lugar: ANFE – 200 metros oeste de la Casa Italia – Barrio Francisco Peralta, contiguo al Templo Votivo
Hora:               6:00 p.m-8:30 pm.

Programa

6:00 pm – 6:30 pm   Registro de participantes
6:30 pm – 6:35 pm   Palabras de bienvenida, Sr. Alejandro Barrantes, Vicepresidente de ANFE
6:35 pm – 6:50 pm   Alex Montero, Filósofo y psicólogo.
6:50 pm – 7:05 pm   Cecilia Valverde, Filóloga y ex Presidente de ANFE
7:05 pm – 7:20 pm    Manuel Echeverría, Abogado y asociado de ANFE
7:20 pm – 8:00 pm    Preguntas y comentarios del público
8:00 pm                   Pizza y refrigerio


Costo:

-Público en general, ¢2.000.
-Asociados que se encuentren al día en el pago de sus cuotas, la actividad será gratuita.

Importante: Cupo Limitado.

Reservaciones: 2253-4460 *Telefax: 2253-4497 * 89966569 *
Apartado 3577-1000 San José, Costa Rica
E-mail: info@anfe.cr, guita61@hotmail.com

lunes, 1 de marzo de 2010

Tema polémico: discriminación positiva...de nuevo


Una vez más las malas ideas logran abrirse campo en Costa Rica. Desgraciadamente hoy debemos de insistir en el tema de las cuotas y la discriminación positiva dentro del ordenamiento jurídico, sobre lo cual ya nos hemos referido en otras ocasiones.

A pesar de haber abordado este tema, en ASOJOD consideramos que se requiere reiterar nuevamente en él, pues la futura presidente se reunió recientemente con Oscar López, líder del PASE y ambos acordaron impulsar una ley para que el 5% total de puestos del sector público sean ocupados por personas con discapacidad.

Las incongruencias de este tipo de propuestas saltan a la vista: ante una propuesta de estas ¿quién estaría en contra de ayudar a los discapacitados, a las mujeres, a los indígenas, etc? La accesibilidad se ha vuelto un tema políticamente correcto y su importancia dentro de la agenda de políticas públicas responde más a lo pasional que a lo racional, olvidando que t0da política pública seria no puede juzgarse a la luz de lo que se prometa o de sus buenas intenciones, sino a parti de los resultados y consecuencias reales.

El problema no acaba aquí: ¿si la idea es tan buena por qué sólo 5%? ¿por qué no aplicarla al sector privado también? ¿por qué los asiáticos, los inmigrantes, indígenas, caucásicos, negros, gordos, flacos, mujeres, hombres, altos, bajos, adultos mayores, jóvenes, etc. no tienen leyes que les garanticen sus debidas cuotas? Además, surge la interrogante de cuál es el criterio para asignar los privilegios: ¿por qué sólo 5% de los puestos de trabajo y no salarios más altos? ¿por qué no vacaciones más prolongadas? ¿por qué no obligar a todos los tax payers a financiar transportes exclusivos que vayan de la casa al trabajo de la persona discapacitada? ¿por qué no asignar también 5% de los cupos de matrícula en las universidades o 5% de representación en el Congreso, en las Juntas Directivas de las instituciones públicas y en otras entidades? ¿Qué pasará con los espectáculos públicos? ¿No sería justo también asignar un 5% de los espacios en teatros, cines, estadios y demás?

En ASOJOD preguntamos si este tipo de legislación no ataca más bien la meritocracia, premiando a las personas por circunstancias accidentales (sexo, etnia, discapacidad) en lugar de premiarlos por sus méritos, capacidades y logros? La respuesta, al menos para nosotros, es afirmativa. De ahí que consideramos que el eterno problema que nos afecta como país es precisamente que todo el mundo quiere privilegios, curiosamente obtenidos a costa de los demás, de forma que lo que unos ganan, los otros lo pierden. Así, esta ley hará que alguien pueda no obtener un empleo por el sólo hecho de no contar con una discapacidad, así como ocurre hoy en día para los puestos elegibles de diputados, donde también alguien puede estar en desventaja sólo por el hecho de su sexo.

Este es uno de los retos más grandes que cuenta Costa Rica para el Siglo XXI: una reforma normativa que promueva una verdadera igualdad ante la ley. Es vital que el Estado deje de decretar ganadores y perdedores, favorecidos y perjudicados, no importa si estas discriminaciones ocurren en el campo económico, cultural, educativo, político, etc. Si queremos una sociedad más inclusiva, sólo la conseguiremos mediante la no diferenciación y categorización, rechazando la fórmula de "igualdad para los iguales y desigualdad para los desiguales". Para ello requerimos una actitud crítica, que nos permita distinguir las soluciones reales a a los problemas concretos, de los meros slogans y discursos políticamente correctos. De lo contrario, entraremos en una espiral de demandas, donde cada vez más grupos organizados pidan sus cuotas y privilegios y los demás no podamos pagarlos.


miércoles, 17 de octubre de 2007

Los efectos de la discriminación positiva


Milton Friedman decía que “no hay nada peor que las buenas intenciones”. Esta frase expresa el problema moral del asistencialismo estatal y el modo en que este distorsiona la asignación de recursos, especialmente cuando se crea una situación de discriminación positiva. Los diferentes Estados latinoamericanos, y en especial los surgidos a la luz del mítico disparate del socialismo del siglo XXI, se han caracterizado por una serie de políticas repletas de subsidios al mejor estilo Robbin Hood, es decir, quitándole dinero a los que tienen para dárselo a los que no lo tienen, casi siempre por medio de los impuestos progresivos. Pues bien, la lógica (si es que se le puede llamar así, con el perdón de la racionalidad y la epistemología) es bastante absurda: si se le quita a A porque es rico para darle a B que es pobre, entonces es obvio que, en la medida que esa cooptación sea progresiva, entonces B se convertirá en rico y A en pobre, por lo que habrá que hacer la sustracción nuevamente, convirtiéndose en un círculo vicioso.

Partiendo del análisis de Mascaró Rotgers en su ensayo ¿Que paguen impuestos los ricos? (publicado en este blog hace poco) es posible señalar que crear condiciones especiales a favor de un grupo social (llámese indígenas, discapacitados, dementes o carmelitas descalzas), genera grandes problemas, tanto a nivel económico como cultural, jurídico y político:

1. Fomenta la elusión y la evasión fiscales (la primera es legal y la segunda no) pues son los ricos los que pueden pagar mejores asesores fiscales, mejores contadores, mejores abogados, presionar a los políticos para cambiar las leyes, adquirir instrumentos para maquillar cuentas o, en el peor de los casos, sobornar a funcionarios.

2. El rico, si es amigo del "político de turno" tiene mayores posibilidades de que esos recursos, que supuestamente iban dirigidos a beneficiar a los pobres, acaben financiando otro tipo de actividades: subsidios a la producción, contención de tasas bancarias, proyectos particulares cuya naturaleza es clientelista, etc. Al fin y al cabo, como bien apunta Mascaró, ¿quién tiene más influencia para que se destine a financiar algo de su interés: un pobre o un rico?

3. Es el Estado el que decide que hacer con la propiedad que, legítimamente, las personas han conseguido: les quita su dinero para transferirlo y, de paso, se deja una comisión; pero el problema mayor, en este caso, es que además se da una transferencia de poder del ciudadano al Estado, de modo que este último reparte como mejor le parezca la riqueza que ni le pertenece ni ha producido. Tenemos entonces una situación en la que la persona se convierte en medio del Estado para alcanzar determinados fines, cuando moralmente debería ser cada persona un fin en sí mismo.

4. El impuesto progresivo desincentiva la riqueza: en economía existe una curva denominada la Curva de Laffer, que explica que cuanto mayor sea la tasa impositiva menor es la recaudación, esto por dos razones: porque la gente busca evitar el pago o porque simplemente ya no tiene más riqueza para permitir la exacción. En ese sentido, o se evade o se desestimula la acumulación de capital, pues ¿quién va a querer trabajar y enriquecerse si sus recursos van a ser absorbidos por el Estado? Esto lógicamente tiene repercusiones a nivel del tejido empresarial de una sociedad, de la cultura y del status moral del individuo.

5. Viola la estructura del Estado de Derecho, en tanto irrespeta los principios de igualdad ante la ley, y afecta los derechos derechos de propiedad privada pues jurídicamente superpone a un grupo social y porque una serie de funcionarios estatales se autodesignan como los "elegidos" para decidir qué hacer con el dinero de otros.

6. Genera un serio problema de ingobernabilidad y de legitimidad. Arbós y Giner definen la gobernabilidad como “la cualidad propia de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficientemente dentro de un espacio considerado legítimo por la ciudadanía, permitiendo el libre ejercicio de la voluntad política del poder mediante la obediencia”. Véase que se enfatiza en un espacio considerado como legítimo por la ciudadanía y la legitimidad, como Urcuyo lo explica, puede bifurcarse en dos: legitimidad de origen, que es la razón por la cual se obedece al poder, en tanto su naturaleza es aceptada por la ciudadanía, y legitimidad en ejercicio, que tiene que ver con la gestión gubernamental y con sus resultados, siendo estos los objetos de valoración directa por parte de los ciudadanos. Así las cosas, hablar de un espacio legítimo implica que las personas obedezcan porque el poder político no sólo es válido sino porque sus resultados son satisfactorios. Pero un Estado cuya acción sea la de cooptar la propiedad privada (en este caso el dinero de las personas) no puede ser considerado como legítimo. Hay que recordar lo que Locke señalaba: “la gente no puede delegar en el Estado el poder de hacer algo que sería ilegal hacerlo por ellos mismos”. Y si el robo está tipificado como un delito ¿por qué la naturaleza del acto es diferente al cambiar la naturaleza del sujeto que la realiza? Esta diferencia artificial le resta legitimidad a un Estado y, por tanto, la obediencia política ya no es moralmente exigible, sino que lo es en la medida que la coerción la pueda hacer efectiva. Y si un sistema político tiene que regirse por la fuerza y no por la ley, entonces no es gobernable, siguiendo la definición de Arbós y Giner.

7. Provoca situaciones de violencia a lo interno: la gobernabilidad no sólo se puede ver afectada por la gente que ya no quiere seguir siendo víctima de exacciones monetarias del Estado, sino también por los mismos beneficiarios de las políticas distributivas o de discriminación positiva. Un ejemplo: los indígenas. Piénsese que un gobierno le da privilegios a las etnias "originarias" porque han sido explotadas por los siglos de los siglos. Estas políticas públicas de discriminación positiva producirían un doble resultado: por un lado, quienes deben soportar la carga fiscal que financia las políticas de discriminación positiva a favor de los indígenas, muy probablemente comenzarán a ver con desprecio a estas personas por considerarlas parásitos; esto consecuentemente generará una ola de más racismo y violencia contra los indígenas. Por otro lado, la violencia se dará entre los distintos grupos beneficiarios pues comenzarán a competir ferozmente por ver cuál obtiene más prebendas del Estado, lo cual generará una lucha étnica y una división geográfica a lo interno de los países. Ya eso ha pasado en la mayor parte de los países africanos y la masacre en Sudán fue prueba fáctica de esto. Y no se puede descartar un tercer resultado: que todas estas manifestaciones de violencia, en algún momento, se dirigjan contra el Estado por ser el que fomentó la situación que dio pie a todo el problema.

Estas son tan sólo algunas razones que prueban que la discriminación positiva genera más problemas de los que resuelve (si es que acaso resuelve alguno). Y para no herir susceptibilidades por utilizar el ejemplo de los indígenas, quiero cerrar con un extracto del libro El regreso del idiota, de Carlos A. Montaner, Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza: "el término indigenismo no se refiere a la legítima valoración cultural e histórica del pasado precolombino, sino a la estafa ideológica mediante la cual, quinientos años después del tropiezo de Colón con las costas americanas, ciertas camarillas políticas y sus comparas intelectuales pretender oponer a los valores occidentales y a la modernidad, una pureza “originaria”"(...) Detrás de la puesta en escena indigenista hay una falsedad colosal que algunos incautos repiten ad náuseam en Europa y Estados Unidos y que ha llegado a instalarse incluso en ciertos sectores de opinión en los propios países andinos. Ella sostiene que 62% de los bolivianos son indígenas explotados por una minoría blanca (…) La sociedad boliviana se divide pues, entre indígenas sometidos y europeos abusivos, siendo los primeros hijos de las naciones precolombinas y los segundos del intruso ibérico de la Conquista, y todo ello estaría a punto de acabar con la llegada al poder de Evo Morales, la reencarnación del rebelde aymara que, antes de morir ajusticiado, prometió: “volveré y seré millones””.


Alejandro Barrantes Requeno