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lunes, 24 de septiembre de 2012

Tema polémico: el pasquín del Gobierno

Hace unos días, diversos medios de comunicación informaron que el Poder Ejecutivo había decidido lanzar un periódico para "transmitir las buenas noticias", porque -según el Ministro de Comunicación (¿?), Francisco Chacón, tanto ellos como la prensa no estaban "sabiendo comunicar acertiva y acertadamente las noticias". 

Pues bien, esta nueva estrategia ya no asombra entre los desaciertos y ridículos de la Administración de Laura Chinchilla. Es claro que el hecho de que los costarricenses no estén apreciando la labor del Gobierno no es culpa de los medios -aunque en otra ocasión abordaremos el papel negativo que juega la prensa en algunas ocasiones- sino de sus propios yerros y descaros. Los ciudadanos no están calificando positivamente a esta Administración porque simplemente no está haciendo nada bien; por el contrario, impulsó un paquete de impuestos altamente extorsivo a pesar del enorme descontento popular, fue incapaz de arreglar algo tan sencillo como una platina y más bien remendó un hueco en la Autopista General Cañas de forma tan mala que no tardará en volver a dar problemas, ha llevado a cabo uno de los chorizos más desvergonzados que hemos visto en los últimos años como lo ha sido La Trocha, ha protegido a varios funcionarios fuertemente cuestionados (Oscar Núñez, Leonardo Garnier, Luis Liberman, Francisco Jiménez, etc.) sin pedir renuncias y, mucho menos investigaciones, removió a una viceministra por un acto privado que no afectaba a nadie más que a su persona y a su familia, mandó a imprimir nuevos billetes -con propaganda figuerista incluída- y aún podríamos continuar citando más casos, pero sería llover sobre mojado. 

La ceguera de doña Laura y sus Ministros para darse cuenta que las decisiones tomadas han sido pésimas es tal que, en lugar de dar un rumbo al timón, prefirió culpar a otros de sus pifias -como ha sido la tónica en lo que va de su Administración- y lanzar un periódico donde publiquen las noticias que mejor le convengan, tratando de mejorar su imagen mediante propaganda de cara a las elecciones del 2014, donde puedan exponer los "logros" de sus proyectos clientelistas.

Además de la terca irresponsabilidad de la mandataria y el cínico intento de cazar votos, preocupa que este pasquín se convierta, como ya lo parece, en el medio oficial que oculte información y dificulte el trabajo de medios independientes, como en las dictaduras. Por más que algunos nos tilden de exagerados y crean que la casi bicentenaria democracia costarricense está más sólida que nunca, los eventos que poco a poco se van sumando, indican que el camino de servidumbre del que nos hablaba Hayek no pareciera una distopía.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

En vela

Si Churchill, cuya biografía cautiva al presidente Arias, estuviera vivo y este le pidiera un consejo, de seguro le regalaría cinco. Primero: “Es en las crisis donde los gobernantes dan la talla”. Segundo: “Piense antes de hablar”. Tercero: “No se canse nunca de la crítica, esencia de la democracia. Más bien, tema la falta de crítica y las zalamerías ajenas”. Cuarto: “Cuidado con el poder, pues este atonta”. Quinto: “No busque pretextos ni se queje. Gobierne, inspire, dirija. ¿No fue para ello que buscó la reelección y pidió los votos al pueblo?”.

El contorno financiero mundial amenaza ruina; en América Latina la insensatez suplanta la responsabilidad, y en Costa Rica el gobernante ha perdido el sentido de la realidad. Sus últimas declaraciones causan estupor: un premio Nobel de la Paz, que justifica, en Latinoamérica, las maniobras “militares” conjuntas de Rusia, invasora de Georgia, y de Hugo Chávez, una amenaza creciente para la paz y la estabilidad política; que ataca a EE. UU., al que, horas después, debe suplicarle otra prórroga del TLC…

Un gobernante que dice “que no lo dejan gobernar”, cuando lo cierto es que se le ha apoyado sin reservas en los proyectos beneficiosos para el país, entorpecidos, eso sí, por la maraña legal y la “tramitología”, la que prometió, por cierto, reducir, para concluir que “está cansado” de las críticas y rematar: “Estoy cansado de intentar gobernar en un país que cree que la crítica a toda costa nos hace más libres, cuando en realidad nos hace más ingobernables”.

En este párrafo, pregonado el Día de la Independencia nacional, don Óscar Arias ha incurrido no en un error, sino en un sacrilegio. La ausencia de crítica es la sustancia de una dictadura, como es el caldo de una sociedad inculta. Por el contrario, la crítica es consustancial con la democracia, como lo es con la libertad, la ciencia y el progreso humano. Don Óscar debe, más bien, sentirse orgulloso de nuestro pueblo, convencido, a diferencia de él, de “que la crítica a toda costa nos hace libres” y no debe repetir jamás, por respeto a nuestra historia, que “en realidad la crítica nos hace más ingobernables”. Algo anda mal en don Óscar para que haya llegado a estos extremos, tan graves, en el plano democrático, como aceptar el secretismo con China, país sin crítica y gobernable...

La crítica no cansa a ningún gobernante democrático. Solo cansa a quienes la temen. No se exponga don Óscar a esta conclusión. Churchill le diría: “Si está cansado, descanse”, pero, mejor, ordene sus ideas, cuidado con ciertos amigos y cortesanos, y entienda que el único cansancio peligroso es el del pueblo, que vale cualquier sacrificio.

Julio Rodríguez