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martes, 25 de noviembre de 2008

Autopsia prematura de la filosofía


La filosofía de nuestro tiempo sufre de los siguientes males: (1) reemplazo de la vocación por la profesión, y de la pasión por la ocupación; (2) confusión entre filosofar e historiar; (3) confusión entre profundidad y oscuridad; (4) obsesión por el lenguaje; (5) subjetivismo; (6) refugio en miniproblemas y jeux d’esprit [juegos de ingenio]; (7) formalismo sin sustancia y sustancia informe; (8) desdén por los sistemas: preferencia por el fragmento y el aforismo; (9) divorcio de los dos motores intelectuales de la cultura moderna: la ciencia y la técnica, y (10) desinterés por los problemas sociales. Veámoslos con detalle.


Diagnóstico. El primero de los males es la profesionalización excesiva. Antes, el filosofar era cosa de aficionados, de amantes de la sabiduría. Desde hace un par de siglos, la filosofía es una profesión como cualquier otra. Además, hoy hay tantos puestos de profesor de filosofía que, inevitablemente, muchos de ellos son ocupados por personas sin vocación. Para peor, están obligados a publicar para poder conseguir empleo o ascenso.

Con la comunidad científica ocurre otro tanto: está llena de funcionarios que, en otros tiempos, hubieran sido competentes artesanos, escribientes o abogados. El resultado inevitable de la profesiona-lización de la filosofía y de la ciencia es la pérdida de calidad.

El segundo mal es la confusión entre hacer filosofía y contar su historia. No hay duda de que el conocimiento del pasado de su disciplina es más importante para el filósofo que para el químico o el biólogo, porque muchos problemas filosóficos tienen raíces antiguas y siguen abiertos.

La historia de la filosofía es una herramienta para filosofar; pero ocurre demasiado a menudo que el medio se toma por fin. La consecuencia es que marchamos mirando para atrás. Esta es una aberración. Al fin y al cabo, los historiadores de la filosofía se ocupan de filósofos originales, no de historiadores de la filosofía.

El tercer mal es la confusión entre profundidad y oscuridad. Es verdad que es difícil entender un pensamiento profundo; pero también es verdad que es fácil hacer pasar una perogrullada, o incluso un absurdo, por un pensamiento profundo. Para esto basta utilizar expresiones confusas o retorcidas.

Por ejemplo, al escribir que “el mundo mundea”, que “el tiempo es originariamente la maduración de la temporalidad” y disparates similares, Martin Heidegger se hizo pasar por un pensador profundo. De no ser catedrático alemán, la gente lo habría tomado por loco, cuando no fue sino un charlatán.

El cuarto mal es la obsesión por el lenguaje, que aqueja tanto a los filósofos analíticos como a los existencialistas. Por supuesto que el filósofo debe cuidar el lenguaje, pero en esto no se distingue del matemático, el geólogo, el escritor o el periodista. Además, una cosa es escribir correctamente y con claridad, y otra tomar el lenguaje como tema central de la reflexión filosófica y, para peor, sin hacer caso de los trabajos de los expertos en la materia, o sea, los lingüistas.

Al filósofo no le interesa saber cómo se usa esta o aquella palabra en tal o cual comunidad lingüística. Sin duda, puede interesarle la idea general de lenguaje, pero solo como una de tantas ideas generales. Si se limita al lenguaje, irrita al lingüista y aburre a todos. El resultado es que no enriquece la lingüística ni la filosofía.

El quinto mal es el subjetivismo. Este es el conjunto de doctrinas filosóficas que niegan la realidad objetiva del mundo y la posibilidad de alcanzar verdades objetivas. Ejemplos modernos de subjetivismo son la fenomenología o egología (teoría del yo) de Husserl; la tesis positivista según la cual no hay hechos físicos, sino solo observaciones, y la tesis relativista conforme a la cual cada grupo social construye sus propias verdades, sin que haya modo racional de zanjar entre ellas.

El subjetivismo es comodísimo. Si el mundo es lo que yo imagino, no tengo por qué tomarme el trabajo de estudiarlo; y, si no hay verdades objetivas, no tenemos por qué esforzarnos por encontrarlas. El resultado neto es la devaluación de la investigación científica.

El sexto de los males que aqueja a la filosofía es la atención exagerada que presta a problemas ínfimos y a juegos académicos, tales como las especulaciones sobre mundos posibles. Esta preferencia por lo menudo justifica el viejo dicho cínico: “La filosofía es aquello con lo cual, y sin lo cual, el mundo queda tal y cual”.

El séptimo de los males anotados es el abuso del formalismo sin sustancia, y su complemento, el abuso de lo sustancioso informe. Quienes cometen el primer pecado suelen ser lógicos que creen que la lógica formal no solo es necesaria sino que basta para filosofar.

En el segundo pecado caen quienes no advierten que el tratamiento preciso de problemas profundos exige el uso de algunas herramientas formales lógicas o incluso matemáticas. (Ejemplos: la dilucidación y sistematización de los conceptos de significado y de verdad, de sistema y de emergencia de la novedad, de mente y de reducción.)

El octavo mal es el desdén por la construcción de sistemas filosóficos, so pretexto de que todos los sistemas anteriores, tales como los de Leibniz y Hegel, han fracasado. Esto es como renegar de la física porque cada una de las teorías físicas ha resultado defectuosa. Lo malo no es el esfuerzo de sistematización en sí, sino tal o cual resultado.

Necesitamos sistematizar nuestras ideas porque las ideas aisladas son apenas inteligibles, y porque el propio mundo es un sistema antes que un agregado de objetos desconectados. Una idea cualquiera “arrastra” o “atrae” a otras ideas, así como todo cuerpo atrae a otros cuerpos. Por ejemplo, la idea de negación es incomprensible sin las ideas de proposición y de afirmación.

A partir de Einstein, la idea de tiempo es incomprensible sin relación con las ideas de acontecimiento, materia y espacio. Por estos motivos, necesitamos sistemas conceptuales, o sea, teorías, y debemos construir puentes entre estas. La filosofía no escapa a la necesidad de sistematizar.

El noveno mal es el desinterés por la ciencia y la técnica. Este desinterés lleva a formular especulaciones escandalosamente anacrónicas. Ejemplos: la filosofía de la mente que ignora los hallazgos de la psicología y la neurociencia; la filosofía de la historia que no se da por enterada de las contribuciones de la escuela historiográfica francesa de los Annales, y la filosofía de la acción que no toma nota de los hallazgos de la politología ni de la técnica de la administración de empresas. Este desinterés hace que la filosofía actual sea rara vez de utilidad para la ciencia o la técnica.

Por último , la mayoría de los filósofos vive en la torre de marfil, sin interesarse por los problemas sociales. Por ejemplo, la mayoría de los éticos se desinteresa de los problemas morales que a todos nos plantean la tiranía y la guerra, la pobreza y el deterioro ambiental. Por consiguiente, sus análisis son de interés puramente académico.

Esperanza. En resolución, la filosofía de nuestro tiempo está aquejada de diez males. Cualquiera de ellos hubiera bastado por sí solo para postrarla; los diez morbos juntos la han puesto gravemente enferma; pero enfermedad no es lo mismo que muerte. Más aún, el diagnóstico acertado de una enfermedad precede al tratamiento eficaz, y por ello puede ser la primera fase de la recuperación.

La filosofía no morirá mientras queden personas curiosas por problemas generales cuya solución no tenga otra utilidad que la de ayudarnos a comprender la realidad, en particular al ser humano. El que no todos estos individuos sean catedráticos de filosofía, poco importará a la larga. Tampoco Descartes fue catedrático y, sin embargo, fue el padre de la filosofía moderna. Lo que realmente importa para la salud de la filosofía es mantener viva la curiosidad por las ideas generales. Como reza el dicho popular, “no está muerto quien pelea”.

Mario Bunge

viernes, 4 de julio de 2008

Viernes de Recomendación


En este día les presentamos el ensayo: "Relativismo y verdad en la cultura filosófica y científica contemporánea" del Dr. en Filosofía Eduardo Alejandro Ibáñez. En el mismo el autor critica las posturas del relativismo epistemológico, nihilismo, anarquismo epistemológico, aduciendo que las mismas son contrarias a la posibilidad de desarrollar ciencia, frente a estas corrientes propone al realismo científico como el camino para conocer válida y eficazmente.


martes, 15 de abril de 2008

La globalización de las ciencias


Las ciencias son una fuente invaluable de orientación para los individuos y los Gobiernos. Esto se debe en parte a que los científicos pueden predecir a menudo las consecuencias futuras de las acciones actuales.

Ciencia y política. Estos son solo dos ejemplos entre miles de casos en los que tiene lógica que los encargados del diseño de las políticas tomen en cuenta lo que las ciencias pueden predecir sobre el futuro. Y, sin embargo, con mucha frecuencia se ignora lo que las ciencias saben cuando se toman decisiones en las que hay mucho en juego.

Eso no quiere decir que los científicos deberían controlar el proceso de toma de decisiones del Gobierno. Es asunto de los políticos, no de los científicos, considerar los costos y beneficios relativos de las opciones que se les presentan y ponderarlas como con- sideren conveniente para alcanzar sus conclusiones. Pero muchos de esos juicios estarán equivocados si no tienen información científica eficaz.

Por ejemplo, el Gobierno de Estados Unidos recibe buenos servicios de una organización llamada las Academias Nacionales, que se basa en tres organizaciones honorarias compuestas por científicos, ingenieros y profesionales del sector salud (la Academia Nacional de Ciencias, la Academia Nacional de Ingeniería y el Instituto de Medicina, respectivamente). Esta organización no gubernamental independiente produce más de 200 informes al año, la mayoría de ellos en respuesta a peticiones específicas del gobierno de Estados Unidos.

Informes de las Academias. Estas solicitudes van desde preguntas sobre los riesgos a la salud de la presencia de trazas de arsénico en el agua potable, hasta preguntas sobre la mejor forma de apoyar varios tipos de investigación científica. Mediante un riguroso proceso de revisión, las Academias insisten en que cada informe se limite a lo que las ciencias pueden aportar al tema sobre la base de pruebas y lógica, sin apropiarse de las decisiones que otros deben tomar.

Así, por ejemplo, el informe sobre el agua potable predijo la frecuencia del cáncer de vejiga que podría afectar a la larga a una población expuesta a niveles de 5, 10 o 20 partes por mil millones de arsénico. Pero no dijo cuál era la concentración máxima de arsénico que el Gobierno debía aprobar.

El texto completo de alrededor de 3.000 informes de las Academias está disponible en línea (en www.nap.edu ), y pueden descargarse de manera gratuita en 146 países. Los peligros del arsénico son iguales en todo el mundo, y en este caso un informe hecho en Estados Unidos puede ser útil para todas las naciones.

Consejo Interacadémico. No obstante, hay otras cuestiones importantes basadas en las ciencias que requieren análisis por parte de organizaciones internacionales a fin de ser aceptadas mundialmente. Para lograr esto, en el 2000, una organización mundial de academias científicas llamada el Panel Interacadémico fundó el Consejo Interacadémico (CI) en Amsterdam. El órgano de gobierno del CI es un consejo que incluye un grupo rotatorio de15 presidentes de academias de todo el mundo, que representan a países de distintos niveles de desarrollo, y sus informes presentan una verdadera perspectiva internacional respaldada por los mejores científicos e ingenieros del planeta.

El CI asesora sobre temas planteados por Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales y sus informes están disponibles gratuitamente en www.interacademycouncil.net . El primer informe del CI se titula ‘Inventar un mejor futuro: una estrategia para crear capacidades científicas y tecnológicas a nivel mundial’. Presenta argumentos convincentes de la importancia de apoyar a las instituciones científicas y tecnológicas en todos los países que se concentran en aprovechar el creciente acervo internacional de conocimientos científicos y tecnológicos para satisfacer las necesidades de esos países.

Inventar un mejor futuro también da lineamientos detallados a los Gobiernos y las organizaciones internacionales sobre cómo crear capacidades institucionales de ciencia y tecnología tanto en los países en desarrollo como en los industrializados. El trabajo más reciente del CI, titulado ‘Iluminar el camino: hacia un futuro con energía sostenible’, presenta una ambiciosa agenda basada en las ciencias para satisfacer las necesidades de energía del planeta, que presentan tantos desafíos.

Una audiencia importante de los informes del CI son las 100 academias de ciencias que pertenecen al Panel Interacadémico. Cada una tiene la responsabilidad de divulgar las recomendaciones del informe en su propio país, lo que puede aumentar considerablemente la efectividad de la academia para influir en las políticas nacionales.

La combinación del Panel Interacadémico y el CI es un importante experimento para dar asesoramiento científico internacional –un experimento que apenas empieza a demostrar su efectividad potencial para diseminar los beneficios de la ciencia y la tecnología a toda la humanidad–.


Bruce Alberts