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lunes, 15 de octubre de 2012

Tema polémico: los Tribunales y el desempleo

Recientes sentencias de la Sala II y de la Sala IV del Poder Judicial muestran cuán desfasadas están muchas de las normas en relación con la realidad. En primera instancia, la Sala II tuvo frente a sí un caso de un hombre al que se le contrató para pintar una casa y, al caerse de un andamio, perdió parcialmente la vista. Además de condenar a los dueños de la casa a pagar una indemnización vitalicia, ese Tribunal estableció que todo trabajador independiente y ocasional, para ser contratado, tiene que estar obligatoriamente asegurado contra riesgos del trabajo. Por su parte, la Sala IV ratificó su jurisprudencia con respecto a los saloneros, determinando que la propina tiene que ser contabilizada como parte del salario, aumentando el cálculo de las cargas sociales. 

Frente a la crisis que enfrenta nuestra economía, cuando cada vez más cuesta encontrar o conservar un trabajo, los Tribunales de Justicia, con una interpretación que se dice ser evolutiva de los derechos del trabajador, complica aún más la situación. La decisión de la Sala II solo va a lograr una cosa: en lugar de proteger a los trabajadores –aunque ellos mismos no desean ser protegidos–, el hecho de exigir un seguro para trabajos temporales como pintar una casa, arreglar una gotera, etc. va a provocar que las personas ya no puedan contratarlos, porque los costos se elevan tanto que solo podrán afrontarse si ellos pasan de ser trabajadores independientes a empleados de una empresa o, en el caso extremo, a no encontrar empleo del todo. La consecuencia es que, frente al aumento del costo de contratar a un trabajador por tener que asegurarlo, las personas preferirán el hacerlo por sí mismos, es decir, se decantarán por el bricolaje–actividad manual que realiza un aficionado sin necesidad de contratar a un profesional–, aumentando el desempleo y reduciendo las oportunidades de cientos de obreros. 

Con lo de la Sala IV ocurre lo mismo. Desde hace varias décadas, con el impulso del entonces Presidente Luis Alberto Monge, se emitió una ley que creaba un impuesto del 10% de la cuenta de cada mesa a favor del salonero, a fin de asegurarle un ingreso fijo. A pesar que la intención podía ser buena, lo cierto es que, como casi todas las ocurrencias de los gobernantes, terminan en desastre. Saloneros y propietarios han demostrado que esa medida ha sido más bien perjudicial, por cuanto las sentencias de varios juzgados laborales y de la Sala II hace 20 años, obligaron a incluir ese monto –llamado propina– en los montos para calcular aguinaldos y prestaciones. El resultado es que, frente a la crisis económica, miles de negocios están afrontando grandes problemas para mantenerse a flote y muchos de ellos están cerrando, con el consecuente despido de los saloneros, porque el costo de pagarles es demasiado alto. Y si a eso se le suma que tanto Tribunales como Asamblea Legislativa están deseosos de implementar la imprescriptibilidad de las deudas por concepto de cuotas obrero-patronales, definitivamente ningún negocio podrá subsistir. 

Lo curioso de todo esto es que el argumento de los jueces es la protección de los derechos de los trabajadores a salarios mínimos y seguridad social, pero olvidando el derecho más básico: el de trabajar. Con estas resoluciones, se les impedirá mantener su trabajo y sin eso, ningún otro derecho laboral tiene sentido. En ASOJOD lamentamos que algo tan elemental no sea considerado por esos operadores del derecho y que sigan ampliando el espectro de intervenciones del Estado en perjuicio de los individuos que quieren hacer negocios libre y voluntariamente entre sí, buscando el beneficio mutuo. Una vez más, el Estado perjudica a aquellos que dice defender.

lunes, 24 de enero de 2011

Tema polémico: ¿demasiado tarde?


Sin duda la noticia de la semana fue la "inocente" llamada del ex Ministro de la Presidencia y ahora precandidato presidencial Rodrigo Arias, al actual Ministro de Seguridad José María Tijerino. Aduce el flamante exministro que el único objetivo de su llamada era que el señor Tijerino obtuviera información de un expediente penal que se tramitaba en su contra, pero que de ninguna forma se buscaba hacer presión política alguna respecto a la investigación judicial.

Por supuesto, esto no tiene ningún sentido, si don Rodrigo quería saber de que trataba el expediente era tan sencillo como que el mismo autorizara a un abogado de su confianza para que fuera al Ministerio Público a revisar y fotocopiar dicho expediente. Es obvio que esto lo sabe a la perfección el hermano del expresidente Arias, cuya profesión es la de la abogacía.

Para empeorar la situación, el día de ayer aparecen en el periódico La Nación unas declaraciones del actual Fiscal General que deben de preocupar a cualquiera: “En este país se acostumbra eso; es una práctica normal la de mandar mensajitos a través de interpuestas personas”. Estas afirmaciones denotan el erosionamiento del Estado de Derecho, la institucionalidad y separación de poderes, lo cual no nos sorprende, toda vez que resulta evidente que en Costa Rica, desde hace varias décadas, se decidió claudicar en la función primordial de un Estado: ejercer el monopolio de la coacción para lograr la tutela efectiva de los derechos individuales. En cambio, nuestro Estado se ha dedicado a repartir vivienda, educación, salud, pensiones, viagra, radio, televisión, telefonía, energía, agua, puertos, becas, etc. No cabe duda que nuestro Estado se encuentra muy ocupado ejerciendo otras tareas que no le competen con el consecuente deterioro de su responsabilidad principal.

Por último, existe una preocupación más, que es consustancial a esta problemática: ante una oposición débil, resquebrajada, inoperante y sin rumbo, ¿quién podrá sacar al PLN del poder y evitar que se convierta en una especia de PRI costarricense?. La alternancia en el poder resulta vital para el buen funcionamiento del sistema democrático, pero mientras la oposición siga en este estado deplorable, los costarricenses tenemos muchas razones para estar preocupados, máxime cuando el mensaje que envía el Poder Judicial es claro: aquí, con don Rodrigo, no pasa nada.

Hoy día, en ASOJOD nos preguntamos si será demasiado tarde para recuperar la decencia y la institucionalidad democrática que deben caracterizar al Estado de Derecho. Depende de cada ciudadano hacerse esa pregunta y buscar la respuesta.