Mostrando las entradas con la etiqueta igualdad de oportunidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta igualdad de oportunidades. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de enero de 2009

¡Que siga la fiesta!


Ya en ASOJOD habíamos advertido como el deseo humano de vivir a costa de los ingresos de los demás parece no tener límite, prueba de ello fueron nuestros temas polémicos: El estado como máquina de sueños y El Problema de la igualdad de oportunidades.

Hoy una vez más los hechos nos dan la razón. Ahora resulta que gracias a un voto de la Sala IV, los taxpayers tenemos que solventar las disfunciones eréctiles de quienes tienen el infortunio de sufrirlas, regalándoles la Viagra para que puedan satisfacer sus necesidades sexuales. Este voto, sigue la misma tendencia bajo la cual la Sala ha obligado a la CCSS adquirir todo tipo de medicamentos para todo tipo de padecimientos. Así las cosas, no importa que tan costosa o rara sea su enfermedad, ya que siempre podrá acudir a la Sala IV para que esta le pase la factura al resto de los taxpayers. Alguien les debería enseñar a estos Magistrados que sus decisiones no sólo tienen efectos jurídicos, sino que también tienen repercusiones económicas, institucionales y culturales desastrosas.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Tema Polémico: vivienda ¿digna?

En los últimos días se ha anunciado que un grupo de precaristas marchará hasta la Presidencia de la República para exigir vivienda digna. Este tipo de acciones no pueden más que causarnos tremenda molestia, pues en ASOJOD creemos que el mayor acto de perversión del ser humano es exigir algo que no merece, mucho menos cuando dicho acto implica quitarle a unos para darle a otros.

Sea cual sea la razón por la que una persona vive en la miseria, no hay justificación para obligar a otros a hacerse cargo de aquella existencia. El Estado benefactor, que no es otra cosa que la ficción por la cual, parafraseando a Bastiat, unos quieren vivir a expensas de otros, hace uso de las exacciones para desarrollar medidas populistas, donde la consigna es cambiar prebendas por apoyos políticos. De hecho, desde 1953 hasta la fecha, en todas las campañas electorales en Costa Rica el tema de vivienda y tierra ha estado presente, lo cual refleja la forma en que el tema se ha institucionalizado.

Algunos dirán que es necesario dotar de oportunidades a todos; otros consideran que es moral y virtuoso sacrificarse a los demás y unos son del criterio de que ayudar a los pobres evita el crimen. En el primer caso, en ASOJOD hemos enfatizado en los perjuicios que generan las políticas de igualdad de oportunidades; en cuanto al segundo, consideramos que, como bien apuntaba Hayek, “no hay virtud sin voluntad”, lo que quiere decir que el acto de ayudar es un ejercicio pleno de la libertad y tiene que nacer por decisión propia, no por coacción estatal. Y finalmente, el último argumento lo que justificaría es una sociedad de chantaje, donde hay que darle a unos para evitar agresiones, al mejor estilo de la mafia en Chicago durante los años 20 y 30.

Cuando las ayudas surgen por la fuerza, el Estado se convierte en un ladrón. Y además, fomenta las actitudes que provocan la pobreza: ¿para qué trabajar, para qué estudiar, para qué esforzarse si el Estado me va a regalar lo que necesito? Por el contrario, al que sí se esfuerza y se arriesga por sacar adelante actividades productivas, cada vez se le ponen más obstáculos: se le obliga a pedir permisos, tener licencias, sacar patentes, pagar impuestos, etc. Esto demuestra que el Estado no puede repartir riqueza, sino que terminan repartiendo pobreza.

Esta semana en que un grupo de precaristas viene ya no a mendigar sino a exigir vivienda digna, los funcionarios deberían ponerse a meditar. Si ceden esta vez, luego ¿qué vendrán a exigir? ¿Carro digno? ¿Viajes dignos al extranjero? ¿Maestrías dignas? ¿Ropa digna?

Si estas personas desean vivienda digna, que empiecen por procurársela ellos mismos. Las cosas no se exigen, se ganan honradamente. Si trabajando duro no pueden acceder a una vivienda digna, entonces los interesados deberían buscar apoyos privados para obtenerla por medio de acciones de caridad. La caridad, como la que ha originado grandes instituciones (Cruz Roja, cooperación para ayudar luego de catástrofes naturales, etc.) ha sido y es un excelente medio por el que se puede canalizar la colaboración con los que menos tienen, en tanto se basa en el principio de voluntad para actuar. Y si resultara imposible solucionar el problema de vivienda por medio de estas iniciativas privadas, será lamentable, pero ello nunca justificaría que el Estado le robe a unos para darle a otros.

Costa Rica no será el país más lleno de oportunidades del mundo (ni el más libre del mundo), pero en este país, quien quiere trabajar puede hacerlo, quien no quiere pasar hambre no tiene por qué hacerlo, quien quiere sacar adelante una familia decente, tiene los mecanismos y quien quiere vivienda digna la puede llegar a tener con esfuerzo propio.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Redistribución de talentos, guapura e inteligencia


El argumento práctico en contra de la redistribución de rentas es simple y contundente: la redistribución implica que unas personas reciben un volumen de riqueza superior al que generan como productores a expensas de otras personas a quienes se confisca parte de lo que como productores les corresponde. De este modo deviene relativamente más gravoso obtener renta produciendo y relativamente menos gravoso obtenerla a través del Estado, por lo que se incentiva lo segundo en detrimento de lo primero.

Los igualitaristas a menudo arguyen que estas consideraciones prácticas son secundarias, pues la ética exige que sacrifiquemos algo de "eficiencia" en ayuda de los más necesitados. En concreto, el progresismo más ilustrado (Rawls, Dworkin) plantea argumentos como éste: la desigualdad que es fruto del esfuerzo y las decisiones personales es legítima, la desigualdad que es fruto del azar y los talentos innatos es ilegítima y debe intentar corregirse. Este planteamiento equipara justicia con mérito.

Más allá de la dificultad de separar las decisiones personales del azar o el talento innato (¿es Rafael Nadal rico porque se ha esforzado o porque nació con talento?) cabe cuestionar la premisa: ¿por qué es injusto aprovecharnos de los talentos, características, circunstancias, etc. que la naturaleza ha puesto a nuestro alcance? No es cierto que nuestras intuiciones morales apunten en esa dirección. La gente vincula el mérito con la justicia en muchos casos, pero no lo hace en muchos otros. También cree que el azar juega un papel importante y legítimo en la vida, y procura sacar partido a sus atributos, talentos y circunstancias sin sentir remordimientos por ello. De hecho es difícil reconciliar nuestra individualidad y sentido de la existencia con la idea de que nuestros talentos y características innatas son en cierto modo indignas y necesitan de represión y correctivos.

Con todo, no está claro que la equiparación de justicia con mérito lleve a conclusiones redistribucionistas, pues el beneficiario del aparato redistributivo aún ha hecho menos méritos para recibir subsidios. Si despojamos el argumento de florituras se reduce a lo siguiente: un individuo con menos talento o en circunstancias precarias puede amenazar con violencia a otro individuo inmerecidamente más rico (como consecuencia de su talento, suerte, etc.) para quitarle parte de su riqueza, aunque aquél haya hecho aún menospara merecerla.

La defensa meritocrática de la redistribución tiene otras implicaciones incómodas para sus proponentes. Imaginemos un mundo en el que podemos transferir nuestros componentes físicos a otras personas mediante procesos quirúrgicos. En este mundo, de acuerdo con el principio de que la desigualdad innata es injusta y debe corregirse, deberíamos redistribuir los atributos físicos de nuestro cuerpo: los guapos deberían transferir, bajo coacción, parte de su belleza a los feos; los atletas deberían transferir parte de su agilidad y fortaleza a los minusválidos. En definitiva, en ese mundo los progresistas deberían estar a favor del igualitarismo físico.

Corregir la desigualdad física, genética y psíquica, debería ser en realidad su política preferida en un mundo donde tal cosa fuera posible, pues la desigualdad física es el origen de la desigualdad de rentas que pretenden corregir. Si un individuo ha obtenido una gran fortuna como resultado de su innato talento e inteligencia, podemos redistribuir parte de su fortuna a quienes tienen menos, o podemos atacar la fuente y redistribuir parte de su talento e inteligencia a alguien sin talento y con un IQ bajo.

Los progresistas pueden consolarse pensando que el igualitarismo físico es hoy en día ciencia ficción (aunque con el desarrollo de la eugenesia quizás deje de serlo pronto). Pero el propósito de este experimento mental es averiguar si el igualitarismo físico, con independencia de su viabilidad, es moralmente deseable. O, más específicamente, si el argumento meritocrático a favor de la redistribución implica la deseabilidad del igualitarismo físico.

La próxima vez que un progresista defienda la redistribución de rentas deberíamos preguntarle si estaría dispuesto a renunciar a su talento, guapura o inteligencia en favor de quienes no tienen esos atributos. Se encontraría entonces en la tesitura de abrazar el igualitarismo físico o rechazar el igualitarismo material. Y con un poco de suerte vencería el sentido común.


Albert Esplugas

lunes, 27 de octubre de 2008

Tema Polémico: El Estado como máquina de sueños


En los últimos días se han presentado dos casos cuyo revuelo público no se ha hecho esperar: el fallo del Tribunal Superior de lo Contencioso y Civil de Hacienda que revive la posibilidad de realizar fertilizaciones in vitro y el subsidio que el Estado donará, a partir de enero de 2009, al velocista costarricense Nery Brenes. En ASOJOD somos concientes que, al igual que estos casos, existirán muchos otros similares, por lo cual queremos hacer una reflexión bastante general.

Nosotros siempre hemos defendido el derecho del individuo a buscar su propia felicidad. Hemos criticado todas aquellas barreras artificiales que unos u otros le interponen para conseguir sus fines pero esto no debe prestarse a confusión. Los casos de la fertilización in vitro y Nery Brenes nos hacen pensar que, una vez más, hay una perversión moral de por medio.

Felicitamos el esfuerzo de Brenes por su desempeño en los pasados Juegos Olímpicos y celebramos el reconocimiento del derecho de cada quién a procrear, aún cuando fisiológicamente tenga algunos problemas para hacerlo. Sin embargo, eso no quiere decir que aprobemos que el camino de la felicidad de esas personas se construya a partir del uso de los recursos de los demás.

¿Por qué decimos esto? En cuanto al fallo del Tribunal Superior de lo Contencioso y Civil de Hacienda, donde se alega que la sentencia de la Sala Constitucional respecto a la fertilización in vitro nunca prohibió esta técnica tiene un enorme problema: obliga a la Caja Constarricense del Seguro Social a incluirla en los tratamientos contra la infertilidad, lo que supone un gasto más del dinero de los tax payers. El subsidio a Nery Brenes va en la misma dirección: financiar la carrera del velocista. En ASOJOD siempre nos hemos opuesto a usar los recursos de unos para el beneficio de otros. Si no existe voluntad de cooperar y disponer libremente de su propiedad, el Estado no debería quitársela a los individuos para cumplir los fines de otros. Podrán ser las metas más loables del mundo: pero el Estado no es una organización que se dedica a cumplir sueños.

Esta problemática ya la reflejamos en uno de los anteriores Temas Polémicos cuando criticamos la "igualdad de oportunidades". Según estas prácticas de "hada madrina" por parte del Estado, ahora resulta que es necesario equiparar las oportunidades de procreación de las personas o su desempeño en la pista. ¿Qué vendrá después? ¿Equiparar los cuerpos de todas las modelos para que "compitan en igualdad de condiciones"? ¿Obligar a la CCSS a incorporar en sus procedimientos la cirugía plástica gratuita para todos los costarricenses? ¿Financiar las operaciones para los atletas? ¿Ofrecer una dotación anual de pañales para los nacidos por fertilización in vitro? Caemos, indudablemente, en un barril sin fondo donde cada política pública dirigida a equiparar las diferencias humanas es un incentivo para que las personas sigan y sigan exigiendo lo que deseen.

Nótese que, tanto en el caso de la fertilización in vitro como en el de Nery Brenes no hay impedimentos creados por unos para la consecución de las metas individuales. Nadie le dijo a Brenes que si corre le disparará o a la madre que quiere procrear que si usa la fertilización in vitro la mismísima Virgen María vendrá a escupirle en la cara. Sus impedimentos son de otra índole y sobre ellos no hay responsables directos. Si alguien quiere usar libremente sus recursos para ayudarlos, maravilloso, pero no validamos que el Estado use su poder de coacción para obtenerlos y luego dedicarse a hacer las suertes de organización de caridad. Para esa tarea existen individuos y organizaciones que adquieren sus recursos de forma honrada y la usan como mejor les parezca.

Ya lo había dicho Bastiat: "el estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a cuestas de todos los demás". Estamos notificados desde ahora: después, los lamentos serán inútiles.


lunes, 13 de octubre de 2008

Tema Polémico: el problema de la igualdad de oportunidades


La semana pasada, se tocó en ASOJOD un tema que levantó mucha polémica: becas estudiantiles. Uno de los principales argumentos de las personas que están a favor de su existencia es el famoso tema de la "igualdad de oportunidades" y su relación con la libertad, en el sentido de que sólo mediante la primera es posible la segunda. Justamente a este respecto, queremos referirnos en este Tema Polémico de hoy.

Uno podría preguntarse si el disfrute de ciertos bienes y servicios podrían darle mayor holgura al ser humano para tener la potestad de decidir sobre su vida. Siguiendo este argumento, entonces resultaría viable afirmar que el rico o el sabio tienen mayores oportunidades de ser libres que el pobre o el ignorante. Pero, como bien apuntaba Hayek, la libertad personal no consiste en la riqueza de oportunidades de elegir sino en el propio ejercicio de elegir responsablemente, aunque sea en condiciones muy desfavorables y estrictas. Recordemos que para Hayek, el concepto de libertad es equivalente al de no coacción: se es libre en tanto y en cuanto se pueda reducir la coacción -la capacidad de uno para obligar a otro a hacer algo por la fuerza- al mínimo posible.

En ese sentido junto con Hayek hay una importante cantidad de pensadores (Berlin, Mises, Schwartz, Rothdard, etc.) que consideran la libertad como autonomía individual y no como posesión de ciertos bienes materiales. Estos pensadores explican que la ausencia de libertad no surge porque no se disponga de ciertos bienes, pues en todo caso, el ser humano continúa teniendo autonomía sobre sus decisiones personales. Antes bien, la falta de libertad surgue allí donde un individuo o grupo puede obligar a otros a obedecer sus órdenes, usándolos como medios para la persecución de ciertos fines.

Es cierto que a veces puede resultar difícil decidir sin tener ciertos medios materiales disponibles. Pero la vida humana se caracteriza porque unos poseen algo que otros no. Todos los días vemos personas que tienen mejor salud, mejor automóvil, mejor educación, más belleza, más habilidades, más conocimientos, más dinero, mejor voz o mayor talento que cada uno de nosotros. En la medida en que nos comparamos con los demás, notamos que hay gente que tiene cosas que nosotros no y que, al mismo tiempo, nosotros tenemos cosas que ellos no. Hay una desigualdad natural que no se puede pasar por alto.

Por tal razón, el ser humano debe tomar decisiones a partir de los medios de que dispone: recursos técnicos, materiales, de conocimiento, económicos, etc. Y a partir de esas diferentes cantidades y calidades de recursos hemos podido llegar hasta el estadio actual de desarrollo de la humanidad. Pero, si hoy día resulta que es "injusto" para unos que otros tengan más dinero o mayor acceso a la educación que otros, entonces ¿qué hacemos cuando unos tienen mejor voz o más belleza física que otros? ¿Creámos un fondo para dar igualdad de oportunidades a todos en los reality shows o en las pasarelas?

El absurdo de esta última pregunta refleja en sí el absurdo de la "igualdad de oportunidades": no se puede pedir las mismas oportunidades para las personas porque no todas tienen las mismas capacidades y habilidades. Pero ese no es el único disparate: si por el bien de la discusión le damos el punto a los defensores de la "igualdad de oportunidades" y decimos que, en efecto, la libertad depende del acceso a ciertos bienes y servicios "estratégicos", encontramos muchas más complejidades analíticas.

En primer lugar, si aceptamos que todos tengan las mismas oportunidades, ¿cómo definimos qué se le da a cada persona? ¿Educación, salud y trabajo? ¿O también psicólogo, consejero matrimonial, clases de ballet, clases de lenguas extranjeras, equitación, clases de manejo, maíz subsidiado y mascotas? Segundo: ¿quién paga por todo esto y hasta cuándo? El conjunto entero de tax payers dirán algunos, pero ¿están realmente en capacidad todos los ciudadanos para pagar por todas estas cosas? ¿cuándo se fija el límite temporal de las ayudas? ¿A los 18 años, a los 30 o a los 65? ¿Quién y cómo identifica las necesidades de cada persona para saber qué darles? O mejor aún, ¿por qué si todos reciben lo mismo no pagan lo mismo? ¿O en un esquema de igualdad de oportunidades seguiríamos manteniendo un sistema impositivo de tipo progresivo, según el cual pagan más los que más tienen?

Pero quizá la principal contradicción lógica de una libertad que dependa de la dotación de bienes y servicios es que, difícilmente, el receptor continuará siendo autónomo respecto al donante. Si "A" controla lo que recibe "B", entonces aquel tiene un recurso de poder sobre este y puede usarlo para obligarlo a actuar en determinada dirección. Y aún más complejo, resulta paradójico que para obtener esos bienes y servicios se acepte la coacción (el uso de la fuerza en el cobro de impuestos) para conseguir la libertad. Precisamente este punto es crucial en nuestro rechazo a la "igualdad de oportunidades", pues la única forma de conseguir dicha igualdad es acabándo con la libertad.

La búsqueda de esa igualdad implica un intervencionismo estatal y, como la fijación de los criterios de límite para esa intervención no están claros, se abre la puerta para continuas violaciones a la libertad y a los derechos individuales. Y el problema está en que, quienes defienden la igualdad de oportunidades, rara vez se dan cuenta de que están dotando al Estado de un gran poder que luego, por un cambio en los intereses de quien esté en él, puede terminar siendo usado en su contra. Por eso, hay que recordar las extraordinarias palabras de Barry Goldwater a este respecto: "el gobierno que es tan grande para darte todo lo que quieres es suficientemente grande para quitártelo todo".