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miércoles, 18 de julio de 2012

Desde la tribuna: ¿ley mordaza?

Para una república, para una democracia, es elemental (vital) el tema de la libertad de expresión. No hay que olvidar que el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos consagra este importante derecho (buscar, recibir y difundir información).
 
La posibilidad de que una ley relativa a los delitos informáticos (9048), cuyo formato es una reforma al Código Penal, esté atentando contra la libertad de expresión (pariente cercanísima de las libertades de pensamiento, prensa y enseñanza) es pareja con el hecho de que nuestro Estado no ha superado los entuertos contra la libertad de expresión señalados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Mauricio Herrera.
 
Por eso es risible el argumento de los diputados, en el sentido de que cualquier error es un gazapo de los asesores. Igual, el desempeño de la Presidencia de la República, que no veta el proyecto de ley sino que le da el “Ejecútese” y la promulga, pero que se deshace en cumplidos hacia la prensa y organiza una comisión de reformas (un placebo).
 
Preocupa que la técnica legislativa sea tan pobre y complicada (la ley 9048 es un exceso de verbos que no logran determinar un tipo penal preciso y es obvio que hay una serie de disposiciones que amenazan la libertad de información). Preocupa que la Presidencia de la República sea evasiva y finja complacencias.  Preocupa que una parte de la prensa sea tan contradictoria, pues un día apura a los legisladores y exige leyes al por mayor y al día siguiente se rasga las vestiduras por el contenido de las leyes (la misma historia que con la Ley de Tránsito).
 
 Asusta el entorno, pues hace pocos días el CONAVI recordaba a sus funcionarios que tenían el deber de confidencialidad y hay una acusación contra funcionarios por sospechas de haber filtrado la información que descabezó el  nudo de negocios de la familia Herrero-Procesos.  
 
El Estado debería ser como una casa de cristal, transparente y con todo a la vista. Esta ley y el entorno nos dejan ver que el panorama se complica. Sin libertad de expresión el pueblo no puede informarse adecuadamente para tomar decisiones. Cae así una garantía básica y un supuesto de la forma republicana que caracteriza a nuestro Estado. 
 
Hay que reconocer que la tendencia en el poder costarricense (Asamblea y Ejecutivo) no es pro libertad de expresión. Una vez que entendamos esto entonces será claro que hay que promoverla la libertad de expresión y sus garantías.

Federico Malavassi Calvo

lunes, 10 de marzo de 2008

España: la dictadura de los partidos


El hecho de que la campaña electoral española ocurra al mismo tiempo que las primarias de Estados Unidos hace que podamos observar las diferencias entre ambos procesos. Aquí van algunas de las más obvias: En España los candidatos son elegidos a través de oscuros mecanismos de partido; en EE.UU. los escoge la ciudadanía a través de primarias. En España no existe la libertad de votar sólo a un determinado diputado (las listas son cerradas por lo que se vota a todos los candidatos de un partido o a ninguno); en EE.UU. se vota a cada candidato individualmente. En España el gobierno obliga a los medios públicos a destinar una determinada cantidad de minutos a cada partido, violando así la libertad de prensa y expresión y manipulando a los medios públicos que no son suyos sino de la ciudadanía; en EE.UU. existe libertad para informar. Y lo que más ha llamado la atención de todo el mundo durante estos últimos días: en España se acaba de celebrar el primer debate en quince años; en EE.UU. ya se han celebrado 43 debates televisados (20 los demócratas y 23 los republicanos), ¡y eso que todavía están en las primarias, escogiendo a los candidatos!

El tema de los debates televisados es uno de los aspectos que mejor refleja algunas de las carencias del sistema político español. Primero: que en España haya pocos debates no se debe a que no haya demanda social. Se debe a que los políticos no los quieren. Y no los quieren porque tienen miedo. Tienen miedo a debatir ideas. Tienen miedo a contrastar la potencia intelectual, la rapidez mental y los conocimientos de sus candidatos. Tienen miedo a que se descubra que, para llegar a la cúpula del partido no han tenido que trabajar fuera de la burbuja política, ni han tenido que ver mundo, ni han tenido que pensar y tener ideas nuevas. Simplemente han tenido que ser fieles al partido y, sobre todo, han tenido que ponerse en la fila sin ir a Sevilla para no perder la silla (además de dar alguna que otra puñalada a otros fieles de la fila que les hacían la competencia).

Segundo, cuando aceptan, imponen tantas condiciones que acaban realizando un debate sin debate. Una de las cosas que más me impresionó del debate del 25 de febrero es que el moderador no hizo ni una sola pregunta. Y no la hizo porque los partidos se lo prohibieron ya que odian las preguntas fuera de guión. El mismo día que se hacía el debate en España, Obama y Clinton se enfrentaban por vigésima vez. Uno de los moderadores le preguntó a Clinton si los 5 millones que había puesto de su bolsillo para financiar su campaña los había conseguido su marido con negocios internacionales más o menos oscuros y la instó a que hiciera pública su declaración de la renta. Si alguien se atreviera a preguntar eso en España, les aseguro que el candidato se levantaría y, tras insultar al entrevistador, se iría irritado de la sala (lo sé de buena tinta).

Tercero, cuando finalmente realizan el debate, son incapaces de entender lo que dice el adversario y discutirlo, aunque sean las bobadas más extravagantes. Een el debate el Presidente Zapatero, enseñando un gráfico que supuestamente mostraba el precio de la vivienda, dijo: “esta es la evolución del precio de la vivienda con el partido popular, que llegó al máximo histórico, y la evolución con el PSOE, que ha ido decreciendo”. Cualquier persona que haya vivido en el planeta tierra sabe que los precios de la vivienda en España han subido en los últimos cuatro años, aunque en los últimos meses hayan empezado a bajar.

¿Cómo podía Zapatero decir lo contrario? Pues bien, utilizó el viejo truco de enseñar el gráfico de las tasas de crecimiento del precio que, efectivamente, eran más altas en época del PP. Pero el hecho de que las tasas de crecimiento en época del PSOE fueran más bajas no quiere decir que fueran negativas. De hecho, eran positivas y eso quiere decir que el precio de la vivienda durante el mandato de Zapatero ha subido hasta alcanzar los niveles más altos desde la última glaciación. A pesar de ello, ahí teníamos al presidente Zapatero ante las cámaras diciendo que bajaban y mintiendo impunemente sin que el moderador dijera nada. Claro que lo más gordo (y lo más curioso) es que Rajoy no enteraba de lo que estaba pasando. Seguramente, él tampoco entendía el gráfico.

Lo que nos lleva al cuarto punto. Cuando los candidatos no tienen ni la preparación suficiente para entender lo que dice el contrincante ni la rapidez mental para responder, y cuando el moderador no tiene derecho a intervenir ni a preguntar, el debate se convierte en una aburrida serie de monólogos repleta de medias verdades, falsedades y puras mentiras. Lamentablemente, eso es lo que pasó en ese debate.

Y cuando yo ya pensaba que la farsa y los farsantes iban a quedar sin castigo, despertó la prensa y nos dio la grata sorpresa de la campaña: ¡hizo su trabajo! Es decir, contrastó los números y las afirmaciones, desenmascaró las mentiras y las publicó. A los periódicos que hicieron su trabajo: ¡Chapeau!

Chapeau… y gracias por recordarnos que, cuando los periodistas investigan, analizan, comprueban y no se dedican a hacer seguidismo político, existe una gran diferencia entre la democracia y la dictadura de los partidos.


Xavier Sala-i-Martin