En ASOJOD hemos escrito, en reiteradas ocasiones, fuertes críticas contra Hugo Chávez, puesto que repudiamos su absurdo proyecto del "Socialismo del Siglo XXI", en tanto, como toda forma de colectivismo, representa un atropello a los valores de la libertad, la propiedad privada y el individualismo.
Una vez más, mediante este Tema polémico, nos vemos en la necesidad de denunciar lo que muchos "demócratas" costarricenses y latinoamericanos son incapaces de ver: que el teniente-coronel está formando un gobierno totalitario que a punta de petrodólares y populismo, terminará por eliminar a todo aquel que se le ponga en el camino. Pruebas de la dictadura chavista abundan: los reiterados intentos por diseñar una Constitución a la medida, la permanencia casi de por vida que pretende en el poder, los constantes atropellos a la propiedad privada mediante nacionalizaciones y las nada positivas restricciones a la libertad de expresión, como lo demuestra la no renovación de la concesión a Radio Caracacas TV en 2007.
Por si fuera poco, recientemente se anunció que el gobierno bolivariano de Venezuela implementó una serie de medidas para sacar del aire a 34 emisoras de radio y televisión, al tiempo que anunció que 200 más están en peligro, pues se estudia la posibilidad de emitir una nueva ley que castiga como "delito mediático" el "abuso de la libertad de expresión".
Para ASOJOD, esta actitud no sólo merece todo el repudio posible, sino que además, es una manifestación clara del despotismo y la intolerancia, del totalitarismo y la irracionalidad que estos verdaderos payasos bolivarianos están pretendiendo implementar a lo largo del continente. Hoy es Hugo Chávez, pero mañana pueden ser los Correa, los Ortega, los Humala, los Morales y, aunque en Costa Rica aún no ha despuntado una figura de tal calibre, nada impide que aparezca uno de ellos. Ya hay varios candidatos a ocupar tan nefasto pueblo: podemos mencionar a José Merino, Eugenio Trejos, Mariano Figueres, Rolando Araya, Fabio Chávez y algunos otros.
Hay que tener mucho cuidado con este tipo de gente que pretende planificar la vida de los individuos mediante el uso de unos para cumplir los fines de otros. Hemos de recordar que, en la historia de la humanidad, el único parangón de esta situación es el esclavo, es decir, alguien que trabaja para que otros disfruten de los réditos, pero que no recibe nada a cambio de sus servicios. Lo más preocupante de todo es que los diferentes pueblos latinoamericanos van en esa dirección, aunque los "intelectuales" criollos se nieguen a verlo y más bien defiendan que bajo ese tipo de gobiernos se alcanzará el paraíso de la prosperidad y la libertad.
Ya Orwell nos avisó, en su novela 1984, lo que podría pasar en un régimen tiránico cuando el "caudillo" llega a acabar, incluso, con la libertad de expresión y pensamiento. Así las cosas, el cierre de emisoras y canales que se atreven a criticar a Chávez, muestra su verdadera cara: la de un dictador que no está dispuesto a escuchar ni a pensar, que ocupa la fuerza como su herramienta de gobierno, que procura, a toda costa, acabar con aquel que ose a interponerse en su camino. Y esta es una advertencia que aplica no sólo a los venezolanos (que quizá ya poco puedan hacer), sino a todos los latinoamericanos y, en especial, a los costarricenses, principalmente a aquellos que creen que nuestro país está inmune a este tipo de enfermedades políticas y que, todavía, se pasan vanagloriando de aquel desafortunado epíteto de "Suiza centroamericana".
La libertad entra por rendijas, pero también se escapa por ellas. Conforme los políticos de turno sigan implementando programas de solidaridad forzada, limitaciones a la libertad, imposiciones del "bienestar general" sobre el individual, se abren espacios para que, un día (quizá no tan lejano) los colectivistas triunfen definitivamente.
Una vez más, mediante este Tema polémico, nos vemos en la necesidad de denunciar lo que muchos "demócratas" costarricenses y latinoamericanos son incapaces de ver: que el teniente-coronel está formando un gobierno totalitario que a punta de petrodólares y populismo, terminará por eliminar a todo aquel que se le ponga en el camino. Pruebas de la dictadura chavista abundan: los reiterados intentos por diseñar una Constitución a la medida, la permanencia casi de por vida que pretende en el poder, los constantes atropellos a la propiedad privada mediante nacionalizaciones y las nada positivas restricciones a la libertad de expresión, como lo demuestra la no renovación de la concesión a Radio Caracacas TV en 2007.
Por si fuera poco, recientemente se anunció que el gobierno bolivariano de Venezuela implementó una serie de medidas para sacar del aire a 34 emisoras de radio y televisión, al tiempo que anunció que 200 más están en peligro, pues se estudia la posibilidad de emitir una nueva ley que castiga como "delito mediático" el "abuso de la libertad de expresión".
Para ASOJOD, esta actitud no sólo merece todo el repudio posible, sino que además, es una manifestación clara del despotismo y la intolerancia, del totalitarismo y la irracionalidad que estos verdaderos payasos bolivarianos están pretendiendo implementar a lo largo del continente. Hoy es Hugo Chávez, pero mañana pueden ser los Correa, los Ortega, los Humala, los Morales y, aunque en Costa Rica aún no ha despuntado una figura de tal calibre, nada impide que aparezca uno de ellos. Ya hay varios candidatos a ocupar tan nefasto pueblo: podemos mencionar a José Merino, Eugenio Trejos, Mariano Figueres, Rolando Araya, Fabio Chávez y algunos otros.
Hay que tener mucho cuidado con este tipo de gente que pretende planificar la vida de los individuos mediante el uso de unos para cumplir los fines de otros. Hemos de recordar que, en la historia de la humanidad, el único parangón de esta situación es el esclavo, es decir, alguien que trabaja para que otros disfruten de los réditos, pero que no recibe nada a cambio de sus servicios. Lo más preocupante de todo es que los diferentes pueblos latinoamericanos van en esa dirección, aunque los "intelectuales" criollos se nieguen a verlo y más bien defiendan que bajo ese tipo de gobiernos se alcanzará el paraíso de la prosperidad y la libertad.
Ya Orwell nos avisó, en su novela 1984, lo que podría pasar en un régimen tiránico cuando el "caudillo" llega a acabar, incluso, con la libertad de expresión y pensamiento. Así las cosas, el cierre de emisoras y canales que se atreven a criticar a Chávez, muestra su verdadera cara: la de un dictador que no está dispuesto a escuchar ni a pensar, que ocupa la fuerza como su herramienta de gobierno, que procura, a toda costa, acabar con aquel que ose a interponerse en su camino. Y esta es una advertencia que aplica no sólo a los venezolanos (que quizá ya poco puedan hacer), sino a todos los latinoamericanos y, en especial, a los costarricenses, principalmente a aquellos que creen que nuestro país está inmune a este tipo de enfermedades políticas y que, todavía, se pasan vanagloriando de aquel desafortunado epíteto de "Suiza centroamericana".
La libertad entra por rendijas, pero también se escapa por ellas. Conforme los políticos de turno sigan implementando programas de solidaridad forzada, limitaciones a la libertad, imposiciones del "bienestar general" sobre el individual, se abren espacios para que, un día (quizá no tan lejano) los colectivistas triunfen definitivamente.