Jorge Corrales Quesada
martes, 21 de mayo de 2019
La columna de Carlos Federico Smith: no podían faltar...
Jorge Corrales Quesada
miércoles, 17 de julio de 2013
Desde la tribuna: ¿el acuerdo social costarricense?
¡A otros con ese cuento …!
Federico Malavassi Calvo
lunes, 23 de abril de 2012
Tema polémico: lo que le faltó decir a doña Laura sobre el Plan B en materia fiscal

A pesar que, en ASOJOD rechazamos totalmente las palabras de la Presidente y adversamos el nefasto aumento de impuestos que su Gobierno propuso, queremos aprovechar las palabras de doña Laura para darle un pequeño consejo. Eso sí, es un consejo gratuito y, por él, no esperamos una consultoría millonaria como las otorgadas a Procesos.
Doña Laura ha demostrado que no le preocupa el costo político de impulsar medidas impopulares. Sin importar que 75% de los ciudadanos estaba en contra del proyecto de Solidaridad Tributaria, según una encuesta publicada por La Nación; sin importar que su entonces Ministro de Hacienda, Fernando Herrero, y el entonces Director General de Tributación Directa, Francisco Villalobos, fueron cuestionados por presunta evasión fiscal y, como lo ha evidenciado su silencio hasta ahora, a pesar de que se destapara un escándalo que aparentemente alcanza a su Vicepresidente, Luis Liberman, a su Ministro de Educación, Leonardo Garnier y a su ex asesora, Flor Isabel Rodríguez, ella se ha empeñado en aumentarle los impuestos a los ciudadanos, detenida solo pero momentaneamente por la Sala Constitucional.
Si, como ella misma dijo, la situación actual de nuestro país obliga a impulsar medidas impopulares pero fiscalmente responsables, entonces le proponemos a doña Laura que, a la luz del Plan "B" en materia fiscal que explicó la semana anterior, se dedique con la misma “valentía”, a hacerle un bien a los tax payers: cierre instituciones, reduzca la planilla estatal (especialmente la planilla paralela que le cuesta miles de millones al Estado costarricense), muestre la firmeza prometida en campaña para atacar la corrupción y dele señales claras a los empresarios, nacionales y extranjeros, para que se decidan a invertir en nuestro país. Todo eso le faltó por decirlo durante la exposición de las medidas alternativas.
Señora Presidente, enfréntese a las organizaciones que han desangrado a los ciudadanos por décadas. Revise el laberinto institucional, que incluye a más de 343 entidades públicas, y plantee el cierre o venta de muchas de ellas que, como el Consejo Nacional de la Producción, la Fábrica Nacional de Licores, el Consejo Nacional para Investigaciones Científicas y Tecnológicas (o el Ministerio de Ciencia y Tecnología en su defecto), el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, el Ministerio de Planificación, la Oficina Nacional Atómica, el Instituto Nacional de Innovación Tecnológica Agropecuaria, la Junta de Fomento Avícola, la Junta de Fomento Porcino, la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria, la Dirección Nacional de Desarrollo de la Comunidad, el Consejo Nacional de Espectáculos Públicos, Instituto de Desarrollo Rural, Instituto de Fomento y Asesoría Municipal, Instituto Mixto de Ayuda Social, Instituto Nacional de Fomento Cooperativo, Academia Nacional de Ciencias, Comisión Nacional para la Defensa del Idioma, Oficina Nacional de Semillas, Comisión Nacional de Energía Atómica, Radiográfica Costarricense S.A., Correos de Costa Rica, Corporación Hortícola Nacional, Corporación Ganadera Nacional, Corporación Nacional Arrocera o Corporación Bananera Nacional, no generan ningún beneficio para los ciudadanos, excepto para aquellos que viven a costa de los tax payers.
Busque aliados en otras fuerzas políticas para que, mediante pactos, se consigan los votos necesarios en la Asamblea Legislativa para impulsar una política de reducción del Estado que, bien sabemos, está enredado en sus propios mecates con instituciones cuyas funciones son confusas, desfasadas, duplicadas o inútiles, con empleados que le cuestan mucho a la Hacienda Pública sin que su trabajo se traduzca en beneficio para los costarricenses. Enfréntese a los sindicatos, a las agrupaciones empresariales y todos aquellos que se empeñan en que los ciudadanos sigamos pagando por bienes o servicios que no recibimos. Elimine las consultorías que cuestan millones por trabajos que luego no se ven y que más parecen mecanismos de algunos para engrosar las cuentas de los amigos.
Líbrenos del pesado fardo que significa este sinnúmero de entidades y burócratas. Muestre el mismo empeño que la caracterizó con el impulso del PACquetazo de impuestos a toda costa, con procedimientos violatorios de la Constitución Política. Serán medidas impopulares pero fiscalmente responsables y le aseguro que, a pesar de las críticas y protestas de unos cuantos que se quedarán sin su medio para seguir viviendo a costa nuestra, los ciudadanos comunes y corrientes se lo agradeceremos por muchísimos años.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Costa Risa... para llorar

lunes, 26 de septiembre de 2011
Tema polémico: un PACto empobrecedor
Pareciera que la única firmeza de doña Laura Chinchilla ha sido insistir en atollarnos este PACquetazo de impuestos, que sin duda, nos lleva hacia adelante -como ella prometió en campaña- en el inconfundible camino al despeñadero. Y del PAC, ni qué decir. "La Costa Rica que queremos" -su lema de campaña- es una Costa Rica sin ricos, sin personas deseosas de generar dinero, sin incentivos para ahorrar, con un Estado enorme y despilfarrador, que fomente el parasitismo cultural, de forma tal que unos reciban subsidios para vivir a costa de otros.
Gracias a esta inmoral alianza entre los socialdemócratas -sean tercera vía, conservadores o cualquier nomenclatura- los ciudadanos estamos a las puertas de ver cómo se aprueban nuevos impuestos, que representan el paño con el que los políticos irresponsables se secarán el sudor de la congoja, cuando creían que su idiotez y falta de seriedad iba a llevar al Estado a la bancarrota y se acabaría el dinero para financiar sus desfachateces.
Este paquetazo reloaded es peor que sus versiones anteriores. Además de convertir el impuesto de ventas en impuesto al valor agregado, crear impuestos a los servicios (especialmente educación y salud privadas), aumentar el impuesto selectivo de consumo e incrementar el impuesto de traspaso de bienes inmuebles, el nuevo texto incorporaría sandeces como impuestos de renta global y renta mundial, cálculos bastante abusivos de la renta presuntiva, incrementos en el impuesto de renta (incluyendo un nuevo tracto para salarios superiores a los 4 millones de colones), impuesto a zonas francas, impuesto a dividendos y utilidades y otra serie de verdaderas estupideces.
En ASOJOD hemos dicho, hasta la saciedad, que los impuestos son un robo y resultan mucho más descarados cuando se generan para salvarle la torta a políticos irresponsables, como contundentemente lo evidenció el Dictamen Negativo de Liquidación Presupuestaria que recién se aprobó en la Asamblea Legislativa. Cuando el gasto, el despilfarro, la irresponsabilidad, la falta de seriedad y la ineficiencia marcan la tónica de una gestión gubernamental, pedirle a los ciudadanos más recursos es, como mínimo, un insulto a su inteligencia y un verdadero y descarado robo a mano armada.
Y más que reafirmar nuestra convicción de que, en esas circunstancias, darle más recursos a este Gobierno es como llenar con agua un barril lleno de huecos, creemos que ya es suficiente la expoliación que nos hacen como para tener que incrementar nuestra cuota de sacrificio.
Por eso, ahora y siempre, le decimos NO MÁS IMPUESTOS. Con firmeza y honestidad, la Costa Rica que queremos es una muy distinta a la del PAC y PLN: es una Costa Rica próspera, donde se respete la propiedad privada, el derecho de los individuos a gozar plenamente del fruto de su trabajo, donde la competitividad y la competencia sean una realidad, donde el empresario tenga el papel que se merece, como generador de riqueza, donde las personas puedan echar a andar sus proyectos pronto y sin la intervención estatal. No la Costa Rica estatizada, corrupta, fabricante de miseria y parásitos, de burócratas y políticos trasnochados.
jueves, 31 de marzo de 2011
Jumanji empresarial: Impuestos y Crecimiento

La crisis internacional del 2008 afectó muchísimo el desempeño económico de Costa Rica. Los sectores que más se vieron impactados por esta crisis fueros el de exportación y el de construcción. A la gente la ha costado muchísimo recuperarse de esta recesión. Es más, aún hay sectores como el de construcción que no han podido volver al nivel en que se encontraban antes de iniciar la crisis. En estos momentos tan difíciles, una de las tareas prioritarias del gobierno debería ser la de propiciar el crecimiento de la economía y de esta manera disminuir el desempleo y la pobreza.
Extrañamente y por lógico que esto parezca, el gobierno parece estar haciendo todo lo contrario. En lugar de propiciar el crecimiento económico ha concentrado casi todos sus esfuerzos en la aprobación de un nuevo paquete de impuestos ¿Por qué? Cuál es la justificación del gobierno de “hacer leña el árbol caído” y colocar aún más en riesgo la frágil situación económica del país. Su excusa es que, dado que la administración anterior aumento considerablemente el gasto estatal, ahora nos toca a todos los costarricenses corregir ese déficit fiscal pagando más impuestos.
Las acciones más razonables y obvias serían todas aquellas enfocadas en disminuir los gastos desproporcionados e ineficientes pero el mismo Ministro de Hacienda ya confesó que si bien es cierto eso sería la mejor medida es más fácil si lo solventa cobrando más impuestos. Tal vez lo que no han tomado en consideración con este plan es la posible baja en la recaudación de impuestos al pretender cobrarles más a los pocos que pagan impuestos en este país. No han contemplado la posibilidad de que con este nuevo golpe la inversión en el país disminuirá y lo capitales buscarán otros destinos más atractivos. Contrario a lo que pretenden lograr, con este paquetazo podrían aseverar aún más la delicada situación fiscal en la que se encuentran.
Si el gobierno lo que desea es recaudar más impuestos pues más bien debería fomentar el crecimiento económico. Medidas que ayuden a dinamizar la economía no solo disminuiría el desempleo sino que también generaría una mayor recaudación para las arcas del estado. Contrario al plan actual, una disminución en impuestos clave como el impuesto sobre la renta ayudaría a que más empresas se instalen en el país y más empresas crezcan. Cada empresa pagaría menos impuestos pero al ser más la recaudación total será mayor para el Estado.
martes, 3 de agosto de 2010
Irlanda se desarrolló gracias a menos impuestos

Uno de estos catedráticos es Jaime Ordóñez, con quien ya tuve hace 6 años un intercambio sobre este tema en las páginas de opinión de La Nación. El argumento de Ordóñez es muy sencillo: “¿Queremos ser ricos como Europa? Entonces tenemos que pagar impuestos como los europeos”. En ese entonces (2004), le señalé a don Jaime que casualidad no prueba causalidad. Ciertamente Europa es un continente rico (y en declive), pero eso no indica de ninguna manera que los europeos se hicieron ricos simplemente porque aumentaron sus cargas fiscales a altísimos niveles. Todo lo contrario, si vemos la evidencia empírica, notaremos que las tasas de crecimiento en Europa caen conforme más aumenta la carga tributaria. ¿Queremos hacernos ricos? Pues entonces necesitamos altas tasas de crecimiento, y la Europa esclerótica con la que sueña Jaime Ordóñez no es el ejemplo a seguir.
Sin embargo, 6 años después, Ordóñez continúa con la misma cantaleta. En su columna semanal en el Diario La Extra, don Jaime recurre al ejemplo de Irlanda (¡vaya Usted a ver!) como muestra de un país que se hizo rico, según él, mediante el aumento de la carga tributaria. Para probar su tesis Ordóñez menciona únicamente dos cifras: el PIB per cápita de Irlanda en el 2009 y la carga fiscal lograda en algún año (no especifica cuál) del gobierno de Mary Robinson (1990-1997). Nuevamente, Ordóñez cierra la columna con su sempiterna lección: ¿Quéremos ser ricos como Irlanda? Aumentemos los impuestos.
La realidad es totalmente contraria a lo que presenta Jaime Ordóñez. Es cuestión de revisar las estadísticas de la OCDE para ver que más bien fue una disminución de la carga tributaria la que contribuyó a desencadenar al llamado “tigre celta”. La carga tributaria de Irlanda permaneció relativamente estable en el 28% del PIB durante la década de los setenta. Fue en 1979 cuando empezó a aumentar, hasta llegar a un pico del 36.8% en 1988. Durante este período, el crecimiento del PIB per cápita (dólares constantes, PPP) fue del 2.2% anual, una cifra que no saca a ningún país del subdesarrollo en el corto o mediano plazo.
Sin embargo, a raíz de una seria crisis fiscal en 1986 (el gasto público creció más rápido que los impuestos durante la década previa), Irlanda se vio forzada a adoptar un serio programa de austeridad que implicaba una fuerte reducción del gasto y, (¡sorpresa!) una disminución en las principales tasas de impuestos. La carga tributaria cayó del 36.8% de 1988 al 33.5% al año siguiente. En el 2007 la carga tributaria era del 30.8%. ¿Resultado? Durante este período el crecimiento del PIB per cápita en Irlanda fue del 5.3% anual, lo suficiente para transformar a dicho país del tercero más pobre de Europa Occidental en la década de los ochenta al segundo más rico del Viejo Continente.
Es cierto que durante el gobierno de Mary Robinson hubo un aumento de la carga tributaria en Irlanda, que pasó del 33.1% en 1990 (cuando llegó al poder) a un pico del 35.1% en 1995. Sin embargo, cuando salió del poder en 1997, la carga tributaria de Irlanda era del 31.7%, inferior a la que Robinson encontró inicialmente.
Por supuesto que uno no puede ser simplista como Jaime Ordóñez y achacar el “milagro” irlandés exclusivamente a los impuestos (en este caso, a su disminución). Otros factores entraron en juego, como la apertura comercial, apertura en el sector de servicios, disminución del gasto público, etc. Para una explicación detallada de la transformación de la economía irlandesa, recomiendo este ensayo: “Libertad económica y crecimiento: El caso de Irlanda” por el economista Benjamin Powell. Pero la reducción en las tasas impositivas, tanto a personas como a empresas, fue crítica en la transformación económica de Irlanda.
Es una lástima que Ordóñez continúe apelando a la desinformación en su cruzada por aumentarle los impuestos a los costarricenses. No le sienta bien.
Juan Carlos Hidalgo
Por la libre
