Vivimos en una época donde la información brota desde todos los rincones del mundo, siendo difundida sin control por múltiples medios accesibles para todos nosotros. Recientemente, con Revolución de los Jazmines y los hechos subsiguientes, pudimos apreciar el impacto de las nuevas tecnologías de la información, que no pudieron ser silenciadas por los gobernantes represores.
Vivimos, además, en una época donde la ciencia ha dado pasos de gigante, llevando la luz del entendimiento donde cundían las sombras de la ignorancia. La medicina, especialmente la regenerativa, es quizá el campo donde el avance ha sido más significativo y sorprendente.
El progreso del conocimiento y la técnica nos llena de esperanza para pensar que es posible develar los grandes misterios y retos que, como especie, enfrentamos; sin embargo, esta esperanza contrasta con el persistente misticismo y el augurio de profetas que advierten un futuro caótico, lleno de devastación, donde todo está irremediablemente escrito.
Lo anterior a propósito del anuncio realizado meses atrás por Harold Camping, un ingeniero y predicador evangélico de los Estados Unidos que vaticinó para el pasado 21 de mayo, precisamente 7.000 días después del diluvio universal, el fin del mundo. Pues bien, ya hoy es 23 de mayo y el mundo no se acabó, como sí podría acabarse la credibilidad de ese charlatán.
No obstante, detrás de él aparecerán otros cientos. ¿Cuántas veces hemos escuchado tonterías de este tipo? En realidad, no resulta sorprendente que existan charlatanes como este, dispuestos a anunciar el fin del mundo; después de todo, desde las sociedades primitivas el miedo al fin del mundo ha sido una constante, por lo que este tipo de tonterías no son nuevas.
Lo que si resulta sorprendente, y poco alentador, es que en pleno siglo XXI existan tantos ingenuos dispuestos a escuchar oráculos. Por ejemplo, el pasado 11 de mayo muchos ciudadanos abandonaron la ciudad de Roma y al menos 15% de los empleados públicos no asistieron a su trabajo ante una profecía que anunciaba un fuerte terremoto que destruiría Roma ese mismo día. Desde las profecías de Nostradamus, los mayas y Benjamín Solari, abundan los embaucadores, pero sobe todo, los que se dejan encantar por los cantos de sirena.
¿Qué está pasando? Desgraciadamente, el desarrollo del razonamiento lógico no ha ido a la par del progreso científico y técnico, por lo que aún cuando encontramos soluciones que hace décadas parecieran imposibles y cuando las fronteras del conocimiento son cada vez más superadas por la ciencia, pululan los estafadores místicos, los embaucadores del espíritu, los mercaderes del miedo que siguen convenciendo a otros tan idiotas como ellos para comprometerlos en descabelladas empresas.
Por desgracia, mientras las personas no renuncien a seguir creyendo los cuentos de hadas, seguiremos teniendo los mismos problemas políticos, económicos y sociales que nos afectan, pues muchos de ellos son el resultado de equivocadas convicciones que motivan las acciones de las personas.
Vivimos, además, en una época donde la ciencia ha dado pasos de gigante, llevando la luz del entendimiento donde cundían las sombras de la ignorancia. La medicina, especialmente la regenerativa, es quizá el campo donde el avance ha sido más significativo y sorprendente.
El progreso del conocimiento y la técnica nos llena de esperanza para pensar que es posible develar los grandes misterios y retos que, como especie, enfrentamos; sin embargo, esta esperanza contrasta con el persistente misticismo y el augurio de profetas que advierten un futuro caótico, lleno de devastación, donde todo está irremediablemente escrito.
Lo anterior a propósito del anuncio realizado meses atrás por Harold Camping, un ingeniero y predicador evangélico de los Estados Unidos que vaticinó para el pasado 21 de mayo, precisamente 7.000 días después del diluvio universal, el fin del mundo. Pues bien, ya hoy es 23 de mayo y el mundo no se acabó, como sí podría acabarse la credibilidad de ese charlatán.
No obstante, detrás de él aparecerán otros cientos. ¿Cuántas veces hemos escuchado tonterías de este tipo? En realidad, no resulta sorprendente que existan charlatanes como este, dispuestos a anunciar el fin del mundo; después de todo, desde las sociedades primitivas el miedo al fin del mundo ha sido una constante, por lo que este tipo de tonterías no son nuevas.
Lo que si resulta sorprendente, y poco alentador, es que en pleno siglo XXI existan tantos ingenuos dispuestos a escuchar oráculos. Por ejemplo, el pasado 11 de mayo muchos ciudadanos abandonaron la ciudad de Roma y al menos 15% de los empleados públicos no asistieron a su trabajo ante una profecía que anunciaba un fuerte terremoto que destruiría Roma ese mismo día. Desde las profecías de Nostradamus, los mayas y Benjamín Solari, abundan los embaucadores, pero sobe todo, los que se dejan encantar por los cantos de sirena.
¿Qué está pasando? Desgraciadamente, el desarrollo del razonamiento lógico no ha ido a la par del progreso científico y técnico, por lo que aún cuando encontramos soluciones que hace décadas parecieran imposibles y cuando las fronteras del conocimiento son cada vez más superadas por la ciencia, pululan los estafadores místicos, los embaucadores del espíritu, los mercaderes del miedo que siguen convenciendo a otros tan idiotas como ellos para comprometerlos en descabelladas empresas.
Por desgracia, mientras las personas no renuncien a seguir creyendo los cuentos de hadas, seguiremos teniendo los mismos problemas políticos, económicos y sociales que nos afectan, pues muchos de ellos son el resultado de equivocadas convicciones que motivan las acciones de las personas.