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lunes, 24 de agosto de 2015

Tema Polémico: UBER, Estado y Sociedad Costarricense



Sin lugar a dudas el tema de estos últimos días ha sido la entrada al país de UBER, así como las medidas tomadas por el Gobierno. En ASOJOD queremos compartir un par de reflexiones e interrogantes un tanto desordenadas, las cuales hacemos evidentemente desde de nuestra particular forma de entender el mundo (para bien o para mal), mismas que no se limitan propiamente a UBER, sino que pretenden ser un diagnóstico mucho más “macro”:

1. Ironía: el Gobierno del cambio defendiendo el status quo, en contra de los avances tecnológicos y las nuevas formas de economía.

2. Sharing economy y evolución social: El “sharing Economy” llegó para quedarse, adaptémonos y saquémosle provecho o perezcamos.

3. Siguen las ironías: los niños malos del Gobierno pese a su juventud son los que más relinchan en contra de UBER.

4. Más ironías: los “progresistas” en contra de aquello que genera progreso…

5. Revolución: Los gringos por mucho menos que esto hicieron una revolución en el siglo XVIII.

6. Del like a la acción social: Están muy bien los memes, críticas, likes y shares de Facebook, pero eso no es suficiente, debemos pasar de la acción en el mundo cibernético a la acción en el mundo material, solo así se darán los cambios necesarios.

7. Lección: los políticos y el Estado deben de tener el menor poder posible, eso disminuye las posibilidades de que se paseen en la vida y propiedad ajena.

8. Pregunta: ¿conoce el Gobierno los conceptos de escasez y costos de oportunidad? Es increíble que con la cantidad de problemas económicos y de infraestructura que pesan sobre el país, la administración se dedique a darle “guerra” a UBER.

9. Objetivo de la ley: La ley en la mejor tradición liberal está diseñada para proteger los derechos individuales, para ser un límite frente a los poderes del soberano. Cuando este noble fin se pervierte y la ley se convierte en instrumento de privilegios y prebendas políticas para la obtención de votos, pasa precisamente lo que hemos visto en estos últimos días.

10. Acción privada: La Constitución Política en su artículo 28 indica: “Las acciones privadas que no dañen la moral o el orden públicos, o que no perjudiquen a tercero, están fuera de la acción de la ley.” ¿Nos puede explicar alguien de que manera UBER afecta el orden público, la moral o interfiere con los terceros para que tenga que estar dentro del marco de acción de la ley?

11. ¿Regulaciones videntes? Algunos afirman que el servicio de UBER se encuentra previsto en la normativa actual, y que en ese sentido debe regirse por la misma. Esa es una aseveración bastante extraña y peligrosa, ya que cuando nuestras leyes que rigen los servicios públicos de transporte se crearon, no existía ni por asomo algo remotamente parecido a UBER, por lo que no se puede sostener que nuestro legislador pretendía que algo de esta naturaleza se encontrara cubierto por dicho manto legal. Lo anterior es fundamental par proteger la innovación y el cambio tecnológico, es la ley la que debe adecuarse a las novedades sociales, económicas, culturales, tecnológicas, etc y no a la inversa. 

Bajo esta línea de pensamiento imaginemos que en el futro se invente una batería o sistema de autoabastecimiento eléctrico, que haga totalmente innecesario e intrascendente al ICE, ¿en ese caso también vamos a prohibirlo o regularlo? 

12. Interpretación pro libertad: ¿Si existe duda de si este es o no un servicio público no deberíamos resolver dichas controversias teniendo como piedra angular el favorecimiento de la autonomía privada y la libertad individual?

13. Encuentre las diferencias: Mussolini dijo: “para el fascista, todo reside en el Estado, y nada que sea humano o espiritual existe fuera del Estado.” El Presi dice: “Toda actividad que no está regulada por el Estado es ilegal”.

14. Devuelta a la época oscura del Siglo XX: Las acciones de la administración rayan en la “mejor” tradición fascista y autoritarita del siglo XX.

15. Sociedad abierta vrs Sociedad Cerrada: La Sociedad Abierta y la civilización es la recuperación de los espacios privados para la sociedad civil, implica dejar de ser una especie de tribu en donde todos los temas de la vida de los individuos son un problema de la polis. 

16. Valentía: Bien por la empresa UBER por atreverse a hacer lo que rara vez ocurre en nuestro país con el sector privado: retar la arbitrariedad y sed de poder de los Gobernantes.

17. Responsabilidad empresarial: Todavía mejor por parte de la empresa UBER en ponerse detrás de sus afiliados colaborando con las multas y daños a la propiedad de los vehículos. Empresa 2-0 Gobierno.

18. Ciudadanos en contra de si mismos: El Estado con sus regulaciones estúpidas es el único que tiene la capacidad de poner a los propios ciudadanos en contra de si mismos, logrando establecer un clima de confrontación social en virtud del sistema de castas sociales que establece a través de leyes perversas. El Estatismo politiza todos los ámbitos de nuestra vida, convirtiendo simples interacciones individuales, en todo una problemática social y política.

19. Lo que está detrás de UBER: Lo que está en juego con UBER es algo más grande que el sistema de UBER, es el “alma” de nuestra sociedad. El Gobierno ha entendido bien esto, por ello ha actuado de la forma desproporcional y temeraria en que lo ha hecho. Sabe de que sistemas como UBER y actitudes como las que ha asumido la empresa ponen en jaque su cuota de poder político, además de que desnuda la verdadera cara de la acción estatal. Evidentemente no pueden permitir que el castillo de naipes sobre el que se encuentran montados se les venga al piso.

20. Mamar tetita estatal: Es mejor UBER que la UBRE del Estado.

21. ¿Quién gana y quién pierde? Preguntémonos: ¿qué intereses defiende el Gobierno con estas medidas y a cuáles sectores? Los más afectados con estas medidas son los ciudadanos de pie: aquellos que quieren ganarse una extrita a través de UBER, así como aquellos que quieren ahorrarse una platita con un servicio más eficiente y a menor costo. UBER no pierde, UBER no nos necesita, nosotros necesitamos a UBER.

22. Sino puedes con ellos úneteles: ¿Si a los taxistas les molesta tanto UBER por qué mejor no cambian de equipo?

23. Pregunta para el lector: ¿en las próximas elecciones seguirá votando usted por los mismos de siempre, con sus ideas retrógradas de siempre, aquellos que no pueden mirar más allá de la nariz Estatal?

24. Indiferencia: no son momentos para ser indiferentes, a todos nos toca escoger de que lado queremos estar.

25. Reforma del Estado: todos estos eventos no hacen más que mostrar la necesidad de plantearlos nuestro actual modelo Estatal en todas sus dimensiones y manifestaciones.

Para finalizar queremos dejarlos con una frase de la filósofa Ayn Rand la cual describe a la perfección el entorno socio-político en el que se encuentra atascado nuestro país, y sobre todo que nos mantiene sumergidos en el total y absoluto subdesarrollo:

“Cuando te das cuenta que, para producir, necesitas obtener autorización de quien no produce nada. Cuando compruebas que el dinero es para quien negocia, no con bienes sino con favores. Cuando te das cuenta que muchos son ricos por soborno e influencia, mas que por el trabajo, y que las leyes no nos protegen de ellos, mas por el contrario, son ellos los que están protegidos. Cuando te das cuenta que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en auto sacrificio. Entonces podría afirmar, sin temor a equivocarme, que tu sociedad está condenada.”

martes, 21 de julio de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: la economía es social y solidaria

Lo primero que hice fue buscar en el Diccionario de la Real Academia Española a ver que era eso de solidario (a) y me dio dos definiciones, que no me satisficieron -y me imagino que tampoco a los que hablan de una “economía solidaria.” De acuerdo con dicho diccionario, hay dos sentidos para esa palabra. El primero, que es “adherido, asociado a la causa, empresa u opinión de alguien”, lo cual me imagino que nos pone cuesta arriba para entender de tal manera a una economía, pues uno puede estar asociado perfectamente con una inutilidad de cualquier tipo y ser solidario con esa creencia, en tanto que la economía es un instrumento muy útil para todos los seres humanos. El segundo sentido proviene del Derecho y “se dice de las obligaciones contractuales in sólidum y de las personas que las acepta”, lo cual no parece aplicarse fácilmente al concepto de economía.

Por ello, me parece que quienes hablan de economía solidaria posiblemente tienen en mente algo así como fraternal, armónico, mutuo o humano.  Al menos es lo que deduzco de la verba usual que algunos pretenden adosarle a la idea de una economía.  Dejemos esto por aquí, por un instante, y busquemos en aquel diccionario lo que nos dice acerca de la palabra “social.” Me parece que es satisfactoria la idea expuesta en él de que “social” es “lo perteneciente o lo relativo a la sociedad.” Al menos así suelen, me imagino, considerar quienes nos hablan de algo como una economía social.

Lo que sí no tienen muy claro esos ideólogos es que la forma de organización de una economía llamada de mercado competitivo (capitalismo, también le llaman algunos) es esencialmente social y solidaria. Por el contrario, suelen hablar de “economía social y solidaria” para referirse a una menjurje de organizaciones productivas que les agradan por ciertas consideraciones ideológicas.

Para aclarar el amasijo, tomaré una definición estándar de lo que es una economía y que puede ser encontrada -con palabras diferentes, por supuesto, pero con la misma idea- en innumerables buenos textos elementales de Economía: “Ciencia social interesada en el uso de recursos escasos para obtener la máxima satisfacción de las necesidades materiales de la sociedad.” Eso es lo que uno aprende en la primera clase de Economía, casi que en cualquier universidad. 

Cuando se habla de una economía, se refiere a una de ellas en particular; por ejemplo, a las de Costa Rica, Estados Unidos, Venezuela o Cuba. Tienen una ubicación geográfica, pero lo crucial es lo que existe en esas economías: individuos, muchos o pocos, quienes toman decisiones en torno a cómo satisfacer al máximo los deseos y necesidades de las personas en una sociedad determinada. Observe, por tanto, que es posible considerar que hay distintas forma de organizar qué, cómo y para quién producir los diferentes bienes y servicios en una economía determinada. 

Algunas sociedades lo hacen por medio de la decisión descentralizada de miríadas de individuos, interactuando para satisfacer sus aspiraciones o para vivir mejor, como es lo propio de una sociedad caracterizada por tener una economía competitiva de mercado. Otras lo hacen produciendo con base en decisiones tomadas centralizadamente por una agencia, la cual determina qué, cómo y para quienes se han de producir los diversos bienes y servicios. Esta suele ser una sociedad socialista o de decisión centralizada. Obviamente hay muchas formas mixtas acerca de cómo resolver esos tres problemas básicos que debe resolver una economía. Pero me interesa recalcar un punto: todas, todas, esas formas de organización de una economía tienen su lugar en el seno de una sociedad.  La economía no es algo que está fuera o por encima de la sociedad, sino que está inmersa en ella: es algo inmanente a la sociedad. No hay sociedad que no tenga una economía, ni hay una economía que no esté inserta dentro de una sociedad.

Por lo anterior, lo que he llamado economía de mercado existe en una sociedad específica de seres humanos (no creo que haya una economía de paquidermos o de mariposas). Por lo tanto, esa economía de mercado es tan social, como lo puede ser cualquier otra, en tanto que existe en el seno de sociedades concretas, específicas. Ni siquiera es algo exclusivo de la mente particular de alguna persona, sino que se materializa en una relación con otras personas en sociedad. Así que es una ficción innecesaria llamar “Economía Social” a una economía, pues todas las formas posibles que puede asumir una economía se dan en el marco de una sociedad.  Decir “Economía Social” es un pleonasmo. Es emplear una palabra innecesaria como calificativo, pues no hay economía que no sea social. En la palabra Economía está implícito su carácter social.

Eso de agregarle “social” a la palabra “Economía” me trajo a la memoria un artículo que escribí en La Nación del 3 de setiembre de 1974 y que titulé “Con sólo que diga social es bueno.” Así lo nombré porque hay gente que considera que, agregando la palabra mágica “social” a cualquier cosa, transmuta al concepto principal en algo per se distinto o de mayor valor que el término esencial sin dicho aditamento. Economía es economía y quienes le agregan a ésta el calificativo de “social”, lo hacen porque con ello pretenden engañarnos, tratando de hacernos creer que estamos en presencia de algo superior o mejor al simple término Economía. El llamado sistema de mercado es una forma particular que asume la economía en lo concreto y se caracteriza, no sólo porque necesariamente surge en un entorno social, sino también por la libre participación de oferentes y demandantes que interactúan en un marco llamado el mercado. Dicha interacción surge del objetivo individual de mejorar de una situación que no le es del todo satisfactoria, hacia otra en que espera estar mejor. Por eso se define al proceso o sistema de mercado como “un orden espontáneo sustentado por un marco institucional en el cual predominan la propiedad privada y el libre intercambio, y que surge de los propósitos fundamentalmente de los actores individuales, quienes hacen planes de frente a una ignorancia parcial y a un cambio no anticipado.”

Tal búsqueda de mejora de la situación de una persona hace que el sistema de mercado sea también solidario, tal como explicaré de seguido. Lo haré así porque hay quienes consideran que otros sistemas de organización económica distintos de un sistema basado en el mercado, sí son solidarios, en contrario sensu al primero. Señalan que el sistema de mercado es insolidario o inhumano o ausente de reciprocidad o maligno o disonante. Así, dichos expositores se reservan todos los antónimos posibles a la expresión “solidaria” para ligarlos a una economía de mercado, en tanto que, para cualquier sistema de organización económica distinta del mercado, la consideran como merecedora del adjetivo calificativo de solidaria.  Pero la realidad que el proceso o sistema de mercado es claramente solidario y un error considerarlo que no tiene tal propiedad.

Para explicar tan crasa equivocación utilizaré un ejemplo de un mercado con el cual muchos costarricenses estamos familiarizados. Así, ubiquémonos por un momento en algo tan sencillo como la feria del agricultor, que funciona los días sábados en la Plaza González Víquez (o en otras partes del país). Tal análisis nos permitirá entender que en un mercado la característica esencial es el acuerdo libre entre las partes, reflejado en transacciones que se realizan porque benefician a ambas partes que en ella participan y que, por tanto, son totalmente el resultado de una cooperación entre las partes.

A fin de tener la idea bien clara, pondré un ejemplo concreto de una transacción. Supóngase que voy a aquella feria con cierta cantidad de dinero y allí me encuentro con una señora que ha traído mangos desde Orotina. Hay un cartel que dice que el kilo de mango cuesta ₡500. Podemos, por supuesto, regatear un nuevo precio distinto de éste, pero pensemos, por un momento, que estamos de acuerdo con dicho precio de referencia.  El ejercicio mental es muy sencillo: si yo considero que la satisfacción de comer dos kilos de mangos que compro es superior a los ₡1.000 que tendría que pagarle a la señora, entonces le daré un billete de esa denominación a cambio de los dos kilos.  Por su parte, si la señora está dispuesta a entregarme esos dos kilos de mango de su propiedad por esos mil colones que le ofrezco a cambio, es porque ella valora más dicho monto que los 2 kilos de mangos que ya tiene. Nadie nos está obligando a realizar la transacción: ésta se llevará a cabo si ambas (reitero, AMBAS) partes ganan con así hacerlo. De no ser así, la transacción libre y voluntaria no se llevaría a cabo a ese precio (puede que lo sea a algún otro precio, pero, de nuevo, la transacción se llevaría cabo únicamente si ambos ganamos con ella).

¿No es lo expuesto un buen ejemplo de cooperación entre seres humanos y que se da en muchísimas cosas de la vida? ¿No es hasta un ejemplo de amistad? Digo esto último porque, por ejemplo, para Friedrich Hayek, lo que mejor describe al orden espontáneo de una economía es un concepto que él llama “catalaxia”, del griego katallatein, que no sólo significa intercambio (como el que hemos descrito en el caso de los mangos) sino que también denota “admitir a la comunidad” y “convertir a un enemigo en un amigo.” La transacción que se ha efectuado entre la señora de los mangos y este servidor, es pacífica, libre, de amigos si se quiere, de gente que está dispuesta a cooperar, yo dándole un billete que ella valora más que la mercancía que me entrega, y ella dándome a cambio dos kilos de mango que yo valoro más que el billete ¿Acaso esta transacción, típica de un sistema de intercambio que se da en el mercado, no merece que éste sea considerada como solidario o humano, o caracterizado por la reciprocidad o benigno o armónico? 

Por estas razones es que considero que llamar “Economía Social y Solidaria” a un grupo específico, particular, de formas de empresas o asociaciones o agrupaciones, no es más que una apreciación ideológicamente basada en algo que juzgan bueno a priori, a fin de tratar de diferenciarlas de otras formas de economía que son igualmente sociales y solidarias, como es el caso evidente del orden o sistema de mercado. Parece que lo que en verdad mueve a quienes pretenden tal truco, no es más que una motivación populista, con lo cual muestran saber muy poco acerca del significado verdadero de lo que es una Economía.

Además, quiero comentar la propuesta de que el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), que como sabemos bien es un ente público, propiedad de todos nosotros, destinado a la formación de profesionales en el ámbito de la técnica, dedique recursos estatales para dar cursos acerca de la llamada “Economía Social y Solidaria.” (ESS). Por lo que uno lee que es tal cosa, cualquier administrador que salga de una universidad del país estará en plena capacidad de llevar a cabo las funciones que hoy se requieren dentro de ese elenco de empresas que se dice conforman la “Economía Social y Solidaria”; esto es, casi todas formas de organización que no llevan formalmente el nombre de una empresa privada usual, tal como el de una sociedad anónima o un empresa privada monda y lironda.  

Alguien escribió que lo propio de esas ESS eran las siguientes tres características que: “i) dan prioridad a la satisfacción de necesidades humanas por encima del lucro (sin que por ello sean anti-mercado), ii) gestionan la actividad económica de manera democrática (no hay "empleados y patrones", sino, "socios y colaboradores") y iii) actúan con responsabilidad social y ambiental (y rindiendo cuentas por esta responsabilidad).” Los analizaré, pues no debe dejarse de lado la vaciedad de la propuesta.

De entrada, refiriéndome al primer punto de los criterios -que “dan prioridad a la satisfacción de necesidades humanas por encima del lucro (sin que por ello sean anti-mercado)”, me imagino que, entonces, quedaría por fuera una cooperativa como la Dos Pinos, pues claramente tiene el lucro (adecuadamente) como objetivo: no nos vende la leche de a gratis, ni al costo y, más bien, muy por encima del precio internacional.  También sucede lo mismo con cooperativas que nos venden seguros y lo hacen al mismo costo que otras formas de organizaciones privadas. También existen diversas cooperativas dedicadas al transporte de buses y de taxis, en donde se nos cobra lo mismo que las empresas no cooperativas. 

La verdad es que todas ellas y muchas otras más son participantes a plenitud en el mercado, haciendo máximas sus ganancias y buscando servirle al consumidor, al igual que como lo hacen otras empresa privadas. Me imagino que son más bien los políticos proponentes de la ESS, los que quieren vendernos el cuento de que las empresas que la conforman, que en realidad son tan activas y partícipes del mercado como cualquier otra empresa, son diferentes de otras. Ciertamente cuando enfatizan que dichas empresas no son “anti-mercado”, es porque les da vergüenza decir que todas esas empresas que se agrupan bajo la llamada ESS buscan, en buena hora, lucrar, como lo puede comprobar cualquier consumidor de sus productos o servicios. Lo que los proponentes del programa ESS nos quieren ocultar, al decirnos que las empresas del ESS no son “anti-mercado” es que son sus ideólogos proponentes quienes sí consideran como malo o injusto el lucro y por esa razón es que acuden rápidamente a tratar de encubrir su prejuicio, diciéndonos “no piensen mal que no son anti-mercado”. Las empresas no lo son; sí los ideólogos impulsores.

Pero hay más. En el segundo punto nos dicen los impulsores que en esas ESS “no hay ‘empleados y patrones’, sino, ‘socios y colaboradores’" y que por eso son democráticas. Con cambiar de nombre a quien da las órdenes y a quien las debe acatar, no se logra cambiar la naturaleza de las cosas: sigue existiendo la misma relación jerárquica como la hay en toda empresa. Jamás algo que se considere una empresa tendrá una estructura democrática horizontal (posiblemente excepto cuando una empresa constituida por una sola persona), pues siempre existirán quienes mandan y quienes obedecen; quienes toman las decisiones y quienes las acatan.  “La mona, mona se queda, aunque se vista de seda.” Pongo como testigos de que tal es la realidad a los mismos trabajadores de algunas empresas que los políticos consideran como parte de las ESS. Ellos mismos les podrán decir que en sus firmas hay jerarquías de mando; de gerentes que deciden y de personal que se subordina y obedece las decisiones de los primeros.  “Peace and love” se aplica en otras instancias.

El tercer punto señalado por los impulsores de las ESS es que las empresas y actividades de ese grupo “actúan con responsabilidad social y ambiental (y rindiendo cuentas por esta responsabilidad).” No sólo eso mismo hacen muchas otras empresas que no se incluirían dentro de las ESS, sino que, también, ni a mí ni a usted, firmas que teóricamente formarían parte de las ESS nos dan cuentas de nada de eso. Es más, uno conoce claros casos de externalidades negativas, como cuando, por ejemplo, un sindicato -que para los de la ESS es un socio natural de ellas- hace un paro e interrumpe el derecho ciudadano a movilizarse en las calles afectando así su bienestar. 

Francamente, parece que lo que hay detrás de todo esto es una nueva movida en el país inspirada en la izquierda chavista, tratando de crear organizaciones que le den poder a cierto grupo ideológico, pero, en este caso, haciendo uso para ello de recursos públicos, como son los fondos del INA, fondos de todos los ciudadanos. Ya han fracasado o casi que fracasado intentos “privados” de montar centros dedicados a formar personal específico para las ESS, pero no han tenido éxito, tanto por la baja demanda como por el alto costo de mantener burocracias improductivas.  Por tal razón es que ahora pretenden tomar la plata de los ciudadanos para este tipo de cosas innecesarias, pues, de paso, tal como indiqué, muchos de los profesionales formados por la educación superior nacional logran la preparación necesaria para servir bien en cualquier tipo de empresa, incluyendo las de la llamada ESS.

Para terminar mi comentario, cada vez que se destinan recursos públicos a hacer algo -como en este caso para ponerse a dar clases de ESS en el INA- significa que esos mismos recursos no se podrán destinar a hacer alguna otra cosa.  La idea lógica es escoger aquello que rinda el mayor beneficio para la sociedad y es aquí en donde salta el claro contraste entre quienes andan moviendo la idea del ESS y quienes consideramos que el INA tiene aún mucho más que hacer, en el campo de la formación profesional de los ciudadanos.

Mientras quienes impulsan las ESS lo hacen para ampliar su poder político, la elevada tasa de desocupación y de subempleo en el país, en conjunto con una demanda laboral insatisfecha de trabajadores preparados, como sucede con muchos casos de egresados del INA actual, es lo que debe de impulsarnos a mejorar esa oferta de trabajadores calificados, a fin de que obtengan buenos y bien pagados empleos productivos. Desperdiciar recursos públicos en estos momentos de serios problemas fiscales, en jueguitos políticos que todos observamos, es casi que un crimen, pues en vez de destinar recursos escasos para preparar tanta gente, que podría beneficiarse con una educación apropiada para la producción, lo que los promotores de la ESS lo que pretenden es montar plataformas ideológicas para grupos de presión política para lograr un cambo ambicionado por ellos y el cual ya sabemos de qué se trata. Y eso con los fondos de todos nosotros.

Jorge Corrales Quesada

domingo, 27 de enero de 2008

Ya se me ocurrirá algo


A menudo, cuando un reto inesperado se le presenta a una persona y un amigo le pregunta “¿qué piensas hacer?”, la contestación suele ser: “ya se me ocurrirá algo”.

Esa contestación y la actitud detrás de ella caracteriza la manera de analizar y resolver problemas en una sociedad libre. Contrario a la actitud prevaleciente en el estado nodriza, que requiere inmensas burocracias para planificar supuestas soluciones, en una sociedad libre la solución de problemas se deja en manos de los ciudadanos, quienes individualmente o en colaboración con otros encaran los problemas, grandes y pequeños, que confrontan. Esta manera de hacer las cosas suele lograr mucho mejores resultados, entre otras cosas porque el conocimiento en el sitio es mucho más útil que el de los burócratas en un ministerio o en la capital, con sus enredadas teorías sobre lo que le conviene a la sociedad entera.

Pero si uno cree que la respuesta a los retos requiere de una bien establecida fórmula y de la fuerza gubernamental en su aplicación, eso de “ya se me ocurrirá” es totalmente inaceptable. Claro que la historia y la experiencia personal respecto a la manera de actuar de los gobiernos nos deja claro que (a) los burócratas no saben cómo hacerlo o no se molestan en resolver los problemas y (b) esos funcionarios tienen sus propias prioridades, por lo cual suelen aportar soluciones –no a los problemas comunes de los ciudadanos- sino a lo que ellos consideran realmente importante.

Esta es la esencia de la teoría de la adopción de decisiones económicas y políticas por la que el profesor James Buchanan recibió el Premio Nobel de economía en 1986. Los llamados servidores públicos tienden a dedicarse a resolver los problemas particulares de grupos específicos, aquellos que interesan a los políticos y a los candidatos.

Hay muy pocos problemas que todos confrontan. Más bien, grupos e individuos diferentes confrontan problemas diferentes, en medidas diferentes y con diferentes niveles de urgencia, por lo que no existen soluciones aplicables a todos, que es lo que el gobierno suele proponer.

No es que los políticos y los burócratas son mezquinos, sino que tienen sus propios intereses, algunos con buenas pero a menudo equivocadas intenciones, por lo que no conviene encargarlos de resolver nuestros problemas.

Inclusive cuando se trata de funcionarios dedicados y trabajadores que logran algún bien, los resultados suelen lograrlos a un costo excesivo. Pienso en ello cuando una familia de ingresos limitados se ve obligada a utilizar sus ahorros en pagar impuestos, en lugar de comprar cauchos nuevos para su viejo auto, por lo que todos mueren en un accidente.

Claro que cuando la gente se acostumbra a ver al gobierno y a los políticos como sus salvadores, el “ya se me ocurrirá algo” desaparece y la gente prefiere acudir a solicitar favores a las autoridades municipales y a los congresistas. Pero, a fin de cuentas, no hay mejor solución que la iniciativa individual porque allí suele concentrarse el conocimiento necesario para encarar los problemas.

Tibor Machan

sábado, 1 de diciembre de 2007

Enjoy Capitalism


El día de ayer visité las instalaciones de la EARTH, la Escuela Agrícola de la Región del Trópico Húmedo, en Guácimo, como parte del curso Gobierno Local de la carrera de Ciencias Políticas. En la EARTH los estudiantes recibimos una charla acerca de los programas que esta institución desarrolla en conjunto con las comunidades cercanas en áreas como Desarrollo Agrícola, Desarrollo Agropecuario y otros. Luego, nos llevaron a visitar dos proyectos que se estaban implementando: uno de turismo rural y otro agropecuario, bastante exitosos.

Todo el mundo sabe que en este país la gente es muy dada a satanizar a la iniciativa privada por considerarla egoista, explotadora, insensible, capitalista a ultranza, etc., mientras que lo que provenga del Estado es maravilloso, por lo que legitiman que se nos quite parte de nuestro salario, vía impuestos y "contribuciones" forzosas, para ayudar a los que menos tienen. Y dentro de los que menos tienen siempre sitúan a los pequeños campesinos. Recuerdo a uno de los dirigentes de UPA-Nacional, en los debates que el TSE organizó respecto al TLC con Estados Unidos, diciendo que el pequeño productor iba a desaparecer porque ni los bancos daban créditos a tasas accesibles ni el Estado podía subsidiarlos porque el TLC así lo establecía. Una vez más, la realidad no sólo abofetea, sino que pisotea los argumentos de estos apocalípticos profetas del No, quienes auguraban las desgracias absolutas una vez que se terminara de contar el último voto del referéndum, si es que el resultado era la aprobación del TLC: bancos como el Banco Nacional y el BAC-San José están dandole crédito a los pequeños empresarios agropecuarios de Guácimo, Siquirres y Pococí luego de que la EARTH, una universidad privada (y privada de verdad no como los colegios católicos subvencionados que se hacen llamar privados)dona, lea bien, el trabajo de sus expertos y estudiantes en asesoramiento para que los lugareños puedan montar su empresa. En los casos de turismo rural y agropecuario que menciono, los productores dicen que les ha ido muy bien en su primer año de existencia. El primero ha producido cerca de 4 millones de colones por los servicios que brinda (alimentación, hospedaje, tour en jardin botánico, venta de gas metano producido por un biogestor) y el otro vende a grandes empresas cerca de 5 mil pollos "orgánicos" por mes, así como carne de res y cerdo para empresas relacionadas con embutidos.

No es el bienechor Estado el que necesita imprimir más billetes para regalárselo a los pequeños productores, sino que es la iniciativa privada la que está desarrollando programas para colaborar con el Desarrollo Local. Y lo hace por medio de concursos de emprendedurismo, de modo que el proyecto mejor elaborado recibe todo el apoyo logístico y profesional de la EARTH para salir adelante, enseñándoles cosas como manejo de recursos (los créditos bancarios a tasas de mercado), mercadeo, etc. Y la EARTH no es la única organización privada que hace eso. En ASOJOD ya hemos venido dando claros ejemplos de empresas como Wallmart, Intel, etc., que desarrollan programas que colaboran con el desarrollo de las comunidades en donde se instalan. Y no por medio de transferencias directas de dinero, sino por medio de asesoramiento y fomento del emprendedurismo como premio a las buenas ideas. Y estoy seguro que la tendencia se mantendrá, e inclusive aumentará, una vez que las empresas extranjeras se instalen en Costa Rica gracias al TLC.

Enjoy capitalism!! El lado bueno de la vida, como dice el slogan de Coca Cola.

Alejandro Barrantes Requeno