
No me sorprende el funcionamiento de la Cooperativa Autogestionaria de Servicios Turísticos Rural de San Carlos (Coopeserturs), al calor del Bar Restaurante Venus, en Boca Arena, San Carlos. La imaginación creativa da para todo, hasta para el recurso sexy de la mitología griega.
El pecado de los autogestionarios (diputados, exdiputados, aspirantes a una curul y profesionales), desde el 2004, es su escaso conocimiento del español. No sabían que autogestionario significa trabajo personal exclusivo y no trabajo en auto para gestionar el pago de las utilidades, libres de impuestos y hasta de estados financieros. Esta ignorancia semántica indujo, por ello, a uno de ellos, exdiputado, a declarar que “la denuncia proviene de una persona irresponsable”, es decir, los irresponsables son los actuales funcionarios de Infocoop y los periodistas, no ellos. Oh Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen ni lo que dicen.
Por otra parte, merecen benevolencia por cuanto, en el sistema cooperativo, ha pasado de todo y nada ha pasado. Y no es sino hasta ahora cuando, gracias a las nuevas autoridades del Infocoop, se está distinguiendo cuáles son cooperativas de verdad y cuáles meras pantallas de un grupo de vivillos para otros fines. Preguntado, por cierto, el ministro de Trabajo, Francisco Morales, en Radio Monumental , sobre la materia respondió que su cartera solo tiene funciones registrales. Pero ¿no se dio cuenta este ministerio del número de cooperativas registradas que no eran tales? Con el mismo espíritu se homologaron, en el pasado, las más aberrantes convenciones colectivas.
Hace un mes y medio, La Nación denunció la desnaturalización del sistema cooperativo precisamente por agentes políticos, generalmente del PUSC y del PLN, incrustados en su seno por largos años. Respuesta: el silencio. También este periódico ha sido constante y coherente en la denuncia de la contaminación del sindicalismo. La reacción ha sido el tonto calificativo de neoliberales o de capitalistas salvajes a quienes hemos osado señalar a los falsos apóstoles de ambos movimientos. ¿Por qué esto? Por la elevación del sindicalismo y del movimiento cooperativo, dos organizaciones sociales básicas del sistema democrático, a entidades sagradas e intocables. Esta santificación ha sido nefasta. Ha permitido la convivencia de los buenos sindicalistas y cooperativistas con los otros, con los que se han servido, impunemente, de estas organizaciones.
Nada peor que las vacas sagradas, los intocables y los padrinos todopoderosos en una democracia. Que siga la limpieza antes que comience la danza de las curules.
Julio Rodríguez