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domingo, 23 de septiembre de 2007

En la encrucijada del TLC


El próximo 7 de octubre se celebrará un referéndum para decidir la suerte en Costa Rica, del Tratado de Libre Comercio entre EE. UU., los cinco países centroamericanos y República Dominicana (CAFTA por sus siglas en inglés). El debate que se ha desatado en Costa Rica, recuerda lo sucedido en México hace casi quince años durante la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, EE.UU. y Canadá (NAFTA por sus siglas en inglés). Hoy, como en ese entonces, la discusión se ha polarizado, perdiéndose de vista lo que se puede y no se puede esperar de un tratado de libre comercio con los EE. UU. Por eso, conviene revisar lo que se pretendía con el NAFTA, y cuáles han sido sus resultados y consecuencias a casi tres lustros de su entrada en vigor.

Los objetivos del NAFTA eran liberalizar el comercio de bienes, servicios e inversión extranjera directa; proteger los derechos de propiedad intelectual y, en general, dotar a la relación económica entre los tres países norteamericanos de un entorno jurídico claro, permanente y predecible.

Objetivos cumplidos . Desde la perspectiva mexicana, estos objetivos más que se han cumplido. A partir de la entrada en vigor del NAFTA, las exportaciones a los EE. UU. se han multiplicado por cinco, para alcanzar, seguramente, los 200.000 millones de dólares a finales de 2007. La inversión extranjera directa, que antes del NAFTA era de entre 3.000 y 4.000 millones de dólares al año, después de la entrada del acuerdo ha aumentado significativamente, y hoy se encuentra en niveles superiores a los quince mil millones de dólares anuales.

Estos resultados han sido avalados prácticamente por todos los estudios académicos llevados a cabo para evaluar los resultados del NAFTA. Los del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, por ejemplo, confirman el impacto positivo del NAFTA sobre la economía mexicana. Para el Banco Mundial, la conclusión principal es que sin el tratado, las exportaciones totales de México hubieran sido de un 25% menores y la inversión extranjera directa, un 40% más baja.

Ingreso por habitante. El estudio del Banco Mundial concluye que el ingreso por habitante en México en 2002 hubiese sido entre un 4% y un 5% menor en ausencia del NAFTA. Las conclusiones del BID son similares, pues encuentra que las regiones de México que han registrado las tasas de crecimiento más altas desde la entrada en vigor del NAFTA, son aquellas que se encuentran más integradas a la economía mundial. De igual manera, los mejores empleos y los salarios más elevados están asociados a las actividades de exportación y a las empresas con inversión extranjera directa.

Evidentemente, México todavía tiene enorme rezagos económicos y sociales. Sin embargo, esto más que deberse al NAFTA tiene que ver con añejos problemas que no han sido superados: los bajos niveles de educación, una pobre e incompleta red de infraestructura, que castiga a las regiones más pobres y distantes del país , y sectores claves que, lejos de promover la competitividad, son lastres para el crecimiento del resto de la economía, son solo algunos de los problemas que no están relacionados con la entrada en vigor del NAFTA y que hoy frenan el crecimiento de México.

Cuellos de botella. De hecho, no es exagerado afirmar que, en general, los sectores que por alguna razón se quedaron al margen de la liberalización del NAFTA, actualmente constituyen parte importante del problema de competitividad de México. Existe un gran consenso, por ejemplo, que la falta de competencia en los sectores energético y de telecomunicaciones ha generado importantes cuellos de botella que afectan al resto de la economía del país.

Esto no debe sorprender. Uno de los atractivos más importantes de una negociación de libre comercio, es que lo que se percibe como “concesiones” por parte de uno de los socios es, en general, medidas que este país debería de tomar de cualquier forma, para promover la eficiencia y el crecimiento económico, pero que, sin embargo, muchas veces resulta imposible hacer unilateralmente.

Para Costa Rica el CAFTA no es la excepción. El acuerdo representa la oportunidad de consolidar el acceso al mercado de EE.UU., hoy parcialmente abierto mediante concesiones unilaterales, que, sin embargo, pueden perderse en el futuro. También, significa el vehículo para continuar con la reforma estructural de la economía costarricense, incorporando a las disci- plinas del mercado a importantes sectores que hoy se encuentran al margen de ellas.

Costa Rica y Centroamérica. El gran logro para la integración centroamericana que significa el CAFTA se erosionaría significativamente sin la participación de Costa Rica. El esfuerzo realizado por los cinco países centroamericanos para concluir exitosamente la negociación con EE. UU. no tiene precedente, e imaginar, ahora, que cuatro de los países centroamericanos pudieran extender y recibir un mejor trato con EE. UU. que con el quinto socio centroamericano, tendría, evidentemente, implicaciones muy serias para la integración regional.

Finalmente, está la ventana de oportunidad del CAFTA. Después de la aprobación del NAFTA en 1993, EE. UU. se replegó de las negociaciones comerciales. No fue sino hasta el principio de la presente década, cuando con su “estrategia de negociaciones competiti- vas”, EE. UU. volvió a la mesa de negociaciones. Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras supieron aprovechar esa ventana de oportunidad para negociar el CAFTA. Hoy, esa ventana se está cerrando. EE.UU. se encuentra ya inmerso en una campaña presidencial, en la que los principales precandidatos han adoptado discursos abiertamente proteccionistas.

Disyuntiva tica. En el congreso estadounidense la situación no es mejor. Los intereses en contra del libre comercio han cobrado gran fuerza y protagonismo, al grado de que no es clara la suerte que correrán los tratados que EE. UU. negoció con otros países después del CAFTA. En este entorno, Costa Rica tiene ante sí la disyuntiva de continuar con un tratado que ya ha sido aprobado por el congreso estadounidense, o esperar, indefinidamente, a que se abra otra oportunidad para intentar renegociar su acuerdo con EE. UU. La decisión está en manos de los costarricenses.

Por Jaime Zabludovsky
Tomado de la Nación

domingo, 16 de septiembre de 2007

La Realidad del TLC en México


Los opositores del TLC han echado mano a todo tipo de mitos para tratar de convencer a los costarricenses a votar NO el próximo 7 de octubre. Una de las mentiras que más ha calado en la población es el supuesto fracaso de México en su TLC con Estados Unidos. La gente del NO habla de la pérdida de millones de empleos, el empobrecimiento masivo de ese país y, como consecuencia, el aumento de la migración hacia suelo estadounidense. Según ellos, a Costa Rica le aguarda una suerte similar si aprobamos el tratado en el referéndum.

La realidad mexicana es muy diferente de este escenario fatídico que nos presentan. En primer lugar, es cierto que México experimentó un aumento importante en la pobreza a mediados de la década de los noventa. La gente del NO achaca este fenómeno a la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos. No obstante, la historia es más compleja.

Recordemos que en 1995 México experimentó una de las peores crisis económicas en su historia. Las causas de este descalabro poco tenían que ver con el TLC, y de hecho estallaron antes de que este entrara en vigencia. En 1994, meses antes de las elecciones presidenciales, el candidato del PRI –y virtual futuro presidente de México–, Luis Donaldo Colosio, es asesinado en un mitin político en Tijuana.

Este magnicidio tuvo enormes repercusiones en la imagen internacional de México como un país seguro para la inversión internacional. En momentos en que el país se debatía entre la democracia y la autocracia, el asesinato acrecentó los temores sobre la estabilidad política mexicana.

La inversión extranjera que había empezado a llegar en años anteriores con la perspectiva de un TLC con Estados Unidos empezó a abandonar el país en cantidades crecientes, lo que generó una ola de pánico en toda la economía. El 20 de diciembre de 1994, la salida masiva de capital provocó el derrumbe del peso mexicano, el cual perdió más del 60% de su valor en relación con el dólar en tan solo tres días.

Había empezado lo que luego sería conocido como la “Crisis del Tequila”. En 1995 la economía se contrajo en un 6,2% y la inflación se disparó al 52%. La pobreza aumentó en casi 20 puntos porcentuales.

Después de la crisis. Nótese que el TLC con Estados Unidos entró en vigencia el 1 de enero de 1995, semanas después del estallido de la crisis, por lo que no se le puede achacar el dramático aumento de la pobreza experimentado ese año.

Todo lo contrario, gracias precisamente a este acuerdo comercial, la economía mexicana se pudo recuperar rápidamente, a diferencia de lo acontecido durante la crisis de la deuda de 1982 en donde México perdió toda una década de crecimiento.

Según estadísticas del Instituto Mexicano de Seguridad Social, de 1998 a la fecha la economía mexicana ha generado poco más de 4.800.000 empleos formales. Tan solo el año pasado se crearon más de 900.000 puestos de trabajo, como lo reseña la revista The Economist en su edición del 16 de agosto. Se calcula que uno de cada dos empleos que se generan en este país está asociado directa o indirectamente al comercio internacional.

Además, la pobreza ha experimentado una fuerte reducción también. Esta revista indica que en la última década, la pobreza extrema, definida como la incapacidad de alimentar a una familia, cayo del 36 al 14 por ciento. Según informa, “aproximadamente 15 millones de hogares de 27 millones podrían tener ingresos de clase media para el año 2012”.

Además, destaca que “los ingresos de la mitad más pobre de la población están aumentando más rápido que el promedio”.

Es así como el coeficiente Gini –que mide la distribución del ingreso en un país– muestra una clara mejoría en la última década.

No todo es color de rosa en México. Grandes sectores de la población continúan sumidos en la pobreza y la migración hacia el norte es una realidad de todos los días. Sin embargo, afirmar que los mexicanos están peor que hace 12 años debido a este acuerdo comercial es una gran mentira.

Por Juan Carlos Hidalgo
Tomado de la Nación