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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Desde la tribuna: entre sueldos y jefaturas

La información de los últimos días puede llegar a ser una gran contribución a la educación general. Quizás –digo con optimismo-, se trate de aquello de que contra los hechos no valen argumentos.

Ha sido puesto en conocimiento general no solo la exagerada escala de sueldos que hay en la UCR, sino también el hecho de que –a pesar del inmenso aumento de transferencias del presupuesto nacional a las universidades públicas- dicha universidad está en riesgo de colapso por razón de estos festines salariales.

No resisto la tentación de cruzar la información con el hecho de que ha sido revelado en España el descubrimiento de que uno de los asesores estrella de la nueva izquierda (Podemos), vive de discutibles contratos y asesorías en una universidad pública a la que ni siquiera va.  ¡Clarito!  Los presupuestos públicos desviados, utilizados en campaña ideológica política y, como siempre, los aprovechados viviendo de gollerías y privilegios.

También acaba de ser puesto en el tapete público la conformación de la planilla del Ministerio de Agricultura, con un lujoso equipo de cómo 117 jefes … pero sin subalterno.  Como decía el chiste, muchos jefes y pocos indios.

Es claro que en el sector público han vuelto el rótulo para adentro.  Es indudable de que aquel chiste que se hacía de la educación pública, señalándose que los fines de la educación pública eran el fin de año, el fin de mes y el fin de semana, ahora se ha proyectado a la función pública.  Ello por cuanto queda claro que el fin del dinero público no es el servicio público sino otro.

También queda claro que las “ideologías” están defendiendo estos intereses, estas situaciones, estos desequilibrios y estas gollerías.

¡Claro!  Saldrán a la palestra a defender la soberanía alimentaria, la autarquía, la autonomía universitaria, la libertad de cátedra y mil eufemismos, pretextos o engaños más, que no son sino una excusa para ordeñar los presupuestos públicos, para obtener rentas de los demás y para comerse a todos.  ¡Eso sí!, disfrazando la maniobra de “servicio público esencial”, del apostolado de la agricultura y la enseñanza (en los casos reseñados) y otros engaños parecidos.

Federico Malavassi Calvo

lunes, 30 de agosto de 2010

Tema polémico: las universidades públicas y la pérdida de su norte


Para este Tema polémico, queremos abordar los sucesos acontecidos en los últimos días respecto a la actuación de grupos de estudiantes de las diferentes universidades estatales, los cuales repudiamos vehementemente, por representar un claro desprecio a la libertad, al respeto por los derechos de los demás estudiantes y el incumplimiento al compromiso que todos ellos tienen para con los tax payers que pagan sus estudios.

La universidad no debe ser un claustro, sino que debe ser un espacio abierto de debate. La universidad es, por antonomasia, universal y, por tanto, no debe existir un criterio único que deba ser aceptado como doctrina, sino que debe primar el libre debate, la competencia de ideas y visiones sobre la realidad. La libertad de cátedra, que funge como derecho elemental de la docencia se define precisamente como la libertad de enseñar y debatir sin verse limitado por doctrinas instituidas.

Sin embargo, en Costa Rica estos principios tan elementales están por demás, lejos de ser reales. En ASOJOD hemos sido profundamente críticos del status quo en las universidades públicas del país, porque consideramos que hace mucho tiempo se alejaron de los principios que deben regir a una universidad abierta. Los últimos acontecimientos, a raíz de la negociación del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), confirman nuestras conjeturas.

El pasado 26 de agosto, las principales universidades públicas fueron literalmente asaltadas por las Federaciones de “estudiantes” y por los más corroídos sindicatos universitarios. Su consigna es negarse a aceptar el acuerdo al que llegaron los Rectores con el Gobierno, al considerar que la los habían "traicionado". Sus exigencias -aumento del 13%- distan mucho de lo conseguido -aumento real de presupuesto del 7% más la inflación en el 2011 y el 2012- y reflejan cuán separados de la realidad están, aunque eso no les ha impedido organizar manifestaciones, protestas, bloqueos y hasta toma de algunos edificios por la fuerza, con capuchas y consignas que se asemejan a las de una revolución.

Como consecuencia, y en aras de de asegurar la integridad y seguridad de todos los miembros de la comunidad universitaria frente a la amenaza que representan los propios "estudiantes", la Rectora de la Universidad de Costa Rica ordenó suspender las clases y desalojar todos los demás edificios en días pasados.

Para hoy lunes 30 de agosto, a las 10 a.m., se tiene planificada en la Universidad de Costa Rica una marcha en “Apoyo a la Señora Rectora” que representa la fiel señal del populismo académico, la total complacencia, la falta de liderazgo y la perdida del norte que recorre las casas de educación superior, pero sobre todo, la ausencia de autocrítica.

Lo anterior, nos dibuja el triste escenario de nuestra realidad académica. El espacio asignado para el estudio y la investigación fue tomado como campo de batalla de unos cuantos que sueñan con irse a las montañas para iniciar su propia revolución. Pero esto no es lo peor. Lo más difícil de asimilar es la complacencia con que, históricamente, se ha tolerado a estos grupos de intolerantes que encontraron en muchos profesores y autoridades universitarias a sus propios paladines. ¿No ha utilizado la Rectora a estos mismos grupos para llamar a la manifestación?, ¿no ha marchado ella a su lado tantas veces, unidos en su causa común?, ¿cómo explicar tanta incongruencia?

Lucem Aspicio es una consigna de humildad intelectual. Es la búsqueda de conocimiento a partir de la aceptación de nuestra ignorancia. Sin embargo, muchos tergiversan el lema al considerarse los poseedores del conocimiento. Estos grupos de “estudiantes”, “profesores” y “autoridades universitarias”, se proclaman la luz de sabiduría que debe iluminar al resto de la población ignorante, carente de todo sentido crítico para liberarse de sus mentales enajenadas por gobernantes y medios de comunicación. Se presentan ante otros como los poseedores monopólicos de la conciencia social, de la criticidad, de la racionalidad, de la solidaridad y de la bondad.

Tanta arrogancia intelectual se refleja en el mismo Estatuto Orgánico de la Universidad de Costa Rica, donde se señala que su propósito es

"obtener las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común, mediante una política dirigida a la consecución de una verdadera justicia social, del desarrollo integral, de la libertad plena y de la total independencia de nuestro pueblo".

Queda manifestado entonces que los iluminados universitarios detentan la información necesaria para determinar cuáles transformaciones necesita el país y tienen la capacidad para interpretar el significado del bien común, la verdadera justicia social, el desarrollo integral, y demás valores igual de relevantes. Los demás, no son más que borregos que deben seguirlos y, en ocasiones, autoinmolarse para la consecución de valores "superiores".

Vale la pena recordar a Karl Popper, quien decía que

“todo intelectual tiene una responsabilidad muy especial. Tiene el privilegio y la oportunidad de estudiar. A cambio, él le debe a la sociedad el compromiso de representar los productos de su estudio en el modo más simple, claro y modesto que pueda. Lo peor que pueden hacer los intelectuales -el pecado capital- es intentar erigirse en grandes profetas por encima de los demás seres humanos e intentar impresionarlos con filosofías enredadas. Quien no puede hablar con sencillez y claridad debería quedarse callado hasta que pueda hacerlo.”

La sentencia popperiana nos demuestra, lamentablemente, que las Universidades estatales han fallado.

lunes, 19 de julio de 2010

Tema polémico: las Universidades públicas y el FEES: una historia de nunca acabar


La negociación entre el Gobierno y las Universidades Públicas en lo que se refiere al presupuesto de estas últimas por los próximos años, ha dejado de ser un estira y encoge para convertirse en una verdadera novela latinoamericana (ya que ya no son sólo las mejicanas) de muy mal gusto. Es por esto, que el día de hoy dedicamos nuestro tema polémico a intentar darle una solución a dicho problema.

Como bien es sabido en el mundo al que aspiramos cada quien se hace responsable de sus actos, y nadie obliga a otros individuos a cargar con sus cuentas. En este sentido, siempre hemos estado en contra de la educación pública y financiada por el Estado en todos sus niveles (primaria, secundaria y universitaria). Pero debemos aceptar que ese mundo ideal dista muchísimo del real, del que vivimos cotidianamente, por lo que debemos reajustar un poco nuestra propuesta a lo factible. Por ello el día de hoy pretendemos dar una solución posible a dicho problema, que si bien es cierto esta de lejos de ser la ideal, al menos mejora en mucho el panorama actual. Como bien ha dicho Jorge Corrales, Presidente de la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE) “la libertad entra por rendijas”, por lo que tenemos que aprovechar las que se abran.

Pareciera claro que la manera más fácil de acabar con este dilema del financiamiento, es que en lugar de buscar el mismo a través del Gobierno, las universidades los obtengan de sus estudiantes. Esto no significa la privatización, sino la eliminación del subsidio a la educación superior. Así, cada estudiante asumiría el costo de sus estudios, pagando la totalidad de la matrícula y demás cobros asociados. Para hacer la transición más viable, resultaría factible que incluso el Estado, a través de la banca nacional o el mismo CONAPE ofrezcan créditos a tasas de interés razonables a los estudiantes, los cuales una vez adentrados en la vida productiva deberán pagar. Esta propuesta traería varia ventajas:

1- Responsabilizaría a los estudiantes por sus propios estudios. Al estar pagando los mismos, tendrían un incentivo a aprovecharlos al máximo y a tener éxito en sus materias. Ya que reprobar un curso significaría mayores gastos, podríamos acabar con el "ejército" de eternos estudiantes que deambulan por los pasillos universitarios o con aquellos "calientacampos" que van a clase entre fiesta y fiesta.

2- No se estarían tocando los intereses de la burocracia, lo cual haría que sea más fácil de aprobar la mencionada reforma. Sin embargo, ahora esta burocracia recibiría sus salarios según su capacidad para ser eficientes y satisfacer las demandas del estudiantado.

3- Las Universidades tendrán un incentivo a utilizar de forma más eficiente sus recursos, para lograr abaratar los costos de la educación y con ello atraer a jóvenes. Ya no se pagarían salarios a profesores o administrativos que no hacen su trabajo, se evitaría el despilfarro de recursos y todo el dinero se destinaría a la razón de ser de las universidades: los estudiantes. Muy posiblemente, se acabarían las oficinas administrativas lujosas, las flotillas vehiculares del año y los viajes, para dar paso a inversión en aulas, equipo, material, capacitación, etc. que beneficiaría a los estudiantes.

4- Las carreras tendrán un contacto más cercano al mercado laboral. Simplemente es irreal e insostenible seguir subsidiando y haciendo viable estudiar una serie de carreras de nula o muy poca demanda laboral a cientos de cientos de personas.

5- Los recursos que hoy en día se utilizan en la educación superior podrían destinarse a la primaria y secundaria, tratando de acortar distancias para con la educación privada.

Quizá quedarán interrogantes como ¿qué pasará con las becas, la asistencia social o con la investigación? Pues bien, las universidades públicas no son ni deben ser instituciones de beneficencia. Esto quiere decir que no son ellas las que tengan que entregar becas y subsidios al estudiantado, sino que pueden utilizarse otras estructuras, tanto públicas como privadas. En el primer caso, ya hay institucines como CONAPE o FONABE que se dedican a facilitar el acceso a estudios superiores y en el segundo, podríamos encontrar un interesante nicho para la responsabilidad social corporativa o para la formación profesional de los empleados de las empresas.

En cuanto a la investigación, en ASOJOD creemos que el Estado no debe financiarla, pues ello la politiza y sesga el conocimiento. Si las universidades desean realizarla, deben buscar los fondos, sea mediante alianzas estratégicas con empresas o mediante la venta de servicios. Con ello podríamos tener una mayor vinculación entre el sector público y privado, donde el primero venda servicios al segundo, para que este consiga desarrollarse y, a la vez, este sea un posible empleador de los investigadores y estudiantes a futuro.

Así esta es nuestra clara y sencilla propuesta, la cual como pueden ver podría traer una serie de beneficios que el país necesita.