Para esta ocasión queremos invitarlos al foro "Progreso y Libertad" que organizan nuestros amigos de la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE). El mismo se llevará a cabo el martes 23 de mayo de 2017, a las 6:30 pm en el Hotel Crowne Plaza Corobicí (costado norte del Parque La Sabana). lunes, 15 de mayo de 2017
Tema polémico: Foro Progreso y Libertad de ANFE
Para esta ocasión queremos invitarlos al foro "Progreso y Libertad" que organizan nuestros amigos de la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE). El mismo se llevará a cabo el martes 23 de mayo de 2017, a las 6:30 pm en el Hotel Crowne Plaza Corobicí (costado norte del Parque La Sabana). sábado, 26 de enero de 2008
Institucionalidad y desarrollo

¿Por qué los emigrantes generan más divisas en sus países de destino que en sus países de origen? ¿Por qué un emigrante boliviano no puede generar en su país las ganancias que logra en España? ¿Es que acaso era flojo en Bolivia y de repente le nació una valentía inusitada y un amor al trabajo al arribar a España? Dudo que este sea el caso, el emigrante, es tan trabajador en su país de origen como en su país de residencia, y sin embargo por alguna razón gana mucho más en su país de residencia.
Es por tanto menester estudiar este fenómeno para entender las condiciones que impiden países subdesarrollados generar suficientes trabajos con adecuada remuneración.
Este ejercicio requiere un análisis comparativo entre los países que generan migración (Latinoamérica, África, Turquía, etc.) y los que captan la migración (básicamente Unidos y Europa occidental).
¿Qué tienen Estados Unidos y Europa para ser tan atractivos a los emigrantes? La respuesta es libertad, democracia, respeto a las leyes e institucionalidad, es decir, tienen un sistema liberal. Estos son los países que menos restringen el libre mercado y dan mayor libertad al individuo. Son países democráticos, donde se cumplen los derechos civiles mucho mejor de lo que se cumplen en los países generadores de emigrantes. Son estables; España, por ejemplo, es una monarquía parlamentaria desde 1978, Francia es una república desde la II guerra mundial y Estados Unidos desde su independencia en 1776 nunca ha tenido un golpe de estado y mantiene básicamente la misma constitución desde 1787. Son países donde se cumple la ley: en Estados Unidos, si uno no paga la renta, el dueño puede expulsar al inquilino en cuestión de días, sin la necesidad de un engorroso juicio que puede durar años y dinerales como sucede en Bolivia. Son países con instituciones sólidas, con baja corrupción, con reglas de juego claras y estables. Estas son las condiciones que hacen que estos países crezcan y atraigan emigrantes de otras latitudes.
Por otro lado ¿qué características tienen los países que generan la migración? Inestabilidad política, corrupción, amor loco por el estatismo, leyes y reglas de juego que varían de forma caprichosa, trámites engorrosos y eternos, irrespeto a los derechos civiles, restricciones al individuo, a la prensa y al mercado.
Ante esta comprobación, lo prudente ¡lo lógico! sería que imiten a aquellos países exitosos. Los tigres asiáticos han seguido ese camino y están experimentando un crecimiento asombroso e incluso la misma China se mueve en dirección al libre mercado con excelentes resultados. ¿Y sin embargo qué hace Latinoamérica?... Se empecina en sus defectos, toma la dirección diametralmente opuesta y revive sistemas que no pasan ni el dictamen de la historia ni del sentido común. Mira hacia una Cuba en la que no quiere vivir nadie, ni siquiera los mismos cubanos, vuelve al estatismo que logró que los ochentas sea denominada “la década perdida” y no se escapa de ese caudillismo y populismo idiota cuyo final predecible es la repetición de la historia, de una historia que no vale la pena repetir.
martes, 25 de diciembre de 2007
Chile: Libre comercio y previsión privada

Chile es la primera nación sudamericana en firmar, con apoyo bipartidista total en el país, un tratado de libre comercio con Estados Unidos.
¿Por qué apoyan las políticas de libre comercio los trabajadores chilenos? Porque mientras el país en los setenta estaba iniciando su estrategia de desarrollo basada en el libre comercio, también estaba estableciendo un sistema pionero de cuentas de retiro personales como la base de su política de seguridad social.
La conexión entre ambos es importante. Alrededor de todo el mundo la liberalización comercial es vista como una batalla entre capitalistas y trabajadores, entre "elites globales" y el "hombre común." Sin embargo, en Chile los fondos de retiro invertidos por el mercado significan que cada trabajador es un capitalista y cuenta con una participación visible en una economía competitiva internacionalmente. En Chile, ser anti-globalización equivale a ser tanto anti-capitalista como anti-trabajadores.
Una amplia mayoría de chilenos se beneficia del libre comercio no solo como consumidores, sino también como propietarios de activos productivos de la economía a través de sus cuentas de retiro. El libre comercio es bueno para la economía, y lo que es bueno para la economía es bueno para los inversionistas. Por lo tanto, existe un círculo virtuoso en la liberalización comercial que hasta el momento ha crecido sin importar cuál partido político esté en el poder.
Chile ya posee una tarifa arancelaria pareja del 6% que es baja comparada con las tasas de la mayoría de los países y, aún más importante, que es aplicada de igual forma a todas las importaciones. La decisión por un arancel parejo en los setentas fue crítica. Un arancel diferenciado no solo genera distorsiones que retardan el crecimiento económico, sino que continuamente crea presiones de intereses especiales y oportunidades para la corrupción. Con una tasa pareja, un político no puede ser comprado en cuestiones comerciales... porque no tiene nada que ofrecer.
Antes de este último acuerdo, Chile firmó un TLC con la Unión Europea y otro con Corea. También posee varios tratados comerciales bilaterales con países como Canadá y México. La libertad comercial total está a las puertas. La simple posibilidad de cero aranceles a las importaciones es impresionante para una economía que en los sesenta era una de las más proteccionistas del mundo. En aquellos días, Chile era un devoto seguidor de las desatinadas propuestas de sustitución de importaciones hechas por la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas.
Pero a mediados de los setenta el país cambió su política comercial radicalmente. No solo Chile desmanteló completamente el sistema de cuotas y otras barreras comerciales, sino que, según las políticas económicas liberales de los llamados "Chicago Boys," también adoptó la política del arancel bajo y parejo. El resultado de todas estas reformas ha sido más de una década de un crecimiento económico del 7% al estilo de los "tigres asiáticos," el cual duplicó el tamaño de la economía chilena y condujo, por primera vez en la historia, al ingreso per capita más alto de toda la región.
La liberalización comercial no toma lugar en un vacío; es esencial un clima económico y cultural propicio. La privatización de la seguridad social tal y como fue implementada en Chile, de un sistema de reparto manejado por el gobierno a uno de cuentas de retiro personales, ha resuelto la crisis de pensiones y les ha brindado enormes beneficios a los trabajadores. También ha facilitado la liberalización comercial y económica al enlazar los intereses de los trabajadores con los de la economía en su totalidad.
El representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, ha afirmado valientemente que "una de las cosas buenas de este acuerdo es que tenemos algún acceso adicional en términos de manejo de fondos de pensión con un sistema de seguridad social que yo desearía que pudiéramos imitar."
Espero que este TLC sea solo "el final del principio." Existen innumerables iniciativas que podrían surgir de una mayor integración comercial. A través de un tipo de ósmosis intelectual, los chilenos podemos integrar dentro de nuestra propia realidad los conceptos políticos y económicos básicos de un país "concebido en libertad" por sus incomparables Padres Fundadores, así como los norteamericanos podrían beneficiarse de aprender de nuestra cultura y estilo de vida, un proceso que, con 37 millones de personas de origen hispánico en Estados Unidos, ya está bien encaminado.
Mi sueño es el de una "Comunidad Americana" de naciones independientes que conserven sus propias identidades culturales pero que se encuentren unidas en un mercado común para el comercio y la inversión, y con libre movimiento de personas e ideas. Una Comunidad Americana comprendería 830 millones de personas y un producto doméstico bruto de $13 billones.
Saludo y me uno a Walt Whitman quien una vez dijera: "El espíritu del arancel es malévolo. Contradice la naturaleza de todos los ideales estadounidenses. Lo odio en toda su extensión. Le ayuda a unos cuantos ricos a hacerse ricos, y le ayuda a las grandes masas de pobres a hacerse más pobres. Yo creo en el libre comercio porque estoy a favor de cualquier cosa que rompa las barreras entre los pueblos. Quiero ver abiertos a todos los países."
Por José Piñera
lunes, 24 de diciembre de 2007
¡Gran Iniciativa!

La fracción del Movimiento Libertario está impulsando una serie de proyectos de titularización de tierra, los cuales pretenden otorgar un título a propiedad a muchas personas que hoy en día no son dueñas del lugar en donde viven.
Entre los grupos a los que quieren convertir en dueños se hallan los parceleros del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), precaristas, habitantes del Caribe norte y los de las islas del golfo de Nicoya.
En ASOJOD apoyamos toda iniciativa que rescata la responsabilidad individual, estas personas hoy en día las tenemos condenadas gracias a una regulación legal, con la propiedad ya podrán ser sujetos de crédito y no tendrán restricciones para iniciar distntos proyectos productivos en su propiedad.
martes, 18 de diciembre de 2007
Cohesión social en Latinoamérica

Rafael Pampillón es un ejemplo de claridad en todo lo que escribe y enseña. Eso permite a sus lectores y alumnos aprender cuando acierta tanto como cuando se equivoca: también los errores pueden ser útiles, pues nos enseñan lo que hay que evitar. Cuando habla de América, Pampillón a menudo pone el dedo en la llaga: denuncia corrupción, proteccionismo comercial, inestabilidad monetaria, indefinición de derechos de propiedad; así puede distinguir entre los países que se comportan en estas materias de buen gobierno y buenas instituciones y los que llevan un paso tambaleante, al amparo de la bonanza de los subidos precios de las materias primas. En un reciente artículo, sin embargo, titulado “Cohesión social y reformas en Latinoamérica”, dedicado a ese aquelarre que son las Cumbres iberoamericanas, se fija en dos falsos problemas: la desigualdad social y la revaluación de las monedas en aquellas regiones.
Todavía no ha calado en la opinión pública el hecho bienvenido de que tanto Iberoamérica como el África al sur del Sahara llevan cinco años de notable crecimiento económico. En parte ello se debe a que las materias primas que producen han alcanzado muy altos precios. Otra parte se debe a que en América son ya muchos los países que funcionan muy aceptablemente: Chile, México, Brasil, Perú, incluso Colombia pese a la guerrilla y el narcotráfico. Otros hay que despilfarran su bonanza temporal: son ejemplos de la “maldición del petróleo”, que lleva a los gobernantes a enriquecerse indebidamente y a jugar con el dinero del subsuelo para darse importancia en el mundo.
Pese a tan halagüeño desarrollo, mis amigos latinoamericanos se muestran pesimistas. Desanimados y desmoralizados porque cunde el populismo petrolero y la opresión “bolivariana”, creen que la respuesta frente al peligro del dinero revolucionario es aplicar políticas socialdemócratas que han fracasado en el Primer Mundo. Pampillón es uno de los que denuncia que “el gasto público es insuficiente, está mal diseñado y no es redistributivo”. Hace falta, añade, más presión fiscal, dado que, excepto en Brasil, las “recaudaciones son bajísimas”. Ello se debe a que abundan las “exenciones y deducciones fiscales” y a que “una gran parte de la economía trabaja en la informalidad”. Lo dicho: impuestos más altos y progresivos, más gasto público, y menos corrupción (si Dios quiere).
Estoy de acuerdo con la idea de combatir con toda energía la corrupción pero quizá nuestros remedios difieran. El intento de enviar los sátrapas a la cárcel o de recobrar lo que hayan escondido en paraísos fiscales no basta. La mayor transparencia informativa, con medios independientes del poder, es cosa poco práctica cuando gobierna un gorila. Más eficaz sería reducir el tamaño del sector público: la corrupción política disminuye cuando las explotaciones petroleras no son del Estado, cuando se privatizan las empresas públicas, se reducen los trámites para crear empresas y obtener permisos, se definen y respetaran los derechos de propiedad, especialmente la propiedad de los pobres.
Aumentar los impuestos para expandir el gasto público y redistribuir la riqueza puede dar algunos votos pero no resuelve, muy al contrario, el problema de la pobreza. Fíjense en que Chávez no sólo intenta expropiar el producto del subsuelo sino que, en su proyecto de Constitución, quiere suprimir la independencia del Banco Central. Poco pueden hacer los políticos decentes con impuestos redistributivos contra las larguezas de populistas que nadan en petróleo o manejan la máquina de imprimir billetes. Los populistas tienen las de ganar, hasta el momento en que ponen su país al borde de la catástrofe; y cuando llega el desencanto de los pobres que no salen de su miseria y las caceroladas de las amas de casa esquilmadas por la inflación, puede volver la democracia, o venir un golpe militar, o crearse una situación cubana.
Esencial para combatir el populismo es vencer la pobreza, no redistribuir la poca riqueza existente. No es lo mismo dar de comer que reducir las desigualdades. La experiencia del sudeste asiático durante el último cuarto de siglo indica que es posible elevar a millones de personas por encima de la mera subsistencia si la economía se liberaliza y se busca activamente vender en el extranjero. Gracias a los avance asiáticos, nos ha enseñado Sala i Martín, el número de pobres que viven con menos de dos dólares al día en el mundo se ha reducido en 400 millones en el último cuarto del siglo pasado, y eso que la población mundial ha aumentado enanos mil millones durante ese tiempo. Además, ¡milagro, milagro! También se ha reducido la desigualdad: el porcentaje de personas que viven con menos de dos dólares al día ha pasado del 44% al 8% desde 1970. Es la globalización, señala el economista catalán.
Tampoco es cierto que la revaluación de las monedas de América Latina, respecto del dólar sobre todo, suponga necesariamente para esos países una “pérdida de competitividad”. El tipo de cambio que importa para las exportaciones es el tipo de cambio real, es decir, el que toma en cuenta el verdadero poder adquisitivo de las monedas prestando atención también a la inflación interna. Cuando una moneda se revalúa, los precios en el interior tienden a contenerse, con lo que la temida falta de competitividad se corrige. Mucho más importante para el desarrollo económico es la mejora de la productividad real, gracias a impuestos más bajos, gasto público mínimo, desaparición de protecciones y favores públicos, inversión directa extranjera, imitación de tecnologías modernas.
Importan pues mucho los impuestos bajos. Ahora está de moda decir que es bueno bajar la tarifa porque se recauda más. Se trata de bajar la carga fiscal, reduciendo el nivel absoluto del gasto público. No olviden nunca que gasto total es el impuesto total. Un gasto público creciente, como quiere Pampillón, hay que financiarlo, sea con más impuestos, o más deuda, o más inflación. Dejaré para otro día el decirles cómo se hacen obras públicas o se financia la educación, o las pensiones con dinero privado. Hoy me contento con decir que hablar de “cohesión social” equivale dignificar la envidia. ¡Qué importa que haya muchos ricos, si han conseguido su fortuna en limpia competencia y de paso han sacado hambrientos de la pobreza!
Por Pedro Schwartz
viernes, 14 de diciembre de 2007
Las famosas diferencias

A pesar de las críticas que hizo Carlos Marx al capitalismo en su Manifiesto Comunista, no negó el gran auge de la Revolución Industrial, el cual evidentemente no hubiera sucedido sin estar acompañado de un acelerado crecimiento de la población y del número de trabajadores. La población de Inglaterra en el año 1061 era de un millón de habitantes y en los siguientes ocho siglos aumentó apenas ocho veces. Sin embargo, en sólo el siglo XIX se cuadruplicó.
El aumento de longevidad fue uno de los beneficios de la producción capitalista. En vez de morir, los sobrevivientes constituyeron la clase pobre. Sólo en ese sentido se podría afirmar que la pobreza es producto del capitalismo. El capitalismo creó diferencias de riqueza por la sencilla razón de que antes del capitalismo, solamente los nobles eran ricos y vivían más tiempo, mientras que todos los demás eran pobres y morían a temprana edad. Quienes gracias al incipiente capitalismo sobrevivieron, se fueron enriqueciendo. Claro que la transferencia del poder adquisitivo de la nobleza a industriales y comerciantes no fue de la noche a la mañana. Y, quienes ofrecían empleo lo daban en las condiciones de esa época, que hoy nos parecen deplorables, pero entonces significaba la salvación de muchos.
Los productores nunca pueden pagar salarios que no logran cubrir con los precios que cobran a sus clientes, ya que son intermediarios entre los dueños de recursos, incluyendo el trabajo, y los consumidores. Tienen que competir en la compra de recursos con otros productores y competir con otros vendedores en atraer clientes. Las circunstancias sociales bajo las que operan no son causadas por ellos y confrontan claras limitaciones: no pueden cobrar precios fuera del alcance de su clientela y tienen que competir porque todos los bienes y servicios privados tienen sustitutos. No pueden pagar salarios inferiores a los demás porque no conseguirían trabajadores. De manera que si la clientela es pobre, los salarios también son pobres.
Eso que parecía un círculo vicioso lo rompió el capitalismo. Surgieron las maquinarias que aumentaron la productividad de los trabajadores; es decir que con el mismo o menor esfuerzo y tiempo se logró producir mucho más. Entonces sí se pudieron aumentar los salarios porque se redujo el costo de mano de obra por unidad producida. Solamente debido al aumento de la productividad se pudieron aumentar los salarios sin subir los precios por encima de lo que los clientes podían pagar.
Recordemos que la mayoría de los clientes son los mismos trabajadores. La producción en masa es para las masas. Y bajo el capitalismo, como existe libertad de competir, los productores compiten unos con otros por satisfacer a los clientes. Quien gana es porque enriquece más a los clientes. Es el único sistema que pone a todos a competir para enriquecer a todos los demás. Si los medios de producción fuesen del estado, no existiría la presión ni los incentivos de la competencia que obliga a economizar recursos reduciendo los costos. Entonces, nos tenemos que conformar con lo dispuesto por los burócratas.
La realidad es que el capitalismo, sea democrático o no como en China hoy, ha sido el único medio para reducir la pobreza. Pero al mismo tiempo, como ya se nota en China, las diferencias de ingresos se disparan. Aunque lo que es realmente importante no es disminuir las diferencias sino reducir la pobreza.
El filósofo e historiador francés Philippe Nemo mantiene que “el pauperismo será vencido por la fecundidad de la economía de mercado y no por las vanas imprecaciones de milenaristas religiosos o secularizados.”
Por Manuel Ayau
África debe luchar por la libertad antes que nada

La cumbre de la Unión Africana que acaba de terminar propuso una agenda para la federación de estados africanos, sin mencionar siquiera una sola libertad política o económica para los ciudadanos del continente. No obstante, los africanos no necesitamos ideales, sino libertades prácticas para nosotros mismos sacarnos de la pobreza.
La unión continental era el principio sobre el cual se basaba inicialmente la Organización por la Unidad Africana, pero siempre estuvo condenada al fracaso: Los líderes africanos se niegan a enfrentar sus propios fracasos o los de sus vecinos, mientras que no permiten que los africanos comunes y corrientes utilicen su propio ingenio.
Escuchamos mucho en la cumbre acerca de los grandiosos ideales de la integración, nada menos que del líder de Libia, Muammar Gaddafi, pero no se dijo nada que sirva valioso acerca de los verdaderos desastres de Zimbabwe, Darfur, Somalia, Etiopía y Eritrea.
Otros fracasos tales como la corrupción y la manipulación de elecciones ni siquiera fueron tratados en la agenda a pesar de que estos continúan siendo las verdaderas características comunes en África. Pero más importante aún, no hubo siquiera un susurro con respecto a los derechos de propiedad, el Estado de Derecho y las libertades de mercado que permitirían que los africanos imiten el crecimiento de los países asiáticos tales como Tailandia, Malasia y Corea del Sur, los cuales eran igual de pobres que nosotros cuando recién nos independizamos en la década de los sesenta.
Hasta el récord de crecimiento de Sudáfrica, islas Mauricio y Botswana son ignorados como que si fueran de alguna forma excepcionales, en lugar de ser reconocidos como el resultado directo de políticas económicas sólidas.
Las posiciones en la Unión Africana están divididas entre los supuestamente gradualistas, quienes creen que cada país debería primero construir sus economías e integrarlas a bloques regionales, y los radicales, quienes creen que una autoridad supranacional debería de alguna forma permitir que África compita internacionalmente.
Ninguno de los dos bandos, sin embargo, está hablando del verdadero tema: la economía. Hoy, los africanos no compiten ni localmente ni regionalmente, menos a nivel internacional; necesitamos libertad económica para que los africanos puedan sacarse así mismos de la pobreza, desencadenada por la esclavitud con el Estado.
El poder que tiene el comercio para cambiar una vida ha sido demostrado históricamente no solamente en Occidente. En el clímax de su gloria, muchos estados e imperios africanos pre-coloniales consideraron al comercio una mejor manera de alcanzar la prosperidad que las conquistas.
El oro era enviado desde Wangara en el norte de Nigeria a través del Sahara hasta llegar a Taghaza, en el oeste del Sahara, donde se intercambiaba por sal, y luego en Egipto por cerámicas, sedas y otros productos asiáticos y europeos. El viejo imperio de Ghana controlaba gran parte del comercio de cobre y marfil a través del Sahara. En el Gran Zimbabwe el oro era intercambiado por vajilla y vidrios chinos. Desde Nigeria los productos de cuero y hierro llegaban a ser comerciados en toda África Occidental.
Hoy, África ha perdido ese comercio y muchas teorías de conspiración abundan para explicar su retraso. Pero el juego de echar la culpa ignora el diablo que yace dentro: las barreras internas y regionales que obstaculizan el comercio, haciendo que los aranceles dentro de África sean más altos que cualquier arancel fijado por bloques externos. Hasta hay políticos, burócratas y activistas de ayuda externa que argumentan que estos aranceles constituyen contribuciones esenciales a las recaudaciones estatales—lo que implica que las oficinas gubernamentales son más importantes que los ciudadanos o la economía.
Los que se oponen a los tratados de libre comercio con Estados Unidos o a los acuerdos de asociación con la Unión Europea dicen que estos permitirían que vengan importaciones baratas y conducirían a las ya tambaleantes economías africanas al colapso. Ignoran a los consumidores que se beneficiarían de las importaciones baratas y a los empresarios que podrían exportar regional e internacionalmente: solo piensan en mantener el poder estatal y a las industrias protegidas. Pero las verdaderas consecuencia de estas políticas públicas es mantener al agricultor africano en un nivel de subsistencia y lograr que las economías africanas sigan siendo agrarias.
Los aranceles en los países ricos se han reducido en un 84 por ciento en las últimas dos décadas hasta llegar a aproximadamente 3,9 por ciento, aún así las barreras arancelarias en África solo se han reducido en un 20 por ciento a un todavía masivo promedio de 17,7 por ciento. Además, otras barreras no arancelarias en los países más pobres de África son cuatro veces mayores que en los países ricos.
Por ende el tema aquí no son los remotos ideales de la integración regional o continental que podría, de acuerdo a una magia no definida y sin precedentes, sacar a los africanos de la pobreza: el tema es la falta de libertades económicas prácticas y de todos los días que permitirían a los africanos sacarse así mismos de la pobreza, con políticas públicas concretas y de éxito comprobado por la historia.
La belleza de las políticas públicas sólidas es que pueden implementarse dentro de un periodo corto de tiempo, como en Sudáfrica y Bostwana, a diferencia de las refinadas nociones políticas, tales como la siempre delegada unión con Egipto propuesta por Ghaddafi.
Pero los líderes que pueden hablar de unidad mientras que ignoran la masacre en Darfur y la tiranía en Zimbabwe pueden muy fácilmente ignorar las barreras económicas locales.
La ideología y los conceptos refinados han retrasado a África mientras que cientos de millones en Asia estaban construyéndose una mejor vida. Nuestro crecimiento y la prosperidad depende de un sentido común comprobado y de la ruptura de las cadenas económicas que todavía nos tienen en la esclavitud.
Por Franklin Cudjoe
martes, 11 de diciembre de 2007
Impuestos vs. talento

Una de las cosas que más disgusta a los políticos sobre la globalización, y también de la explosión informativa en internet, es que las naciones en el siglo XXI tendrán que competir cada día más para atraer tanto a las inversiones como al capital humano.
Es muy lindo ir de viaje de vacaciones a Suecia o Dinamarca, pero un ejecutivo o técnico que quiera irse a trabajar a uno de esos paraísos de “bienestar social”, tan alabados por la izquierda latinoamericana, le descontarán 60 por ciento de su sueldo en impuesto sobre la renta. Y si escoge Francia, Bélgica o Nueva York, el gobierno le quitará 40 por ciento. Países como Italia y Alemania siguen a la par en despojo gubernamental, por lo que brillantes jóvenes ejecutivos que quieren ahorrar, para poder comprarse una casa o invertir en la bolsa de valores, estudian la posibilidad de trabajar en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) o Qatar, donde el impuesto sobre la renta es cero. Esto no solamente resulta muy atractivo para los jóvenes que están comenzando a ahorrar, sino también para los ya bastante viejos –y experimentados- que ven acercarse la fecha de su jubilación y no cuentan todavía con ahorros suficientes para mantener su actual nivel de vida.
El primer paraíso impositivo de gran éxito lo creó el escocés Sir John Cowperthwaite, Secretario de Finanzas de Hong Kong desde 1961 a 1971, quien describía su política económica como “el no-intervencionismo positivo”. Ese genial burócrata estableció el primer impuesto sobre la renta de tasa única, copiado con inmenso éxito por varias naciones ex comunistas de Europa oriental que han logrado así aumentar la recaudación total bajando la tasa impositiva y haciéndola pareja para todos. Sir John, quien fue miembro de la Sociedad Mont Pèlerin y falleció en enero de 2006, gozaba de otra característica poco común en la administración pública, modestia personal, como lo comprueba esta famosa frase suya: “Yo hice muy poco. Todo lo que hice fue tratar de prevenir algunas cosas que pudieran trastornarlo”.
Cowperthwaite era tan decidido defensor de la libertad individual que no publicaba estadísticas económicas por temor a que fuesen utilizadas por otros funcionarios para entrometerse y planificar. Así, cientos de miles de chinos refugiados del comunismo pudieron transformar esa inhóspita región de apenas 1.077 kilómetros cuadrados, con un puerto como única riqueza natural, en un moderno paraíso capitalista. El laissez-faire y bajos impuestos de Cowperthwaite lograron que el ingreso per cápita de Hong Kong, que en 1960 equivalía apenas al 28 por ciento del de Gran Bretaña, se multiplicara y alcanzara para 1996 -el año antes de la devolución de esa colonia inglesa a China-, 37 por ciento por encima del de Gran Bretaña, país que ya entonces gozaba del inmenso auge logrado por la primer ministra Thatcher. Hoy, Hong Kong sirve a la nueva China de guía sobre lo que se puede alcanzar con libertad económica.
Países asiáticos como Taiwán, Singapur, Corea del Sur y China son los más atractivos con respecto a los impuestos, mientras que América Latina tiende a seguir los pasos de Europa occidental y en Estados Unidos todavía escuchamos a los políticos -como también a empresarios mercantilistas- insistir que el proteccionismo y altos muros contra la inmigración benefician a los trabajadores y fomentan el crecimiento económico. Hong Kong es prueba de todo lo contrario y ocupa, año tras año, el primer puesto en el Índice de Libertad Económica.
Por Carlos Ball
¡Más emplep!

La empresa Kimberly Clark, fabricante de productos de papel como toallas, servilletas y pañales desechables, construirá nuevas instalaciones en el parque industrial Zeta, en Cartago.
La inversión será de $18 millones y ya fue aprobada por la casa matriz de la compañía en Estados Unidos.
Con la nueva infraestructura, la compañía contratará 50 nuevos empleados. En Cartago, laboran 532 personas de forma directa y 130 indirectamente.
La planilla de esta corporación en el país asciende a un total de 1.173 colaboradores.
La firma tiene presencia en el país desde 1990, cuando instaló su primera planta de pañales.
En ASOJOD no nos cansaremos de recalcar la importancia que posee la inversión extranjera para el desarrollo del país, es esta la que crea nuevos empleos y con ello nuevas oportunidades para la clase trabajadora costarricense, nuestro país lo que debe es facilitarla y no satanizarla, por ello se vuelven de vital importancia los TLC que nos permiten integrarnos a la economía global así como la mejora de la infraestructura y el capital humando con el que cuenta nuestro país.
lunes, 10 de diciembre de 2007
La oportunidad de los Bancos Comunitarios
En el país existen 235 comunidades donde funcionan pequeños bancos que otorgan créditos a 7.000 personas que, por lo general, no califican para obtenerlos en entidades comerciales.
Estas agrupaciones se llaman bancos comunitarios y permiten que ese grupo de gente, en sitios rurales como Upala de Alajuela o en la comunidad indígena maleku, en Talamanca, se organice para crear su propia asociación de crédito y ahorro.
Su meta es que los vecinos se beneficien de pequeños préstamos para suplir gastos médicos, educativos, funerales y bodas.
Desde sus inicios ASOJOD se ha caracterizado por apoyar este tipo de iniciativas, nunca nos cansaremos de recordar que este tipo de emprendedores sean grandes o pequeños son los verdaderos creadores de riqueza. Evidentemente este proyecto tiene grandes similitudes con aquel que realizará el ganador del premio Novel de la Paz Mohammad Yunus, el cual ofrecía micre-créditos a las personas de escazos recursos. En ASOJOD esperamos que el gobierno no venga a entorpecer esta excelente iniciativa con sus trabas innecesarias que supuestamente nos"protegen".
viernes, 7 de diciembre de 2007
Destrucción creativa y justicia social

De todas las cosas que se han dicho sobre el capitalismo, las más penetrantes, las que con mayor agudeza han capturado su elemento fundamental, no son aquellas que se concentran sobre las estructuras mismas del sistema y que intentan describirlas, sino las que observan y reconocen que lo verdaderamente importante es el modo en que tales estructuras cambian. El cambio es la característica central del capitalismo. Si quisiéramos entender a plenitud el sistema capitalista, mal haríamos en darle una mirada estática: lo que debemos tratar de comprender es el modo en el cual las estructuras del capitalismo cambian, se transforman, se adaptan, evolucionan, mutan, dejan atrás lo anticuado y dan origen a lo nuevo.
Curiosamente, en un mundo como el nuestro, en el cual el capitalismo ha sido durante doscientos años un protagonista primordial de la vida en sociedad, no son muchos los pensadores que han notado esta característica.
Marx dictó para el capitalismo un acta de defunción prematura, porque tenía una visión errónea de muchos aspectos de este, y del modo en que la historia evoluciona. Sin embargo, comprendió con envidiable precisión el aspecto dinámico del capitalismo. De manera casi dramática, en el Manifiesto Comunista, escrito junto con F. Engels, Marx explica que el capitalismo es en sí mismo una permanente revolución: una revolución de la producción que, como veremos más adelante, tiene gigantescas consecuencias sociales.
Otro de los pensadores que captó con claridad este aspecto fue el austriaco Joseph A. Schumpeter, excéntrico, personaje casi de novela, a quien debemos la genial expresión “destrucción creativa”. En su libro “Capitalismo, socialismo y democracia”, Schumpeter reprende a los teóricos de la economía por ignorar, en sus modelos, el carácter dinámico del capitalismo, ese “vendaval perenne”, que va constantemente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo en un mismo proceso interminable.
Algunas consecuencias de ese carácter dinámico pueden resultar obvias, como por ejemplo la innovación en productos, los avances tecnológicos, la creación de nuevas formas de producción, etc. Pero hay otro aspecto de este “vendaval perenne” que generalmente es ignorado, en especial por aquellos que tienen, como pasatiempo predilecto, lamentarse en superficiales letanías sobre las presuntas injusticias del capitalismo: de todos los sistemas de organización social que conocemos, el capitalismo es el único que se basa en la idea de movilidad, y que hace imposible la existencia de estructuras sociales rígidas e inmodificables.
En todos los demás sistemas sociales, incluso en aquellos supuestamente preferibles al capitalismo, las estructuras de la sociedad tienen un carácter férreo y estratificado, y dentro de ellas es prácticamente imposible moverse. En las sociedades feudales anteriores al capitalismo, por ejemplo, la posición de una persona o una familia en la sociedad estaba determinada a perpetuidad desde el nacimiento, con muy pocas excepciones. En las sociedades comunistas, la posición social dependía de planes centralizados, y aunque había ciertas posibilidades de movilidad, el éxito en estas solía depender de la habilidad política, y de las decisiones providenciales de ciertos funcionarios.
La destrucción creativa que ocurre en el capitalismo, como bien entendió Marx, hace que las estructuras sociales tengan una existencia siempre provisional. En estas estructuras hay diversos niveles de riqueza e ingreso, claro está, y en ocasiones hay grandes desigualdades entre dichos niveles. Pero esos niveles no están determinados por factores inmodificables, como la nobleza de la sangre, o los planes centralizados de los burócratas. En las sociedades capitalistas suele haber un gran nivel de movilidad. Esto no sólo significa que algunos pocos pueden convertirse en multimillonarios: significa que miles tienen una esperanza tangible de mejorar su situación; significa que nadie está atrapado para siempre en la capa social a la que pertenece. Es posible progresar sin esperar una dispensa del rey, o un favor de parte de un funcionario del partido. Es, en verdad, una condición bastante apreciable de justicia social.
No es posible ignorar que hay factores que pueden facilitar o dificultar esta movilidad, como el acceso a educación y salud. Mientras mayor sea el disfrute de estas dos condiciones, será más fácil aprovechar el ámbito de movilidad de una sociedad libre. Y, de hecho, hay comunidades en las cuales la situación al respecto es tan precaria, que incluso si en ellas hubiera libertad total de movimiento, no sería posible valerse de ella. Pero aquí puede encontrarse otra de las grandes virtudes del capitalismo: nadie niega que el capitalismo tiene zonas oscuras y áreas tenebrosas, pero, de todos los sistemas conocidos, es el que con mayor facilidad permite detectar sus propios problemas y solucionarlos dentro del sistema mismo.
Por Andrés Mejía-Vergnaud
viernes, 28 de septiembre de 2007
Hong Kong, campeón en libertad económica
En la competencia por libertad económica, Hong Kong sigue siendo el campeón. Por once años consecutivos, el informe de Libertad Económica en el Mundo (LEM) ha colocado a Hong Kong en el primer lugar, con una puntuación de 8,9 sobre 10, seguido por Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Estados Unidos y Canadá.
La habilidad de Hong Kong en mantener su sistema de libre mercado y su primer puesto es testimonio del deseo de su gente en ampliar sus propias oportunidades, respetando el sistema de libre intercambio, impuestos bajos, moneda confiable, mínimas regulaciones gubernamentales y un Estado de Derecho. La lección clave del "Gobierno pequeño y mercado grande" de Hong Kong es que la libertad económica es el verdadero camino para el desarrollo sostenible, en el sentido de ampliar las opciones al alcance de la gente.
China ha cumplido su promesa de no interferir y Hong Kong sigue prosperando, al proteger los derechos de propiedad y gozar de un Gobierno limitado. Es más, la experiencia de Hong Kong ha influido positivamente a China, comprobándose que cuando la gente es libre de comerciar y de ganar dinero se crea riqueza, lo cual favorece a todos.
El informe LEM, publicado por el Fraser Institute canadiense conjuntamente con Cato Institute y otros miembros de la red de libertad económica, clasifica a los países en base al tamaño relativo del Gobierno, la seguridad de los derechos de propiedad, la confiabilidad de la moneda, la apertura comercial y el régimen de regulaciones. Este informe recién publicado muestra las mediciones basadas en las últimas estadísticas, correspondientes al año 2005.
La India, la democracia más grande del mundo, ocupa el puesto 86 entre los 141 países estudiados, con una calificación de 6,6 puntos sobre 10; Rusia ocupa el puesto 112, Venezuela el 135 y Zimbabwe está en último lugar, en el puesto 141. Ni Cuba ni Corea del Norte pudieron ser incluidos.
En los años 50, la pobreza estaba concentrada en Asia, pero hoy está en África. El cambio se debe a la falta de libertad económica en casi toda África, mientras que Asia se ha abierto al mundo, beneficiándose del intercambio comercial y de las inversiones.
El ingreso per cápita real se ha cuadruplicado en China desde 1978 y la mayoría de los precios en ese país reflejan la oferta y demanda. La variedad de productos y servicios al alcance de los chinos ha aumentado dramáticamente. En ese sentido, las cifras del informe no reflejan el inmenso cambio favorable ocurrido en China.
Aunque el gigante asiático avanza hacia un Estado de Derecho, la corrupción es endémica y requiere un sistema judicial independiente. Esos cambios no necesitan una democracia, pero sí un Gobierno limitado. África dispone de múltiples ejemplos donde la democracia ha conducido a gobiernos ilimitados y a la pérdida de libertad tanto económica como personal.
Este informe de 2007 está dedicado a Milton Friedman, que murió en noviembre del año pasado a los 94 años. Friedman jugó un papel decisivo en el lanzamiento de estos informes sobre libertad económica en el mundo. Hace años reconoció la inmensa importancia que tiene la libertad económica para el bienestar y la prosperidad personal.
Cuando Friedman se reunió en 1988 con el entonces líder del Partido Comunista chino, Zhao Ziyang, le dijo que "los principios básicos de economía son aplicables a todas las naciones" y "el más esencial de todos ellos es la relación existente entre la prosperidad y los derechos de propiedad". Vale la pena seguir repitiendo ese importante mensaje.
James A. Dorn, tomado de Libertad Digital
martes, 18 de septiembre de 2007
Calidad Institucional

Todos aquellos que transitan por el cantón de Moravia se han de estar preguntando si aquello de que se iba a construir un Mall en el antiguo colegio Lincoln era cierto o sólo un mito. Pues lo que ha sucedido con este proyecto es que se encuentra detenido en la maraña burócratica de nuestro país la cual se ha convertido en un verdadero cementerio de ideas. Resulta que el plan regulador de dicho cantón contempla ese terreno para fines educativos y no comerciales, gracias a esto hoy en día Moravia no cuenta con 150 nuevos locales comerciales y 750 nuevos empleos.
Definitivamente es necesario que nuestro país empiece una reforma seria y profunda que lleve a una mejora de la calidad institucional ya que la misma se encuentra directamente relacionada con el progreso. En ASOJOD esperamos que dicha reforma llegue pronto y que con ella ningún costarricense más se encuentre de manos atadas ante la tramitología que nos asfixia.
domingo, 10 de junio de 2007
¿Dónde están nuestros "progres"?
Hoy es un dia de júbilo y, a la vez, de luto. Júbilo para la democracia costarricense, para la economía de mercado, para el Estado social de derecho, para el coraje y el liderazgo político, para la visión de futuro, para la confianza en el talento y esfuerzo de obreros, estudiantes, profesionales y científicos, para la apertura, la reflexión y la determinación, en fin, para la patria, la verdadera, no la subastada por la retórica. Y, de luto, para los otros, la minoría del inmovilismo, del miedo y de la paranoia ideológica.
Todo aniversario de personas, instituciones o empresas, públicas o privadas, que crean y producen, merece reconocimiento. Desde la madre y el padre, en la cuna de la vida; desde el guía espiritual, el campesino, el pulpero, el investigador; el educador y el político (los genuinos), el profesional, el empresario y el deportista… y todos los demás, creadores, innovadores o hacedores. Cada uno de estos, en distintas fechas, clamoroso o silencioso, completa un aniversario. El de hoy es Intel: 10 años en Costa Rica.
Unos pocos datos entre muchos: 3.200 trabajadores, de base y de punta; el 99% de los servidores producidos por Intel llevan el sello de Costa Rica, junto con los procesadores de la computadora más poderosa del mundo (HP Superdome ). Intel es, asimismo, sede de todos los servicios contables y financieros para el área de las Américas… Y mucho más. Y, entre lo más, su organización paradigmática, su ambiente laboral, y una de nuestras mejores cartas de presentación en el mundo para atraer inversiones.
Los que hoy están de luto tienen motivos para rumiar el fracaso de sus tétricas profecías: Intel no contaminó el ambiente ni se robó la electricidad ni electrocutó a las poblaciones vecinas ni nos convirtió en colonia gringa ni asoló a las universidades públicas ni fue una ballena que devoró a los pececitos y a las olominas ni fue una prolongación de William Walker ni… ni… ¿Recuerdan? Lo mismo que otros y los mismos han anunciado contra el TLC y, antes, contra EARTH, en Limón, y contra las transnacionales y contra las lanchas de EE. UU. cuando piden permiso para abastecerse de gasolina y seguir la lucha contra el narco en aguas ticas...
En estos dos años una minoría oxidada ha desenterrado a Lenin, al Che, a Mao y a toda su parentela, y se declara devota de Castro y de Chávez. Los predicadores de la lucha de clases repiten su guion interminable, prosigue la manipulación en las instituciones educativas y la confusión de conceptos enturbia el panorama nacional. Internet yGranma , en La Habana, se han convertido en cloaca de insultos. Por ello, celebramos esperanzados todo aniversario victorioso.
Julio Rodríguez tomado de la Nación