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martes, 16 de junio de 2009

Discusiones sobre "justicia social"


En los últimos días, la prensa deportiva se ha deleitado con los sonados fichajes de Kaká y Cristiano Ronaldo por el Real Madrid, por los cuales el club español ha pagado la friolera de US$227 millones aproximadamente. Las críticas no han tardado en llegar contra estas operaciones: ya han salido diciendo que es injusto que se gaste tanto dinero en futbolistas y que con esos dólares podrían construirse miles de casas, alimentar y educar a millones de niños, emplear a miles de personas que han perdido su trabajo por la crisis financiera, etc. El eco de la "justicia social" ya resuena alrededor del mundo considerando injusto que se use el dinero en cosas que no son "políticamente correctas".

En ASOJOD hemos criticado en reiteradas ocasiones ese tipo de comentarios con tufo redistribucionista, que pretenden hacer creer que hay una estructura de valor universal, de forma tal que todos tengan que valorar las mismas situaciones de igual manera: ¿qué le importa a los demás cómo se gaste un dinero que no les pertenece? ¿Por qué se desea que las personas inviertan sus recursos en arreglo a fines y objetivos que no le son propios?

Estamos cansados de oir, una y otra vez, el argumento de las casas, niños e indigentes, porque él esconde la pretensión de que alguien sabe cómo los demás tienen que usar su dinero para la satisfacción de la entelequia del interés general. Este tipo de afirmaciones lo único que pretenden es que unos sean medios de otros para cumplir sus metas.

Defendemos que cada quién use su dinero para lo que mejor le parezca. En este caso concreto, los únicos que tienen derecho a reclamar por el uso de esos recursos son quienes los han otorgado: socios, patrocinadores, etc. De lo contrario, el resto de la gente no tiene "vela en el entierro" y por tanto, debería dedicarse a ver qué hace con sus propios recursos si tanto le preocupa la situación de pobreza de otras personas.

sábado, 25 de abril de 2009

Corrupción


Cuando se vive bajo un Régimen de Derecho, las personas hacen las cosas por derecho y no por permiso, dentro del límite que impone respetar los derechos de los demás. La violación de derechos ajenos debe ser certera y debidamente castigada. Pero no se puede evitar afectar intereses. Por ejemplo, si alguien construye un puente afectará a los lancheros y beneficiará a los transeúntes; quien inventó el automóvil afectó a fabricantes de carruajes y benefició a los demás; quien siembra mucho maíz afecta el ingreso de los demás cosechadores de maíz y beneficia al pueblo; la competencia siempre afecta a los productores y beneficia a los consumidores; si pinta su casa de otro color, afecta a los vecinos que no les gusta ese color y beneficia a quienes sí les gusta, etc.

La corrupción disminuye cuando se elimina la impunidad del criminal, cuando se le descubre, apresa, juzga y con certeza se le aplica la pena correspondiente. La clave es certeza y para lograrla se requiere que el proceso de selección de los jueces no esté politizado y cuente con recursos económicos y humanos.

La principal fuente de corrupción es la oportunidad del funcionario o burócrata de tomar decisiones discrecionales que afectan los intereses de la gente. La “mordida” se da, precisamente, para que la decisión del burócrata sea favorable a quien está pidiendo permiso o suplicando para poder hacer algo.

Nótese que se trata de hacer algo pacífico y legal. Por ejemplo, si usted quiere cortar un árbol en su propiedad o cambiar el techo a su casa, seguramente requerirá un permiso. En algunos casos se requiere un estudio previo y un dictamen oficial para que usted pueda hacer uso de lo que es legítimamente suyo. Tal reglamentación se justifica aduciendo que lo que usted haga afecta los intereses de sus vecinos y que el gobierno está para cuidar esos intereses y no necesariamente sus derechos.

El punto es que no hay tal cosa como un acto que no afecte intereses ajenos. Lo más que se puede aspirar para no reprimir el progreso y para no incentivar la corrupción es que todos puedan hacer lo que no está prohibido, lo que sea pacífico y respetuoso de los mismos derechos ajenos y no por permiso de algún funcionario con poder discrecional.

Los funcionarios y burócratas son humanos, con virtudes y vicios. No son como nos enseñan en la escuela, abnegados servidores públicos que protegen los derechos e intereses de los ciudadanos. Cuando las reglas colocan los intereses del ciudadano a merced del funcionario surge el incentivo perverso del enriquecimiento indebido. Por eso, la causa de la corrupción es el sistema que sujeta a los ciudadanos a la discrecionalidad de burócratas, cuya función es aprobar o no las iniciativas individuales de la gente. El no poder hacer las cosas por derecho sino por permiso es la puerta grande de la corrupción. Esto explica por qué los países socialistas, donde todo se hace por permiso y no por derecho, son famosos por su extrema corrupción.

Manuel Ayau