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lunes, 24 de febrero de 2014

Tema Polémico: La izquierda y los medios de comunicación

La semana pasada el Gobierno Bolivariano de Venezuela expulsó a miembros de CNN Español de su país y giró órdenes para que la cadena no pudiera transmitir más dentro de la nación. Esto es uno más de un sinnúmero de acciones que ha venido tomando el gobierno venezolano, desde la llegada de Chávez al poder hasta ahora con su discípulo Nicolás Maduro, en contra de la libertad de prensa. 

Fácilmente se podría concluir que los regímenes de izquierda siempre terminan repudiando la libertad de prensa. Venezuela no es el único país adonde los medios de comunicación que cubren formas de pensar distintas a las del gobierno son atacados y expulsados; también se da frecuentemente en Cuba, Ecuador, China, Rusia y otros. Todos estos gobiernos tienen una característica que los une y es precisamente el hecho de que son regímenes de izquierda de índole socialista – comunista. Claro, esto es verdad pero a medias; se han dado casos de regímenes de derecha que también han tenido sus riñas con los medios de comunicación. Lo que sucede es que no es un tema de “izquierda” o “derecha” es un tema de acumulación del poder y arrebato de libertades fundamentales. Es un tema de carencia o no de libertades. En todo régimen indistintamente si es de “derecha” o de “izquierda” lo que siempre escasea es la libertad.

Los países donde la libertad de prensa es más respetada son aquellos que cuentan con sistemas democráticos bastante maduros donde las distintas líneas de pensamiento se enfrentan constantemente y la ciudadanía va formando un rumbo sin mayores desvíos con los cambios de poder en el gobierno. La libertad de prensa no necesariamente es contraria a ciertas ideologías, lo que sucede es que es enemiga del autoritarismo y la antidemocracia. 

Pero entonces, ¿por qué será que hoy en día los gobiernos que notoriamente están en contra de la libertad de prensa son regímenes de izquierda socialistas – comunistas? Aquellos países que adoptan políticas socialistas con mucha mayor facilidad tienden a caer en prácticas autoritarias. Aquellos países en donde el Gobierno tiene mayor injerencia en las decisiones de mercado y el modo de vida de los ciudadanos es muy fácil que termine arrebatándoles tantas libertades a las personas que luego el paso lógico es caer en medidas autoritarias.  Y en sus medidas autoritarias el primer enemigo es la libertad de prensa pues es uno de los factores más riesgosos para el régimen pues con facilidad deja en evidencia lo erróneo de sus políticas y le puede dar protagonismo a otros grupos con deseos de quitarle poder.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Tema polémico: el pasquín del Gobierno

Hace unos días, diversos medios de comunicación informaron que el Poder Ejecutivo había decidido lanzar un periódico para "transmitir las buenas noticias", porque -según el Ministro de Comunicación (¿?), Francisco Chacón, tanto ellos como la prensa no estaban "sabiendo comunicar acertiva y acertadamente las noticias". 

Pues bien, esta nueva estrategia ya no asombra entre los desaciertos y ridículos de la Administración de Laura Chinchilla. Es claro que el hecho de que los costarricenses no estén apreciando la labor del Gobierno no es culpa de los medios -aunque en otra ocasión abordaremos el papel negativo que juega la prensa en algunas ocasiones- sino de sus propios yerros y descaros. Los ciudadanos no están calificando positivamente a esta Administración porque simplemente no está haciendo nada bien; por el contrario, impulsó un paquete de impuestos altamente extorsivo a pesar del enorme descontento popular, fue incapaz de arreglar algo tan sencillo como una platina y más bien remendó un hueco en la Autopista General Cañas de forma tan mala que no tardará en volver a dar problemas, ha llevado a cabo uno de los chorizos más desvergonzados que hemos visto en los últimos años como lo ha sido La Trocha, ha protegido a varios funcionarios fuertemente cuestionados (Oscar Núñez, Leonardo Garnier, Luis Liberman, Francisco Jiménez, etc.) sin pedir renuncias y, mucho menos investigaciones, removió a una viceministra por un acto privado que no afectaba a nadie más que a su persona y a su familia, mandó a imprimir nuevos billetes -con propaganda figuerista incluída- y aún podríamos continuar citando más casos, pero sería llover sobre mojado. 

La ceguera de doña Laura y sus Ministros para darse cuenta que las decisiones tomadas han sido pésimas es tal que, en lugar de dar un rumbo al timón, prefirió culpar a otros de sus pifias -como ha sido la tónica en lo que va de su Administración- y lanzar un periódico donde publiquen las noticias que mejor le convengan, tratando de mejorar su imagen mediante propaganda de cara a las elecciones del 2014, donde puedan exponer los "logros" de sus proyectos clientelistas.

Además de la terca irresponsabilidad de la mandataria y el cínico intento de cazar votos, preocupa que este pasquín se convierta, como ya lo parece, en el medio oficial que oculte información y dificulte el trabajo de medios independientes, como en las dictaduras. Por más que algunos nos tilden de exagerados y crean que la casi bicentenaria democracia costarricense está más sólida que nunca, los eventos que poco a poco se van sumando, indican que el camino de servidumbre del que nos hablaba Hayek no pareciera una distopía.

miércoles, 18 de julio de 2012

Desde la tribuna: ¿ley mordaza?

Para una república, para una democracia, es elemental (vital) el tema de la libertad de expresión. No hay que olvidar que el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos consagra este importante derecho (buscar, recibir y difundir información).
 
La posibilidad de que una ley relativa a los delitos informáticos (9048), cuyo formato es una reforma al Código Penal, esté atentando contra la libertad de expresión (pariente cercanísima de las libertades de pensamiento, prensa y enseñanza) es pareja con el hecho de que nuestro Estado no ha superado los entuertos contra la libertad de expresión señalados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Mauricio Herrera.
 
Por eso es risible el argumento de los diputados, en el sentido de que cualquier error es un gazapo de los asesores. Igual, el desempeño de la Presidencia de la República, que no veta el proyecto de ley sino que le da el “Ejecútese” y la promulga, pero que se deshace en cumplidos hacia la prensa y organiza una comisión de reformas (un placebo).
 
Preocupa que la técnica legislativa sea tan pobre y complicada (la ley 9048 es un exceso de verbos que no logran determinar un tipo penal preciso y es obvio que hay una serie de disposiciones que amenazan la libertad de información). Preocupa que la Presidencia de la República sea evasiva y finja complacencias.  Preocupa que una parte de la prensa sea tan contradictoria, pues un día apura a los legisladores y exige leyes al por mayor y al día siguiente se rasga las vestiduras por el contenido de las leyes (la misma historia que con la Ley de Tránsito).
 
 Asusta el entorno, pues hace pocos días el CONAVI recordaba a sus funcionarios que tenían el deber de confidencialidad y hay una acusación contra funcionarios por sospechas de haber filtrado la información que descabezó el  nudo de negocios de la familia Herrero-Procesos.  
 
El Estado debería ser como una casa de cristal, transparente y con todo a la vista. Esta ley y el entorno nos dejan ver que el panorama se complica. Sin libertad de expresión el pueblo no puede informarse adecuadamente para tomar decisiones. Cae así una garantía básica y un supuesto de la forma republicana que caracteriza a nuestro Estado. 
 
Hay que reconocer que la tendencia en el poder costarricense (Asamblea y Ejecutivo) no es pro libertad de expresión. Una vez que entendamos esto entonces será claro que hay que promoverla la libertad de expresión y sus garantías.

Federico Malavassi Calvo

viernes, 2 de marzo de 2012

Viernes de recomendación


Para este viernes de recomendación queremos compartir con ustedes un interesante libro del politólogo italiano Giovanni Sartori, llamado "Homo videns: la sociedad teledirigida", donde el autor presenta una serie de ideas acerca del problema de la comunicación política y cómo el mensaje ha sido tan desvirtuado por los medios de comunicación masiva, que pretenden "informar" sobre cosas importantes en apenas unos pocos segundos, haciendo sobresimplificaciones que impiden que los ciudadanos obtengan lo suficiente para sacar conclusiones serias y sostenibles y los hacen susceptibles a guiarse por la opinión de los presentadores mediáticos, muchas veces llena de errores y prejuicios.

miércoles, 17 de marzo de 2010

EL ERROR FILOSÓFICO DE SEPARAR ENTRE UN MUNDO REAL Y UN MUNDO MEDIÁTICO (la filosofía es lo invisible en las palabras visibles)


Diego es estudiante avanzado de Economía. Está por dar su última materia y recibe una invitación de unos amigos para ir jugar al fútbol. Le dice por teléfono a uno de ellos “decile a Juan que no, el miércoles rindo la última”. Juan es el organizador del partido. Alberto (el que habló por teléfono con Diego) le dice a Juan: “che, Diego no puede, rinde la última el miércoles, está como loco”. Juan responde “bueno”.
Pero todo podría haber sido diferente. Diego podría haber dicho a Alberto: “decile a Juan que no me moleste, por favor, a ver si se aviva de que no tengo tiempo”. Alberto le dice a Juan: “che Diego está insoportable y nos mandó a la miércoles”. Juan responde: “qué imbécil…”.

Dos situaciones diferentes. Dos significaciones diferentes. Dos juegos de lenguaje diferentes. Dos interpretaciones diferentes.

Y la cuestión no es que Diego emita un mensaje y Juan lo reciba. Alberto recibe el mensaje de Diego y se lo transmite a Juan. Alberto no es un cero a la izquierda. Es parte del proceso. Gadamer lo llama “eslabón participativo de sentido”. Alberto, el comunicador entre Diego y Juan, no es un mero transmisor. Es parte de la realidad, realidad social, inter-subjetiva, de la cual son co-creadores y participantes Diego, Alberto y Juan, más todo el mundo cultural que habitan.

El ejemplo, que es un resumen de semiótica, de filosofía del lenguaje, de hermenéutica, de Husserl, Schutz, Gadamer y Wittgenstein, muestra que no hay un mundo mediático y un mundo real. El mundo real humano ES mediático; los medios forman parte de la realidad social que habitamos. No siempre hubo medios masivos de comunicación social, pero siempre hubo comunicación social, comunicación de lo socialmente relevante.

Esto no es una crítica a la posición política de la Sra. Presidente. Es una crítica a su desconocimiento de filosofía de la comunicación y de todos esos autores. Tiene obligación institucional de saberlo, porque su ignorancia agrava la situación política: creer que los medios son meros informadores entre la realidad por un lado y la población por el otro implica que entonces los gobiernos pueden criticarlos por “no ser objetivos”, y la oposición y los medios caen en el mismo error cuando contestan que sí, que son objetivos. Si por objetividad se entiende honestidad, ok, pero si por objetividad se entiende NO ser parte del proceso social y su sentido, imposible. Pero ello no es una mala noticia: todos debemos saber y asumir que somos parte del proceso social con cada una de nuestras palabras elegidas, dichas y calladas.

En todo caso, la Sra Presidente tiene todo el derecho a estar en desacuerdo con la interpretación y-o la ética de un determinado medio de comunicación, de igual modo que yo, ciudadano, puedo estarlo. Sin embargo, el rol institucional de un presidente debe ser más cuidadoso. Claro que puede estar en desacuerdo con un medio o con la corte, pero cómo lo diga forma parte de la realidad social. Su rol de presidente debe implicar que su juego de lenguaje no implique un intento de minimizar el papel de la libertad de prensa y de la independencia de los poderes. Igual crítica merece Obama en estos momentos.

Pero, en fin, no creo que de la conciencia hermenéutica emane la libertad. Emana de una actitud interior que es inútil pedirla, humanamente, al matrimonio Kirchner, que no es fruto de un repollo sino de la realidad social que llamamos Argentina.

Gabriel Zanotti

sábado, 5 de diciembre de 2009

¡Qué idiotez!


Don Oscar Arias salió diciendo una idiotez tan grande como la que, en su momento, dijo Jeanina Del Vecchio. Para el Presidente, "si Costa Rica se compara con Brasil, donde se ha militarizado y hay pocos delincuentes, entonces llegaríamos a la conclusión que efectivamente en este país hay muchos crímenes. Pero si lo hacemos con El Salvador, donde hay 4 mil asesinatos al año, 10 diarios en promedio, la verdad es que estamos muy bien”. Y, si esa titánica estupidez no hubiese sido suficiente, dice don Oscar que la culpa es de la prensa que dedica la mitad del tiempo a hablar de crímenes y asesinatos (¿será por que son las noticias más relevantes del acontecer diario nacional?)

De verdad que la lucidez y seriedad académica que, en algún momento, caracterizó a Oscar Arias, hoy día no es más que un triste recuerdo. Uno podría esperar palabras así de Abel Pacheco o de la Ministra Del Vecchio, pero esto ya es inaudito. Desconoce don Oscar que la Organización Panamericana de la Salud considera un índice normal de criminalidad aquel país que está entre 0 y 5 homicidios por cada 100.000 habitantes por año y, en nuestro caso y según datos del mismo MIDEPLAN, se presentan más de 8 asesinatos por cada 100.000 habitantes. O sea, que estamos en una situación crítica.

Pero esto no es todo. Arias también manifestó que le agradaba la idea de firmar un acuerdo con la prensa para que los crímenes sólo ocuparan unos cinco minutos en las informaciones periodísticas para que la gente no "perciba" la inseguridad. En otras palabras, callar a la prensa para ocultar la ineptitud de su Gobierno y la tremenda pasividad que han tenido con aquellos que viven de violar el derecho a la propiedad privada y a la vida e integridad personal de los individuos. Menudo Presidente el que tiene Costa Rica.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Tema polémico: la relación entre la ciencia y los medios de comunicación


Generalmente existe una relación entre la ciencia y los medios de comunicación (sobre todo los de la televisión), que presenta una visión ficticia sobre lo que es la ciencia y esto ocasiona falsas impresiones en los televidentes, que termina trayendo consequencias negativas para el nivel de alfabetismo científico de la población.

Esta visión ficticia se señala fácilmente en la presentación de las noticias científicas en segmentos de corta duración (unos cuantos segundos), a las cuales no se les da seguimiento y sin mencionarse siquiera la metodología utilizada en la investigación científica que se comenta en la noticia. Así, lo más importante para determinar si la investigación es válida o no, esto es, su metodología, no es presentada al público, sino que simplemente se presenta como “hechos” y no como hipótesis o investigaciones en progreso. Claro está, podría decirse, que de poco uso sería intentar presentar la metodología a la audiencia, ya que esta posiblemente no la entendería (tal vez ni siquiera la entienda el presentador de la noticia).

Sin embargo, en ese caso lo único que se pretende es que una persona crea en la noticia, sin saber el método por el cual se determinó su validez, simplemente porque se le presenta como un resultado “científico” y de esa forma se quiere que se crea ciegamente en todo aquello que se pone la etiqueta de ciencia. Lo único que provoca esto es que se forme una actitud acrítica con respecto a la forma de proceder de los científicos y se presente a la ciencia como un tipo de conocimiento cuya verdad es incuestionable (el caso de las encuestas políticas y las enfermedades es un ejemplo claro sobre como se caricaturizan las noticias científicas al ni siquiera mencionar los presupuestos metodológicos y epistemológicos que utiliza una encuesta o una investigación sobre la propagación de una enfermedad, por ejemplo, la gripe H1N1).

Evidentemente, esto dista mucho de lo que pretende ser el ambiente científico, donde cada una de las propuestas que hacen los científicos debería tomarse con cautela y siempre como algo provisional (aunque a algunos científicos se les olvide esto último). También resulta interesante que, durante las noticias, nunca se señalan las limitaciones teóricas de las investigaciones, por lo que la ciencia y la tecnología se confunden con "oráculos" que tienen respuestas a cualquier inquietud humana, cuando en realidad ha tomado varios siglos resolver ciertos problemas científicos de forma "satisfactoria".

Esta mala representación de la ciencia se da también cuando se le presenta como de consenso absoluto entre sus investigadores. Difícilmente, los medios de comunicación facilitan al público el conocimiento de que siempre hay distintas escuelas de pensamiento dentro de una misma disciplina, por lo que el televidente confunde la información que da un investigador como si fuera representativo del 100% de la comunidad científica. Esto se facilita, además, por el hecho de que las noticias casi nunca se presentan contrastando investigaciones científicas ni tampoco se distingue entre el uso cotidiano del lenguaje y el uso científico del mismo. En realidad, los medios acuden en esta forma a una falacia de autoridad, ya que desean validar los argumentos científicos bajo el pretexto de que así lo dicen los científicos, cuando en realidad no facilitan la posibilidad de que los usuarios desarrollen su capacidad crítica de argumentación.

Ahora bien, es claro que esta situación no es culpa exclusiva de los medios de comunicación, toda vez que estos también presentan las noticias de forma que le sean placenteras al público que las demanda. Así, lo que se puede concluir, es que la audiencia prefiere no desarrollar una actitud crítica en tanto le resulta más cómodo vivir con información que no tenga que cuestionar para no tener que hacer el esfuerzo intelectual. A su vez, dado que los medios tienden a parcializar la información (un ejemplo sería la crisis económica), se transforma en parte del status quo identificar el conocimiento científico con la visión científica que presentan los medios.

Dada esta situación, es difícil proponer una solución que mejore la forma en que se divulga el conocimiento científico, aunque no imposible. Internet, por lo menos, es un medio que facilita en forma casi instantánea cualquier tipo de información, siempre y cuando el usuario sepa donde buscar y le permite, si así lo quiere, hallar diferentes perspectivas sobre una misma investigación o hecho.

viernes, 16 de enero de 2009

Viernes de recomendación


Para estos tiempos de crisis, donde las ideas progresistas resurgen con toda su fuerza como la solución mágica, en ASOJOD queremos ofrecerles un interesante artículo de Roger Scruton, titulado La hegemonía actual de la izquierda progresista, que revela claramente la forma en que la "academia", el clero y los medios de comunicación se han prestado para la charlatanería y el adoctrinamiento con las ideas "políticamente correctas".

Para quienes hemos tenido la oportunidad de estudiar en la Universidad de Costa Rica, este texto viene a confirmar lo que ya sabíamos: el sesgo progresista, irrespetuoso de la libertad y la individualidad con que muchos cursos se imparten. Ese mismo sesgo se refleja claramente en los distintos medios de comunicación (incluyendo a Repretel y a Teletica) y ni qué decir de los discursos de los "curitas con fusil", como bien les llama Carlos Alberto Montaner

martes, 9 de octubre de 2007

No con mi dinero


Partidos políticos, grupos sociales y cualquier persona deben tener total libertad para contratar propaganda en los medios de comunicación, siempre y cuando cada cual lo haga con su dinero y con total transparencia, ¡no con el dinero de los contribuyentes!

Una reforma electoral en un país democrático y libre no puede restringir la libertad de cada cual para difundir mensajes de contenido político, incluso mensajes poco comedidos o contundentes –"Fulano es un peligro para México" o "Zutano es un tonto con balcones a la calle"–, siempre y cuando la contratación de dicha propaganda se haga en condiciones de libre mercado y auténtica competencia, con total transparencia, y no se haga con dinero público, que proviene del bolsillo de los contribuyentes.

Una reforma electoral en un país democrático y libre no puede coartar la libertad de expresión de nadie decretando discrecionalmente qué mensajes son correctos a juicio de algún pacato consejo de notables. Un país democrático y libre tiene leyes claras sobre la difamación y la calumnia –incluso se suele castigar ésta última penalmente– que están hechas, precisamente, para que todo mensaje que no sea calumnia, difamación o incitación al delito jamás sea censurado.

La discusión sobre la reforma electoral está totalmente fuera de foco y lastrada por intereses torpes. Ni los medios tienen derecho a ser beneficiarios graciosos de miles de millones de pesos de recursos públicos –por propaganda política o gubernamental pagada con recursos de los contribuyentes–, ni los partidos políticos ni nadie tiene derecho a regular la libertad de expresión de los demás.

Por Ricardo Medina
Tomado de AIPE