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martes, 3 de julio de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el papel del empresario en el análisis económico: Resumen del aporte austriaco


Este capítulo tiene como propósito presentar una versión resumida de las diferentes posiciones expuestas de pensadores conocidos como economistas austriacos, además de Joseph Schumpeter, quien, como señalamos al principio de esta serie, en criterio de algunos no se le considera propiamente como un economista austriaco sino que más bien es cercano a la posición neoclásica del análisis del equilibrio, al menos la representada por Léon Walras. Sin embargo, hasta qué grado es o no es Schumpeter un economista austriaco es objeto de amplia discusión académica.

Walras desarrolló un marco teórico que mostraba cómo todos los precios podían ser determinados simultáneamente, por medio de la interacción de todos los mercados, conduciendo a lo que se denominó el equilibrio general de los precios: la solución de un sistema de ecuaciones simultáneas, que representan todas las posibles interrelaciones económicas de un momento dado. 

En dicha situación de equilibrio generalizado de carácter estático no hay posibilidades de que el empresario, quien está atento para lograr oportunidades que le brinden ganancias, tenga razones para actuar. No se trata de la formación de precios que le envía información en tal sentido -esencialmente precios en una situación de desequilibrio- sino que los precios del equilibrio general resultantes esencialmente sirven como insumos para la maximización de los actores en el mercado.  Como señala Endres, al analizar la teoría de Menger acerca de la formación de los precios,

“Los precios son síntomas evidentes de fuerzas más profundas endógenas (o causas/tendencias) en acción; estas fuerzas dirigen la acción económica de los individuos; esto es, los esfuerzos de los individuos para satisfacer sus necesidades.” (A. M. Endres, Neoclassical Microeconomic Theory: The Founding Austrian Version, New York: Routledge, 1997, p. 63. La letra en cursiva es del original).

Ese papel endógeno de los precios de origen Mengeriano a que se refiere Endres, el cual está presente en el análisis austriaco del proceso de mercado, está ausente en el análisis neoclásico Walrasiano. Para Menger el concepto de equilibrio es mejor definido desde la perspectiva de una función equilibradora, en tanto que para Walras el equilibro es el resultado final de transacciones que ya se han realizado.

En este comentario final haré uso de figuras presentadas por Sandye Gloria-Palermo en su libro The Evolution of Austrian Economics: From Menger to Lachmann (New York: Routledge, 1999), que muestran el proceso del mercado austriaco, así como las concepciones que sobre ese proceso de mercado expusieron los economistas austriacos Israel M. Kirzner, Ludwig Lachmann y Friedrich A. Hayek. De mi parte, intento mostrar una figura equivalente acerca de la visión que tiene Joseph Schumpeter del proceso de mercado. 

Como se ha expuesto, en el enfoque austriaco el mercado es visto como un proceso en el cual los planes individuales impulsan la acción. Son la dinámica del sistema y no solamente la descripción de una acción resultante de algún tipo de estímulo externo.  

Se identifica una secuencia de decisiones de los individuos en relación con sus planes subjetivos, que define lo que hemos llamado el proceso de mercado. Esta secuencia, según lo presenta Palermo, consta de tres etapas, la primera de las cuales, denominada Confrontación, se inicia con la configuración del mercado resultante del cotejo de los planes individuales, tanto del propio de cada uno de ellos tomado aisladamente, así como en vista de los planes de otros individuos, resultado de acciones pasadas.

A su vez, estos planes pueden estar coordinados o no.  El primer caso se refiere a que los planes de los individuos están acordes con los planes de otros individuos. Si no surge algún cambio exógeno, externo al proceso de mercado, entonces se llega a una situación total de equilibrio, en donde termina el proceso. No hay razones para variar la posición individual lograda. En una situación en que los planes están coordinados, el cambio de dicha posición de equilibrio sólo surge si se presentan cambios inesperados; esto es, cambios exógenos. En dicha posición de equilibrio, en donde no hay fuerzas que impulsan al cambio, no hay discrepancias acerca de los precios de bienes e insumos, por lo que no es posible obtener ganancias que se lograrían variando las ofertas y las demandas.

Pero los planes individuales pueden ser que no estén coordinados; esto es, se descubre que hay posibilidades de obtener ganancias mediante la acción empresarial. Ello puede deberse a que, al vivir en un ámbito de ignorancia parcial, el individuo puede obtener ganancias mediante el descubrimiento de esas oportunidades, razón por la cual variaría su plan original. Pero también puede haber descoordinación cuando el individuo descubre que las expectativas que mantenía acerca de diferentes hechos, muestran estar equivocadas. La función de alerta empresarial, que permite descubrir posibilidades de ganancias (y de evitar pérdidas); esto es, descubrir discrepancias, le impulsa a variar sus planes a fin de lograr tales ganancias, con lo cual se logran corregir las discrepancias y eventualmente eliminarlas.  Hemos pasado de la etapa de Confrontación, a la segunda, la de Revisión de los planes. 

Llegamos luego a una tercera etapa del proceso de mercado: las Consecuencias de aquella Revisión de planes. Una alternativa es que ahora se logre una convergencia de estos, con lo cual, de nuevo, se vuelve a la situación original del ciclo, en que el proceso económico requiere de la (permanente) confrontación de esos planes individuales, remozados con la nueva realidad que gradualmente se va percibiendo subjetivamente, al irse desenvolviendo el proceso de mercado. Este proceso terminará cuando surja un nuevo conjunto de precios que permite el logro de una nueva situación de equilibrio, en concierto con las nuevas expectativas que ahora se han incorporado a los diversos planes individuales. 

También puede ser que, a consecuencia de esa revisión, se llegue a una situación de divergencia en los planes, dado que en la configuración del mercado de ese momento, además de la influencia de lo experimentado en el pasado, la introducción de expectativas subjetivas requiere que el futuro de alguna manera sea incorporado. Esto conduce, en el proceso de mercado, a la confrontación y revisión necesaria de los planes no coordinados, a fin de llegar a una posible situación final de equilibrio general.

Obsérvese que esa revisión de planes se efectúa en consideración del nuevo conocimiento requerido ante una variación exógena o bien de la revisión de las expectativas acerca del comportamiento de otros que tenga el individuo. Los planes ahora pueden ser divergentes por la introducción endógena de expectativas subjetivas acerca de la realidad imaginada.

En la página siguiente se muestra gráficamente la concepción general austriaca del proceso de mercado, en función de su concepto teórico del empresario. La flecha continua indica el rumbo que lleva el proceso.


LA VISIÓN AUSTRIACA DEL PROCESO DE MERCADO




Tomado de Sandye Gloria Palermo, Op. Cit., p.122.


A continuación se muestra la visión que desarrolló Israel Kirzner acerca del proceso de mercado en función de su concepto teórico del empresario. Gráficamente se indica en la página siguiente. La flecha continua indica el rumbo que lleva el proceso y la línea punteada, que no existe secuencia.

Para entender el proceso, se puede partir de una situación en la cual los diversos planes individuales no están coordinados, a causa de la existencia de ignorancia e incertidumbre. Esto significa que el individuo podrá descubrir oportunidades que le rindan ganancias. Por ello, se puede partir de la situación indicada por 1.2.

El empresario alerta, a través del arbitraje (operación de compra y venta en dos o más mercados que tienen precios diferentes), elimina las discrepancias de precios que daban lugar a que existieran ganancias que podían ser apropiadas. Esta acción de revisión de los planes conduce a una reducción de la ignorancia (2.1).

El proceso logra una convergencia hacia el equilibrio cuando son realizadas aquellas acciones para aprovechar las oportunidades de ganancias y no surgen nuevas oportunidades creadas endógenamente por el sistema. Esto es, cuando se pasa de 2.1 a 3.1 y de allí se regresa al inicio del ciclo indicado por 1, que se repite mediante un retorno a 3.1 pasando de nuevo por 2.1. 

El equilibrio se logra a partir de 3.1, situación en que toda la información del mercado ha sido tomada en cuenta a través de la acción de los empresarios, lo que nos conduce de nuevo al punto 1.1 y posteriormente todo converge al punto final de equilibrio 1.1.1. Es importante destacar que en Kirzner el mecanismo de ajuste se basa en la existencia de una realidad subyacente que va siendo descubierta gradualmente. Esta realidad es existente a priori y no depende de la forma en que se desarrolla el proceso. Es decir, se llega de la ignorancia a la información perfecta, por medio de la labor empresarial que la va descubriendo gradualmente. 

A continuación se presenta el gráfico de Sandy-Gloria Palermo, Op. Cit., p.124, de la teoría de Kirzner del empresariado en el proceso de mercado: 


LA VISIÓN KIZNERIANA DEL PROCESO DE MERCADO




A continuación se explica la visión de Hayek, del mercado como un proceso de descubrimiento. El gráfico aparece en la página siguiente. La flecha indica el rumbo que lleva el proceso y la línea punteada, que no hay secuencia.

Hayek no considera que haya una realidad inmutable a ser descubierta, sino que se basa en la existencia de un cambio permanente, que incluso le aleja de preocuparse por un equilibrio a largo plazo (Kirzner sí lo hace), que tal vez nunca podrá ser logrado.

Para Hayek el sistema de precios resultante de un mercado libre en competencia, proporciona las señales descubiertas requeridas para que los agentes económicos conformen sus planes acordes con ellas. En el gráfico esto se refleja en la ausencia de una secuencia de revisión de los planes en función del conocimiento (como  sí se da en 2.1) pero no en conjunto con las expectativas (según se indica en 2.2). El conjunto de precios resultante resuelve, según Hayek, el problema de la información requerida.

Partiendo de una situación en que los planes individuales no están coordinados (1.2), los precios dan la información y conocimiento con los cuales se modificarán los planes individuales (2.1). La competencia, mecanismo eficiente para el descubrimiento del conocimiento, logra que los planes converjan, según lo indica 3.1. Pero, difícilmente se va a llegar a un equilibrio generalizado.

El proceso continúa con un retorno a 1 y de nuevo a la secuencia completa de 1 a 1.1 y a 1.1.2, luego a 2.1 y posteriormente a 3.1. Como el cambio es permanente, se alteran los planes previamente coordinados con la información antes vigente, por lo que el camino va de 1.1  a 1.1.2; esto es, no se llega al equilibrio de largo plazo indicado por 1.1.1. Los nuevos datos, la competencia y el nuevo conocimiento logrado, permiten una adaptación a la nueva configuración (va de 1.1.2. a 2.1 y luego a 3.1).

Sólo si dejan de haber cambios (poco relevante para Hayek), se logra llegar a la situación de equilibrio general indicada por 1.1.1. Hayek y Kirzner creen que las señales de precios conducen al sistema al equilibrio, pero Hayek considera que el caso es poco relevante. Kirzner es así un caso particular de la visión de Hayek.


LA VISIÓN HAYEKIANA DEL PROCESO DE MERCADO




Tomado de Sandy-Gloria Palermo, Op. Cit., p.125.


La visión del proceso de mercado según Ludwig Lachmann se presenta de seguido. La flecha indica el rumbo que lleva el proceso y la línea punteada, que no hay secuencia.

Lachmann, a diferencia de Hayek y Kirzner, incorpora en la definición de planes del individuo, además del conocimiento subjetivo del individuo, también a las expectativas que resultan de la interpretación subjetiva de un futuro posible, el cual es imaginable. Esta ampliación del concepto de planes que hace Lachmann en comparación con Kirzner-Hayek, le permite redefinir su concepto de mercado, que ahora es un proceso continuo, cuyas características son el cambio inesperado y la inconsistencia de los planes individuales. Los planes individuales divergen porque las expectativas subjetivas se basan de lo que Lachmann caracterizó como “un futuro desconocido pero imaginable”. La competencia sigue cumpliendo con el papel de difundir el conocimiento relevante, pero no las expectativas subjetivas correctas. Como estas dependen de la habilidad individual por imaginar, con lo cual definen las expectativas que se puedan tener en cierto en momento, hace que difícilmente éstas sean compatibles entre individuos. Más bien lo posible es que estas expectativas sean inconsistentes, con lo cual el camino del proceso difícilmente tenderá a un equilibrio. 

Carlo Zappia, reproduce palabras de Lachmann, al señalar que “‘El mercado es ahora un proceso indeterminado, gobernado por la interacción de las fuerzas del equilibrio y del desequilibrio’ y que la teoría económica pura no puede ayudar en mostrar ‘cuál tipo de tendencias domina al sistema’” (Carlo Zappia, Radical Subjectivism and Austrian Economics, en Roger Koppl y Gary Mongiovi, editores, Subjectivism and Economic Analysis: Essays in memory of Ludwig Lachmann, New York: Routledge, 1998, p. p. 134-135)
El cuadro que se presenta a continuación, tomado de Sandy-Gloria Palermo, Op. Cit., p.126, expone la representación que se hace del proceso de mercado de acuerdo con Lachmann.  

Como es de esperarse, en Lachmann lo primordial es la ausencia de coordinación de los planes individuales, debido tanto a la subjetividad del conocimiento como de las expectativas. Esto hace que de 1.2 se proceda a 2.2; esto es, que se revisen esos planes individuales en función del conocimiento gradual que se ha ido descubriendo (tal como Hayek), pero también porque las expectativas subjetivas son harto cambiantes a la luz de la nueva información subjetiva que se va adquiriendo durante el proceso. Por ello, es de esperar que los planes continúen divergiendo (3.2). Precisamente, dicha  divergencia es la fuerza que Lachmann considera constituye el principal motivo del cambio; esto es, el cambio es un fenómeno esencialmente endógeno y no exógeno, como era por ejemplo en Kirzner y Hayek. 

Ante la existencia de un conjunto de planes divergentes (3.2), el proceso, según Lachmann, regresa a una nueva revisión (1), pero la configuración que emerge es esencialmente divergente (1.2), con lo cual el proceso de revisión continúa (a 2.2 y luego a 3.2). Lachmann nos guía hacia el abandono de la descripción de ordenamientos de equilibrio y más bien nos estimula en la búsqueda de las instituciones que puedan explicar el orden usualmente observado. Lachmann no brindó, en palabras de Karen Vaughn, “una teoría de las instituciones claramente articulada”. (Karen Vaughn, Austrian Economics in America: The Migration of a Tradition, New York: Cambridge University Press, 1994, p. 157).

Mientras que para Kirzner y Hayek la convergencia al equilibrio, si bien se basa en el supuesto empírico de la estabilidad relativa del orden económico, la garantizan los mecanismos competitivos propios del proceso de mercado y el resultante conjunto de precios relevante, para Lachmann debe existir un entendimiento de las fuerzas que dirigen hacia la convergencia y de aquellas que conducen al desequilibrio, para lograr entender el proceso.

En la página siguiente se presenta el gráfico de Sandy-Gloria Palermo, Op. Cit., p.126, de la visión de Lachmann del empresariado en el proceso de mercado: 


LA VISIÓN LACHMANNIANA DEL PROCESO DE MERCADO




A continuación desarrollo un gráfico similar a los que Sandye-Gloria Palermo presentó y que yo reproduje, de las visiones austriacas del proceso de mercado, de Kirzner, de Hayek y de Lachmann. En esta ocasión se trata de la visión de Schumpeter. Sé que para este caso los gráficos de Palermo no son totalmente adaptables a su visión particular de dicho proceso, pero se espera que éste sirva como ayuda o guía para su comprensión. La flecha indica el rumbo que lleva el proceso y la línea punteada, que no hay secuencia.
Lo primero que deseo destacar es que Schumpeter se refiere a una posición inicial en la cual los individuos llevan a cabo acciones en función del hábito. Han aprendido por experiencias pasadas cuál es el tipo de acciones que mejor satisface sus necesidades. En este sentido se puede considerar que los planes individuales están coordinados, según se indica en 1.1.

Sin embargo, para Schumpeter el cambio es lo propio del mercado. Por ello indica que

“La posición del estado ideal de equilibrio en el sistema económico, nunca logrado, continuamente ‘tratado de lograr’ (por supuesto que no conscientemente), cambia porque los datos cambian…” (Joseph Schumpeter, Theorie der wirtschaftlichen Entwicklung, Dunker und Humblot: Leipzig, 1912, p. 62 y reproducido en Sandye-Gloria Palermo, Schumpeter and the old Austrian school: Interpretations and influences, en Richard Arena y Cecile Dangel-Hagnaur, editores, The Contribution of Joseph Schumpeter to Economics: economic development and institutions, Londres: Routledge, 2002, p. 26).

Los cambios a que se refiere Schumpeter son esencialmente endógenos, en donde la fuente de energía puede ser asimilada con la creación, con hacer algo distinto de como se venía haciendo. Esa fuente se materializa por medio de la innovación, la cual permite lograr ganancias, que antes no existían en el sentido Mengeriano. Así, el empresario varía su plan a partir de nuevas intuiciones acerca del futuro. Esto es, como resultado de cambios permanentes, pero inesperados, según se expresa en 1.1.2, la revisión de los planes individuales indicada en 2.1, es llevada a cabo en función de las innovaciones en que se ha involucrado el empresario. Recuerde que esas innovaciones son percibidas como un proceso de destrucción creadora. 
El empresario Schumpeteriano se convierte en la fuerza disruptiva del flujo circular y es 

“quien decide abandonar la respuesta adaptativa mecánica a las condiciones existentes, para poder actuar en función de estas (nuevas) condiciones”. (Sandye-Gloria Palermo, Schumpeter and the old Austrian school: Interpretations and influences, en Richard Arena y Cecile Dangel-Hagnaur, editores, Op. Cit., p. 27).

Como consecuencia de esta acción, los nuevos planes se adaptan a la innovación, a la acción creativa del empresario. Interesa hacer notar que, a diferencia del empresario Mengeriano, ese proceso que Schumpeter considera como una “evolución económica” diferente del flujo circular, es resultado de la adaptación de la estructura de la producción, no a las necesidades de los consumidores, sino que éstas más bien son modificadas por la acción endógena del empresario. Asimismo, Schumpeter, diferente de lo que propuso Keynes, en su análisis del proceso de mercado no introduce las expectativas, como, por ejemplo sí lo hace Lachmann.

Para Schumpeter el proceso económico es lo importante y no una preocupación acerca de un estado de equilibrio estacionario, pues éste nunca se va a lograr permanentemente, dada la constancia del cambio en el proceso económico. Por ello, como consecuencia de la revisión de los planes individuales, se logra un equilibrio que pronto será alterado con nuevas invenciones. Por ello, de 2.1 se pasa a 3.1 y con posterioridad se reanuda el ciclo indicado por 1.

En la página siguiente se presenta mi gráfico de la visión de Schumpeter acerca del empresariado en el proceso de mercado: 


LA VISIÓN SCHUMPETERIANA DEL PROCESO DE MERCADO




martes, 26 de junio de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el papel del empresario en el análisis económico: el aporte de Schumpeter

Hemos visto cómo el empresario de Menger, Mises y Kirzner representa las fuerzas dinámicas de la economía y que, ante malos ajustes, ante desequilibrios, mediante su accionar conduce a que el equilibrio se restaure. Hayek tiene un concepto similar, sólo que, si bien hay fuerzas que impulsan al empresario hacia una condición de equilibrio, ante la posibilidades de que surja un cambio inesperado, ya había señalado acerca de  “un equilibrio a largo plazo que en un mundo siempre cambiante nunca puede ser alcanzado.” (Friedrich A. Hayek, The Use of Knowledge in Society, en Friedrich A. Hayek, Individualism and Economic Order, Chicago, The University of Chicago Press, 1958, p. 101).
 
Para Joseph Schumpeter, por el contrario, el empresario es claramente un factor de desequilibrio; de ruptura de la armonía personificada en el equilibrio del mercado. De acuerdo con J. Patrick Gunning,

“J. A. Schumpeter fue el primer economista austriaco en desarrollar explícitamente lo que puede ser llamado una teoría de la empresariedad. En su libro de 1911 [La Teoría del Desarrollo Económico] esclareció el concepto de empresario, mediante el contraste de su imagen en una economía real de mercado con la de un equilibrio general estático. Schumpeter expuso que esta última contenía el elemento de interacción económica, pero no el de invención ni de innovación (‘el llevar a cabo nuevas combinaciones’). Él utilizó el término empresariado para representar estas actividades.” (J. Patrick Gunning, “The theory of entrepreneurship,” en Willem Keizer, Bert Tieben y Rudy van Zijp, editores, Austrian Economics in Debate, New York: Routledge, 1997, 178. Los paréntesis cuadrados son míos.)

El concepto de destrucción creativa está asociado con el nombre de Schumpeter.  De acuerdo con esta teoría, el empresario se convierte en un elemento que altera el equilibrio existente en un cierto momento dado, en donde las acciones y planes individuales son compatibles. Como en dicha instancia de equilibrio general no existen utilidades, pues éstas, en términos de Mises, resultan sólo de la existencia de un desequilibrio, no se dan incentivos para que el empresario, en una situación de equilibrio, actúe ante un reconocimiento o descubrimiento de nuevas oportunidades. Pero tratará de crear nuevas oportunidades (ganancias) mediante la innovación en nuevos productos y métodos de producción. El empresario-que-actúa ante la existencia de utilidades de Mises, es sustituido por el empresario Schumpeteriano, creador de oportunidades de ganancias. A diferencia del empresario de Mises, quien descubre y actúa ante las nuevas oportunidades indicadas por la existencia de ganancias, el empresario Schumpeteriano crea las nuevas oportunidades, mediante la puesta en marcha de innovaciones; esto es, nuevas combinaciones de recursos, tanto en el caso de productos como de procesos productivos. Esas nuevas oportunidades creadas por el empresario, dan lugar a una disparidad entre los planes iniciales previos en equilibrio de los diferentes individuos, lo cual genera para el empresario innovador la oportunidad de obtener ganancias.

Otra diferencia que hay entre el empresario de Mises (así como del empresario de Kirzner) y el de Schumpeter radica en que, en tanto que el primero puede ser cualquier actor en la economía, pues posee como característica esencial y, a la vez, asequible en mayor o menor grado a cualquiera, el atributo de estar alerta ante posibilidades de lograr ganancias, el empresario Schumpeteriano es muy peculiar. Swedberg lo describe de la siguiente manera:
 
“La empresariedad, en breve, representa un tipo muy especial de cambio económico –más precisamente una forma de cambio que consiste de una nueva combinación que es trasladada a la realidad por un líder. Todos los otros cambios en la economía carecen de un elemento dinámico y son fundamentalmente pasivos,  Aquí, como en todo lado, el Hombre de Acción es separado de la Persona Estática, por un vacío cuyo puente es inexistente.” (Richard Swedberg, Rebuilding Schumpeter’s Theory of Entrepreneurship, conferencia acerca de Marshall, Schumpeter y la Ciencia Social en la Universidad  Hitotsubashi, Japón, 17 y 18 de marzo del 2007, p.  11).

Este contraste (al que se refiere y transcribe Swedberg, Ibídem, p. 26) entre el empresario al cual llama Hombre de Acción y lo que se denomina como la Persona Estática, lo presentó Schumpeter en el siguiente cuadro comparativo:
 
“El Hombre de Acción:                                                            La Persona Estática:
  Dinámico                                                                                        Estático
  Rompe de un equilibrio                                                             Busca un equilibrio
  Hace lo que es nuevo                                                      Repite lo que ya ha sido hecho   
  Activo, energético                                                               Pasivo, baja energía
  Líder                                                                                           Seguidor
  Reúne nuevas combinaciones                             Acepta las formas existentes de hacer las cosas
  No siente resistencia interna al cambio               Siente fuerte resistencia interna al cambio   
  Batalla contra la resistencia a sus acciones           Siente hostilidad por las nuevas acciones de otros
  Efectúa una elección intuitiva entre una                        Efectúa una elección entre alternativas
          multitud de nuevas alternativas                                             existentes
Es motivado por el poder y la alegría de                           Es motivado exclusivamente por las
         la creación                                                       necesidades y se detiene cuando éstasson satisfechas   
No dispone de recursos, pero pide prestado                      No dispone de recursos y no tiene usos
               en un banco                                                                 para nuevos recursos”

Si bien el empresario es tan actor como el de Kirzner, el empresario de Schumpeter tiene como característica esencial su posibilidad destructora de la situación vigente, pero que, a la vez, es creadora, entendida ésta, no por la disponibilidad de información acerca de invenciones y descubrimientos, que es algo relativamente fácil de obtener, sino por su voluntad y capacidad de convertir ideas novedosas en innovaciones concretas que lleva a cabo. El empresario de Schumpeter es el actor del proceso de Destrucción Creativa.

De acuerdo con Schumpeter,

“La apertura de nuevos mercados, extranjeros o domésticos, y el desarrollo de organizaciones, desde fábricas artesanales a consorcios como la U. S. Steel, ilustran el mismo proceso de mutación industrial –si se me permite usar un término biológico- que incesantemente revoluciona desde adentro a la estructura económica, incesantemente destruyendo la vieja e incesantemente creando una nueva. Este proceso de Destrucción Creativa es el hecho esencial del capitalismo.” (Joseph A. Schumpeter, Capitalism, Socialism and Democracy, New York: Harper, 1942, p. 83.)

En su objetivo de lograr explicar cómo es que se produce el desarrollo económico, Schumpeter enfatiza que surge del cambio que se da a partir de una situación de equilibrio, cambio que surge desde adentro de la economía, iniciado por el empresario que innova mediante nuevas combinaciones de recursos. La innovación se puede dar mediante la introducción de nuevos bienes o de una nueva calidad de los ya existentes o bien mediante la incorporación de nuevas tecnologías de producción, la apertura de nuevos mercados, la conquista de una nueva fuente de recursos o la creación de una nueva organización, con nuevos métodos administrativos o de distribución. Al así hacerlo, destruye la situación inicial de equilibrio, pero luego se llega a una nueva situación de equilibrio, que también estará sujeta a las mismas o similares fuentes de cambio antes citadas.

En el empresario Schumpeteriano se destaca la virtud del liderazgo, que permite que se salga de la rutina de la economía y que dé lugar a una nueva combinación de factores que sustituya la previa. Esto es, no sólo crea la disrupción en los mercados, sino que es también el que logra hacer las cosas nuevas. Se trata de unos individuos especiales, con la intuición necesaria para detectar las posibilidades de innovar, pero también que disponga de la capacidad de hacer que las nuevas combinaciones de recursos funcionen mejor, que las anteriores desplazadas.
 
Estas características son bien descritas por Ebner, quien resalta al empresario Schumpeteriano como el agente del cambio económico, que impulsa el progreso, el crecimiento y el desarrollo económico. Según Ebner,
 
“Schumpeter trata la innovación como la fuerza interna del cambio evolucionario discontinuo, llevado a cabo por medio del liderazgo empresarial. En efecto, el empresario Schumpeteriano deberá reflejar el impacto del liderazgo basado en la acción recíproca de la imaginación y la creación, identificada como la fuente endógena más relevante de todo cambio socio-cultural, en general, y del desarrollo económico, en particular (Joseph Schumpeter, Theorie der wirtschaftlichen Entwicklung, Berlin: Dunckerund Humblot, 1912, p. 124n). El papel del liderazgo empresarial se deriva de la disrupción innovadora de las rutinas del flujo circular, cuando la novedad es impuesta sobre la mayoría de los agentes económicos (Ibídem, p. 185n). Efecto del liderazgo empresarial surge una agrupación de innovaciones, pues las pioneras amplían las oportunidades para que haya nuevas empresas (Joseph Schumpeter, Business Cycles: A Theoretical, Historical and Statistical Analysis of the Capitalist Process, 2 vols., New York: McGraw-Hill, 1939, p. 100n).” (Alexander Ebner, Hayek on entrepreneurship: competition, market process and cultural evolution, en Jürgen G. Bachaus, editor, Entrepreneurship, Money and Coordination, Northampton, Mass.: Edward Elgar, 2005, p. 134). (Los paréntesis en el texto son del autor del artículo).

Ciertamente la nueva combinación es solo temporalmente exitosa, pues el proceso de destrucción creativa es un fenómeno constante. Una vez que el empresario creador logra una combinación exitosa, innovadora, muy posiblemente será imitado por otros, con lo cual los mercados convergerán a un nuevo equilibrio… hasta que surja, como es inminente, otra innovación destructora y, a la vez, creadora de una nueva y mejor combinación.

Pero en el proceso de destrucción creativa, debido a que, una vez que el empresario en busca de utilidades ha innovado, pronto será seguido en ello por imitadores,
 
“No podemos determinar, a priori, si es que la imitación empresarial inicialmente empuja los mercados aún más lejos del equilibrio o si la imitación brinda un proceso inmediato de regreso al estado de equilibrio general…Sugiere Schumpeter que, una vez que el equilibrio es conmocionado, puede bien representar un período de inestabilidad antes de que el nuevo equilibrio, en sí potencialmente inestable, regrese a un estado de equilibrio general… Schumpeter nunca se preocupó por mostrar cómo se revierte a sí mismo el proceso…” (David Prichytko, Was Schumpeter an Austrian?, puesto en el sitio Coordination Problem el 30 de marzo del 2009.)

Jorge Corrales Quesada

martes, 19 de junio de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el papel del empresario en el análisis económico: el aporte de Hayek

De acuerdo con el economista austriaco Peter Klein, Friedrich Hayek no formuló una teoría acerca del empresariado, sino que su contribución sobre el tema recae en su concepción de la competencia como un proceso de descubrimiento (Peter Klein, Hayek and Entrepreneurship, en Organizations and Markets).
 
Alexander Ebner expresa que
 
“A pesar de su carácter algo implícito en la formulación de teorías de Hayek, la empresariedad provee a la teoría de Hayek acerca de la evolución cultural con argumentos esenciales acerca de la acción recíproca de los individuos, grupos e instituciones en el proceso evolucionario del desarrollo económico. La línea de razonamiento subyacente se extiende desde el comportamiento empresarial en competencia hasta la dispersión del conocimiento en el proceso de mercado, conformando a la teoría de la evolución cultural como un enfoque comprensivo del cambio institucional en el desarrollo económico.” (Alexander Ebner, Hayek on entrepreneurship: competition, market process and cultural evolution, en Jürgen G. Bachaus, editor, Entrepreneurship, Money and Coordination, Northampton, Mass.: Edward Elgar, 2005, p. 131).

Con base en una idea similar a la división del trabajo de Adam Smith, Hayek destaca la importancia de la división del conocimiento en un orden económico, que por su naturaleza fragmentada da lugar al problema de la coordinación de los planes individuales. En órdenes altamente complejos, como es el caso de las economías, el conocimiento que pueden poseer los individuos es limitado y depende de innumerables circunstancias, pero en especial depende del conocimiento de otros individuos en la sociedad, con quienes se interactúa constantemente. En palabras de Hayek,
 
“…qué tanto conocimiento y qué tipo de conocimiento deben poseer los diferentes individuos para que podamos hablar de equilibrio. Es claro que, para que el concepto tenga algún significado, no se puede presuponer que todo mundo conozca la totalidad. Yo ya he tenido que utilizar un término no definido ‘conocimiento relevante’: esto es, el conocimiento que es relevante para una persona en particular. Pero, ¿qué es este conocimiento relevante? Difícilmente puede significar simplemente el conocimiento que realmente influenció en sus acciones, debido a que sus decisiones pueden haber sido diferentes tan sólo si, pro ejemplo, el conocimiento que él posee hubiera sido el correcto, en vez del incorrecto, pero también si él hubiera poseído el conocimiento de la totalidad de campos diferentes. 

Claramente, existe un problema de la división del conocimiento que es bastante análogo, o al menos tan importante, al problema de la división del trabajo. Pero, en tanto el último ha sido uno de los sujetos principales de investigación desde el principio de nuestra ciencia, el primero ha sido completamente ignorado, aunque me parece que es realmente el problema central de la economía, como ciencia social. El problema que pretendemos resolver es cómo la interacción espontánea de un número de personas, en donde cada una de ellas posee tan sólo porciones pequeñas de conocimiento, logra un estado de cosas en el cual los precios corresponden a los costos, etcétera, y que podría ser realizado tan sólo por alguien que poseyera el conocimiento combinado de todos esos individuos. La experiencia nos muestra que algo como esto sucede, pues la observación empírica de que los precios tienden a corresponder con los costos fue el inicio de nuestra ciencia. Pero en nuestro análisis, en vez de mostrar cuáles porciones pequeñas de información deben poseer diferentes personas para lograr ese resultado, en efecto caemos de nuevo en el supuesto de que todo mundo sabe todo y con ello evadimos cualquier solución real del problema. (Friedrich A. Hayek, Economics and Knowledge, en Economica, IV (nueva serie), 1937, p. 50).

Para Hayek es crucial entender el concepto de equilibrio en un sistema competitivo.  No hay grandes dificultades en explicar el equilibrio de una persona aislada, que actúa en un cierto tiempo y de acuerdo con un plan preconcebido, pero la situación es muy diferente cuando los planes individuales son determinados de forma simultánea, pero independiente, con los de otras personas. Como expone Hayek,

“…puesto que algo de los datos sobre los cuales cualquier persona basará sus planes, será la expectativa de que otra gente actuará de una manera en particular,  es esencial, para compatibilidad de los diferentes planes, que los de uno contengan exactamente aquellas acciones que forman parte de los datos para los planes de la otra.” (Friedrich A. Hayek, Economics and Knowledge, en Op. Cit., p. 38).

Es en la búsqueda, experimentación y descubrimiento del conocimiento para la formulación y reformulación de planes individuales, en donde el empresariado juega un papel importante en el análisis de Hayek –si bien no desarrollado explícitamente por él. El empresario de Hayek se convierte en un agente del cambio, brindando la retroalimentación necesaria en las interacciones del proceso de mercado, caracterizado por un constante y persistente cambio en la información que en él existe, pero también logra la adquisición de nuevo conocimiento; esto es, innovando, a fin de ajustar los planes individuales a las nuevas circunstancias. El empresario contribuye a resolver el problema de la coordinación descentralizada de los agentes económicos, requerida en el proceso de mercado.

Este proceso de descubrimiento del conocimiento difuso y fragmentado –la competencia- requiere el logro de un balance entre lo que Hayek denomina el conocimiento teórico o científico, que es aquel cuyas reglas generales pueden ser conocidas por un grupo especialmente preparado y lo que denomina como conocimiento no organizado, a menudo tácito y subconsciente,  que es el conocimiento de las circunstancias particulares de lugar y de tiempo. En este conocimiento subjetivo que más le interesa a Hayek en el desarrollo de sus conceptos acerca del conocimiento en sociedad,

“prácticamente cada individuo tiene alguna ventaja sobre todos los demás, porque él posee información única la cual puede ser empleada en usos beneficiosos, pero cuya utilización puede sólo serla si las decisiones que dependen de él son dejadas a que él las tome o que sean hechas con su cooperación activa.” (Friedrich A. Hayek, The Use of Knowledge in Society, en Friedrich A. Hayek, Individualism and Economic Order, Chicago, The University of Chicago Press, 1958, p. 80).

Para Hayek el sistema de precios es el mecanismo más eficiente en la transmisión de información en sistemas económicos complejos, caracterizado por la dispersión del conocimiento subjetivo idiosincrático de los actores económicos. Los precios constituyen señales que brindan a los participantes la información relevante para su toma de decisiones. Los precios no son sólo fragmentos de información objetiva, sino esencialmente subjetiva para el individuo. Además, en el mercado, el conjunto de precios incorpora la información que permite la coordinación de los planes individuales. De acuerdo con Sanford Ikeda,

“Hayek se enfocó más directamente sobre la extensa división del conocimiento que el sistema de precios hace posible, lo cual le condujo a enfatizar la capacidad del sistema de precios para guiar al conocimiento local disperso (es decir, el conocimiento contextual de tiempo y lugar) y de coordinar los diversos planes.” (Sanford Ikeda, Dynamics of the Mixed Economy: Toward a theory of interventionism, New York: Routledge, 1997, p. 93.)

La función empresarial en Hayek refleja esa relación que existe entre la competencia, entendida ésta como un proceso de descubrimiento, y el conocimiento, tanto el conocimiento científico de tipo universal, como el subjetivo que el individuo conoce en función del tiempo y del lugar. Debido a que el conocimiento es complejo y disperso, la competencia, que opera por medio de los planes individuales descentralizados, se convierte en un instrumento útil para lograr un orden económico, a través del descubrimiento de nuevo conocimiento, que es, a la vez, incorporado en los nuevos planes individuales. Esto es, todo conocimiento es adaptación del individuo a nuevas circunstancias y toda adaptación es conocimiento.

De aquí que para Hayek la persistencia del cambio, su naturaleza evolutiva, es crucial en el proceso de mercado:

“… los problemas económicos surgen siempre y sólo como consecuencia del cambio. En tanto que las cosas continúan como antes, o por lo menos como se esperó que fueran, no surgen nuevos problemas que requieran de una decisión; no hay necesidad de formar un nuevo plan.” (Friedrich A. Hayek, The Use of Knowledge in Society, en American Economic Review, XXXV, No. 4, setiembre de 1945 y reimpreso en Chiaki Nishiyama y Kurt R. Leube, editores, The Essence of Hayek, Stanford, Ca.: Hoover Institution Press, 1984, p. 215).

Los precios son el mecanismo que permite transmitir la información que requiere ese cambio y lo hacen de la forma más económica, porque es sorprendente lo poco que los participantes en el mercado necesitan saber, para poder tomar la acción apropiada necesaria. Los precios son un símbolo que permite que tan sólo la información más importante sea trasladada, tan sólo a quienes les interesa. Al sistema de precios, Hayek lo llama más que metafóricamente “un tipo de maquinaria para registrar el cambio.” (Ibídem, p. 219).

En función de los precios relativos, los empresarios son guiados hacia la búsqueda de ganancias, a estar continuamente buscando nuevas formas de satisfacer a los consumidores, además de que deben estar atentos para ir generando innovaciones que le permitan estar adelante de competidores, quienes buscan imitarlo. Sin proponérselo, con sus acciones el empresario así logra formar parte de un orden que va más allá de sus propios intereses específicos: el descubrimiento y la innovación se convierten en factores de desarrollo económico.

La adquisición de conocimiento subjetivo que ante un cambio efectúa el individuo, se traslada luego hacia la adquisición de conocimiento de tradiciones y rutinas; esto es, el conocimiento requerido va más allá del conocimiento subjetivo local, que refleja las particularidades de lugar y tiempo, así como del conocimiento no codificado (oral, por ejemplo), que hacen que, por la naturaleza subjetiva de ese conocimiento, las actividades empresariales sean impredecibles. Esto requiere una adquisición continua de conocimiento, a fin de permitir la adaptación del plan individual al resto de planes individuales. “En general no es la racionalidad la que se requiere para que funcione la competencia, sino la competencia, o las tradiciones que permiten la competencia, las que producirán un comportamiento racional”, nos señala Hayek (Friedrich A. Hayek, Law, Legislation and Liberty, Vol. 3: The Political Order of a Free People, Chicago: The University of Chicago Press, 1979, p. 76). En el orden de mercado el aprendizaje continuo es necesario y es la competencia la que impulsa la difusión de la racionalidad dentro de todo el orden económico.

Hayek concluye en que es mejor referirse a una tendencia hacia el equilibrio, en vez del equilibrio, como resultado del proceso de mercado:

“El concepto de orden, que yo prefiero al de equilibrio … tiene la ventaja de permitirnos hablar significativamente acerca del hecho de que el orden puede ser logrado en mayor o menor grado, y de que el orden puede también ser preservado cuando varían las cosas. Si bien un equilibrio en realidad nunca existe, uno, no obstante, puede justificadamente alegar que el tipo de orden, que en la teoría del ‘equilibrio’ representa una especie de tipo ideal, es logrado en un alto grado.” (Friedrich A. Hayek, Competition as a Discovery Procedure, en The Quarterly Journal of Austrian Economics, Vol. 5, No. 3, otoño del 2002, p. 15).

Hayek así reitera la apreciación austriaca sostenida desde Menger y Mises, de que el orden de mercado es inherentemente estable y que, ante cualquier cambio que trastorne ese equilibrio, mediante la acción empresarial se logra un nuevo equilibrio. Siguiendo a su profesor Mises, Kirzner, a diferencia de Hayek, sostiene que ese equilibrio siempre se logra, al ser la información plenamente asimilada por los agentes en el mercado. Es el empresario quien es el que transforma una situación de ignorancia al darse el cambio inicial, a un conocimiento perfecto en que el equilibro se restaura. Hayek, por el contrario, en ese mundo de constante cambio, se refiere al procedimiento de descubrimiento del conocimiento, el cual, si bien es de convergencia, no necesariamente da lugar a una situación de equilibrio. La ocurrencia permanente del cambio impide la certeza de que se logrará el equilibrio en el largo plazo.

Eso último es enfatizado por Sandye-Gloria Palermo, al indicar que, en el caso de la convergencia hacia el equilibrio, la teoría austriaca del proceso de mercado no brinda una solución al problema que enfrentaron los neoclásicos, de poder describir como el mercado y su sistema de precios conducían al equilibrio general. Para Hayek es suficiente con que el agente económico tenga conocimiento de las circunstancias particulares de lugar y tiempo, para que se logre automáticamente el equilibrio generalizado del sistema, Ello porque el individuo toma en cuenta tan solo la información que tiene disponible y el sistema de precios le brinda la información necesaria acerca del comportamiento de los demás. Pero en caso de que los agentes tengan tan sólo conocimiento específico pero no sistémico, la convergencia no está garantizada. Para Hayek, dicha convergencia es un asunto eminentemente empírico, al señalar que

“(Un estado de equilibrio) difícilmente significa otra cosa que, bajo cierta circunstancias, el conocimiento y la intenciones de los diferentes miembros de la sociedad lleguen a estar cada vez más en acuerdo o, para poner la misma cosa en términos menos generales y menos exactos, pero más concretos, que las expectativas de la gente y particularmente de los empresarios serán cada vez más correctas.  De esta forma, la aseveración de la existencia de una tendencia hacia el equilibrio es claramente una proposición empírica; esto es, una aseveración acerca de lo que sucede en el mundo real que debería, al menos en principio, ser capaz de verificación.” (Friedrich A. Hayek, Economics and Knowledge, en Op. Cit., p. 45).

No deseo terminar esta sección sin destacar el papel que para Hayek tiene el empresario como factor de desarrollo, al actuar como descubridor del conocimiento en el proceso competitivo.

“Con todo, no puede caber duda alguna de que el descubrimiento de un mejor uso de las cosas o de la propia capacidad de uno es la más grande contribución que un individuo puede hacer, dentro de la sociedad, al bienestar de sus semejantes, y que facilitando el máximo de oportunidades para ello es como una sociedad libre llegará a prosperar más que otras. El uso afortunado de tal capacidad de empresa –y al descubrir el mejor uso de nuestra habilidad todos somos emprendedores- constituye la actividad más altamente recompensada en una sociedad libre.” (Friedrich A. Hayek, Los Fundamentos de la Libertad. 2a. edición, Madrid: Unión Editorial, 1975, p. 96.)

Jorge Corrales Quesada

martes, 12 de junio de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el papel del empresario en el análisis económico: el aporte de Lachman

Lachmann, al introducir el subjetivismo más allá de las preferencias, como hasta el momento sucedía en la escuela austriaca, y aplicarlo al caso de las expectativas, sacudió fuertemente no sólo la descripción dinámica del proceso de mercado, sino también, en lo que más nos interesa, en cuanto al papel que desempeña el empresario.
 
El punto esencial de Lachmann es que
 
“El proceso de mercado es la manifestación externa de un flujo interminable de conocimiento. Este discernimiento es fundamental para la economía Austriaca. El patrón de conocimiento en la sociedad está cambiando continuamente, un proceso que es difícil de describir. El conocimiento desafía todos los intentos de tratarlo como un ‘dato’ o como un objeto en tiempo y espacio. (Ludwig Lachmann, On the Central Concept of Austrian Economics: Market Process, en Edwin G. Dolan, The Foundations of Modern Austrian Economics, Kansas City: Sheed and Ward, 1976, p. 78).

Dado que el conocimiento es intratable, es imposible que el individuo pueda tener conocimiento del futuro en la actualidad, por lo cual se ve obligado a formular sus planes con base en expectativas acerca de comportamientos o datos. Dichas expectativas de los diferentes actores en una economía, quienes mantienen diversos marcos de referencia en cuanto al tiempo, son la base para considerar que serán expectativas múltiples y posiblemente divergentes. Es decir, la naturaleza subjetiva del diagnóstico que de la situación actual puede hacer un individuo, conduce a que se puedan tener diferentes rangos de expectativas. Éstas tenderán a ser divergentes, pues la observación que un individuo puede tener de un precio actual, da lugar a diferentes reacciones en otros agentes. Y si ante esta reacción de otros, el precio que observa nuestro individuo está fuera del rango esperado de precios, dándose cuenta del error, tenderá a redefinir sus expectativas. El mérito de Lachmann está en el desarrollo explícito que hace de la subjetividad en las expectativas

La posible diversidad de expectativas constituye una crítica a la posición austriaca de Mises y Kirzner (y de Hayek, como se verá luego) que hemos expuesto, de una tendencia indudable a la convergencia: esto es, al equilibrio del orden de mercado. El criterio de Lachmann expuesto no es contrario al marco analítico austriaco, sino que constituye una extensión natural del paradigma basado en la subjetividad, el cual es ahora ampliado a las expectativas.
 
De acuerdo con Kirzner y Hayek, los planes son formulados con base en las consideraciones subjetivas (el conocimiento) de los individuos, en tanto que para Lachmann no sólo forma parte lo antes descrito (el conocimiento), sino también las expectativas. El conocimiento surge de la interpretación subjetiva que el individuo hace de la experiencia pasada y las expectativas surgen de las interpretaciones subjetivas que hace el individuo de posible acciones futuras (claramente introduciendo el factor incertidumbre), lo cual involucra un acto de imaginación del futuro.
 
Precisamente porque Lachmann enfatiza la naturaleza subjetiva de las expectativas, la consecuencia de los nuevos planes formulados con base en ellas y el conocimiento del cual se dispone, es que los planes de los individuos tenderán a divergir.
 
Esta divergencia es para Lachmann la fuerza del cambio. Así, señala que
 
“El proceso de mercado consiste de una secuencia de interacciones individuales, denotando cada una de ellas el encuentro (y algunas veces la colisión) de un número de planes, los cuales, si bien son coherentes individualmente y reflejando el equilibrio individual, son incoherentes vistos en conjunto.  De otro modo, el proceso no funcionaría.” (Ludwig Lachmann, From Mises to Shackle: An Essay on Austrian Economics and the Kaleidic Society, en Journal of Economic Literature, 14, 1976, p. 131).

El proceso de mercado no conduce a una convergencia hacia el equilibrio, lo cual, de nuevo, hace necesaria una revisión de los planes individuales. Pero dado que el conocimiento es un flujo interminable, esa revisión es constante y, dada la subjetividad de las expectativas, hay una elevada posibilidad de que las expectativas individuales sean divergentes y no convergentes.

No hay duda de que esta visión tan austriaca en cuanto a la utilización del subjetivismo aplicado a la formulación de expectativas individuales, da lugar a una serie de inquietudes, pues, como señalan Boettke y Sullivan,
 
“En la prosecución de esta línea de investigación de un subjetivismo radical, él ofreció discernimientos profundos e importantes acerca de la naturaleza dinámica de los procesos de mercado, del papel de las instituciones como guías para las acciones, de las dificultades que hay al interpretar señales, del papel del tiempo en la percepción humana y del ligamen que hay en la vida económica  entre la dispersión del conocimiento, la dispersión de las expectativas y de la dispersión de las interpretaciones. Estos discernimientos sacudieron los fundamentos de cualquier interpretación determinista de los procesos de mercado, incluyendo la teoría austriaca del descubrimiento empresarial. Si los discernimientos de Lachmann son válidos, entonces el mundo es verdaderamente múltiple o cambiante (caleidoscópico –kaleidic- en palabras de Lachmann). (Peter J. Boettke y Steven T. Sullivan, Lachmann’s Policy Activism: An Austrian Critique of Keynesian Proclivities, en Roger Koppl y Gary Mongiovi, editores, Subjectivism and Economic Analysis: Essays in Memory of Ludwig M. Lachmann, New York: Routledge, 1998, p. 179. El paréntesis en el texto es mío).

Es cierto que los resultados del análisis de Lachmann pueden haber tenido inferencias embarazosas para quienes se han caracterizado por ser anti-intervencionistas del estado en la economía. Expresan Boettke y Sullivan que

“A la hora del análisis final, la visión de la economía de Lachmann como un sistema que no necesariamente posee una tendencia hacia el equilibrio y, en particular, su visión de la operación del sistema de mercado, le condujo a proponer una política activista en tiempos de miseria económica generalizada. Esto es algo curioso en el campo austriaco.” (Peter J. Boettke y Steven T. Sullivan, Lachmann’s Policy Activism: An Austrian Critique of Keynesian Proclivities, en Roger Koppl y Gary Mongiovi, editores, Op. Cit., New York: Routledge, 1998, p. 165).

A esto se puede agregar el hecho de la recepción positiva que se le dio a Lachmann en recintos social-demócratas, caracterizados por impulsar políticas activistas en casos de un presunto fracaso generalizado del mercado.  Por ejemplo, en el sitio Social Democracy for the 21st Century: A Post Keynesian Perspective, en el encabezado de la edición del 8 de febrero del 2012 se lee que: “Lachmann Endosó el Estímulo Keynesiano en una Depresión”.

Si bien Lachmann tan solo señala que se trata de una posibilidad que no haya tal convergencia al equilibrio, lo cierto es que, en diversos escritos, enfatizó un papel activo para el estado en el campo económico. Ante esto me parece que un cuestionamiento importante y que va más allá de declarar que su posición es nihilista, es el que formulan Boettke y Sullivan, de que Lachmann no lleva su enfoque subjetivista extremo hasta las profundidades necesarias, lo cual tiene implicaciones para el activismo estatal. De acuerdo con ellos,

“Si el mundo es verdaderamente caleidoscópico (múltiple y cambiante), entonces, quien formula la política debe enfrentar el mismo conjunto confuso de señales, al igual que como lo hace el participante en el mercado (con la misma diversidad de interpretación de las señales). Si los actores en el mercado privado no encaran los incentivos y carecen de la habilidad para adquirir la información, que coordine su comportamiento con el de otros en el mercado, debido a las condiciones constantemente cambiantes y a la diversidad de las interpretaciones de las señales que estos cambios producen, entonces ¿por qué deberíamos esperar que quienes formulan las políticas son capaces de coordinar los asuntos económicos de una manera exitosa? (Peter J. Boettke y Steven T. Sullivan, Lachmann’s Policy Activism: An Austrian Critique of Keynesian Proclivities, en Roger Koppl y Gary Mongiovi, editores, Op. Cit., p. 179. El primer paréntesis es mío).

En una línea similar, Roger Harrison expresa la opinión de que Lachmann

“…se abstuvo de apartar de su imaginación el problema de la coordinación inter-temporal y de aseverar la perversidad inherente del proceso de mercado. Simplemente dejó con nosotros la pregunta abierta, de si podemos contar o no con las fuerzas equilibradoras que coordinen inter-temporalmente… el capítulo de su Capital and Structure se lee como si fuera un programa para el activismo político. ¿Vamos a creer que el futuro es un poco menos no conocible para los formuladores de política Keynesianos que para otros participantes en el mercado? (Roger W. Garrison, Time and Money: The Macroeconomics of Capital Structure, New York: Routledge, 2001, p. 254.)

Es importante indicar que la naturaleza caleidoscópica del mercado mencionada por Lachmann, no implica que se está frente a una anarquía o un desorden generalizado, sino que, como señalan Boettke y Sullivan,
 
“El caleidoscopio, a pesar de su indeterminación, posee un cierto patrón o estructura interna para su propia operación. El mercado, desde la perspectiva Lachmanniana, se puede decir que posee el mismo tipo de patrón ordenado –que no es el de un reloj ni uno completamente al azar… Los intentos para salirse del sistema y controlarlo no es que dirijan tanto su operación como distorsionan el patrón ordenado que caracteriza a la economía de mercado, dentro de un sistema bien establecido de reglas de propiedad.” (Peter J. Boettke y Steven T. Sullivan, Lachmann’s Policy Activism: An Austrian Critique of Keynesian Proclivities, en Roger Koppl y Gary Mongiovi, editores, Op. Cit., p. 179).

La propuesta Lachmanniana difiere de la visión por la cual el sistema de mercado funciona tal como lo hace un reloj; esto es, como si fuera un conjunto de ecuaciones Walrasianas que se resuelve simultáneamente, ni tampoco concuerda con aquella de Keynes, quien consideró al mercado como inherentemente inestable; es decir, que funciona totalmente al azar. Más bien, se trata de la conformación de un orden o patrón característico de la operación del mercado. Una metáfora que explica este patrón es la expuesta por Garrison, quien describe cómo es el orden de un mercado, en el cual actúa el empresario, de acuerdo con la concepción de Lachmann. Este no es, no funciona, como un reloj, ni tampoco se puede describir como un desorden:

“El intrincado patrón de vidrio coloreado de un caleidoscopio, representa el patrón de precios determinado por los compradores y vendedores en los mercados de bienes y por quienes creen que el mercado de activos va en alza y quienes creen que va a la baja. El patrón tiene orden y belleza, pero no longevidad; ningún patrón obtenido puede durar por mucho tiempo. El paso del tiempo está necesariamente marcado por el descubrimiento de nueva información, a través de expectativas satisfechas o insatisfechas de los inversionistas. Esta es la naturaleza, según Lachmann, del proceso de mercado. Tales descubrimientos pueden hacer que, quienes creían que el mercado iba al alza, crean que ahora va a la baja y lo contrario. La baraja resultante de los activos de capital agita al caleidoscopio. Emerge un nuevo patrón de precios, pero sus características particulares no pueden haber sido predichas únicamente a partir del patrón previo o a partir de la suma total de conocimiento subyacente.

El descubrimiento inevitable de nueva información, al irse revelando el mercado, no tiene análogo en la mecánica Newtoniana. Las posiciones futuras de un péndulo pueden ser calculadas a partir de su posición actual, su masa y de las fuerzas que actúan sobre él. La posición a la cual finalmente el péndulo llega a descansar no es el resultado de un proceso –tal como Lachmann usa el término. Esto es, la posición final de equilibrio es independiente de la magnitud y de la dirección de los movimientos particulares que impulsaron al péndulo a esa posición.” (Roger W. Garrison, The Kaleidic World of Ludwig Lachmann. Review Article: The Market as an Economic Process by Ludwig Lachmann, en Critical Review, Vol. 1, No. 3, verano de 1987, p. 78. La letra cursiva es del autor).

El gran aporte de Lachmann consistió en la incorporación del subjetivismo a las expectativas.  Estas últimas, según Mises, así como Hayek, eran instrumentos para predecir. En cambio, para Lachmann, debido a la naturaleza caleidoscópica de la sociedad, caracterizada por cambios inesperados que alteran los patrones previos que servían de fundamento para la acción individual, las expectativas son resultantes de las interpretaciones subjetivas que los individuos hacen de posibles situaciones futuras. Es aquí donde Lachmann hace su muy conocida afirmación de que “El futuro no es conocible, pero no inimaginable” (Ludwig M. Lachmann, From Mises to Shackle, en Journal of Economic Literature, Vol. 14, No. 1, marzo de 1976, p. 59.)  El empresario Lachmanniano, a diferencia de aquel de Kirzner y de Hayek, desempeña el acto de imaginar cómo será ese futuro, el cual incorpora en sus expectativas que, por el proceso de difusión ampliada del conocimiento que surge, a su vez son incorporadas en las expectativas de otros agentes. Pero este proceso es continuo y caracterizado por el cambio inesperado, con lo cual, en la sociedad caleidoscópica, conduce a incompatibilidades en los planes individuales. Esta posibilidad de inconsistencia, como dice Sandye-Gloria Palermo, “desafía la visión tradicional de una tendencia hacia el equilibrio. El mercado es ahora un proceso indeterminado, gobernado por la interacción de las fuerzas del equilibrio y del desequilibrio.”[Op. Cit., p. 126]. La competencia se encarga de difundir, por una parte, el conocimiento relevante, que constituye una fuerza que impulsa hacia el equilibrio del sistema, pero, a la vez, dado que el futuro es imaginado por cada individuo, quien en diferentes momentos conjetura distintas situaciones, hace que revise sus planes en función de su capacidad para imaginar. Como esta capacidad no conoce límites, da lugar a posibles divergencias en las expectativas de los diferentes participantes. Esta es la fuerza desequilibrante que impide la garantía de un equilibrio generalizado.

Jorge Corrales Quesada
 

martes, 5 de junio de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el papel del empresario en el análisis económico: el aporte de Kirzner

Para Kirzner,

“…el elemento crucial de la función empresarial está en la habilidad de ver oportunidades no explotadas, cuya existencia previa significó que el equilibrio inicial del flujo circular era ilusorio –eso, lejos de ser un estado de equilibrio, representaba una situación de desequilibrio inevitablemente destinada a ser alterada… El empresario es la fuerza equilibradora cuya actividad responde a las tensiones existentes y efectúa aquellas correcciones por las que esas oportunidades no explotadas habían estado clamando.” (Israel M. Kirzner, Competition and Entrepreneurship, Chicago: The University of Chicago Press, 1973, p. 127.)

El aporte distintivo de Kirzner a la teoría de la empresariedad radica en la explicación de por qué ésta debe ser vista como un estado de alerta, en donde el empresario descubre oportunidades para apropiarse de ganancias. Su concepción fue influida por su condición de haber sido alumno de Mises, de quien ya hemos destacado la importancia de ese atributo o condición de estar alerta, como explicación de la acción del empresario en un proceso de mercado. En criterio de Boettke y Sautet,

“La brillantez de Kirzner radica en la forma en que él abrió el marco cerrado de la microeconomía tradicional al introducir el elemento empresarial. Desde el punto de vista de Walras, los precios son parámetros que ningún agente puede influenciar… los agentes son pasivos, en el sentido de que no originan cambios; simplemente responden como robots a la situación del mercado y a los incentivos ofrecidos por los precios paramétricos… eso no podía explicar cómo se determinan los precios. Tal como lo vislumbró Kirzner, el problema del empresariado como una categoría analítica, surge del discernimiento de que no podemos explicar la existencia de una simple novedad (y de la utilidad pura) en relación con los factores productivos que ya están en uso.” (Peter Boettke and Frederic Sautet, The Genius of Mises and the Brilliance of Kirzner, en Annual Proceedings of the Wealth and Well-Being of Nations, Vol. 3, 2001, p. 39).

En su análisis, Kirzner parte de una situación inicial de equilibrio, en la cual el individuo está alerta ante posibilidades de obtener una ganancia, si bien dicha posición inicial se caracteriza porque todas las oportunidades de ganancias han sido apropiadas. El papel del empresario es el de descubrir las preferencias de los consumidores, en un marco de ignorancia parcial. Este es su ámbito de acción: descubrir errores. Se puede hablar en términos de un empresario-descubridor. Este descubrimiento de la información es algo inesperado y no planeado. El agente central del proceso, el empresario, como parte de la acción humana de todos los individuos en un marco de incertidumbre, impulsa el proceso de mercado, dado su liderazgo, estado de alerta, iniciativa y empuje. A partir de una situación de desequilibrio, en que los precios no reflejan las preferencias verdaderas de los agentes, la posibilidad de obtener ganancias le incentiva a descubrir los gustos verdaderos y las preferencias de los consumidores, en un proceso por el cual se extiende toda esa información al mercado.

El proceso empresarial Kizneriano consta de dos partes. En una primera instancia, el empresario alerta descubre errores y actúa para corregirlos, dándole a los consumidores soberanos un producto que cumpla con sus expectativas. Es decir, en un cierto momento, usa el conocimiento disperso que puede existir en una economía y, al notar el error, actúa para corregirlo, lo cual significa que, con sus acciones, restaura el equilibrio. Este es un caso simple de un solo período, de un momento dado.
Pero su conocimiento es parcial y no perfecto. En una segunda instancia, como el empresario vive en un mundo de ignorancia, se requiere que tome en cuenta el factor incertidumbre. El estado de alerta que debe observar el empresario debe tomar también en cuenta sus expectativas acerca de la realidad del mundo futuro. Es decir, extiende su modelo de un solo período a un caso de períodos múltiples, lo que le permite incorporar el concepto de incertidumbre. Para tener éxito, para tener ganancias, ahora deberá tener presente no sólo el arbitraje de precios del momento, sino también visón, audacia y creatividad al actuar, lo cual significa que, de alguna manera, tendrá que tomar en cuenta el arbitraje futuro.
Dada esta ignorancia, el empresario, obligado a escoger, actúa con la expectativa de que su impresión subjetiva se aproxime a la realidad que va mostrándose gradualmente ante sus ojos. Con el fin de tratar con el problema de la incertidumbre, el empresario debe estar alerta, que no es sino la propensión del hombre de formular una imagen del futuro. Así, él actúa creyendo que esa imagen que formula, es la realidad del futuro. La especulación del empresario acerca de qué tan correctas son sus apreciaciones sobre el futuro, forma parte de su estado de alerta.
El papel que desempeñan las ganancias en la conducta del empresario es generar la situación de alerta que le permite detectar oportunidades; esto es, hace posible que se dé el proceso de descubrimiento. El empresario se da cuenta de que tiene ante sí una posibilidad real de ganancias y frente a ello es que actúa; es decir, las ganancias que motivan la acción del empresario son ganancias ex ante. Podrá equivocarse, pero él mismo u otro empresario se dará cuenta (estará alerta) de otras ganancias posibles, que motivarán que actúe. Así la acción humana tiene un propósito, cual es estar alerta ante dicha posibilidades.
A largo plazo, este proceso de aprendizaje, de descubrimiento a que va siendo expuesto gradualmente en el proceso de mercado, significa que aquel empresario, quien usa el conocimiento disperso, produce un conocimiento que va más allá de su conocimiento individual y que es trasladado al mercado como un todo, expresado mediante los precios  Tal como señala Sandye Gloria-Palermo,
“La alerta de los empresarios Kiznerianos permite a todos los participantes en el mercado, descubrir los datos que realmente conforman la economía en general. La empresariedad conduce al equilibrio, pues permite el descubrimiento y la diseminación de la información necesaria para construir planes coordinados y, de esta manera, brinda un remedio para el estado de ignorancia en el cual los individuos toman sus decisiones.” (Sandye Gloria-Palermo, The Evolution of Austrian Economics: From Menger to Lachmann, New York: Routledge, 1999, p. 113.)

El empresario Kizneriano es un descubridor en un mundo de ignorancia en donde, en una primera instancia, es la información imperfecta la que impide el equilibrio instantáneo. Al darse cuenta de las posibilidades de ganancias, al descubrirlas y tratar de resolver los desequilibrios, requiere de nuevo conocimiento, lo cual exige que deba escoger. Por ello, la función empresarial en esencia tiene que ver con el cambio en el conocimiento, su descubrimiento, su diseminación y su reacción ante el cambio en la información de que se dispone. Kirzner hace uso aquí de la concepción desarrollada por Hayek acerca de la competencia como un proceso de descubrimiento (y no como un estado de cosas, como sucede en el análisis de equilibrio neoclásico), la cual vale la pena repetir aquí:

“El uso del conocimiento ampliamente disperso en una sociedad con una extensa división del trabajo, no puede descansar en individuos que conozcan todos los usos específicos, a los cuales pueden ponerse cosas bien conocidas de su ambiente individual. Los precios dirigen su atención hacia lo que vale la pena descubrir acerca de las ofertas en el mercado de diversas cosas y servicios… El conocimiento del cual yo hablo consiste más bien en una capacidad de descubrir circunstancias particulares, que llegan a ser efectivas tan sólo si quienes poseen ese conocimiento son informados por el mercado, acerca de qué cosas o servicios son requeridas y qué tan urgentemente lo son. Esto debe ser suficiente para indicar la índole del conocimiento al que me he venido refiriendo, cuando llamo a la competencia un proceso de descubrimiento.” (Friedrich A. Hayek, Competition as a Discovery Procedure, en Chiaki Nishiyama y Kurt R. Leube, editores, The Essence of Hayek, Stanford, Ca.: Hoover Institution Press, 1984, p. p. 256-257.)

Para Kirzner, el comportamiento de los empresarios conduce a un equilibrio, al permitir el descubrimiento y la diseminación de la información necesarios para la elaboración de planes coordinados de los individuos. Si bien es comprensible que el empresario pueda cometer errores, el proceso de descubrimiento del orden económico permite, a su vez, que otros empresarios más hábiles puedan detectar esas oportunidades de obtener ganancias y, en consonancia, de actuar para eliminar el error así originado. Por ello, para Kirzner el comportamiento del empresario es un factor que conduce a la coordinación de los planes individuales: esto es, al equilibrio.

El empresario de Mises constituye una fuerza equilibradora, pero para Kirzner la función va más allá: de la de ser un empresario atento a las oportunidades de ganancias, pero que, cuando actúa en tal sentido, descubre el orden implícito en el proceso de mercado, que puede ser usado por otros participantes.
Kirzner expuso que

“Para mi los cambios que inicia el empresario son siempre hacia el estado hipotético de equilibrio; esos son cambios que surgen en respuesta a patrones existentes de decisiones erradas, un patrón caracterizado por oportunidades echadas de menos. El empresario, desde mi punto de vista, da lugar a ajustes mutuos en aquellos elementos discordantes que resultaron de la previa ignorancia del mercado.” (Israel Kirzner, Competition and Entrepreneurship, Chicago: The University of Chicago Press, 1973, p. 73 y citado (aunque está en desacuerdo con lo que considera es tan sólo una opinión y no una prueba analítica) en Sandye Gloria-Palermo, Op. Cit., p. 105. La letra en cursiva es de Kirzner.)
Jorge Corrales Quesada

martes, 29 de mayo de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el papel del empresario en el análisis económico: el aporte de Mises

El aporte de Ludwig von Mises al papel del empresario en una economía
 
A fin de entender el papel del empresario en el proceso de mercado según Ludwig von Mises, debemos tener presente su concepto de acción humana. Según éste, el individuo actúa siempre con un propósito:

“La acción humana es conducta deliberada. Mejor dicho, es movilizada voluntad que se transforma en actuación; es aspirar a fines y objetivos; es consciente reacción del ego ante los estímulos y las circunstancias del ambiente; es reflexiva acomodación a aquella disposición del universo que está influyendo en la vida del sujeto.” (Ludwig von Mises, La Acción Humana: Tratado de Economía, Madrid: Editorial Sopec S. A., 1968, p. 37. La letra cursiva es del autor).

La pensadora austriaca Sandye Gloria-Palermo amplía sobre el concepto y nos permite interpretarlo mejor:

“El axioma de la acción humana comprende tres consecuencias directas: la introducción de la causalidad, el tiempo real y la incertidumbre. Para que un individuo actúe, se necesita una condición: la acción del momento debe pensarse que ocasiona una influencia positiva sobre el bienestar propio… La acción está orientada hacia la mejoría del bienestar del bienestar individual; es decir, hacia el cambio; la acción, por lo tanto, toma su lugar en el tiempo… La incertidumbre es incorporada usando el mismo método tautológico: la acción, definida como una elección real, tan sólo puede tomar lugar en un ambiente incierto en lo que se refiere al futuro; de otra forma, sería remplazada por una simple reacción.” (Sandye Gloria-Palermo, The Evolution of Austrian Economics: From Menger to Lachmann, New York: Routledge, 1999, p. 85).

Para Mises, el empresario incorpora las características de toda la acción humana distintiva que se presenta en una economía. En el marco de un proceso competitivo se convierte en el factor que introduce la eficiencia requerida, ante cambios imprevistos en la economía. Esto es, hay un papel dinámico del empresario, quien, enfrentado a la naturaleza impredecible del futuro, tiene incentivos para actuar. El empresario es el hombre que actúa ante cambios en los datos del mercado. Debe identificar los medios o factores de producción y su empleo en la satisfacción de deseos de los consumidores. Siguiendo a Menger, para Mises este proceso de valoración permite que se obtenga el conocimiento acerca de las relaciones causales entre los diferentes bienes. Asimismo, hace que deba decidir actuar para dirigir esos recursos escasos hacia los usos específicos en la producción de los bienes. Ante la posibilidad de que su acción resulte en pérdidas, asume el riesgo. Mises considera que la acción siempre implica un elemento de incertidumbre, pues es algo inherente en su predicción acerca de cómo actuarán otros individuos en el mercado competitivo.

Dado que la acción humana se caracteriza por la posibilidad de que el individuo cometa errores, bien puede resultar en malos ajustes (“maladjustments”), en donde, según criterio de Mises, dicho mal ajuste surge de la divergencia entre la asignación de recursos que hay en un cierto momento y la asignación que haría máxima la satisfacción del público. Estos malos ajustes dan lugar a la posibilidad de lograr ganancias, provocando el accionar de los empresarios, quienes terminarán por finalmente eliminar esos malos ajustes. Dada la posibilidad de lograr esas ganancias descubierta por los empresarios, toman decisiones que implican la necesaria asunción de riesgos y dirigen su actividad hacia la rectificación de esos malos ajustes.

En un cierto momento el empresario-que-actúa se da cuenta (esa es una de sus habilidades) de que hay la oportunidad de obtener ganancias a partir de un esquema de precios que no corresponde con una situación óptima. Por supuesto que los efectos de su accionar toman tiempo para cristalizar, pues el cambio, que es el que ha dado lugar a la presencia de ganancias posibles, tiene no sólo efectos en el mercado en una primera instancia, sino que, al ingresar diversos empresarios a la actividad, de nuevo con ello se alteran los precios que encara el resto de actores en la economía. Para Mises, “empresario es el individuo que actúa con la mira puesta en las mutaciones que las circunstancias del mercado registran” (Ludwig von Mises, Op. Cit., p. 329); esto es, el individuo que actúa en función de los cambios que ocurren en los datos que brinda el mercado.

Así, supóngase que se altera una situación inicial en que los precios de mercado estaban en equilibrio. El empresario supuestamente más capacitado es aquel que toma ventaja con respecto a otros de la situación que percibe. Se da cuenta de que es posible reasignar algunos recursos productivos de la manera más eficiente, hacia la producción de aquél bien, cuya producción ahora resulta ser insuficiente a los precios iniciales. El empresario, preparado para el descubrimiento de oportunidades y sorpresas, valora los medios o factores productivos de que dispone y los dirige hacia los usos específicos que se buscan lograr. Asume el riesgo de que los fondos provistos puedan generar pérdidas. Su éxito está evidentemente en función de su capacidad de satisfacer las necesidades de los consumidores en la nueva situación. Es decir, si cumple con el objetivo de aprovechar la oportunidad (de descubrir errores, malos ajustes), para la cual debió estar alerta, y de tener éxito en ella.

El conjunto de precios existente ayuda a quienes toman decisiones a llevarlas a cabo, al brindar información previa a dicha decisión. Pero también los precios brindan conocimiento con posterioridad a la decisión tomada, tanto a partir del conjunto de precios que emerge con posterioridad a la decisión previamente tomada, sino también en los resultados de pérdidas o ganancias de la empresa. La discrepancia que surge a partir de los precios iniciales, que dieron lugar a una expectativa acerca de lo que previamente se esperaba, y los resultados económicos de pérdidas o ganancias, envían una nueva señal para que el empresario actúe, corrigiendo su comportamiento anterior. Esto es, se da un proceso de descubrimiento, de aprendizaje, para mejorar las actividades productivas hasta el momento llevadas a cabo, descubrimiento que se da por los mismos actores participantes o por nuevos entrantes. Asimismo, permite que se logre la coordinación entre los participantes al corregirse errores previos.

Para el destacado economista neoclásico Léon Walras los precios transmiten todo el conocimiento disponible, mientras que para Ludwig von Mises,

“Como los precios no reflejan todo el conocimiento disponible, existen discrepancias que crean bolsones de ganancias que los empresarios pueden descubrir. En otras palabras, el sistema de comunicación no es perfecto; los precios no transmiten todo el conocimiento que Walras desearía que ellos pudieran lograr transmitir. Sin embargo, es precisamente esta ‘imperfección’ la que constituye el motor del sistema económico. La imperfección de los precios es lo que crea la habilidad del sistema para comunicar la información relacionada con sus propiedades fallidas de comunicación.” (Peter Boettke and Frederic Sautet, The Genius of Mises and the Brilliance of Kirzner, en Annual Proceedings of the Wealth and Well-Being of Nations, Vol. 3, 2001, p. 37).

Ese esfuerzo empresarial por lograr ganancias a partir del descubrimiento de oportunidades, bien puede dar lugar a pérdidas. El empresario debe competir con otros en sus objetivos y acciones y tan sólo los más exitosos son quienes tendrán éxito. Para tener éxito está dispuesto a asumir el riesgo que implica su decisión. El mecanismo de pérdidas o ganancias se convierte en la fuerza que impulsa la acción del empresario, proceso que termina por alterar los precios, que, de ser menores que los deseados, concluyen finalmente por aumentar, eliminando cualquier ganancia y restaurando el balance entre oferta y demanda. Pero el empresario siempre estará vigilante acerca de la significación que pueda tener cualquier cambio ulterior en los precios para actuar en consonancia. Las ganancias son las que le mueven a actuar.

Es importante concluir este comentario señalando la función equilibradora que posee el empresario en el contexto del mercado competitivo. De acuerdo con Mises, los precios en general no son de equilibrio, pero son útiles tanto para brindar información a los participantes (viejos o entrantes) en el mercado, con lo cual motivan a que el empresario actúe y coordine su actividad económica en el curso del tiempo. Esto es, el proceso de mercado converge a un equilibrio generalizado… hasta que no surja un nuevo cambio.

“Conviene notar que es la competencia –que los empresarios afanosos de lucro entre sí desatan- la que impide la pervivencia de precios falsos para los factores de producción. La propia actuación de los empresarios, si ya no ocurrieran más cambios, plasmaría la, en la práctica, irrealizable economía de giro uniforme (o situación de equilibrio general).” (Ludwig von Mises, Op. Cit., p. 427. La letra cursiva es del autor. El texto entre paréntesis es mío).

Para Mises la situación analizada como de equilibrio general es irrealizable.  Lo importante de tener presente son las fuerzas equilibradoras que hay en el mercado y entre los mercados, que él considera conducen hacia lo que se ha denominado como un equilibrio general, si bien precario. El factor que tiende a que los precios de los bienes y servicios en el mercado concurran hacia valores de equilibrio, es la competencia que se da entre empresarios que buscan obtener utilidades. Por supuesto que tal situación de equilibrio permanecerá, en tanto no surjan cambios en los datos del mercado (información, conocimiento), lo que daría lugar a la acción correspondiente de los empresarios, en su búsqueda por aprovechar estas nuevas oportunidades de lograr ganancias.

Jorge Corrales Quesada